2a. Parte.- El Poder de la C…

EL PODER DE LA CONCIENCIA.- Por Neville Goddard.

CAPÍTULO 17.- TODAS LAS COSAS SON POSIBLES.
ES de gran significancia que la verdad de los principios resaltados en este libro, ha sido comprobada una y otra vez por las experiencias personales del autor.
Durante los últimos veinticinco años, él los ha aplicado y probado exitosamente en innumerables instancias. Todo éxito que él ha alcanzado, se lo atribuye a una inquebrantable asunción de su deseo ya cumplido.
Él confiaba en que, por estas asunciones fijadas, sus deseos estaban predestinados a ser cumplidos. Una y otra vez, el asumió el sentimiento del deseo cumplido y continuó en su asunción hasta que aquello que él deseaba se había realizado completamente.
Vive tu vida en un espíritu sublime de confianza y determinación; olvida las apariencias y condiciones. De hecho, olvida toda evidencia de tus sentidos que niegan el cumplimiento de tu deseo. Descansa en la asunción de que ya eres lo que quieres ser, ya que en esa determinada asunción, tú y tu Infinito Ser son fusionados en unidad creativa, y con tu Infinito Ser (Dios) todas las cosas son posibles.

Dios nunca falla. Nadie puede detener su mano, ni decirle: “¿Qué has hecho?” (Daniel 4:35).
A través del dominio de tus asunciones, eres verdaderamente capaz de dominar tu vida. Es así como se asciende en la vida, es así como el ideal se realiza.
La clave para el verdadero propósito de la vida es rendirse a tu ideal con tal conciencia de su realidad que comienzas a vivir la vida del ideal, y ya no vives tu propia vida como era antes de que te rindieras.
Él llama a las cosas que no se ven, como si existieran. Y las cosas que no se veían se ven. (Aprox., Romanos 4:17).
Cada asunción tiene su correspondiente mundo. Si eres verdaderamente observador, notarás el poder de tus asunciones cambiando circunstancias que aparentaban ser totalmente inmutables.
Tú, por tus asunciones conscientes, determinas la naturaleza del mundo en el que vives. Ignora el estado presente y asume el deseo cumplido. Clámalo, él responderá.
La ley de asunción es el medio por el cual el cumplimiento de tus deseos puede realizarse. En cada momento de tu vida, consciente o inconsciente, estas asumiendo un sentimiento. No puedes evitar asumir un sentimiento tanto como no puedes evitar comer o tomar. Todo lo que puedes hacer es controlar la naturaleza de tus asunciones.
Por lo tanto, está claro que el control de tus asunciones es la llave que ahora sostienes para una vida más expandida, noble y feliz.

CAPÍTULO 18.- SED HACEDORES.
Sed hacedores de la palabra y no solamente oidores que se engañan a sí mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra, y no hacedor, es semejante a un hombre que mira su rostro natural en un espejo, y después de mirarse a sí mismo e irse, inmediatamente se olvida de qué clase de persona es. Pero el que mira atentamente a la ley perfecta, la ley de la libertad, y permanece en ella, no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo sino un hacedor eficaz, éste será bienaventurado en lo que hace. (Santiago 1:22-25).
PALABRA en este versículo significa idea, concepto o deseo. Tú te auto-engañas cuando eres “solamente oidores”, es decir, cuando tú esperas que tu deseo sea cumplido meramente por andar soñando. Tu deseo es lo que quieres ser, y mirarte en un “espejo” es verte a ti mismo en la imaginación como a esa persona.
Al olvidar “qué clase de persona es”, tú estas fallando en perseverar en tu asunción. “La ley perfecta, la ley de la libertad” es la ley que hace posible la liberación de las limitaciones. Eso es, la ley de asunción.
Para continuar en la perfecta ley, la ley de la libertad, es necesario persistir en la asunción de que tu deseo ya se ha cumplido.
Tú no eres un “oidor olvidadizo” cuando mantienes el sentimiento de tu deseo cumplido constantemente vivo en tu conciencia. Esto te hace un “hacedor de la palabra”, y eres bendecido en tu obra por la inevitable realización de tu deseo.
Deben ser hacedores de la ley de asunción, ya que sin su aplicación, ni el más profundo entendimiento producirá algún resultado deseado.
Reiteración y repetición frecuente de las más importantes y básicas verdades corren a través de estas páginas.
Hablar de la ley de asunción – la ley que hará al hombre libre – es algo bueno. Debe ser aclarado una y otra vez aun a riesgo de sonar repetitivo.
El verdadero buscador de la verdad le dará la bienvenida a esta ayuda, concentrando su atención en la ley que lo hará libre.
La parábola del Señor que condena al sirviente que desperdició el talento que le fue dado (Mateo 25:14-30), es muy clara e inequívoca.
Habiendo descubierto dentro de ti la llave a la Casa del Tesoro, tú deberías ser como el buen sirviente que sabiamente multiplicó por mucho los talentos que le fueron dados. El talento que se te dio es el poder de determinar tus asunciones conscientemente.
El talento no utilizado, como un miembro del cuerpo no ejercitado, se marchita hasta finalmente atrofiarse.
A lo que debes esforzarte es a Ser. Para poder hacer, es necesario ser. El objetivo de anhelar es ser.
Tu concepto de ti mismo sólo puede ser sacado desde tu conciencia por otro concepto de ti mismo.
Al crear un ideal en tu mente, te puedes identificar con él hasta que te conviertas en uno solo con tu ideal, y por lo tanto transformarte en él.
Lo dinámico prevalece por encima de lo estático; lo activo por encima de lo pasivo.
Uno que es hacedor, es magnético y por lo tanto infinitamente más creativo que aquel que apenas es un escuchador. Sé entre los hacedores.

CAPÍTULO 19.- PUNTOS ESENCIALES.
LOS puntos ESENCIALES en el uso exitoso de la ley de asunción son éstos:
1.- Primero que todo, anhelar, añorar. Intenso, flameante deseo.
Con todo tu corazón debes querer ser distinto a lo que ya eres. Intenso, flameante deseo [combinado con la intención de hacer lo bueno], es el impulso primero de la acción, el comienzo de toda aventura exitosa. En cada gran pasión que obtiene su objetivo, el deseo es concentrado e intencionado. Tú debes primero desear y luego tener la intención de lograrlo.
Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así suspira por ti, oh Dios, el alma mía. (Salmos 42:1).
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados. (Mateo 5:6).
Aquí, el alma es interpretada como la suma de todo aquello que tú crees, piensas, sientes, y aceptas como verdad; en otras palabras, tu estado de conciencia presente. Dios, YO SOY (el poder de la conciencia), es la fuente y cumplimiento de todo deseo [entendido psicológicamente, Yo Soy es una infinita serie de niveles de conciencia, y Yo Soy el Yo Soy acorde a donde Yo estoy en esos niveles]. Este versículo describe cómo tu nivel de conciencia presente desea trascenderse a sí mismo. Justicia es la conciencia de ya ser lo que deseas ser.
2.- Segundo, cultiva la inmovilidad física. Me refiero a una inmovilidad física parecida a lo que Keats describe en su Oda a un Ruiseñor: “… aqueja un soñoliento torpor (letargo) a mis sentidos, cual si hubiera bebido cicuta”.
Es un estado próximo al sueño, pero en el que todavía estás en control de la dirección de tu atención. Debes aprender a inducir este estado a voluntad, pero la experiencia me enseñó que es más fácil inducirlo luego de una gran comida, o cuando te levantas por la mañana sintiéndote reacio a levantarte.
Así estarás naturalmente más dispuesto a entrar en este estado. El valor de la inmovilidad física se muestra en la acumulación de fuerza mental que trae la absoluta quietud, la cual incrementa tu poder de concentración.
Aquiétate y sabed que Yo soy Dios (Salmos 46:10).
De hecho, las energías más grandiosas de la mente raramente surgen, salvo cuando el cuerpo está quieto y la puerta de los sentidos está cerrada al mundo objetivo.
3.- La tercera y última cosa que hay que hacer es experimentar en tu imaginación lo que experimentarías en la realidad si ya se hubiese logrado tu meta. 
Debes lograrlo primero en tu imaginación, ya que la imaginación es la única puerta a la realidad de aquello que buscas. 
Pero utiliza tu imaginación magistralmente y no como un observador mirando al final, sino como un participante pensando desde el final. Imagina que ya posees esa cualidad o ese algo que deseas, que hasta ahora no ha sido tuyo.
Ríndete completamente a este sentimiento hasta que tu ser completo esté poseído por él. 
Este estado difiere del ensueño porque es el resultado de una imaginación controlada y estabilizada, atención concentrada. 
A diferencia de ello, el ensueño es el resultado de una incontrolable imaginación; usualmente es soñar despierto.
En el estado controlado, el mínimo esfuerzo ya es suficiente para mantener tu conciencia llena con el sentimiento del deseo cumplido. La inmovilidad física y mental de este estado es una ayuda poderosa para la atención voluntaria y el mayor factor del menor esfuerzo.
La aplicación de estos tres puntos: DESEO, INMOVILIDAD FÍSICA y ASUNCIÓN DEL DESEO CUMPLIDO, es la manera de fusionarte o unirte con tu objetivo. 
El primer punto es pensar sobre el final deseado, con la intención de realizarlo. El tercero es pensar desde el final con el sentimiento de haberlo cumplido. El secreto de pensar desde el final es disfrutar serlo. El minuto en que lo haces placentero e imaginas que ya lo eres, ya estás pensando desde el final.
Uno de los malentendidos más prevalentes es que se piensa que esta ley funciona sólo para aquéllos que son devotos o que tienen objetivos religiosos. Esto es una falacia.
Funciona tan impersonalmente cómo funciona la ley de electricidad.
Se puede utilizar tanto para objetivos avariciosos, egoístas, así como para objetivos nobles. Pero siempre se tiene que tener en cuenta que pensamientos y acciones innobles resultarán en consecuencias desagradables.

CAPÍTULO 20.- JUSTICIA.
En el capítulo anterior, Justicia era definida como la conciencia ya siendo aquello que desea ser. Éste es el verdadero significado psicológico, y obviamente no se refiere a códigos morales, leyes civiles o preceptos religiosos. 
No puedes no darle importancia a lo que significa ser justo.
De hecho, la Biblia entera está llena de reprimendas y exhortaciones respecto este tema.

Pon fin a tus pecados haciendo justicia. (Daniel 4:27).

Me aferraré a mi justicia y no la soltaré. Mi corazón no reprocha ninguno de mis días. (Job 27:6). 

Mi justicia responderá por mí el día de mañana. (Génesis 30:33).
Muy seguido, las palabras Pecado y Justicia son usadas en la misma frase. Éste es un contraste lógico de opuestos. Y es de gran importancia el significado psicológico de Justicia y el significado psicológico de Pecado.
Pecado significa errar al blanco, no obtener tu deseo. No ser la persona que quieres ser es pecar. 
Justicia es la conciencia de que ya eres aquello que deseas ser. Es una ley incambiable y educativa por la que los efectos deben seguir a su causa. Solo por justicia tú puedes ser salvado de pecado.
Hay una malinterpretación esparcida de lo que significa “ser salvado de pecado”. El ejemplo siguiente será suficiente para demostrar la malinterpretación y para establecer la verdad:
Una persona viviendo en una miserable pobreza puede creer que por medio de alguna actividad religiosa o filosófica, él podría ser “salvado de pecado” y así mejorar su vida. Sin embargo, si él continua viviendo en el mismo estado de pobreza, es obvio que lo que él creía no era verdad, y de hecho, él no fue “salvado”.

Por otro lado, él puede ser salvado por justicia.
El uso exitoso de la ley de asunción tendría inevitablemente el resultado de un cambio real en su vida. Él ya no viviría en la pobreza. Él ya no erraría al blanco. Él sería salvado de pecado.
Porque os digo que si vuestra justicia no supera la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. (Mateo 5:20).
Los escribas y fariseos significan aquéllos que están influenciados y gobernados por las apariencias externas, las reglas y costumbres de la sociedad en la que viven, el deseo en vano de ser bien visto por los demás. A menos que este estado de conciencia sea superado, tu vida será una de limitaciones, o de fracaso para obtener tus deseos –de errar al blanco, de pecado–. Esta justicia es superada por verdadera justicia, que es siempre la conciencia de ser aquello que deseas.
Uno de los obstáculos más grandes es intentar usar la ley de asunción al enfocar tu atención en cosas, en una nueva casa, en un nuevo trabajo, en una cuenta bancaria más grande.
Ésta no es la justicia sin la cual tú “mueres en tus pecados” (Juan 8:24). La justicia no es la cosa en sí; es la conciencia, el sentimiento de ya ser la persona que quieres ser, de ya tener lo que quieres tener.
Pero buscad primero el Reino de Dios y su Justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. (Mateo 6:33).
El reino (la creación entera) de Dios (tu YO SOY) está dentro de ti. Justicia es la conciencia de que ya posees todo.

CAPÍTULO 21.- LIBRE ALBEDRÍO.
LA PREGUNTA que suele hacerse es “¿Qué debo hacer entre la asunción del deseo cumplido y su realización?”

Nada. Es un delirio que, además de asumir el sentimiento del deseo cumplido, puedas hacer algo para ayudar a la realización de tu deseo.
Tú crees que puedes hacer algo, tú quieres hacer algo; pero realmente no puedes hacer nada. La ilusión del libre albedrío para hacer, es nada más que ignorancia de la ley de asunción sobre la cual toda acción está basada.
Todo sucede automáticamente. Todo lo que sucede, todo lo que es hecho por ti, sucede.
Tus asunciones, conscientes o inconscientes, dirigen todo pensamiento y acción hacia su cumplimiento.
Entender la ley de asunción, convencerte de su verdad, significa tener que deshacerse de todas las ilusiones sobre libre albedrío de actuar. Libre albedrío, en realidad, sólo significa seleccionar la idea que deseas.
Al asumir la idea como que ya es un hecho, se convierte en realidad. Más allá de eso, el libre albedrío termina, y todo sucede en armonía con el concepto asumido.
No se haga mi voluntad, sino la tuya. (Lucas 22:42).
Yo no puedo hacer nada por iniciativa mía… porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del Padre que me envió. (Juan 5:30).
En este versículo, el Padre obviamente se refiere a Dios. En un capítulo anterior, Dios es definido como YO SOY. Ya que la creación está terminada, el Padre nunca está en una posición de decir “Yo seré”. En otras palabras, todo existe, y la infinita conciencia YO SOY puede hablar sólo en presente.
“Yo seré” es una confesión de “yo no soy”. La voluntad del Padre es siempre “YO SOY”.
Hasta que no te des cuenta de que TÚ eres el Padre (sólo hay un solo YO SOY, y tu infinito ser es YO SOY), tu voluntad siempre será “yo seré”.
En la ley de asunción, tu conciencia de ser es la voluntad del Padre. El mero deseo sin esta conciencia es “mi voluntad”. Este gran versículo, tan mal entendido, es una perfecta declaración de la ley de asunción.
Es imposible hacer algo. Tú debes ser, para poder hacer.
Si tuvieras un concepto diferente sobre ti mismo, todo sería diferente. Tú eres lo que eres, entonces todo es como es.
Los eventos que tú observas son determinados por el concepto que tienes de ti mismo.
Si tú cambias el concepto de ti mismo, los eventos que vendrán son alterados, pero, al alterarlos, forman otra vez una secuencia determinista empezando desde el momento en que tu concepto ha cambiado. Tú eres un ser con poderes de intervención que te permite, por un cambio de conciencia, alterar el curso de los eventos observados; de hecho, para cambiar tu futuro.
Niega la evidencia de los sentidos, y asume el sentimiento de tu deseo cumplido.
Puesto que tu asunción es creativa y forma una atmósfera, si tu asunción es noble, aumenta tu seguridad y te ayuda a alcanzar un nivel más alto de ser.
Si, por otro lado, tu asunción es desagradable, te entorpece y te lleva velozmente a la decadencia. Así como las asunciones agradables crean una atmósfera armoniosa, así los sentimientos duros y amargos crean una atmósfera dura y amargada.
Todo el que es puro, justo, amoroso, honorable, medita en estas cosas. [Aprox. Filipenses 4:8].
Esto significa que debes hacer de tus asunciones, los conceptos más altos, nobles y felices. No hay mejor momento para comenzar que ahora. El momento presente es el más oportuno en el cual eliminar todas las asunciones desagradables y concentrarse sólo en lo bueno.
Así como para ti mismo, clama para otros su Herencia Divina.

Ve solo su bienestar, y el bien en ellos. Elévalos al máximo en confianza y seguridad propia por tu sincera asunción del bienestar de ellos, y tú serás su profeta y sanador, porque el inevitable cumplimiento llegará a todas las asunciones sostenidas.
Tú ganas por asunción aquello que jamás podrás ganar por fuerza.
Una asunción es un cierto movimiento de conciencia. Este movimiento, como todo movimiento, ejerce una influencia en la sustancia que lo rodea causando que tome la forma, el eco, y refleje la asunción. Un cambio de fortuna es una nueva dirección y perspectiva, meramente un cambio y reorganización de la misma sustancia mental –la conciencia.
Si quieres cambiar tu vida, debes empezar por la fuente misma: tu concepto básico de ti mismo.
El cambio externo (ser parte de organizaciones, de cuerpos políticos, de cuerpos religiosos), no es suficiente. La causa va más allá. El cambio esencial debe ocurrir en ti mismo, en tu concepto de ti mismo.
Debes asumir que ya eres lo que quieres ser y permanecer ahí, ya que la realidad de tu asunción es completamente independiente de los hechos objetivos, y se vestirá de carne si tú persistes en el sentimiento del deseo cumplido.
Cuando sabes que las asunciones, si se persiste en ellas, se materializan en hechos, entonces los eventos que para el no iniciado parecen ser meros accidentes, tú los entenderás como los efectos lógicos e inevitables de tus asunciones.
Lo importante a tener en cuenta es que tú tienes infinito libre albedrío en elegir tus asunciones, pero no tienes poder para determinar las condiciones y eventos.
Tú no puedes crear nada, pero tus asunciones determinan que porciones de la creación vas a experimentar.

CAPÍTULO 22.- PERSISTENCIA.
También les dijo: Supongamos que uno de vosotros tiene un amigo, y va a él a medianoche y le dice: “Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha llegado de viaje a mi casa, y no tengo nada que ofrecerle”. Y aquél, respondiendo desde adentro, le dice: “No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme para darte nada.” Os digo que aunque no se levante a darle algo por ser su amigo, no obstante, por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. (Lucas 11: 5-9).
HAY tres personajes principales en estos versículos, y encontramos dos amigos mencionados, uno de los cuales tiene otro amigo:
El primer amigo es el estado deseado de conciencia.
El segundo amigo es el deseo buscando ser completado.
El tercero simboliza la totalidad, la terminación.
Los panes simbolizan la sustancia.
La puerta cerrada simboliza los sentidos que separan lo visto de lo invisible.
Los hijos acostados significan las ideas que están dormidas.
La incapacidad de poder levantarse significa que el estado deseado de conciencia no puede levantarse hacia ti, tú debes levantarte hacia él.
La Importunidad significa persistencia demandante; algo así como un descarado atrevimiento. Pedid, buscad, llamad, significan asumir la conciencia de tener ya lo que tú deseas.
Por lo tanto, las escrituras te dicen que debes persistir en elevarte hacia (asumir) la conciencia de tu deseo ya cumplido. La promesa es definitiva en que si eres descarado en tu atrevimiento de asumir que ya eres aquello que tus sentidos niegan, te será dado; tu deseo será obtenido.
La Biblia enseña la necesidad de persistir, en muchas de sus historias. 
Cuando Jacob buscó la bendición del Ángel contra el que luchó, él dijo: No te soltaré si no me bendices. (Génesis 32:26). 
Cuando la Sunamita buscó la ayuda de Eliseo ella dijo: Tan cierto como que vive el Señor y tan cierto como que vive tu alma, que no me apartaré de ti. Entonces él se levantó y la siguió. (2 Reyes 4:30).
La misma idea es expresada en otro pasaje:
Jesús les contó a sus discípulos una parábola para mostrarles que debían orar siempre, sin desanimarse. Les dijo: «Había en cierto pueblo un juez que no tenía temor de Dios ni consideración de nadie. En el mismo pueblo había una viuda que insistía en pedirle: “Hágame usted justicia contra mi adversario.” Durante algún tiempo él se negó, pero por fin concluyó: “Aunque no temo a Dios ni tengo consideración de nadie, como esta viuda no deja de molestarme, voy a tener que hacerle justicia, no sea que con sus visitas me haga la vida imposible.” » (Lucas 18: 1-5).
La verdad básica detrás de cada una de estas historias es que el deseo florece desde la conciencia de haberlo ya obtenido y que la persistencia en mantener la conciencia del deseo ya cumplido resulta en su cumplimiento.
No es suficiente con sentirte en el estado de la plegaria respondida; tú debes persistir en ese estado. Ésa es la razón del mandato.
El hombre debe orar siempre sin desanimarse (Lucas 18:1).
Aquí, orar significa dar gracias por ya tener aquello que deseas.
Sólo la persistencia en la asunción del deseo cumplido puede causar esos cambios sutiles en tu mente que resultan en el cambio deseado en tu vida. No importa si son “Ángeles”, “Eliseo”, o “jueces reacios”; todos deben responder acorde a tu asunción persistente.
Cuando otra gente en tu mundo pareciera tener una actitud desagradable hacia ti, no es resultado de la actitud reacia de su parte, sino una falta de persistencia en tu asunción de que tu vida ya es como tú quieres que sea.
Para que tu asunción tenga efecto, no puede ser un solo acto aislado; debe ser una actitud mantenida del deseo cumplido.
Y esa actitud mantenida que te lleva a eso, a pensar desde tu deseo cumplido en vez de pensar sobre tu deseo, es ayudada al asumir el sentimiento del deseo cumplido frecuentemente. Es la frecuencia, y no la duración de tiempo, lo que lo hace natural. Aquello a lo que tú constantemente vuelves constituye tu verdadero ser. Ocupación frecuente del sentimiento del deseo cumplido es el secreto del éxito.

CAPÍTULO 23.- HISTORIAS DE ALGUNOS CASOS.
SERÁ de gran ayuda en este punto, citar algunos ejemplos específicos de la aplicación exitosa de esta ley. Les daré historias de casos reales. En cada uno de estos, el problema es claramente definido y se describe completamente la manera en que se utilizó la imaginación para obtener el estado de conciencia requerido. En cada una de estas instancias, el autor de este libro estuvo involucrado personalmente o le fueron contados los hechos por la persona involucrada.
CASO 1.
Esta es una historia de la cual cada detalle me es personalmente familiar.

En la primavera de 1943, un soldado recientemente reclutado fue instalado en un gran campo militar en Luisiana. Él estaba intensamente deseoso de salir del ejército, pero sólo de manera totalmente honorable.
La única manera de hacer esto era aplicar para ser liberado. La aplicación requería de la aprobación de su comandante oficial para que pudiera ser efectiva. Basado en reglamentos militares, la decisión de su comandante oficial era final y no podía ser apelada. El soldado, siguiendo todo procedimiento necesario, aplicó para ser liberado.
En el término de cuatro horas, la aplicación fue devuelta, marcada como “desaprobada”. Convencido de que no podría apelar la decisión a ninguna otra autoridad más alta, militar o civil, él se tornó hacia su propia conciencia, determinado a depender de la ley de asunción.
El soldado se dio cuenta de que esta conciencia era la única realidad, que su estado particular de conciencia determinaría los eventos a los que se enfrentaría.
Esa noche, en el intervalo entre meterse en la cama y caer dormido, él se concentró en utilizar la ley de asunción conscientemente. En la imaginación, se sintió dentro de su departamento en la Ciudad de Nueva York. Visualizó su departamento, es decir, en el ojo de su mente él realmente vio su propio departamento, mentalmente, imaginando cada una de las habitaciones que le eran familiares, con sus muebles vívidamente reales.
Con esta imagen claramente visualizada, y recostado sobre su espalda, se relajó por completo físicamente. De esta manera, el indujo un estado próximo al sueño, al mismo tiempo que mantenía el control de la dirección de su atención. Cuando su cuerpo quedó completamente inmovilizado, el asumió que estaba en su propia habitación y se sintió acostado en su propia cama –un sentimiento totalmente diferente al de estar recostado en un catre militar.
En imaginación, él se levantó de la cama, caminó de habitación en habitación, tocando varios de sus muebles. Luego fue a la ventana y con sus manos apoyadas en la repisa, miró hacia afuera a la calle que enfrentaba a su departamento. Todo esto era tan vívido en su imaginación que él vio cada detalle del pavimento, de las rejas, los árboles, y el familiar ladrillo rojo del edificio de enfrente. Luego volvió a su cama y sintió como se quedaba dormido.
Él sabía que lo más importante para que tenga éxito el uso de esta ley, era que cuando esté a punto de quedarse dormido, su conciencia debía estar llena con la asunción de que él ya era lo que quería ser. Todo lo que hizo en la imaginación fue basado en la asunción de que él ya no estaba en el ejército. Noche tras noche, el soldado representaba este drama. Noche tras noche, en la imaginación, él se sintió honorablemente liberado, ya en su hogar, viendo todo lo familiar a su alrededor, y quedando dormido en su propia cama. Esto continuó por ocho noches.
Por ocho días, su experiencia objetiva continuaba siendo directamente opuesta a su experiencia subjetiva en la conciencia cada noche, antes de irse a dormir. Al noveno día, vinieron órdenes del cuartel general para que el soldado llenara una nueva solicitud para ser liberado.
Poco tiempo después de esto, le fue ordenado reportarse en la oficina del Coronel. Durante la discusión, el Coronel le preguntó si todavía estaba deseoso de salirse del ejército.
Al recibir una respuesta afirmativa, el Coronel dijo que él personalmente estaba en desacuerdo, y que aunque tenía una fuerte objeción en aprobar una solicitud de liberación, había decidido ignorar estas objeciones y aprobarla. Y en unas pocas horas, la aplicación fue aprobada y el soldado, ahora un civil, estaba en un tren destino a casa.
CASO 2.
Ésta es una historia increíble sobre un hombre de negocios extremadamente exitoso demostrando el poder de la imaginación y la ley de asunción. Conozco a esta familia íntimamente, y todos los detalles fueron contados por el hijo que aquí describo.
La historia comienza cuando él tenía veinte años de edad. Él era el segundo hijo mayor de una extensa familia de nueve hermanos y una hermana. El padre era uno de los socios de una pequeña empresa de mercaderías. En su decimoctavo cumpleaños el hermano al que nos referimos en esta historia dejó el país en el que vivía y viajó dos mil millas para entrar en la universidad y completar su educación. 
Poco tiempo después de su primer año en la universidad, fue llamado para que volviera a su casa por un trágico evento relacionado con los negocios de su padre. Por unas manipulaciones de sus asociados, su padre no sólo había sido forzado a salir de la empresa, sino que también había sido acusado falsamente denigrando su persona e integridad.
Al mismo tiempo, fue privado de tener acceso a las acciones que le correspondían de su empresa. El resultado fue encontrarse desacreditado en gran manera, y casi sin un centavo. 
Fue bajo estas circunstancias que el hijo fue llamado para que volviera de la universidad a casa. Él volvió, con su corazón lleno de una gran resolución. Él estaba determinado en convertirse en un increíble y exitoso hombre de negocios. 
Lo primero que él y su padre hicieron fue utilizar el poco dinero que les quedaba para empezar su propio negocio. Rentaron un pequeño local en una calle cercana a la gran empresa de la que su padre había sido uno de los principales dueños. Allí, comenzaron un verdadero negocio inclinado al servicio de la comunidad. Fue poco tiempo después que el hijo, con una instintiva conciencia de que funcionaría, deliberadamente utilizó la imaginación para obtener un objetivo casi fantasioso.
Cada día, en su camino hacia el trabajo y volviendo del trabajo, él pasaba por el edificio de la empresa anterior de su padre –la empresa más grande del rubro en el país. Era uno de los edificios más grandes, con una de las localidades más prominentes del corazón de la ciudad. Afuera del edifico había un gran cartel con el nombre de la firma pintado en letras gruesas.
Día tras día, mientras pasaba, un gran sueño tomó forma en la mente del hijo. Él pensaba en lo increíble que sería si su familia tuviera ese edificio.
Un día, mientras estaba parado observando el edificio, en su imaginación, él vio un nombre completamente diferente en el gran cartel de la entrada. Ahora, las letras del cartel describían el nombre de su familia (en estas historias no usamos los nombres reales; por cuestiones de claridad, en esta historia utilizaremos nombres hipotéticos y asumiremos que el nombre de la familia del hijo era Lordard). Donde el cartel decía F. N. Moth y Co., en la imaginación, él realmente vio, letra por letra, N. Lordard e Hijos. Él permaneció mirando al cartel con sus ojos bien abiertos, imaginando que decía N. Lordard e hijos. 
Dos veces al día, semana tras semana, mes tras mes, por dos años, él veía el nombre de su familia en el frente del edificio. Estaba convencido de que si sentía fuertemente lo suficiente que esto era verdad, estaba destinado a serlo, y por ver en su imaginación el nombre de su familia en el edificio –que implicaba que ellos eran dueños de la empresa– se convenció que un día serían los dueños.
Durante este período, le dijo sólo a una persona lo que estaba haciendo. Le confesó a su madre, quien amorosamente preocupada intentó desalentarlo para protegerlo de lo que sería una gran decepción. A pesar de esto, él persistió día tras día.
Dos años después, la gran compañía quebró y el edificio añorado estaba a la venta. El día de la venta, él no estaba ni un poco más cerca de ser el dueño de lo que estaba hace dos años cuando empezó a aplicar la ley de asunción. 
Durante este periodo, habían trabajado duro, y sus clientes tenían implícitamente una gran confianza en ellos. Sin embargo, no habían logrado ganar ni cerca la cantidad de dinero que era necesario para comprar la propiedad. Tampoco tenían ningún medio por el cual pedir prestado el capital necesario. Otra cosa que hacía más remota la posibilidad de obtenerlo era que éste era el edificio más codiciado en la ciudad por un gran número de empresarios ricos que estaban dispuestos a comprarlo. 
En el día de la venta, para su completa sorpresa, un hombre, casi un extraño totalmente, vino a su negocio y les ofreció comprar la propiedad para ellos. (Dado a unas condiciones inusuales en esta transacción, el hijo de esta familia no podía ni ofrecer un monto para la propiedad).
Pensaban que este hombre los estaba cargando. Sin embargo, no era así. El hombre les explicó que los había estado observando por un tiempo, y admiraba su habilidad, creía en su integridad, y que suministrar el capital para que ellos pudieran agrandar su negocio en gran manera le parecía una gran inversión para él. Ese mismo día, la propiedad fue de ellos. Lo que el hijo había persistido en ver en su imaginación ahora era una realidad. El presentimiento de aquel extraño estaba más que justificado.
Hoy, esa familia es dueña no solo de esta empresa en particular a la que nos referimos, sino también son dueños de una de las industrias más grandes del país en el que viven.
El hijo, viendo el nombre de la familia en la entrada de este gran edificio, mucho antes de que estuviera allí, estaba usando exactamente la técnica que produce resultados. Al asumir el sentimiento de que ya tenía lo que deseaba, al hacer de esto una realidad vívida en su imaginación, con determinada persistencia, a pesar de las apariencias y circunstancias, inevitablemente causó que su sueño se convirtiera en realidad.
CASO 3.
Esta es la historia de un inesperado resultado de una entrevista con una señora que vino a consultarme.
Una tarde, una joven abuela, una mujer de negocios de Nueva York, vino a verme. Trajo a su nieto de nueve años que vino a visitarla de Pennsylvania. En respuesta a sus preguntas, yo le expliqué la ley de asunción, describiendo en detalle el procedimiento a seguir para obtener un objetivo. El niño se sentó en silencio, aparentemente absorto en su camión de juguete, mientras yo le explicaba a la abuela el método de asumir un estado de conciencia que debería tener sobre su deseo cumplido.
Le conté la historia del soldado en el campamento, que cada noche caía dormido imaginándose a sí mismo en su propia cama en su propio hogar.
Cuando el niño y su abuela se estaban yendo, él me miro con gran entusiasmo y me dijo “Ya sé lo que quiero y ahora, se cómo obtenerlo”. Sorprendido, le pregunte qué era lo que quería. Él me dijo que su corazón estaba fijado en tener un cachorrito, a lo que su abuela renegó vigorosamente, diciéndole al niño que ya se le había dicho varias veces que él no podría tener un perro bajo ninguna circunstancia, porque su padre y madre no lo permitirían, porque él era muy pequeño para cuidarlo como corresponde, y aún más, su padre tenía un desagrado por los perros y realmente odiaría tener uno en la casa.
El niño, que tan apasionadamente deseaba tener un perro, se negaba a entender estos argumentos. “Ahora sé lo que tengo que hacer” dijo él. “Cada noche, justo cuando me esté por dormir, voy a pretender que tengo un perro y que estamos paseando”. “No” dijo la abuela, “eso no es lo que el Señor Neville dice. Esto no era para ti. No puedes tener un perro”.
Aproximadamente seis semanas después, la abuela me cuenta lo que para ella era una historia excepcional. El deseo del niño de tener un perro era tan intenso que él había absorbido todo lo que le dije a la abuela de cómo obtener su propio deseo, y él creyó sin dudarlo, que finalmente supo cómo obtener un perro.
Poniendo esta creencia en práctica, por varias noches, el niño imaginó a un perro durmiendo en su cama junto a él. En su imaginación, el acariciaba a su perro, realmente sintiendo su pelaje. Cosas como jugar con el perro y llevándolo a pasear llenaban su mente.
En unas semanas, sucedió. Un diario de la ciudad en la que el niño vivía organizó un programa especial en conexión con la “Semana de Compasión por los Animales”. Todos los chicos de la escuela tenían que escribir una redacción sobre “Por qué a mí me gustaría tener un Perro”.
Luego de que las redacciones de todas las escuelas fueran presentadas y juzgadas, se anunció al ganador del concurso. El mismo niño que semanas antes en mi departamento en Nueva York me dijo “Ahora sé cómo obtener un perro” era el ganador. En una ceremonia especial, que fue publicada junto con relatos y fotos en el diario, el niño fue recompensado con un hermoso cachorrito collie.
En el relato de la abuela, me cuenta que si al niño se le hubiera dado dinero para comprar al perro, los padres se habrían negado a comprárselo y lo habrían utilizado para comprarle bonos o lo hubiesen puesto en una caja de ahorro en el banco para el niño. Y aun si alguien le hubiese dado como regalo un perro al niño, lo hubieran rechazado o regalado.
Pero la manera emotiva en la que el niño recibió al perro, la manera en que ganó el concurso de la ciudad, los relatos y fotos en el diario, el orgullo del logro y la alegría del niño, todo combinado generó un cambio en el corazón de los padres, y se encontraron haciendo lo que jamás habrían imaginado hacer: Le permitieron quedarse con el perro.
Todo esto me explicó la abuela, y concluyó diciendo que había una clase de perro en particular en la que el niño fijó su corazón. Era un collie.
CASO 4.
Durante el período de preguntas, luego de mi conferencia sobre la ley de asunción, una mujer que venía a muchas de mis conferencias y que había tenido consultas personales conmigo en varias ocasiones, se levantó y pidió permiso para contar una historia ilustrando como ella logró utilizar esta ley exitosamente.
Dijo que volviendo a casa después de la conferencia de la semana pasada, se encontró con su sobrina muy preocupada y amargada. El marido de la sobrina, que era un oficial en el Ejército de la Fuerza Aérea estacionada en Atlantic City, había sido ordenado, junto con el resto de su escuadrón, al servicio activo en Europa. Llorando, le dijo a su tía que la razón por la cual estaba triste era que deseaba que su marido fuera asignado a Florida como instructor.
Ambos amaban Florida y estaban ansiosos por que él fuera asignado allí, y no ser separados. Al escuchar esto, la tía le dijo que había sólo una cosa por hacer, y eso era aplicar inmediatamente la ley de asunción. Le dijo: “Hagámoslo un hecho”. “Si estuvieras en Florida realmente, ¿qué harías?”: Sentirías la cálida brisa. Olerías el aire salado. Sentirías tus dedos del pie hundirse en la arena. Bueno, entonces hagamos eso mismo ahora.”
Cuarenta y ocho horas después, el marido recibió un cambio de órdenes. Sus nuevas instrucciones eran de reportarse inmediatamente en Florida como Instructor de la Fuerza Aérea. Cinco días después, su esposa estaba en un tren para encontrarse con él. Aunque la tía, con el objetivo de ayudarla a obtener su deseo, se había unido con su sobrina asumiendo el estado de conciencia deseado, ella no fue a Florida. Ése no era su deseo. Por otro lado, era el intenso anhelo de su sobrina.
CASO 5.
Este caso es especialmente interesante por el corto intervalo de tiempo entre la aplicación de la ley de asunción y su manifestación visible.
Una mujer muy prominente vino a mí con una gran preocupación. Ella poseía un bello departamento en la ciudad, y una gran casa de campo; pero por la gran demanda que mantenía con su modesto ingreso, era absolutamente esencial que ella rentara su departamento y junto con su familia pasar el verano en su casa de campo.
En años previos, el departamento había sido rentado sin dificultades ya para principios de la primavera, pero el día que vino a verme, la temporada de alquiler para el verano ya había terminado.
El departamento había estado en manos de los mejores agentes inmobiliarios por meses, pero nadie parecía estar interesado en ir a verlo.
Cuando me describió su dilema, le expliqué cómo la ley de asunción podría ser utilizada para solucionar su problema. Le aseguré que, al imaginar que el departamento ya había sido rentado por una persona deseosa de ocuparlo inmediatamente, y asumiendo que esto ya había sucedido, su departamento sería realmente rentado. Para poder crear el sentimiento natural necesario –el sentimiento de que ya el departamento estaba rentado– le sugerí que esa misma noche, al irse a dormir, se imaginara a sí misma, no en su departamento, sino instalada en el lugar donde ella estaría si su departamento fuese rentado inesperadamente. Ella tomó la idea fácilmente y dijo que en tal situación ella dormiría en su casa de campo, aunque no estuviese abierta aun para el verano.
Esta entrevista tomó lugar el jueves. A las nueve de la mañana del siguiente sábado, ella me llamó desde su casa de campo, excitada y feliz.
Me dijo que ese jueves por la noche, se había quedado dormida imaginando realmente y sintiendo que estaba durmiendo en su otra cama en la casa de campo, a muchas millas del departamento de la ciudad que estaba ocupando. El viernes, al día siguiente, un inquilino muy interesado, uno que cumplía todos los requerimientos de una persona responsable, no sólo alquiló el departamento, sino que lo alquiló con la condición de que ella se mudara ese mismo día.
CASO 6.
Sólo el más completo e intenso uso de la ley de asunción podría dar resultados como éstos en una situación extrema.
Cuatro años atrás, un amigo de nuestra familia me pidió si podía hablar con su hijo de veintiocho años, quien no se esperaba que sobreviviera. Él sufría de una extraña enfermedad del corazón. Su enfermedad resultaba en una desintegración de éste órgano. Largos y costosos tratamientos médicos no habían servido para nada.
Los Doctores no tenían ninguna esperanza de que se recuperara. Por largo tiempo, el hijo había estado postrado en cama. Su cuerpo se había encogido hasta casi ser un esqueleto, y hablaba y respiraba con gran dificultad. Su esposa y dos niños estaban en su casa cuando llegué, y su esposa estaba presente en nuestra conversación.
Empecé por decirle que había sólo una solución para cualquier problema, y esa solución era cambiar la actitud. Como hablar lo agotaba, le pedí que asintiera con la cabeza si entendía claramente lo que le decía. El aceptó.
Le describí los hechos detrás de la ley de la conciencia. De hecho, le dije que la conciencia era la única realidad. Y le dije que la única forma de cambiar cualquier condición era cambiando su estado de conciencia en el que estaba. Como recomendación especial para que le ayudara a asumir el sentimiento de ya estar sano, le sugerí que viera la cara del doctor increíblemente maravillado al encontrarlo recuperado, luego de estar en las últimas instancias de una enfermedad incurable; y le pedí también que lo viera examinándolo varias veces y escucharlo decir una y otra vez: “Es un milagro… es un milagro”.
Él no sólo entendió todo esto claramente, pero también lo creyó implícitamente. Prometió seguir este procedimiento fielmente. Su esposa, quien había estado escuchando atentamente, me aseguró que también con diligencia utilizaría esta ley de asunción en su imaginación, como la utilizaría su esposo. Al día siguiente partí para Nueva York. Todo esto tuvo lugar en las vacaciones de invierno en el trópico.
Varios meses después, recibí una carta diciendo que el hijo había tenido una milagrosa recuperación. En mi siguiente visita, lo fui a ver en persona. Estaba en perfecta salud, activamente involucrado en sus negocios y vigorosamente disfrutando muchas actividades sociales con sus amigos y familiares.
Me dijo que desde el día en que me fui, no tenía ninguna duda de que la ley funcionaría. Me describió cómo fielmente siguió las sugerencias que le hice, y día tras día vivía completamente en la asunción de que ya estaba sano y fuerte.
Ahora, cuatro años después de su recuperación, él está convencido de que la única razón por la cual está aquí hoy es gracias a su exitoso uso de la ley de asunción.
CASO 7.
Esta historia ilustra el uso exitoso de la ley por un ejecutivo de Nueva York.

En el otoño de 1950, un ejecutivo de uno de los bancos más prominentes de Nueva York me habló sobre un problema serio al cual se enfrentaba. Me contó que el pronóstico de su progreso personal y avance se veía muy limitado. 
Habiendo llegado a mediana edad y sintiendo que un ascenso en su posición y aumento de salario era justificado, tuvo una “charla al respecto” con sus superiores. Éstos le dijeron francamente que cualquier ascenso era imposible y que si estaba insatisfecho, podría buscar otro trabajo. Esto, desde luego, aumentó su ansiedad.
En nuestra conversación, me explicó que no tenía deseo de ganar grandes cantidades de dinero, pero que necesitaba tener un salario más substancial para poder mantener su hogar en buena estado y para proveer la educación de sus hijos en buenas escuelas y universidades. Con el salario que ganaba en ese momento, esto sería imposible. El rechazo del banco en asegurarle un avance en algún futuro cercano le dio una sensación de disgusto y un deseo intenso de asegurar una posición mejor con un salario considerablemente más grande.
Me confesó que el tipo de trabajo que le gustaría más que ninguno en el mundo, sería el de manejar una fundación de inversiones de una gran institución, como decir la fundación de una gran universidad.
Al explicarle la ley de asunción, le dije que su situación actual era sólo la manifestación de su concepto de sí mismo, y le declaré que si quería cambiar las circunstancias en las que se encontraba, sólo podría hacerlo al cambiar su concepto de sí mismo. Para poder obtener este cambio de conciencia, y por lo tanto cambiar su situación, le pedí que siguiera este procedimiento cada noche justo antes de dormirse:
En la imaginación, él debía sentir que estaba refiriéndose a uno de sus más importantes y exitosos días de su vida. Tenía que imaginarse que realmente acababa de cerrar un trato ese mismo día por el cual ingresaba a trabajar en el tipo de organización que tanto anhelaba, en exactamente el puesto que él quería.
Le sugerí que si lograba llenar su mente completamente con este sentimiento, él experimentaría un alivio definitivamente. En este estado, su disgusto y tristeza serían algo del pasado. Él sentiría la alegría que viene con el cumplimiento del deseo. Y cerré la charla con asegurarle que si hacía esto fielmente, inevitablemente conseguiría el tipo de posición que deseaba.
Esto fue en la primera semana de Diciembre. Noche tras noche, sin excepción, él siguió este procedimiento. A principios de Febrero, el director de una de las fundaciones más ricas en el mundo le preguntó a este ejecutivo si estaría interesado en unirse a la fundación en un puesto de ejecutivo, manejando inversiones. Luego de unas breves conversaciones, él aceptó.
Hoy, con un salario sustancialmente más alto y con la seguridad de un progreso estable, este hombre está en una posición mucho más importante de la que él había soñado.
CASO 8.
El hombre y la mujer en esta historia, han venido a mis conferencias por varios años. Es una ilustración interesante del uso consciente de esta ley por dos personas concentrándose en el mismo objetivo al mismo tiempo.
Este hombre y mujer eran una excepcional pareja devota. Su vida era completamente feliz y enteramente libre de cualquier problema o frustración.
Por algún tiempo, habían planeado mudarse a un departamento más grande. Cuanto más lo pensaban, más se daban cuenta que lo que más deseaban en su corazón era vivir en un hermoso Penthouse (departamento-ático de lujo). Al discutirlo juntos, el marido dijo que quería uno con una gran ventana hacia la magnífica vista. La esposa dijo que quería que una de las paredes tuviera espejo de arriba abajo. Ambos querían un hogar de leña. Y era más que decidido que el departamento fuera en Nueva York.
Por meses, buscaron tal departamento en vano. De hecho, la situación de la ciudad era tal, que asegurarse cualquier tipo de departamento era casi una imposibilidad. Había tan pocos, que no sólo había listas de espera, sino que habría que encargarse de todo tipo de arreglos especiales, compras de muebles, etc.
Los departamentos nuevos ya eran reservados antes de que fueran terminados; muchos hasta ya estaban rentados desde el momento en que se habían hecho los planos del edificio.
A principios de la primavera, luego de meses de búsqueda sin resultados, finalmente encontraron uno que consideraron seriamente. Era un departamento Penthouse en un edificio recientemente terminado en la Quinta Avenida, dando el frente a Central Park. Pero tenía una gran desventaja. Siendo un edificio nuevo, no estaba sujeto al control de renta, y la renta anual les pareció exorbitante. De hecho, eran muchos miles de dólares más por año de lo que ellos habían considerado pagar.
Durante los meses de primavera, Marzo y Abril, continuaron viendo varios penthouses a través de la ciudad, pero siempre volvían a éste.
Finalmente, decidieron incrementar sustancialmente el monto que pagarían y le hicieron una proposición al agente por el edificio para que se lo sugiriera a los dueños a ver si lo consideraban.
Fue en este punto sin discutirlo entre ellos, que cada uno de ellos se determinó a aplicar la ley de asunción. No fue sino hasta tiempo después, que se enteraron de lo que el otro estaba haciendo.
Noche tras noche, ambos se iban a dormir teniendo en la imaginación el departamento que estaban considerando. El marido, recostado con sus ojos cerrados, se imaginaba la ventana con vista al parque. Se imaginaba yendo a la ventana a primera hora de la mañana y disfrutando de la vista. Se sintió a sí mismo sentado en la terraza con vista al parque, tomando tragos con su esposa y amigos, disfrutando todo absolutamente. Él llenó su mente con el sentimiento de estar en el penthouse y en la terraza. Durante todo este tiempo, sin saberlo, su esposa estaba haciendo lo mismo.
Varias semanas pasaron sin ninguna decisión de parte de los dueños, pero ellos continuaron imaginando, al irse a dormir cada noche, que ya estaban durmiendo en el penthouse.
Un día, para su completa sorpresa, uno de los empleados en el edificio en el que vivían les dijo que el penthouse en su edificio estaba disponible. Estaban asombrados, porque su edificio era uno de los más deseados de la ciudad por su perfecta ubicación enfrente del Central Park. Sabían que había una larga lista de espera de gente que trataba de tener un departamento en el edificio en que vivían. 
El hecho de que el penthouse ahora estaba inesperadamente disponible, la administración lo mantuvo en secreto porque no estaban en posición de considerar ningún candidato para él. 
Al enterarse de que estaba disponible, esa pareja inmediatamente solicitó que se les rentara a ellos, sólo para que les dijeran que era imposible. El hecho era que no sólo había muchas personas en lista de espera para el penthouse en el edificio, sino que además ya se lo habían prometido a otra familia. A pesar de esto, la pareja tuvo varias reuniones con la administración, hasta que el departamento finalmente fue de ellos.
Este edificio, que sin estar bajo control de rentas, la renta fue justo lo que ellos habían planeado pagar cuando empezaron a buscar un penthouse. La ubicación, el departamento mismo, y la terraza grande que lo rodeaba al Sur, Oeste y Norte era mucho más de lo que ellos esperaban. Y en el living, de un lado, había una ventana gigante de 4 metros y medio por 2 metros y medio con una magnifica vista al Central Park; también tenía una pared espejada del piso al techo y también había un hogar de leña.

CAPÍTULO 24.- FRACASO.
Este libro no estaría completo sin hablar un poco del fracaso en el intento de usar la ley de asunción. Es completamente posible que ya hayas tenido o vayas a tener un número de fracasos en este sentido, muchos de ellos en temas importantes.
Si habiendo leído este libro y habiendo tenido un profundo conocimiento de la aplicación y funcionamiento de la ley de asunción, la aplicas fielmente con la intención de obtener un intenso deseo y fallas, ¿cuál es la razón? Si a la pregunta “¿Persististe lo suficiente?” tú puedes responder “Si” y aun así no has obtenido la realización de tu deseo, ¿cuál es la razón por la que falló?
La respuesta a esto es el punto más importante para el éxito en el uso de la ley de asunción:

El tiempo que lleva a que tu asunción se convierta en hecho, tu deseo a ser cumplido, es directamente proporcional a la naturalidad de tu sentimiento de que ya eres lo que deseas ser, de ya tener lo que deseas.
El hecho de que no se sienta natural para ti ser aquello que imaginas ser, es el secreto de tu fracaso.
Aunque lo desees, aunque sigas fielmente e inteligentemente la ley, si no sientes natural aquello que deseas ser, no lo serás. Si no se siente natural para ti obtener un trabajo mejor, no obtendrás un trabajo mejor. Es decir, no trasciendes de tu nivel presente al estado deseado. Todo el principio es bien expresado en la frase de la Biblia: “morirás en tus pecados” (Juan 8:24).
¿Cómo se puede obtener este sentimiento de naturalidad? El secreto yace en una palabra: la imaginación. 
Por ejemplo, ésta es una muy simple ilustración: imagina que estás encadenado a un pesado banco de metal. Tú no podrías correr, de hecho no podrías ni caminar. En estas circunstancias no sería natural para ti poder correr. No podrías sentir que es natural para ti poder correr. Pero podrías fácilmente imaginar que estás corriendo. En ese instante, mientras tu conciencia está llena de tu imaginación, corriendo te olvidas que estabas encadenado. En tu imaginación, correr era completamente natural.
El sentimiento esencial de naturalidad puede ser obtenido al llenar tu conciencia de manera persistente con la imaginación, imaginando que ya eres aquello que quieres ser o teniendo aquello que deseas.
El progreso sólo puede nacer de tu imaginación, de tu deseo de trascender tu nivel actual.

Lo que realmente y literalmente debes saber es que con tu imaginación todas las cosas son posibles.
Debes darte cuenta que los cambios no se realizan por capricho, sino por un cambio de conciencia. 
Podrás fallar en obtener o sostener el particular estado de conciencia necesario para producir el efecto de tu deseo. Pero, una vez que sabes que la conciencia es la única realidad y es el único creador de tu mundo en particular, y has implantado esta verdad en tu ser completamente, entonces sabrás que el éxito o el fracaso están enteramente en tus propias manos.
Ya sea que eres o no eres disciplinado lo suficiente como para sostener el requerido estado de conciencia en instancias específicas, no tiene relevancia en la verdad de la ley misma, ya que una asunción, si se persiste en ella, se manifestará en hecho.
La certeza de la verdad de esta ley debe permanecer a pesar de grandes decepciones y tragedias. Aun cuando “veas la luz de la vida desvanecerse, el mundo sigue como si todavía fuera de día”. No debes creer que porque tu asunción falló en materializarse, la verdad de que las asunciones se materializan es mentira. Si tus asunciones no son cumplidas, es por algún error o debilidad en tu conciencia.
Sin embargo, estos errores y debilidades pueden superarse. Por lo tanto, persiste en obtener niveles más altos al sentir que ya eres la persona que quieres ser.
Y recuerda que el tiempo que lleva tu asunción en materializarse es proporcional a la naturaleza de ya serlo.
“El hombre se rodea con la verdadera imagen de sí mismo. Cada espíritu construye para sí mismo una casa y más allá de la casa un mundo, y más allá del mundo, un cielo. Sabe, entonces, que el mundo existe para ti. Para ti, el fenómeno es perfecto. Lo que somos, es lo único que podemos ver. Todo lo que tenía Adán, todo lo que tenía César, tú lo puedes tener y hacer. Adán llamó a su casa, cielo y tierra. César llamó a su casa, Roma. Tú quizás llamas a la tuya un oficio de zapatero; unos cientos de acres en tierras, o un desván de estudiante. Aun así, línea por línea, punto por punto, tu dominio es tan grande como el de ellos, aunque sin un gran nombre. Construye, por lo tanto, tu propio mundo. Tan pronto como puedas ajustar tu vida a la idea pura de tu mente, así se desplegará en esa proporción.” (Emerson).

CAPÍTULO 25.- FE.
Un milagro es el nombre dado, por aquéllos que no tienen fe, a las obras de la fe.

La fe es la certeza (sustancia) de lo que se espera, la evidencia de lo que no se ve. (Hebreos 11:1).
EL propio motivo de la ley de asunción está contenido en esta frase.
Si no hubiera una conciencia profundamente asentada de que aquello que uno desea tiene sustancia y es posible de obtener, sería imposible asumir la conciencia de serlo o de tenerlo. Es el hecho de que la creación ya está terminada y todo ya existe lo que te lleva a la esperanza. La esperanza implica expectativa, y sin expectativa de éxito sería imposible usar la conciencia de la ley de asunción.
La “evidencia” es una señal de realización. Por lo tanto, esta frase significa que la fe es la conciencia de la realidad que tú asumes; una convicción de la realidad de las cosas que no ves; la percepción mental de la realidad de lo invisible. 
En consecuencia, es obvio que la falta de fe significa la no creencia de que lo que deseas existe. Y ya que aquello que experimentas es la reproducción fiel de tu estado de conciencia, la falta de fe significará fracaso constante en cualquier uso consciente de la ley de asunción.
En todos los tiempos de la historia, la fe tuvo un rol muy importante. Penetra todas las religiones del mundo, está entrelazada a través de las mitologías, y aún al día de hoy es casi universalmente malentendida.
Contrario a la opinión popular, la eficacia de la fe no es resultado de las obras de algún agente externo. Es de principio a fin una actividad de tu propia conciencia.
La Biblia está llena de muchas explicaciones sobre la fe, del verdadero significado de lo que muy pocos están conscientes. Estos son algunos ejemplos típicos:
Porque a nosotros, lo mismo que a ellos, se nos ha anunciado la buena nueva; pero el mensaje que escucharon no les aprovechó, porque no se unieron en la fe a los que habían prestado atención a ese mensaje. (Hebreos 4:2).
En este versículo, el “nosotros” y el “ellos” dejan en claro que todos escuchamos la buena nueva. “La buena nueva” significa “buenas noticias”. 

Obviamente, buenas noticias para ti significaría que has obtenido tu deseo. Esto siempre te es “sermoneado” por tu infinito ser. Escuchar que aquello que deseas ya existe y que sólo necesitas aceptarlo en la conciencia es “buenas noticias”. 

“No se unieron a la fe” significa negar la realidad de aquello que deseas. Por lo tanto “no les aprovechó”, No hubo obtención posible.
¡Oh, generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? (Mateo 17:17).
El significado de “incrédula” es bastante claro. “Perversa” significa tornarse hacia la dirección incorrecta; en otras palabras, la conciencia de no ser lo que deseas ser. Ser incrédulo, es decir, no creer en la realidad de aquello que asumes, es ser perverso.

“¿Hasta cuándo estaré con ustedes?” significa que el cumplimiento de tu deseo es predeterminado en el momento en que cambias hacia el correcto estado de conciencia. Es como si aquello que deseas te está diciendo que no será tuyo hasta que no cambies el ser incrédulo y perverso por la justicia. Como ya aclaramos, la justicia es la conciencia de ser aquello que deseas ser.
Por la fe, él salió de Egipto sin temer la ira del rey, porque se mantuvo firme como viendo a Aquél que es Invisible. (Hebreos 11:27).
“Egipto” significa oscuridad, creencia en muchos dioses (causas). 

El “rey” simboliza el poder de las condiciones y circunstancias externas. 

“Él” es tu concepto de ti mismo ya siendo aquello que quieres ser. 

“Se mantuvo firme como viendo a Aquél que es Invisible”, significa persistir en la asunción de que aquello que deseas ya ha sido cumplido. 

Por lo tanto, este versículo significa que, al persistir en la asunción de que ya eres la persona que quieres ser, te elevas por sobre toda duda, miedo y creencia del poder de las condiciones y circunstancias externas; y tu mundo inevitablemente se ajusta a tu asunción.
La Fe no pregunta. La Fe sabe.

CAPÍTULO 26.- DESTINO.
TU DESTINO es aquello que debes inevitablemente experimentar. Hay realmente un infinito número de destinos individuales, y cada uno de ellos, cuando sea obtenido, será el inicio para otro nuevo destino.
Como la vida es infinita, el concepto de un destino final es inconcebible. Cuando entendemos que la conciencia es la única realidad, sabemos que es el único creador. Esto significa que tu propia conciencia es la creadora de tu destino. El hecho es que tu estás creando tu destino todo el tiempo, ya sea que lo sepas o no.
Muchas de las cosas buenas y hasta maravillosas que ocurrieron en tu vida, sucedieron sin que tú tengas la menor idea de que tú las estabas creando.
Sin embargo, entender las causas de tu experiencia, y saber que tú eres el creador de los contenidos de tu vida, ya sean buenos o malos, no sólo te hace un observador más eficiente de todo fenómeno, sino que también al conocer el poder de tu conciencia, intensificas tu apreciación de la riqueza y grandiosidad de la vida.
Dejando de lado las experiencias que indiquen lo contrario, es tu destino elevarte a altos y más altos estados de conciencia, y manifestar más y más de las infinitas maravillas de la creación.
De hecho, estás destinado a alcanzar el punto en que te das cuenta que a través de tus propios deseos, puedes crear conscientemente tus destinos sucesivos.
El estudio de este libro, con su detallada exposición sobre la conciencia y la operación de la ley de asunción, es la llave maestra para obtener conscientemente tu destino más alto.
Empieza tu nueva vida este mismo día. Vive cada experiencia con una nueva perspectiva mental, con un nuevo estado de conciencia.
Asume lo más noble y lo mejor para tu vida en cada aspecto, y continua haciéndolo. 
Créelo. Grandes maravillas son posibles.

CAPÍTULO 27.- REVERENCIA.
“No aborreces nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado”.
EN TODA la creación, en toda la eternidad, en todos los reinos de tu ser infinito, el hecho más maravilloso es éste que es mencionado en el primer capítulo de este libro. Tú eres DIOS. Tú eres el “YO SOY EL QUE SOY”.
Tú eres Conciencia. Tú eres el creador. Éste es el misterio, éste es el gran secreto conocido por los videntes, los profetas, los místicos a través de los tiempos. Ésta es la verdad que nunca podrías conocer intelectualmente.
¿Quién es este “tu”? Que tú eres Juan Pérez o María Gómez, es absurdo. Es la Conciencia que sabe que tú eres Juan Pérez o María Gómez. Es tu Gran Ser, tu Profundo Ser, tu Infinito Ser. Llámalo como quieras. Lo importante es que está dentro de ti, eres tú, es tu mundo.
Es este hecho el que está por detrás de la inmutable ley de asunción. Es por este hecho que tu misma existencia es construida. Este hecho es el fundamento de cada capítulo de este libro. No, no puedes saber esto intelectualmente, no puedes debatirlo, no puedes corroborarlo.
Sólo puedes sentirlo. Sólo puedes ser consciente de él.
Al ser consciente de este hecho, una gran emoción permeabiliza todo tu ser. Vives en un perpetuo sentimiento de reverencia. 
Saber que tu creador es tu propio ser, y que no te hubiera creado si no te hubiese amado, llena tu corazón con devoción, sí, y con adoración.
Tan sólo con un instante de entender apenas un poco sobre el gran Ser que eres, es suficiente para llenarte de profundo asombro y sentimiento de adoración.
Cuando sientes el más intenso sentimiento de reverencia, es que estás más cerca de Dios, y cuando estás más cerca de Dios, tu vida se enriquece.
Nuestros más profundos sentimientos son aquéllos que nos cuesta más expresar, y aun en el acto de adoración, el silencio es nuestra más alta alabanza.
F I N.

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El Poder de la Conciencia.- 1a. Parte.

Me complace presentar, a partir de esta fecha, la excelentísima obra “El Poder de la Conciencia”, escrita por Neville Goddard (1905-1972). A juicio mío, dicha obra será un valiosísimo apoyo, a la vez que un estímulo poderoso, que seguramente nos impulsará a continuar nuestra tarea espiritual, con amor y entrega, para hacernos merecedores de asumir nuestra herencia divina.

EL PODER DE LA CONCIENCIA. Por Neville Goddard.

CAPÍTULO 1.- YO SOY.
Todas las cosas, cuando son admitidas, son manifestadas por la luz; porque todo lo manifestado está hecho por luz. (Efesios 5:13).
La “LUZ” es conciencia. La Conciencia es una, manifestándose en legiones de formas o niveles de conciencia.
No hay nadie que no sea todo lo que es, porque la conciencia, aunque expresada en un infinito número de niveles, no es divisional. No hay separación real, o hueco, en la conciencia. YO SOY no puede ser dividido. Puedo considerarme ser un hombre rico, un hombre pobre, un hombre mendigo o un ladrón, pero el centro de mi ser permanece siendo el mismo, sin importar el concepto que uno mantiene de sí mismo. En el centro de la manifestación, hay un solo YO SOY manifestándose en legiones de formas o conceptos de sí mismo, y “Yo soy el que Soy”.
YO SOY es la auto definición de lo absoluto, la fundación en la cual todo descansa. YO SOY es la primera causa-sustancia. YO SOY es la auto definición de Dios
YO SOY me ha enviado a ustedes. (Éxodos 3:14).

YO SOY EL QUE SOY. (Éxodos 3:14).

Aquiétate, y sabed que YO SOY DIOS. (Salmo 46:10).
YO SOY es un sentimiento de conciencia permanente. El mismo centro de conciencia es el sentimiento de YO SOY. Yo podré olvidar quién soy, dónde soy, qué soy, pero no puedo olvidar que YO SOY. La conciencia de ser permanece, sin importar el grado de olvido de quién, dónde y qué soy.
YO SOY es aquello que, en medio de innumerables formas, es siempre el mismo.

Este gran descubrimiento de causa revela que, bueno o malo, el hombre es realmente el árbitro de su propio destino, y que el concepto que él tenga de sí mismo determina el mundo en el que él vive [y su concepto de sí mismo es sus reacciones hacia la vida]. 
En otras palabras, si tú estás experimentando problemas de salud, sabiendo la verdad de la causa, no puedes atribuir la enfermedad a ninguna otra cosa más que a tu particular organización de la causa-sustancia básica, una organización que [producida por tus reacciones a la vida] es definida por tu concepto “Yo estoy enfermo”. 
Es por esto que se te ha dicho: “Deja que el hombre débil diga “Yo soy fuerte” (Joel 3:10), ya que por su asunción, la causa-sustancia -YO SOY- es reorganizada y debe, por lo tanto, manifestar aquello que la reorganización afirma. Este principio gobierna todos los aspectos de tu vida, ya sea social, financiero, intelectual o espiritual.
YO SOY es la realidad a que, pase lo que pase, debemos acudir para explicar el fenómeno de la vida. Es el concepto mismo YO SOY el que determina la forma y escenario de tu existencia.

Todo depende de la actitud hacia sí mismo. Aquello que no afirmes como verdadero de ti mismo, no puede ser despertado en tu mundo.
Eso es; tu concepto de ti mismo, como “Yo soy fuerte”, “Yo soy seguro”, “Yo soy amado”, determina el mundo en el que tú vives. En otras palabras, cuando tú dices “Yo soy un hombre, yo soy un padre, yo soy un Americano”, no estás definiendo distintos YO SOY; estás definiendo conceptos u organizaciones de la única causa-sustancia –El único YO SOY.
Cuando sabes que la conciencia es la única realidad, concibiéndote ser algo bueno, malo, o indiferente, y convirtiéndote en aquello que concibes ser, tú eres libre de la tiranía de las causas secundarias, libre de creer que hay causas afuera de tu propia mente que pueden afectar tu vida.
En el estado de conciencia del individuo, es donde se encuentra la explicación del fenómeno de la vida.
Si el concepto del hombre acerca de sí mismo fuera diferente, todo en este mundo sería diferente.
Por su concepto de sí mismo siendo lo que es, todo en su mundo debe ser como es.
Por lo tanto, es abundantemente claro que hay un solo YO SOY y que tú eres YO SOY.

Y aunque YO SOY es infinito, tú, por tu concepto de ti mismo, estás exponiendo sólo un aspecto limitado de tu infinito YO SOY.
“¡Construyan ustedes mansiones más estables, Oh, mi alma,

Mientras las ligeras estaciones circulan. Abandona tu pasado de techo bajo.

Permite que cada templo nuevo, más noble que el anterior, te cierre desde el cielo 

con una doma más grande,

Hasta que tú finalmente seas libre,

Dejando así tu pequeña cáscara,

Ya trascendida por el incansable mar de la vida!”
(Oliver Wendell Holmes, Sr., “The Chambered Nautilus”).

CAPÍTULO 2.- CONCIENCIA.
Es SÓLO a través del cambio de conciencia, o sea cambiar realmente el concepto de ti mismo, que podrás “construir mansiones más estables” –las manifestaciones de altos y más altos conceptos. [Y por manifestaciones, nos referimos a experimentar los resultados de estos conceptos en tu mundo].
La razón yace en el hecho de que la conciencia es la única realidad; es la primera y única causa-substancia del fenómeno de la vida. Nada tiene existencia para el hombre, salvo a través de la conciencia que él tiene sobre ella.
Por lo tanto, es a la conciencia a la que debes acudir, porque es el único fundamento por el cual el fenómeno de la vida puede ser explicado.
Si aceptamos la idea de una primera causa, continuaríamos con que la evolución de esa causa nunca podría resultar en otra cosa externa de sí misma. Es decir, si la primera causa-substancia es luz, todas sus evoluciones, frutos y manifestaciones permanecerán siendo luz.
Si la primera causa-substancia es la conciencia, todas sus evoluciones, frutos y fenómenos deben permanecer siendo conciencia.
Todo lo que puede ser observado sería una forma o variación más alta o más baja de la misma cosa. En otras palabras, tu conciencia es la única realidad, entonces debe ser la única substancia.
Consecuentemente, lo que aparece ante ti como circunstancias, condiciones y aun también objetos materiales es realmente sólo el producto de tu propia conciencia.
La naturaleza, entonces, como una cosa o un complejo de cosas externas a tu mente, debe ser rechazada.
Por lo tanto, debes cambiar de tu apariencia objetiva de las cosas, al centro subjetivo de las cosas, es decir tu conciencia, si realmente quieres saber la causa del fenómeno de la vida, y poder, así, usar este conocimiento para realizar tus más preciados sueños.
En medio de las aparentes contradicciones, antagonismos y contrastes de tu vida, hay tan solo un principio funcionando, sólo tu conciencia operando.
La diferencia no consiste en una variedad de substancia, sino en una variedad de la manera en que está arreglada la misma causa-substancia, es decir tu conciencia.
El mundo se mueve con necesidad desmotivada. Con esto, me refiero a que no tiene motivo por sí mismo, pero está bajo la necesidad de manifestar tu concepto, o sea la organización de tu mente, y tu mente está siempre organizada en la imagen de todo lo que tú crees real y a lo que das consentimiento de ser verdadero.
El hombre rico, el hombre pobre, el mendigo o el ladrón no son diferentes mentes, sino diferentes organizaciones de la misma mente, de la misma manera en que un pedazo de metal, cuando se magnetiza, difiere no en la substancia desde su estado desmagnetizado, sino en la organización y orden de sus moléculas. Un solo electrón girando en una órbita específica constituye la unidad del magnetismo. Cuando un pedazo de metal o cualquier otra cosa es desmagnetizada, el electrón no ha parado de girar. Por lo tanto, el magnetismo no ha dejado de existir. Hay solamente un reorganización de las partículas, que hace que no produzcan un efecto externo o perceptible. Cuando las partículas son organizadas al azar, mezcladas hacia todas las direcciones, se dice que la substancia es desmagnetizada; pero cuando las partículas son alineadas en rangos para que un número de ellas apunten hacia una dirección, la substancia es un imán. El magnetismo no es generado, es exhibido.
Salud, riquezas, belleza y genio no son creados; son sólo manifestados por la organización de tu mente, es decir, por tu concepto de ti mismo. Tu concepto de ti mismo es todo lo que aceptas y consientes como cierto. Lo que tú concedes, sólo puede ser descubierto mediante una observación no crítica de tus reacciones a la vida. Tus reacciones revelan dónde vives psicológicamente. Y donde vivas psicológicamente determina cómo vives tú aquí en el mundo visible externo.
La importancia de esto en tu vida diaria debería ser inmediatamente reconocida. La naturaleza básica de la causa principal es La Conciencia.
Por lo tanto, la substancia definitiva de todas las cosas es La Conciencia.

CAPÍTULO 3.- EL PODER DE LA ASUNCIÓN.
[Asunción significa acción y efecto de asumir].
La ilusión gobernante del hombre es su convicción de que hay otras causas y no el estado de su propia conciencia.
Todo lo que le sucede al hombre -todo lo que es hecho por él, todo lo que viene de él- sucede como resultado de su estado de conciencia.
La conciencia del hombre es todo lo que él piensa y desea y ama, todo lo que cree que es cierto y todo a lo que concede. Es por eso que un cambio de conciencia es necesario antes de que puedas cambiar tu mundo externo.
La lluvia cae como resultado de un cambio de temperatura en las altas regiones de la atmósfera; entonces, de esa misma manera, un cambio de circunstancias sucede como resultado de un cambio en tu estado de conciencia.
“…sean transformados mediante la renovación de su mente.” (Romanos 12:2).
Para ser transformados, la base entera de tus pensamientos debe cambiar. Pero tus pensamientos no pueden cambiar a menos que tengas nuevas ideas, ya que tú piensas desde tus ideas.
Toda transformación empieza con un intenso, flameante deseo de ser transformado. El primer paso en “renovar la mente” es el deseo. Debes querer ser diferente (y tener la intención de serlo) antes de que tú puedas cambiarte a ti mismo.
Luego debes hacer de tu futuro deseado un hecho presente. Haces esto al asumir el sentimiento del deseo cumplido. Al desear ser otro, diferente del que ya eres, puedes crear un ideal de la persona que quieres ser y asumir que ya eres esa persona. Si persistes en esa asunción hasta que se convierta en tu sentimiento dominante, la obtención de tu ideal es inevitable.
El ideal que tú deseas alcanzar esta siempre listo para ser encarnado, pero a menos que tú mismo le ofrezcas paternidad humana, es incapaz de darse a luz.
Por lo tanto, tu actitud debería ser aquella en que habiendo deseado expresar un estado más alto, tú y solamente tú aceptas la tarea de encarnar este nuevo y más grande valor de ti mismo.
En cuanto a darle nacimiento a tu nuevo ideal, debes tener en cuenta que los métodos de conocimiento mental y espiritual son totalmente diferentes.
Este es un punto que es realmente entendido por, probablemente, no más de una persona en un millón.
Tú conoces una cosa mentalmente porque la miras a través de lo externo, al compararla con otras cosas, al analizarla y definirla, o sea, por pensar en ella. En cambio, tú conoces una cosa espiritualmente al convertirte en ella, es decir, sólo por pensar DESDE ella.
Tú debes ser la cosa en sí misma, y no tan sólo hablar de ella u observarla.
Tú debes ser como la polilla (mariposa nocturna) en busca de su ídolo, la llama, que se incentiva con verdadero deseo, sumergiéndose sin pensarlo dentro del fuego sagrado, abrazándolo con sus alas, convirtiéndose en un solo color y una sola substancia con la llama.
“Ella sólo conocía la llama en la cual se incendió, Y sólo ella podría decir que nunca volvería.” [“Bird Parliament”, por Farid ud-Din Attar, trad. Por Edward FitzGerald (1889)].
Tal como la polilla, que en su deseo de conocer la llama estaba dispuesta a destruirse a sí misma, así también debes tú estar dispuesto a morir a tu actual ser, para convertirte en la nueva persona.
Debes ser consciente de ser saludable si quieres conocer lo que es la salud. Debes ser consciente de ser seguro si quieres conocer lo que es la seguridad.
Por lo tanto, para encarnar un nuevo y mayor valor de ti mismo, debes asumir que ya eres lo que deseas ser y vivir por la fe en esta asunción –que todavía no se ha encarnado en el cuerpo de tu vida- en la confianza de que este nuevo valor o estado de conciencia se encarnará a través de tu absoluta fidelidad a la asunción de que ya eres aquello que deseas ser.
Esto es lo que Totalidad significa, lo que integridad significa. Significan sumisión del ser al ideal más allá del ser.
Entonces, es una total idiotez esperar que el nuevo concepto de ser se encarne por medio de una evolución natural de procesos.
Aquello que requiere que un estado de conciencia produzca sus resultados, obviamente no puede ser efectuado sin ese estado de conciencia. Y en tu habilidad de asumir el sentimiento de una vida mejor, asumir un nuevo concepto de ti mismo, posees lo que el resto de la naturaleza no posee: imaginación, el instrumento por el cual tú creas tu mundo.
Tu imaginación es el instrumento, el medio por el cual tu redención de la esclavitud, enfermedad y pobreza es efectuado.
Si rehúsas asumir la responsabilidad de la encarnación de un nuevo y mayor concepto de ti mismo, entonces tú rechazas los medios, los únicos medios, por los cuales tu redención, es decir, la obtención de tu ideal, puede ser efectuada.
La Imaginación es el Único Poder Redentor en el Universo.
Sin embargo, tu naturaleza es tal, que es opcional para ti elegir, ya sea permanecer en tu concepto presente de ti mismo (un ser hambriento en búsqueda de la libertad, salud y seguridad) o elegir convertirte en el instrumento de tu propia redención, imaginándote a ti mismo como aquello que deseas ser, y por lo tanto satisfaciendo tu hambre y redimiéndote a ti mismo.
“Oh, se fuerte, entonces, y valiente, 

Puro, paciente y verdadero;

El trabajo que es tuyo,

No dejes que otra mano lo haga.

Porque la fuerza de toda necesidad 

Es fielmente dada,

Desde la Fuente dentro de ti:

El Reino de Los Cielos”.

CAPÍTULO 4.- DESEO.
Los cambios que suceden en tu vida, como resultado del concepto cambiado sobre ti mismo, siempre aparentan ser, para el no iluminado, resultados no de un cambio de conciencia, sino de suerte, de causa externa o de coincidencia.
Sin embargo, el único destino gobernando tu vida es el destino determinado por tus propios conceptos, tus propias asunciones, porque una asunción, aunque sea falsa, si se persiste en ella, se materializará.
El ideal que buscas y esperas obtener no se manifestará a sí mismo, no será realizado por ti hasta que no imagines que ya eres ese ideal.
No hay escape para ti excepto por una transformación radical y psicológica de ti mismo; excepto por tu asunción del sentimiento del deseo cumplido.
Por lo tanto, haz de los resultados o logros, la prueba crucial de tu habilidad para usar tu imaginación.
Todo depende de tu actitud hacia ti mismo. Aquello que no afirmes como cierto de ti mismo, nunca podrá ser realizado por ti, porque esa sola actitud es la condición necesaria por la cual realizarás tu meta.
Toda transformación está basada en la sugestión, y esto sólo puede funcionar cuando te abres completamente a una influencia. Debes abandonarte a ti mismo, a tu ideal, como una mujer se abandona a sí misma al amor, ya que el abandono completo del ser hacia tu ideal, es el camino a la unión con tu ideal.
Debes asumir el sentimiento del deseo cumplido, hasta que tu asunción tenga intensamente todas las percepciones sensoriales de la realidad.
Debes imaginar que ya estás experimentando lo que deseas. Es decir, debes asumir el sentimiento de la culminación de tu deseo hasta que estés poseído por él, y este sentimiento expulse hacia afuera todas las otras ideas.
La persona que no está preparada para zambullirse conscientemente dentro de su asunción del deseo cumplido en la fe, que es la única manera de realizar su sueño, no está aún preparada para vivir conscientemente por la ley de la asunción, aunque no hay duda de que ella vive en la ley de asunción inconscientemente.
Pero para ti, que aceptas este principio y estás listo para vivir conscientemente en la asunción de que tu deseo ya ha sido cumplido, la aventura de la vida comienza.
Para llegar a un nivel mayor de ser, tú debes asumir un concepto mayor de ti mismo.
Si no te imaginas a ti mismo como otro diferente del que ya eres, entonces permaneces como ya eres, porque… “el que no cree que Yo Soy Él, morirá en sus pecados. (Juan 8:24)”.
Si tú no crees que eres Él (la persona que quieres ser), entonces permaneces como ya eres.
A través de la fiel y sistemática cultivación del sentimiento del deseo cumplido, el deseo se convierte en la promesa de su propio cumplimiento.
La asunción del sentimiento del deseo cumplido hace del futuro sueño, un hecho presente.

CAPÍTULO 5.- LA VERDAD QUE TE HARÁ LIBRE.
El drama de la vida es uno psicológico, en el cual todas las condiciones, circunstancias y eventos de tu vida son atraídos por tus asunciones.
Ya que tu vida es determinada por tus asunciones, forzosamente has de reconocer el hecho de que eres, ya sea un esclavo de tus asunciones, o su amo.
Convertirte en el amo de tus asunciones es la clave para la libertad y la felicidad jamás soñadas.
Puedes obtener este dominio mediante el control deliberado de tu imaginación. Tú determinas tus asunciones de esta manera:
Forma una imagen mental, una fotografía del estado deseado, de la persona que quieres ser. Concentra tu atención en el sentimiento de que ya eres esa persona. Primero, visualiza la imagen en tu conciencia. Luego siéntete a ti mismo estando adentro de ese estado, formando tu mundo alrededor. A través de tu imaginación, aquello que era sólo una imagen mental, es transformada en una aparente solida realidad.
El gran secreto es la imaginación controlada y una atención bien sostenida, firme y repetidamente enfocada en el objeto a cumplir. No puedo enfatizar lo suficiente que, al crear el ideal dentro de tu esfera mental asumiendo que ya eres ese ideal, tú te identificas con él, y por lo tanto te transformas en esta imagen (pensando DESDE el ideal en vez de pensar EN el ideal). Todo estado ya existe como “meras posibilidades” mientras pensemos EN ellos, pero son súper poderosamente REALES cuando pensamos DESDE ellos.
Esto era llamado por los antiguos maestros “Someterse a la Voluntad de Dios” o “Descansar en el Señor”, y la única verdadera prueba de “Descansar en el Señor” es que todos aquellos que sí descansan son inevitablemente transformados en la imagen de aquello en lo que descansan (pensar DESDE el deseo cumplido).
Te conviertes de acuerdo a tu voluntad resignada, y tu voluntad resignada es tu concepto de ti mismo y todo lo que consientes y aceptas como verdadero.

Tú, al asumir el sentimiento del deseo cumplido y continuando en él, tomas para ti mismo los resultados de ese estado; si no asumes el sentimiento del deseo cumplido, no obtendrás los resultados.
Cuando entiendas la función redentora de la imaginación, tendrás en tus manos la llave para la solución de todos tus problemas.
Cada fase de tu vida está hecha por el ejercicio de tu imaginación. La Imaginación determinada es el único medio de tu progreso; del cumplimiento de tus sueños. Es el principio y el final de toda creación.
El gran secreto es una imaginación controlada y una atención bien sostenida firmemente, y repetidamente enfocada en el sentimiento del deseo cumplido, hasta que llene la mente y empuje hacia afuera todas las otras ideas de la conciencia.
¿Qué otro mayor regalo se te podría haber dado, que el decirte que La Verdad os hará libre? (Juan 8:32).
La verdad que te hará libre es que tú puedes experimentar en la imaginación aquello que deseas experimentar en la realidad, y manteniendo esta experiencia en la imaginación, tu deseo se convertirá en actualidad.
Tú estas limitado nada más por tu incontrolable imaginación y falta de atención al sentimiento de tu deseo cumplido.
Cuando la imaginación no es controlada, y la atención no es estable en el sentimiento del deseo cumplido, entonces no habrá cantidad de oraciones, ni devoción o invocación que produzca el efecto deseado.
Cuando puedas llamar a voluntad cualquier imagen que se te plazca; cuando las formas de tu imaginación sean tan vívidas para ti, como las formas de la naturaleza, entonces serás el amo de tu destino. (Debes dejar de gastar tus pensamientos, tu tiempo y tu dinero. Todo en la vida tiene que ser una inversión.*)
“Visiones de belleza y esplendor,

Forman una larga y perdida carrera,

Sonidos de caras y voces,

Desde la cuarta dimensión del espacio

Y a través del universo ilimitado,

Nuestros pensamientos van como relámpago.

Algunos lo llaman imaginación,

Y otros lo llaman Dios”.
[Dr. George W. Carey, “El Nuevo Nombre”]
*Neville describe esto en el día 12 de Abril de 1953.- En Imaginación Despierta (1954), el escribe: “En la mañana del 12 de Abril de 1953, mi esposa fue despertada por el sonido de una gran voz con autoridad, hablando dentro de ella, diciendo “Debes dejar de gastar tus pensamientos, tiempo y dinero. Todo en la vida debe ser una inversión”. Gastar es desperdiciar, despilfarrar, entregar sin recompensa. Invertir es entregar con un propósito del cual una ganancia es esperada. Esta revelación de mi esposa es sobre la importancia del momento. Es sobre la transformación del momento… Lo que se hace ahora es lo que cuenta… Cuando asumimos el sentimiento de ser lo que queremos ser, estamos invirtiendo”.

CAPÍTULO 6.- ATENCIÓN.
El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos. (Santiago 1:8).
La ATENCION es forzada en proporción a la estrechez de su enfoque, es decir, cuando está obsesionada con una simple idea o sensación. Está estabilizada y poderosamente enfocada por un ajuste tal de la mente que sólo te permite ver una sola cosa, ya que tú enfocas tu atención y aumentas su poder al restringirla. El deseo que se realiza así mismo siempre es un deseo en el cual la atención esta exclusivamente concentrada, ya que una idea es dotada con poder solo en proporción al grado de atención fijada en ella. La observación concentrada es la actitud atenta dirigida desde algún fin específico. La actitud atenta involucra selección, ya que cuando prestas atención, significa que has decidido enfocar tu atención en un objeto o estado en vez de en otro.
Por lo tanto, cuando sabes lo que quieres, debes deliberadamente enfocar tu atención en el sentimiento de tu deseo cumplido hasta que ese sentimiento llene tu mente y empuje todas las otras ideas afuera de tu conciencia.
El poder de la atención es la medida de tu fuerza interna.
La observación concentrada de una cosa expulsa hacia afuera todas las otras cosas y causas para que desaparezcan.
El gran secreto del éxito es enfocar la atención en el sentimiento del deseo cumplido sin permitir ninguna distracción. Todo progreso depende del incremento de la atención. Las ideas que te incitan a actuar son aquellas que dominan tu conciencia, aquellas que poseen tu atención. [La idea que excluye a todas las otras del campo de tu atención dispara la acción.]
Está sola cosa hago; olvidando aquellas cosas que quedaron atrás, yo marcho hacia la meta. [Aprox. Filipenses 3:13,14].
Esto se refiere a ti, esta única cosa que puedes hacer, “olvidando aquellas cosas que quedaron atrás”. Tú puedes marchar hacia la meta de llenar tu mente con el sentimiento del deseo cumplido.
Para el hombre no iluminado, esto parecerá ser toda una fantasía. Aun así, todo progreso viene de aquellos que no toman lo visiblemente aceptado, ni aceptan el mundo como es. Como lo establecí ya, anteriormente, si puedes imaginar lo que te plazca, y si las formas de tus pensamientos son tan vívidas como las formas de la naturaleza, tú eres, por virtud del poder de tu imaginación, amo de tu destino.
Tu imaginación es tu mismo ser, y el mundo como tu imaginación lo ve, es el mundo real.
Cuando te comprometes a dominar los movimientos de tu atención, lo que debe lograrse a fin de poder alterar con éxito el curso de los eventos observados, es en ese momento en que te darás cuenta qué pequeño control has ejercido sobre tu imaginación y cuánto es dominada por las impresiones sensoriales, y cómo es llevada por la marea de humores inútiles.
Para ayudar a dominar el control de tu atención, practica este ejercicio:

Noche tras noche, antes de que caigas en el sueño, haz el esfuerzo de sostener tu atención en las actividades del día en orden reverso. Enfoca tu atención en la última cosa que hiciste, eso sería recostarse en la cama, y luego retrocede hacia atrás en el tiempo viendo todos los acontecimientos hasta que llegues al primer evento del día, salir de la cama. Este no es un ejercicio fácil, pero así como ciertos ejercicios ayudan a desarrollar ciertos músculos, esto ayudará en gran manera a desarrollar el “músculo” de tu atención.
Tu atención debe ser desarrollada, controlada, y concentrada para que puedas cambiar el concepto de ti mismo con éxito y por lo tanto, cambiar tu futuro.
La imaginación es capaz de hacer todo, pero sólo acorde a la dirección interna de tu atención.
Si persistes noche tras noche, tarde o temprano despertarás en ti un centro de poder y te harás consciente de tu Gran Ser, el verdadero tú.
La atención se desarrolla por repetición de ejercicio o hábito.

A través del hábito, las acciones se facilitan, y así, en el transcurso del tiempo, da lugar a una habilidad o facultad, que luego podrá utilizarse para usos importantes.
Cuando obtienes control de la dirección interna de tu atención, ya no estarás parado en aguas poco profundas, sino que te lanzarás a la profundidad de la vida.

Caminarás en la asunción del deseo cumplido con un cimiento más sólido que la tierra misma. 

CAPÍTULO 7.- ACTITUD.
Experimentos recientes conducidos por Merle Lawrence (de la Universidad Princeton) y Adelbert Ames (de la Universidad Darmouth) en el laboratorio de psicología en Hanover, N.H., probaron que lo que ves cuando observas algo, no depende tanto de lo que haya allí, sino de la asunción que haces cuando observas.
Ya que lo que creemos que es “real” en el mundo físico, es sólo un mundo “asumible”, no sorprende que estos experimentos prueben que lo que parecería ser una sólida realidad, es en realidad el resultado de “expectaciones” o “asunciones”.
Tus asunciones determinan no sólo lo que ves, sino también lo que haces, porque gobiernan todos tus movimientos conscientes e inconscientes dirigidos hacia el cumplimiento de éstas.
Hace más de un siglo, esta verdad fue declarada por Emerson así:

Así como el mundo era plástico y fluido en las manos de Dios, así también son sus atributos, en gran manera, cuando los usamos. Para la ignorancia y el pecado, esto es inflexible. Éstos se adaptan a sí mismos como pueden, pero en proporción a la divinidad que haya en el hombre, el firmamento fluirá delante de él y tomará su sello y forma.
Tu asunción es la mano de Dios moldeando el firmamento a la imagen de lo que tú asumes.
La asunción del deseo cumplido es la marea alta que te levanta fácilmente de la barra de los sentidos donde habías estado tanto tiempo estancado.
Levanta la mente en profecía, en el completo sentido de la palabra; y si tienes esa imaginación controlada y atención absorbente que es posible de obtener, estate seguro que todo lo que tu asunción implique sucederá.
Cuando William Blake escribió:

“Lo que parece ser, es para aquellos a los que parece que es”. Él tan solo repetía la verdad eterna.
No hay nada inmundo en sí mismo; pero para el que estima que algo es inmundo, para él, lo es. (Romanos 14:14).
Porque no hay nada inmundo en sí mismo (o puro en sí mismo), deberías asumir lo mejor y sólo pensar en aquello que es amable y en todo lo que es de buen nombre (Filipenses 4:8).
No es de mucha inteligencia, más bien es ignorancia sobre esta ley de asunción, si interpretas de la grandeza de los hombres, una pequeñez que quizás te sea familiar, o de una situación o circunstancia, una convicción desfavorable. Tu relación particular hacia otro influye tu asunción respecto al otro y te hace ver en él aquello que tú ves. Si puedes cambiar tu opinión del otro, entonces lo que ahora crees sobre él no puede ser absolutamente verdad, sino que es relativamente verdad. 
La siguiente es una historia actual ilustrando cómo la ley de asunción funciona:
Un día, una diseñadora de ropa me describía las dificultades de trabajar con un prominente productor de teatro. Ella estaba convencida de que él la criticaba injustamente y le rechazaba su mejor trabajo, y que continuamente era agresivo e injusto con ella.
Le dije que el poder de esta ley de asunción y su aplicación práctica, sólo podía ser descubierto a través de la experiencia, y que sólo asumiendo que la situación ya era como ella quería, podría probar que ella podía traer el cambio deseado.
El empleador, con su comportamiento, tan sólo estaba dando testimonio sobre el concepto que ella tenía de él. Le comenté que era probable que ella estuviera manteniendo conversaciones con él en su mente que estaban llenas de críticas y recriminaciones.
No había duda de que ella estaba peleándose mentalmente con el productor, ya que los otros sólo hacen eco de lo que les susurramos en secreto.
Le pregunté si no era cierto que ella conversaba con él mentalmente, y si así era, cómo eran esas conversaciones.
Me confesó que cada mañana camino al teatro, ella le decía todo lo que pensaba de él de una manera que jamás se hubiese atrevido a decírselo en persona. La intensidad y fuerza de sus discusiones mentales con él automáticamente establecieron su comportamiento hacia ella.
Ella empezó a darse cuenta que todos mantenemos conversaciones mentales, pero, lamentablemente, en la mayoría de las ocasiones, estas conversaciones son argumentativas… Que tan sólo con mirar al peatón en la calle probamos esta aserción… que tanta gente está mentalmente absorta en conversaciones y muy pocos aparentan estar felices al respecto, pero la misma intensidad de sus sentimientos los lleva rápidamente a la situación desagradable que ellos mismos han creado mentalmente y por lo tanto ahora deben enfrentar.
Cuando ella se dio cuenta de lo que estaba haciendo, aceptó cambiar su actitud y vivir esta ley fielmente al asumir que su trabajo era altamente satisfactorio y que su relación con el productor era una muy agradable. Para hacer esto, ella tuvo que aceptar que, antes de irse a dormir por la noche, en su camino al trabajo, y en otros intervalos durante el día, tendría que imaginar que él la felicitaba por sus fantásticos diseños y que ella, en respuesta, le agradecía a él por sus halagos y amabilidad.
Para su gran sorpresa, ella pronto descubrió por sí sola que su propia actitud era la causa de todo lo que le sucedía.
El comportamiento de su empleador milagrosamente se revertió. Su actitud, haciendo eco como siempre lo ha hecho, de aquello que ella asumía, ahora reflejaba el cambio de concepto que ella tuvo sobre él.
Lo que ella hizo fue por el poder de su imaginación. Su asunción persistente influenció el comportamiento de él y determinó su actitud hacia con ella.
Con el pasaporte del deseo en las alas de una imaginación controlada, ella viajó hacia el futuro de su propia predeterminada experiencia.
Por lo tanto, vemos que no son los hechos sino aquello que creamos en la imaginación lo que da forma a nuestras vidas, ya que la mayoría de los conflictos del día son resultados del poco uso de nuestra imaginación para sacar la viga de nuestro propio ojo.
Es el de mente exacta y literal el que vive en un mundo ficticio.
Así como esta diseñadora, que por su imaginación controlada comenzó un cambio sutil en la mente de su empleador, así nosotros, por el control de nuestra propia imaginación y sentimiento dirigido sabiamente, podemos resolver nuestros problemas.
Por la intensidad de su imaginación y sentimiento, la diseñadora echó una especie de encantamiento en la mente del productor, e hizo que éste pensara que sus halagos generosos se originaban en él.
Muy seguido, nuestros pensamientos más elaborados y originales son determinados por otras personas.

“Nunca estaremos seguros de que no fue alguna mujer pisando en el lagar, quien comenzó el sutil cambio en la mente de los hombres, o que la pasión no comenzó en la mente de algún niño pastor, iluminando sus ojos por un momento antes de correr sobre su camino”.

(William Butler Yeats).
CAPÍTULO 8.- RENUNCIACIÓN.
No existe carbón de carácter tan débil que no pueda brillar y quemar si apenas se lo da vuelta. 
No resistas la maldad… “A cualquiera que te abofetee en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.” (Mateo 5:39).
Hay una gran diferencia entre resistir la maldad y renunciar a ella. Cuando resistes la maldad, le das tu atención; la continúas haciendo real. Cuando renuncias a la maldad, le sacas la atención y se la das a lo que quieres. Ahora es el momento de que controles tu imaginación y… “Dar belleza en lugar de cenizas, gozo en lugar de luto, alabanza en lugar de espíritu abatido, para que sean llamados árboles de justicia, plantío del Señor, para que él sea glorificado”. (Aprox., Isaías 61:3).
Tú das belleza en lugar de cenizas cuando concentras tu atención en las cosas como te gustarían que sean en vez de en las cosas como están.
Tú das gozo en vez de luto cuando mantienes una actitud gozosa a pesar de las circunstancias desfavorables.
Das alabanza en lugar de espíritu abatido cuando mantienes una actitud confiada en vez de sucumbir al desánimo.
En esta frase, la Biblia utiliza la palabra árbol como sinónimo de hombre. Te conviertes un árbol de justicia cuando los estados mentales mencionados arriba son permanentes en tu conciencia. Eres un plantío del Señor cuando todos tus pensamientos son verdaderos pensamientos.
Él es “YO SOY” como lo descripto en el Capítulo Uno. “YO SOY” es glorificado cuando tu concepto más alto de ti mismo es manifestado.
Cuando hayas descubierto que tu propia imaginación controlada es tu salvadora, tu actitud será completamente alterada sin ninguna disminución religiosa, y dirás de tu propia imaginación controlada: “Mirad esta Vid. La encuentro un árbol salvaje, de cuya fuerza insolente han crecido ramas irregulares. Pero he podado la planta y creció moderadamente en su vana expensa de hojas inútiles, y se enredó como ves en estos limpios y completos racimos para compensar a la mano que sabiamente la hirió. [Robert Southey, “Thalaba La Destructora”].
Esta vid significa tu imaginación, que en su estado incontrolado, gasta su energía en pensamientos y sentimientos inútiles o destructivos. Pero tú, tal como la vid es podada al cortarle las ramas y raíces inútiles, podas tu imaginación al retraer tu atención de todas las ideas desagradables y destructivas, y al concentrarte en el ideal de tu deseo a obtener.
La vida más noble y feliz que experimentarás, será resultado de haber podado sabiamente tu propia imaginación.
Sí; sé podado de todos los pensamientos y sentimientos desagradables así:
“Piensa la verdad, y tus pensamientos alimentarán la hambruna del mundo. Habla la verdad, y cada palabra tuya será una semilla fructífera. Vive la verdad, y tu vida será un gran y noble credo”. 

[Horatio Bonar, “Himnos de Fe y Esperanza”].

CAPÍTULO 9.- PREPARA TU LUGAR.
Y todo lo mío es tuyo, y todo lo tuyo es mío. (Juan 17:10).
Mete tu hoz y siega, porque la hora de segar ha llegado, pues la mies de la tierra está madura. (Apocalipsis 14:15).
TODO ES tuyo. No salgas a buscar aquello que eres. Aprópialo, clámalo, asúmelo.

Todo depende de tu concepto de ti mismo. Aquello que no clamas como verdadero de ti mismo no puede realizarse por ti.
La promesa es… “A todo el que tiene, más se le dará, y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”. (Mateo 25:29; Lucas 8:18).
Sostén firmemente, en tu imaginación, todo aquello que sea amable y de buena reputación, porque lo amable y lo bueno es esencial en tu vida si ha de valer la pena.

Asúmelo. Haces esto al imaginar que ya eres lo que deseas ser, y que ya tienes lo que deseas tener.
Como el hombre piensa en su corazón, así es él. (Proverbios 23:7, 19).
Aquiétate y sabe que eres aquello que deseas ser, y nunca tendrás que buscarlo.
A pesar de tu apariencia de libertad de acción, tú obedeces, como todo lo demás, a la ley de asunción.
Lo que sea que pienses acerca del libre albedrío, la verdad es que tus experiencias a lo largo de tu vida son determinadas por tus asunciones –consciente o inconscientemente.
Una asunción construye un puente de incidentes que llevan inevitablemente al cumplimiento de sí misma.
El hombre cree que el futuro es el desarrollo natural del pasado. Pero la ley de asunción demuestra claramente que éste no es el caso.
Tu asunción te pone a ti psicológicamente en donde no estás físicamente; luego tus sentidos te vuelven a traer desde donde estabas psicológicamente a donde estás físicamente.
Son estos movimientos psicológicos hacia adelante, los que producen tus movimientos físicos hacia adelante en el tiempo.
La Precognición penetra todas las escrituras del mundo.
En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, yo les hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para vosotros. Y si me voy y preparo un lugar para vosotros, vendré otra vez y yo los tomaré conmigo, para que donde yo estoy, allí estéis también vosotros… Y yo les he dicho ahora, antes que suceda, para que cuando suceda, creáis. (Juan 14: 2,3;29).
El “YO” en estos versículos es tu imaginación, que va al futuro, a una de las muchas moradas.
La Morada es el estado deseado… Contar un evento antes de que suceda físicamente es

simplemente sentirte a ti mismo en el estado deseado hasta que tome el tono de la realidad.
Tú vas y preparas un lugar para ti al imaginarte en el sentimiento del deseo cumplido. Luego, tú te aceleras desde este estado del deseo cumplido –donde no has estado físicamente– hacia dónde estabas físicamente hace un momento atrás. Luego, con un movimiento hacia adelante irresistible, te mueves hacia adelante a través de una serie de eventos hasta la realización física de tu deseo, que donde hayas estado en tu imaginación, allí estarás en la carne también.
… al lugar donde los ríos fluyen, allí vuelven a fluir. (Eclesiastés 1:7, 20).

CAPÍTULO 10.- CREACIÓN.
Yo soy Dios, que declaro el fin desde el principio, y desde la antigüedad lo que no ha sido hecho. (Isaías 46: 9,10).
LA CREACION ESTÁ terminada. La creatividad es sólo una profunda receptividad, ya que los contenidos enteros de todos los tiempos y espacios, aunque sean experimentados en una secuencia de tiempo, en realidad coexisten en el eterno e infinito ahora.
En otras palabras, todo lo que has sido o serás –de hecho, todo lo que la humanidad fue o será– existe ahora.
Esto es a lo que se refiere con “creación”. Y la declaración de que la creación está terminada significa que no hay nada que crear, sólo hay que manifestar.
Lo que se llama creatividad es tan sólo tomar conciencia de lo que ya existe. Tú tan sólo vas incrementando porciones en tu conciencia de lo que ya existe.
Toda la Creación existe en ti, y es tu destino tomar cada vez más conciencia de sus infinitas maravillas, y experimentar cada vez más y más grandes porciones de ella.
Si la creación está terminada, y todos los eventos están sucediendo ahora, la pregunta que surge naturalmente en la mente es “¿qué determinaría tu ciclo de tiempo?” Es decir, ¿qué determinaría los eventos que experimentas?
Y la respuesta es: Tu concepto de ti mismo.
Los conceptos son los que determinan la ruta por la que tu atención siga. Esta es una buena prueba para verificar este hecho. Asume el sentimiento de tu deseo cumplido y observa la ruta que tu atención sigue. Tú observarás que mientras permanezcas fiel a tu asunción, tu atención seguirá siendo confrontada con imágenes claramente relacionadas con tu asunción.
Por ejemplo: Si asumes que tienes un increíble negocio, notarás cómo en tu imaginación, tu atención se enfoca en incidente tras incidente tras incidente relacionado con tu asunción. Los amigos te felicitan, te dicen lo suertudo que eres. Otros te envidian y te critican. Desde allí, tu atención va a oficinas más grandes, cuentas bancarias más grandes, y otros eventos similares relacionados.
Persistencia en la asunción resultará en realmente experimentar en hecho aquello que asumiste.
Lo mismo es verdad respecto a cualquier concepto. Si tu concepto de ti mismo es que eres un fracaso, encontrarás en tu imaginación a toda una serie de incidentes en conformidad con ese concepto. Entonces, es claramente visto que tú, en tu concepto de ti mismo, determinas tu presente, es decir, esa porción en particular de la creación que ahora experimentas, y así también tu futuro, es decir, esa porción en particular de la creación que experimentarás.

CAPÍTULO 11.- INTERFERENCIA.
TÚ ERES libre de elegir el concepto que aceptarás de ti mismo. Por lo tanto, tú posees el poder de intervención, el poder que te permite alterar el curso de tu futuro. El proceso de elevarte de tu presente concepto a un concepto más alto de ti mismo, es el medio de todo verdadero progreso. El concepto más alto te está esperando para que lo encarnes en el mundo de la experiencia.
Y a aquél que es poderoso para hacer todo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que obra en nosotros, a él sea la gloria. (Efesios 3:20).
Él, que es capaz de hacer mucho más de lo que tú puedas pedir o pensar, es tu imaginación, y el poder que obra en nosotros es tu atención. Entendiendo que imaginación es ÉL, que es capaz de hacer todo lo que pidas, y atención es el poder por el cual tú creas tu mundo, ahora puedes construir tu mundo ideal.
Imagínate a ti mismo siendo el ideal que tú sueñas y deseas. Permanece atento a este estado imaginado, y tan pronto como sientas completamente que ya eres este ideal se manifestará a sí mismo como realidad en tu mundo.
Él estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por Él, y el mundo no lo conocía. (Juan 1:10).
El misterio que ha estado oculto desde los siglos y generaciones pasadas, Cristo en ustedes, la esperanza de la gloria. (Aprox. Colosenses 1:26,27, 22).
Cuando dice “Él” en la primera cita se refiere a tu imaginación. Como lo expliqué anteriormente, hay solo una substancia. Esta substancia es tu conciencia. Es tu imaginación la que forma esta substancia en conceptos, los cuales luego se manifiestan como condiciones, circunstancias, y objetos físicos. Por lo tanto, la imaginación creó tu mundo.
De esta verdad suprema, excepto por algunos, los hombres no están conscientes.
El misterio, Cristo en ti, referido en la segunda cita, es tu imaginación, por la cual tu mundo se moldea. La esperanza de la gloria es estar consciente sobre la habilidad de elevarte perpetuamente hacia niveles más altos.
Cristo no se encuentra en la historia, no en formas externas. Tú encuentras a Cristo sólo cuando tomas conciencia del hecho de que tu imaginación es el único poder redentor. Cuando esto es descubierto, las “torres del dogma habrán oído las trompetas de la Verdad, y como las paredes de Jericó, se derrumbarán a polvo.”

CAPÍTULO 12.- CONTROL SUBJETIVO.
TU IMAGINACIÓN es capaz de hacer todo lo que le pidas en proporción al grado de tu atención. Todo progreso y cumplimiento del deseo depende del control y concentración de tu atención.
La atención puede ser atraída desde afuera o dirigida desde adentro.
La atención es atraída desde afuera cuando estas conscientemente ocupado con las impresiones externas del presente inmediato. Las líneas de esta página están atrayendo tu atención desde afuera.
Tu atención es dirigida desde adentro cuando tú deliberadamente eliges en qué estarás ocupado mentalmente.
Es obvio que, en el mundo objetivo, tu atención no solo es atraída, sino también constantemente es dirigida a impresiones externas.
Pero tu control en el estado subjetivo es casi inexistente, ya que en este estado, la atención es usualmente la servidora y no el amo, la pasajera y no el piloto de tu mundo.
Hay una gran diferencia entre atención dirigida objetivamente y la atención dirigida subjetivamente. Y la capacidad de cambiar tu futuro depende de ésta última.
Cuando eres capaz de controlar los movimientos de tu atención en el mundo subjetivo, tú puedes modificar o alterar tu vida como te plazca. Pero este control no puede ser alcanzado si permites que tu atención este constantemente atraída a lo externo.
Cada día, haz la tarea de retraer deliberadamente tu atención del mundo objetivo y enfócala subjetivamente. En otras palabras, concéntrate en esos pensamientos o humores que tú deliberadamente determinas. Entonces, aquellas cosas que ahora te restringen, desaparecerán y caerán.
El día que obtengas el control de los movimientos de tu atención en el mundo subjetivo, serás el amo de tu destino. Ya no aceptarás el dominio de las condiciones o circunstancias externas. Ya no aceptarás la vida en las bases del mundo externo.
Habiendo obtenido el control de los movimientos de tu atención, y habiendo descubierto el misterio escondido de los siglos, que Cristo en ti es tu imaginación, reafirmarás la supremacía de la imaginación y todo lo pondrás bajo su sometimiento.

CAPÍTULO 13.- ACEPTACION.
“Las percepciones del hombre no están sujetas a los órganos de percepción. Él percibe más que lo que los sentidos (aunque nunca tan sutilmente) puedan descubrir”. [William Blake].
NO IMPORTA CUANTO PAREZCA que vives en un mundo material, en realidad vives en un mundo de imaginación.
Lo externo, los eventos físicos de la vida, son el fruto de momentos olvidados que han florecido, resultado de previos y, usualmente, olvidados estados de conciencia.

Son los finales ya en movimiento, que tuvieron orígenes imaginativos usualmente olvidados.
Cuando te has absorbido completamente en un estado emocional, estás en ese momento, asumiendo el sentimiento del estado cumplido. Si persistes allí, en lo que sea que estés intensamente emocional, lo experimentarás en tu mundo.

Estos períodos de absorción, de atención concentrada, son los comienzos de las cosas que cosechas.
Es en estos momentos en que tú ejercitas tu poder creativo; el único poder creativo que existe. Al final de estos períodos, o momentos de absorción, te aceleras en estos estados imaginativos (donde no has estado aun físicamente) a donde estabas físicamente un momento atrás. En estos períodos, el estado imaginado es tan real que, cuando vuelves al mundo objetivo y encuentras que no es el mismo que el estado imaginado, es realmente un shock. Has visto algo en la imaginación con tal intensidad que te preguntas si puedes creer en la evidencia de tus sentidos. Y como Keats, te preguntas, ¿Fue una visión o un sueño despierto?… Huyó la música… ¿estoy despierto o dormido?
Este shock reversa tu sentido del tiempo. Con esto, quiero decir que en vez de que tu experiencia resulte de tu pasado, ahora se convierte en el resultado de estar en la imaginación donde no has estado físicamente.
La persona que a voluntad puede asumir cualquier estado que le plazca, ha encontrado las llaves el Reino de los Cielos.
La clave es el deseo, imaginación, y una atención estable enfocada en el sentimiento del deseo cumplido. Para esta persona, todo hecho objetivo indeseable no es más una realidad, y el ardiente deseo no es más un sueño.
Pruébenme en esto —dice el SEÑOR Todopoderoso—, y vean si no abro las ventanas del cielo y derramo sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde. (Malaquías 3:10).
Las ventanas del cielo no se abrirán ni los tesoros serán obtenidos por fuerza de voluntad, sino que se abrirán a sí mismas y se obtendrán los tesoros como un regalo gratuito. Un regalo que viene cuando la absorción alcanza tal grado que resulta en un sentimiento de completa aceptación.
El pasaje de tu estado presente al sentimiento de tu deseo cumplido no está a través de un espacio. Existe continuidad entre lo llamado real e irreal.
Para cruzar de un estado a otro, tú tan solo extiendes tus antenas, confías en tu tacto y entras completamente en el espíritu de lo que estás haciendo.
No por el poder ni por la fuerza, sino por mi Espíritu, dice el SEÑOR de los ejércitos. (Zacarías 4:6).
Asume el espíritu, el sentimiento del deseo cumplido, y habrás abierto las ventanas para recibir la bendición. Asumir un estado es estar en el espíritu de él.
Tus triunfos serán una sorpresa sólo para aquellos que no sabían de tu pasaje secreto de un estado de deseo a la asunción del deseo cumplido.
El Señor de los Ejércitos no responderá a tu deseo hasta que no hayas asumido el sentimiento de ya ser aquello que quieres ser, ya que la aceptación es el canal de SU acción.
Aceptación es el Señor de los Ejércitos en acción.

CAPÍTULO 14.- LA MANERA SIN ESFUERZO.
EL PRINCIPIO de “Menor Acción Posible” gobierna todo en física, desde la trayectoria de un planeta a la trayectoria del pulso de la luz. La menor acción posible es el mínimo de energía, multiplicada por el mínimo de tiempo. Por lo tanto, para moverte de tu estado presente al estado deseado, debes utilizar el mínimo de energía en el menor tiempo posible.
Tu viaje de un estado de conciencia a otro es un viaje psicológico. Por lo tanto, para hacer el viaje, debes utilizar el equivalente psicológico de “Menor Acción Posible”, y el equivalente psicológico es la mera asunción.
El día que te des cuenta completamente del poder de tu asunción, descubrirás que funciona en completa conformidad con este principio. Funciona por medio de la atención sin esfuerzo.
Por lo tanto, con el mínimo de acción posible, a través de la asunción, te apuras sin apresurarte y alcanzas tu objetivo sin esfuerzo.
Porque la creación ya está terminada, lo que deseas ya existe. Está excluido de la vista porque tú puedes ver sólo los contenidos de tu propia conciencia.
Es la función de una asunción volver a llamar a la vista excluida y restaurar la visión completa. No es el mundo, sino tu asunción lo que cambia.
La asunción trae lo invisible a la vista. No es nada más ni nada menos que ver con el ojo de Dios, eso es, con la imaginación.
Pues Dios ve no como el hombre ve, pues el hombre mira la apariencia exterior, pero el SEÑOR mira el corazón. (1 Samuel 16:7)
El corazón es el principal órgano del sentido, por lo tanto, la primera causa de la experiencia. Cuando ves “el corazón”, estás mirando tus asunciones. Las asunciones determinan tu experiencia.
Observa tus asunciones con total diligencia, ya que de ellas salen los asuntos de la vida. Las asunciones tienen el poder de realización objetiva. Cada evento en el mundo visible es el resultado de una asunción o idea en el mundo invisible.
El momento presente es muy importante, ya que es sólo en el momento presente que nuestras asunciones pueden ser controladas.
El futuro debe convertirse en el presente en tu mente, si tú quieres operar sabiamente la ley de asunción.
El futuro se convierte en el presente cuando te imaginas que ya eres aquello que serás cuando tu asunción se cumpla.
Aquiétate (menor acción posible) y sabe que ya eres aquello que deseas ser. El final del deseo debería ser ya serlo. Traduce tu sueño en serlo. 
La construcción perpetua de estados futuros sin la conciencia de ya serlos, es decir, imaginar tu deseo sin realmente asumir el sentimiento del deseo cumplido, es la falacia y espejismo de la humanidad. Eso es simplemente vivir soñando en vano.

CAPÍTULO 15.- LA CORONA DE LOS MISTERIOS.
LA ASUNCION del deseo cumplido es el barco que te lleva a través de los mares desconocidos hacia el cumplimiento de tu sueño.
La asunción es todo; la realización es inconsciente y sin esfuerzo.
Asume una virtud si no la tienes. [William Shakespeare, “Hamlet”].
Actúa en la asunción de que ya posees aquello que buscabas.
Y bienaventurada la que creyó que tendrá cumplimiento lo que le fue dicho de parte del Señor. (Lucas 1:45).
Como la Inmaculada Concepción es el fundamento del misterio Cristiano, así la Asunción es su corona. Psicológicamente, la Inmaculada Concepción significa el nacimiento de una idea en tu conciencia, sin ayuda de otro.
Por ejemplo, cuando tienes un deseo específico, o hambre o anhelo, es una concepción inmaculada en el sentido que no fue una persona física o cosa la que te lo plantó en tu mente. Fue autoconcebido. Toda persona es la María de La Concepción Inmaculada y debe darle nacimiento a su idea.
La Asunción es la corona de los misterios, porque es el más elevado uso de la conciencia.

Cuando en la imaginación asumes el sentimiento del deseo cumplido, tú eres mentalmente elevado a un nivel más alto.
Cuando, en tu persistencia, esta asunción se convierte en hecho, tú te encuentras automáticamente en un nivel más alto (es decir, tú has obtenido tu deseo) en tu mundo objetivo.
Tu asunción guía todos tus movimientos conscientes e inconscientes hacia el final sugerido tan inevitablemente que dicta todos los eventos.
El drama de la vida es uno psicológico, y el todo de ella ha sido escrito y producido por tus asunciones.
Aprende el arte de la asunción, ya que sólo de esta manera puedes crear tu propia felicidad.

CAPÍTULO 16.- IMPOTENCIA PERSONAL.
AUTO-RENDIRSE es esencial. Y con esto me refiero a la confesión de impotencia personal. “Yo no puedo hacer nada por iniciativa mía”. (Juan 5:30).
Ya que la creación ha sido terminada, es imposible forzar a que algo sea.
El ejemplo del magnetismo previamente dado es una buena ilustración. Tú no puedes crear magnetismo; tan sólo puede ser exhibido. Tú no puedes crear la ley de magnetismo. Si quieres construir un imán, sólo podrás hacerlo de acuerdo a la ley de magnetismo. En otras palabras, te rindes a ti mismo, o cedes a la ley.
De la misma manera, cuando utilizas la facultad de la asunción, te estás amolando a la ley en forma tan real como la ley gobernando el magnetismo.
Tú no puedes ni crear ni cambiar la ley de asunción. Es en este aspecto que tú eres impotente. Tú sólo puedes ceder o amoldarte. Y dado que todas tus experiencias son el resultado de tus asunciones, conscientes o inconscientes, el valor de utilizar conscientemente el poder de la asunción, resulta muy evidente.
Identifícate voluntariamente con aquello que más deseas, sabiendo que encontrará expresión en ti.
Cede al sentimiento del deseo cumplido y sé consumido como su víctima, luego elévate como el profeta de la ley de asunción.  

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Parte 5.- Un Curso de Amor.

UN CURSO DE AMOR.- Por Mari Perron.
24. TIEMPO DE SENSIBILIDAD.
“El tiempo de la sensibilidad precede al tiempo de paz y anticipa la compasión. El tiempo de la sensibilidad, por lo tanto, forma parte del último tramo del aprendizaje, antes del cumplimiento. El aprendizaje que tiene lugar durante este tiempo proviene del amor”.

(24.1) Donde antes aprendiste a odiar, ahora aprenderás a amar. Donde aprendiste miedo, aprenderás seguridad. Donde aprendiste a desconfiar, aprenderás confianza. Y cada experiencia de aprendizaje lo será porque tocará tu corazón. Puede ser tan simple como una sonrisa de niño que acaba por derretir todo el resentimiento que tenías guardado desde tu infancia, porque permites que esa sonrisa toque tu corazón. Puede ser un tiempo de fragilidad y llanto y de lo que tú llamas emocionalismo. Tal vez sientas que todo te da deseos de llorar porque todo te conmueve y cada lección despierta tu sensibilidad. El desaprender no es ríspido. Si simplemente dejas que ocurra, te recompensará con lo que podríamos describir como sensibilidad.

(24.2) Es tiempo de cesar la resistencia a la sensibilidad. Es tiempo de dejar de resistirte a las lágrimas del agobio. Es el tiempo del abrazo.

(24.3) Esta sensibilidad, estos sentimientos de vulnerabilidad, pueden ser interpretados como un signo. Te anunciarán que ha comenzado el proceso de desaprender. Recíbelos como portadores de buenas nuevas. Debes saber que este tiempo de sensibilidad es un camino seguro de regreso al hogar.

(24.4) El tiempo de la sensibilidad precede al tiempo de paz y anticipa la compasión. El tiempo de la sensibilidad, por lo tanto, forma parte del último tramo del aprendizaje, antes del cumplimiento. El aprendizaje que tiene lugar durante este tiempo proviene del amor. Ninguna lección aprendida sin amor toca tu corazón. Y las lecciones aprendidas sin amor no llevan a nada. El propósito de las lecciones finales es desaprender para, mediante el desaprendizaje, avanzar hacia un nuevo aprendizaje. Estas lecciones deben aprenderse en vida y, por lo tanto, requieren involucrarse en la vida. Son una promesa, un compromiso. Requieren participación, atención, estar presente. Estas son las lecciones con que concluiremos.

25. LA DEVOCIÓN COMO PARTICIPACIÓN.

“Comienzas a vivir desde el amor cuando el yo personal se aparta del cambio. Y cuando el yo personal se hace a un lado, en cualquier instancia, se produce un punto de inflexión. Es la señal de que estás listo para vivir del amor. De esto se trata este Curso. De vivir del amor”.

(25.1) La devoción por un objetivo es un voto de consagración. Devoción es entrega a la oración. Como dijimos al principio, orar es pedir que todos sean incluidos en lo que haces. La devoción, entonces, es la primera lección en el aprendizaje de cómo estar comprometido con la vida durante el tiempo de sensibilidad.

(25.2) La devoción es resultado del amor y en esta instancia es una acción, un verbo, un medio de servir al amor y ser servido por él. La devoción es una clase particular de participación. No puede ser fingida, pero puede practicarse.

(25.3) Tú, querido hijo, te has pasado gran parte de la vida fingiendo. Has fingido confianza cuando estabas inseguro, interés cuando sentías indiferencia, conocimiento de cosas de las que no sabías nada. Pero quienes han intentado fingir amor, no pueden. Lo mismo vale para la devoción, pues no hay verdadera devoción sin amor.

(25.4) No es posible fingir amor porque conoces el amor. Y porque lo conoces, sientes de inmediato cuando se trata de una imitación. Puedes elegir negar esa sensación, pero no puedes evitarla. Puedes intentar ganarte el amor de quienes te interesan, puedes intentar comprarlo, cambiarlo por algo o capturarlo, pero no dará resultado. Sin embargo, el amor está siempre presente. Dediquemos un momento a considerar esta contradicción.

(25.5) ¿Cómo puede el amor estar siempre presente cuando podemos, sin lugar a dudas, distinguir cada ausencia de amor? El problema radica en quien percibe, no en lo percibido. Cada vez que sientes una carencia de amor, ésta proviene de tu interior. La carencia de amor —o amor “fingido” del que no puedes evitar darte cuenta— es señal de que quieres algo. Cuando tomas conciencia de que quieres algo, también tomas conciencia de que sientes que algo te falta. Toda sensación de carencia equivale a una sensación de miedo. Donde hay temor, el amor queda oculto. Cuando se elige el miedo, se rechaza al amor. No puedes estar sin amor, pero puedes rechazar al amor. Y cuando lo rechazas, queda oculto de ti, pues el recibir completa al dar. Cada uno de tus hermanos y hermanas es amor inmaculado. Pero lo que cada uno da queda incompleto hasta que es recibido.

(25.6) Cuando sientes falta de amor en otros es porque has proyectado tu miedo en ellos. Sólo cuando dejes de hacerlo experimentarás verdadera devoción.

(25.7) Cuando sientes una carencia de amor, sientes como si el “otro” no te diera nada. Pero la causa de este sentimiento es tu incapacidad para recibir. La práctica de la devoción es un medio por el cual puedes purificar tu compromiso con la vida y todo lo que en ella encuentres. Devoción es sinónimo de verdadero servicio. Y éste no considera lo que la otra persona tiene para dar o utilizar. El verdadero servicio reconoce la ley divina del dar y recibir, y la práctica de la devoción es, en efecto, la práctica de permitir que el dar y el recibir sean uno. Durante el tiempo de la sensibilidad es una práctica que, como la vigilancia, se convierte en un medio para alcanzar un fin. Necesitas practicar el reconocimiento de tus sensaciones de falta de amor, y comprender que esas sensaciones provienen de tu incapacidad para recibir. Practícalo hasta que ya no sea necesario.

(25.8) La devoción es inclusiva. Implica un sujeto y un objeto: uno que es devoto y otro que es objeto de devoción. Mientras nos alejamos de las relaciones de sujeto y objeto y nos acercamos a las relaciones de unidad, la idea de uno que es devoto y otros por quienes se practica la devoción resulta útil durante el tiempo de sensibilidad. Conducirá a la comprensión de la unidad como plenitud, al entendimiento de que dar y recibir son uno.

(25.9) La devoción lleva a la armonía por intermedio de la acción. Esto te resultará posible sólo si has integrado las enseñanzas más básicas de este Curso y ya no te sientes defraudado por la vida. Todas tus pruebas de voluntad se respaldan en la convicción de que has sido engañado. Es como si hubieses pagado el boleto de entrada, pero cuando llegas al concierto se te dice que no es válido. Te enojas, y actúas tu enojo en los miles de escenarios diferentes de la vida, día tras día y año tras año hasta que tomas conciencia y crees realmente en los postulados básicos que este Curso propone.

(25.10) Estar en concierto, al igual que ejecutar un concierto, está supeditado a la armonía. Equivale a estar de acuerdo respecto del propósito para el cual estás aquí y tu derecho a estar plenamente presente. Si todavía crees que estás aquí para alcanzar algún estado de separación que percibes como ideal, todas tus acciones estarán fuera de armonía. Si, en cambio, has aceptado los postulados básicos de este Curso y crees que estás aquí para realizar la unidad, todas tus acciones estarán en armonía. Si crees que tú y tus hermanos y hermanas están aquí como represalia por haber caído de la gracia, todas tus acciones estarán fuera de armonía. Si crees que tú y todos los seres vivos están aquí en un estado de gracia, todas tus acciones estarán en armonía. Si crees que un ser vivo es más importante que otro, todas tus acciones estarán fuera de armonía. Si crees que todos son esenciales, todas tus acciones estarán en armonía.

(25.11) Mientras haya una sola relación especial que continúe, todas continúan porque reciben validación. La sagrada relación de unidad depende de liberarse de las creencias que fomentan las relaciones especiales.

(25.12) Creerte en concierto con el universo equivale a creer que no tienes necesidad de lucha, creer que no tienes carencias, creer en tu estado de gracia. Mientras sigas creyendo que al menos una persona está en tu contra, no estarás en concierto con Dios. Mientras sigas creyendo que el destino te juega en contra, no estarás en concierto con el universo. Estas actitudes confirman una permanente creencia en tu estado de separación y vulnerabilidad. Durante el tiempo de sensibilidad aprenderás, mediante la práctica de la devoción, a identificar y rechazar estas actitudes y a adoptar una actitud de invulnerabilidad.

(25.13) Necesitas ahora una actitud de invulnerabilidad. No se trata de arrogancia ni de un medio para coquetear con el peligro. Es simplemente tu realidad. Durante el tiempo de sensibilidad puedes sentirte vulnerable. Pero el tiempo de sensibilidad es un tiempo de curación, y a medida que sanas te darás cuenta de que ya no eres vulnerable a las heridas. El miedo a lastimarte —física, mental, emocional o espiritualmente— ha evitado que te comprometas con la vida. Por eso sanar y reconocer tu propio estado de sanación es un propósito clave del tiempo de sensibilidad. No puedes reconocer tu verdadera identidad mientras sigues aferrado a las heridas de cualquier clase. Toda herida constituye una prueba de tu creencia en que puedes ser atacado y lastimado. No es necesario que veas a la decepción como un ataque ni a la falta de esperanza como una lastimadura, pero ciertamente sientes estas emociones como heridas. Mientras piensas que puedes decepcionarte o desilusionarte, no serás invulnerable. Detrás de cada decepción o desilusión, cada ataque y cada herida, siempre crees que hay una persona que actuó sin amor. Mientras sigas creyendo que las sensaciones de falta de amor provienen de cualquier parte menos de tu interior, no serás invulnerable.

(25.14) Tomar conciencia de tu invulnerabilidad no es necesario desde el punto de vista del uso, sino desde el punto de vista del servicio. Quienes proclaman su invulnerabilidad y la usan como un reto al destino o como una excusa para desafiar a las fuerzas de la humanidad o la naturaleza, tarde o temprano perderán el juego. La verdadera invulnerabilidad sólo puede ser proclamada por quienes la reconocen como parte de su verdadera identidad. Entonces, la invulnerabilidad será un servicio para ti y para tus hermanos y hermanas. Y su servicio es conquistar el temor para dar lugar al reinado del amor.

(25.15) El compromiso surge de involucrarse y participar. Si bien esto puede traer a la mente nociones de unirse a un movimiento o partido o de realizar alguna contribución a la sociedad, el objetivo no es más que la pura unión. La unión primera proviene del interior y consiste en llevar a la práctica las lecciones para unir la mente y el corazón en la integridad.

(25.16) La primera unión es una elección hecha desde el amor sin considerar el yo personal. Comienzas a vivir desde el amor cuando el yo personal se aparta del camino. Y cuando el yo personal se hace a un lado, en cualquier instancia, se produce un punto de inflexión. Es la señal de que estás listo para vivir del amor. De esto se trata este Curso. De vivir del amor. Pues vivir del amor revertirá las lecciones del pasado, y esta reversión te permitirá vivir cada instancia en el amor.

(25.17) Vivir cada instancia en el amor es lo que ocurre cuando la totalidad del Ser está involucrada en el amor a la vida. No hay “partes” del Ser que queden fuera ni que alberguen resentimientos. No hay “partes” del Ser viviendo en el pasado o en el futuro. No hay un Ser “mental” que viva separado de un Ser que involucra al alma. No hay un Ser “trabajador” que viva separado de un Ser dedicado a la oración. El Ser está unido en una sola integridad. Y este Ser uno está plenamente comprometido con vivir el amor.

(25.18) Cuando comienzas a vivir en el amor puede suceder lo contrario de lo que tus expectativas anticipaban. Si tu expectativa era que todo cobraría mayor importancia, es probable que al principio suceda lo inverso. Verás poca importancia en lo que haces. Te preguntarás por qué ya no te importan muchas de las cosas que antes te importaban. Hasta es posible que tu vida parezca tener menos propósito. Comenzarás a preguntarte qué hacer. Y con toda seguridad comenzarás a cuestionar aquello que haces para “ganarte la vida”. Muchas pautas y hábitos entrarán en cuestión.

(25.19) Esto no es otra cosa que el proceso de desaprender. Puede parecer frustrante y aparecer teñido de ansiedad, susceptibilidad, confusión, perplejidad y enojo. Dudarás de que éstos sean sentimientos apropiados para una persona que vive el amor. Sin embargo, son sentimientos comunes en el proceso de desaprender y debes aceptarlos como tales. Aprenderás que aunque algunas de las cosas que has hecho y todavía harás no tienen importancia, aún debes hacerlas con paciencia, gracia y amor. Aprenderás que otras cosas que has hecho, creencias que has albergado, y pautas y hábitos que te han mantenido ocupado ya no te acompañarán en tu nueva vida de amor. A todos estos los dejarás atrás.

(25.20) También notarás que crece tu deseo de reconocimiento por lo que has creado, y el deseo de crear de nuevo. En esta etapa, ese deseo provendrá de una sensación de necesidad de reafirmar el yo. La necesidad irá surgiendo a medida que te das cuenta de que no puedes tener el crédito de tu vida. El deseo de reconocimiento proviene del ego, y en esta etapa también el deseo de crear puede estar vinculado al ego. Tu yo personal buscará un lugar donde residir. Buscará identidad. Querrá decir: “Éste soy yo”. Este signo es importante, pues implica que tu antigua identidad está perdiendo asidero. Necesitas ser paciente durante este período, y tu nueva identidad emergerá. Si el deseo de crear es fuerte, deja que te sirva. Pero no busques alabanza o reconocimiento por tus creaciones en esta etapa. Pronto verás que la creación no proviene del yo personal ni es para él.

(25.21) Éste será un tiempo de discernimiento. Quizá lo sientas como un tiempo de tomar decisiones, pero cuanto menos intentes tomar decisiones conscientes más rápido ocurrirá tu desaprendizaje y mayores serán las lecciones de discernimiento. El discernimiento es necesario sólo hasta que estés en mejores condiciones para comprender el todo. Esta comprensión de la totalidad es ayudada por un regreso a la integridad del Ser. Mientras va siendo completada la integridad del Ser, el discernimiento es necesario.

(25.22) Practica el discernimiento mediante la quietud a la espera de la sabiduría. Tu sensación de carencia de identidad hará que toda decisión y elección parezca difícil durante este tiempo. Debes darte cuenta de que cuando tomas decisiones y elecciones, lo haces sobre la base de las mismas lecciones que estás en proceso de desaprender. Sin embargo, sentirás la necesidad de tomar decisiones y hacer elecciones con mayor frecuencia. Esta sensación de que necesitas hacer nuevas elecciones, aunque es fuerte, no refleja una necesidad real sino impaciencia respecto de la forma en que las cosas son y fueron. Desearás forzar el cambio antes que esperar que llegue. Si reconoces que tu impaciencia es un signo de que estás listo para un cambio que no requiere necesariamente acción, te sentirás aliviado.

(25.23) Precisamente cuando ves la acción como necesaria es cuando necesitas un tiempo de quietud. Puedes considerar que este tiempo de quietud es un tiempo para consultar a tu nueva identidad. Bastará con que te sientes en quietud y formules la pregunta o preocupación para la cual necesitas una acción apropiada. Cuando recibas respuesta, reconócela como una respuesta de tu nueva identidad y exprésale tu aprecio. Aunque a veces dudes de haber recibido respuesta o que la respuesta sea la correcta, pronto aprenderás a confiar en este proceso de discernimiento silencioso. Sabrás que has tenido éxito cuando sientas que has “volcado” o “entregado” la pregunta o preocupación y has permitido que te sea respondida de manera nueva.

(25.24) Cuando te veas guiado a actuar en forma contraria a tus pautas de acción habituales del pasado, a menudo ofrecerás resistencia. Trata de tomarte esos momentos con ligereza y de recordar que si “no importa”, bien puedes probar esa nueva forma. Recuérdate que no tienes nada que perder. Pronto aprenderás que es así. También comprenderás por qué es necesario este tiempo de compromiso con la vida. La experiencia es necesaria para completar el ciclo de desaprender y aprender.

(25.25) Estar plenamente comprometido con la vida y al mismo tiempo tomarse tiempo para el discernimiento no es algo común. Poner la acción por delante de la quietud, la actividad por encima del descanso es considerado sinónimo de plenitud de vida. Debemos, entonces, hablar un poco acerca de qué significa la vida plena.

26. LA VIDA PLENA.

“Ésta es la invitación a la celebración. Ésta es la invitación a recibir este día sin preocupaciones, decepciones ni planes. Ésta es la invitación a recibir a tu Ser y a encontrarlo en este día”.

(26.1) A menudo se dice con asombro que yo viví una vida corta, prediqué sólo durante una breve porción de ella, no viajé muy lejos y tuve pocas posesiones y amigos influyentes. Hemos hablado antes del sentimiento de tragedia que sientes cuando alguien muere joven. Cada uno de ustedes tiene una noción de lo que cree que es una vida plena. Para algunos incluye matrimonio e hijos, para otros una carrera, compromiso religioso o emprendimientos creativos. Algunos piensan en viajes y aventuras, amistades o seguridad financiera. La mayoría de ustedes pensará que es una vida larga.

(26.2) Muchos de ustedes se preguntan si hay relación entre destino y logros. ¿Acaso algunos son elegidos para la grandeza y otros para la mediocridad?

(26.3) Pocos reconocen la tragedia en la vida de una persona, excepto en instancias de gran dicotomía, mejor expresadas en la vida del héroe trágico. Esta observación de la tragedia en vida tiene lugar sólo cuando también se observan la grandeza y la gloria en la vida. Sin reconocimiento de la gloria de la vida tampoco hay reconocimiento de la tragedia hasta que la vida acaba. En cambio, en la vida del héroe trágico, excluyendo a quienes reciben este título de manera póstuma, la tragedia suele ser considerada como una caída de la grandeza. Puede verse en la fascinación provocada por los mitos donde aquellos que se asocian demasiado estrechamente con los dioses acaban castigados por semejante desatino. Este miedo a la grandeza y la gloria, que es miedo a la posibilidad de una caída desde la grandeza y la gloria, resulta en muchas vidas carentes de toda tragedia. “Nada arriesgo, nada gano” parece ser el axioma de esas vidas. El miedo a la “caída” es un miedo primario, el primer miedo, el miedo detrás de todos esos axiomas.

(26.4) Una vez más ofrezco mi vida como ejemplo y reitero el mensaje expresado en Un Curso de Milagros. El verdadero significado de la crucifixión es que fue el fin de todos esos temores y mitos. Me llevé todos esos temores conmigo a la cruz y quedaron excluidos de la resurrección de la gloria que nos pertenece.

(26.5) No tengan miedo. Hermanos y hermanas mías en Cristo, comprendan que no hay causa para el temor. No pueden volar demasiado cerca del sol. Ya no podrán ser engañados con historias de infortunio y héroes caídos. Su historia es una historia de gloria. La grandeza de ustedes ya no puede ser negada, a menos que ustedes la nieguen.

(26.6) ¿Te sientes hermoso, agraciado y digno? Entonces así serás.

(26.7) No hay mayor temor que el temor a la falta de sentido. Y, como hemos dicho antes, la búsqueda de sentido es como describes tu propósito aquí. Carecer de un sentido para adjudicarle a tu vida es la tragedia que ves en ella e intentas ocultar de ti. Este temor va de la mano con el miedo a la caída, pues si fueras a adjudicarle a tu vida el sentido que crees que debería tener, te aguardaría una caída, por lo menos en tu imaginación. Quedas entonces atrapado en una doble trampa, viviendo una vida que sientes vacía de sentido y permitiendo que el temor te impida buscar el sentido que le darías. No vislumbras una sensación de propósito inherente, ni de gracia, ni de sentido más allá del que les das a tus propios esfuerzos.

(26.8) Esto es lo que dejaremos atrás a medida que buscamos comprometernos con la vida. Digo nosotros porque yo estoy contigo y no me apartaré de tu lado. Digo nosotros porque tu primer compromiso es compromiso con Cristo, un compromiso que nos vuelve a vincular en unidad y gloria. Digo nosotros porque nosotros somos la vida. Digo nosotros porque no podemos vivir el amor apartados el uno del otro.

(26.9) Aún no te das cuenta de la felicidad que es nuestra, pero pronto lo harás. Tu mente no puede aceptar esa felicidad así como tampoco puede aceptar que tu sentido existe sin esfuerzo de tu parte. Cruzan tu mente escenas de tu vida que “prueban” que no eres intrínsecamente feliz ni que tu vida tiene un sentido inherente. Tu confianza en estas escenas y recuerdos debe ceder antes de que mis palabras puedan llegar a tu mente y comiencen a reemplazar esas escenas con otras nuevas. Hasta tanto llegue ese momento, deja que mis palabras toquen tu corazón.

(26.10) A ti, que te esfuerzas por comprender qué dicen estas palabras y cuál puede ser su significado; a ti, que te debates por hallar las claves de lo que te piden hacer, te resultará difícil dejar la lucha y el esfuerzo. Te parece imposible creer que no hace falta esfuerzo y que aquello que tu corazón desea puede volverse realidad simplemente por tu aceptación de estas palabras. Pero estoy preparado para que te resulte fácil.

(26.11) Tú, que has buscado tanto la felicidad sin encontrarla, regocíjate. No se ha perdido. No requiere que la definas ni que le pongas nombre antes de que pueda ser tuya. ¿Acaso esto no te ha llevado a llorar de frustración? ¿Acaso no has buscado durante largo tiempo ponerle nombre a la felicidad? ¿Acaso no has lamentado que si supieras qué te daría felicidad hace tiempo lo habrías buscado? ¿Acaso no has dicho que si supieras qué le daría sentido a tu vida, lo harías? ¿No has deseado, una y otra vez, conocer tu propósito? ¿O tener una meta que satisfaga el anhelo que sientes? ¿No has orado pidiendo señales? ¿O leído libros que prometían decirte los pasos que debías dar para llegar donde quieres, sólo para darte cuenta de que no sabes dónde está?

(26.12) ¿No te has vuelto impaciente con los consejos, maestros y cursos de estudio? ¿No has sentido que la instrucción te ha llevado al borde de la exasperación? ¿Acaso no has sentido, cada vez más fuerte dentro de ti, el llamado de la vida? ¿No estás ansioso por decir: “Dime qué debo hacer y lo haré”? ¿No estás listo para la certeza por encima de todo? ¿Estás preparado para terminar de estudiar y comenzar a vivir? ¿No estás cada vez más convencido de que no has estado viviendo y te preguntas qué has estado haciendo? ¿No te sientes cansado de aquello que se hace pasar por vida en tu mundo? ¿No has deseado poder arrojar todos los pensamientos y preocupaciones que llenan tu mente y empezar de nuevo?

(26.13) ¿Estás simplemente preparado para terminar con las cosas tal como han sido hasta ahora para comenzar un camino nuevo? ¿Estás listo para escuchar una nueva voz?

(26.14) La frustración y la impaciencia han venido acumulándose. Ha sido un proceso necesario que sólo necesita un detonante para explotar y liberarse de una vez. Tras lo cual podrá comenzar algo nuevo.

(26.15) Este Curso es un detonante. Estas palabras son el preludio de la explosión. Es como si hubieses estado esperando que alguien te susurrara: ¡Ahora! El susurro ha llegado. El momento es ahora.

(26.16) ¿Puedes dejar que las preocupaciones de hoy abandonen tu mente? ¿Puedes dejar que las desilusiones de ayer se vayan para no volver? ¿Te permites cesar la planificación del futuro? ¿Puedes permanecer en quietud para conocer tu Ser?

(26.17) Tal vez esto te resulte decepcionante, pero es todo lo que hay. Si pudieras hacer esto por un instante genuino, experimentarías todo lo que es sagrado y serías por siempre nuevo.

(26.18) Tal vez te sientas decepcionado por estas palabras, y te sientas como si hubieses esperado que te invitaran a una fiesta y la invitación nunca llegó. Esto se debe a que estás listo para el próximo paso, el paso de comprometerte con la vida. El paso de vivir del amor. Y yo te aseguro que no hay necesidad de quedarse sentado a la espera de la celebración por venir. Esta es la invitación a la celebración. Esta es la invitación a recibir este día sin preocupaciones, decepciones ni planes. Esta es la invitación a recibir a tu Ser y a encontrarlo en este día.

(26.19) No requiere nuevos planes. No te pide tomar decisión alguna. No te pide hacer nada nuevo. Es una invitación del amor al amor. Sólo te pide que permanezcas abierto para que dar y recibir tengan lugar como una sola cosa. Sólo te pide que dejes de ocuparte de lo viejo para que pueda arribar lo nuevo. Sólo te pide que escuches a tu corazón y dejes que tu Ser se haga oír.

(26.20) No puedo decirte qué vas a oír. ¿Cómo podría hacerlo, cuando cada uno de ustedes escuchará la respuesta de su corazón? ¿El llamado del amor al amor inviolado? La respuesta que sólo tú puedes oír. No hay molde, ni forma ni respuesta masiva. Por eso todas las respuestas te han decepcionado en el pasado. Tu respuesta no es la misma que la de cualquier otra persona. No importa cuán llena de sabiduría esté esa persona, su respuesta no es la tuya.

(26.21) Tú eres un pensamiento de Dios. Una idea. Este pensamiento, o idea, es lo que buscas. Sólo puede ser hallada en su Fuente. Su Fuente es el amor y su ubicación es tu propio corazón.

(26.22) Piensa por un instante en una novela o película sin argumento. Sería como decir que ninguna idea llegó a plasmarse en sus páginas o en la película. En la idea de Dios acerca de ti se halla todo lo conocido de ti. La idea de Dios acerca de ti es perfecta, y hasta ahora tu forma no ha sido más que una representación imperfecta de la idea de Dios. En la idea de Dios acerca de ti se encuentra el modelo del universo, del mismo modo que dentro de una novela, película, pieza musical, invento o idea artística es la realización de un modelo que transformará la idea en una obra maestra. Una idea está irrevocablemente ligada a su fuente y es una con su fuente. En consecuencia, no fue un Dios separado de ti el que tuvo esa idea de ti. Naciste en unidad con la idea de Dios acerca de ti.

(26.23) No es necesario que entiendas esto, sólo que lo aceptes hasta donde puedas aceptarlo. Por ahora es así porque confías en un Dios que es “distinto” de ti para obtener respuestas. Aceptar que naciste en unidad con la idea de Dios acerca de ti equivale a aceptar que tu Ser es co-creador del modelo del universo, aceptación de la idea o la historia que eres tú. ¿Acaso no puedes ver que naciste dentro de un lugar en la creación de Dios? ¿Y que no sólo puedes conocerlo sino que siempre has conocido ese lugar?

(26.24) No es un lugar con forma física sino un lugar de santidad, un lugar integral en el modelo que es unidad con Dios. Es un lugar que nunca dejaste pero anhelas, convencido de que no lo conoces. Tu vida aquí se parece a una búsqueda de tu historia. ¿Dónde irá este capítulo? ¿Cómo será el final? ¿Será este hecho un error y este otro una bendición disfrazada? Pareces conocer el índice de tu historia, o al menos un breve bosquejo. ¿Dónde encaja tu vida dentro de la trama mayor? Aun así te das cuenta —como al leer un relato— que cuando llega el fin y todo se conoce, la historia termina excepto en la memoria, la reflexión y tal vez la especulación. ¿Qué puede revelarte una secuela?

(26.25) Ver tu vida como una historia es lo que haces. Pasas cada día repasando y especulando. ¿Qué pasó y qué pasará después? Intentas rescribir capítulos anteriores y planificar todos los sucesos del próximo. Es, en efecto, un intento de controlar lo que no crees haber creado y lo que sientes imposible de crear. Como un ser nacido por un pensamiento de Dios, creciste simultáneamente con ese pensamiento de Dios. Desde el mismo inicio conoces tu lugar en el modelo de la creación. Una vida plena es simplemente el cumplimiento de ese pensamiento y ese modelo. La única manera de conocerlo es pensarlo una vez más. La única manera de pensarlo una vez más es en la integridad de mente y corazón, pues una mente y corazón divididos no pueden pensar con claridad.

(26.26) Ser pleno es estar presente. Ser pleno es ser todo lo que eres. Ser pleno es estar presente como todo lo que eres. Cuando esto ocurre eres Todo en Todo, Uno en el ser con tu Padre.

(26.27) Yo realicé mi historia, mi modelo, la idea de mí que provino del pensamiento de Dios. Al hacerlo, restauré la unidad, el ser uno con Dios. Anuncié el nuevo camino que anhelas adoptar. Anuncié el tiempo de ser.

27. SER.

“Tu ser aquí no es fútil ni carece de propósito. Tu ser es en sí mismo todo propósito, todo honor, toda gloria. No hay ser aparte del ser. No hay un ser vivo y un ser muerto, ser humano o ser divino. Sólo hay ser. El ser es”.

(27.1) Volvemos ahora a aquello que tu ser es. El ser es. Así como el amor es. Has adjuntado el ser a ser humano. En tu búsqueda de identidad, te confinaste a lo visible y descriptible. En consecuencia, has identificado a la muerte como el único medio por el cual alcanzar la unidad con tu Padre, sabiendo que esa unidad no es compatible con la naturaleza humana que te adscribes. En este solo error estriban todos los errores. ¿Qué búsqueda puede llegar a buen término cuando la única respuesta a la vida parece ser la muerte? Es por este motivo que mi muerte y resurrección proporcionaron una respuesta y pusieron fin a la necesidad de respuestas.

(27.2) Tu ser aquí no es fútil ni carece de propósito. Tu ser es en sí mismo todo propósito, todo honor, toda gloria. No hay ser aparte de ser. No hay un ser vivo y un ser muerto, ser humano o ser divino. Sólo hay ser. El ser es.

(27.3) Sin embargo el ser, como el amor, es en relación. Por lo tanto, tu propósito aquí, en vez de hallar sentido, es conocer por medio de la relación. Es cuando conoces por medio de la relación que llegas a conocer a tu Ser.

(27.4) Hemos declarado de diversas maneras el propósito de este Curso y lo hacemos una vez más: el propósito de este Curso es establecer tu identidad. La importancia de este propósito no puede ser subestimada. Veremos ahora por qué es tan importante.

(27.5) Has quedado atrapado en un ciclo de ver tu ser como importante durante un cierto período y luego verlo como carente de importancia durante otro período. Verlo como importante parece a veces una función del ego y, otras veces, una función de lo divino. Confundes el ser personal con el verdadero Ser sólo porque aún no has identificado a tu verdadero Ser. Una vez que identifiques a tu verdadero Ser toda confusión se acabará.

(27.6) Ya hemos dicho que la relación es lo único “conocido” en un mundo incognoscible. Ya hemos dicho que el único ser que no está más allá de los límites del conocimiento es el Ser. Por lo tanto, al conocer el Ser conoces todo.

(27.7) Cuando tomes conciencia de que el único modo de conocer el Ser es a través de la relación, tus preocupaciones concentradas en el ser desaparecerán. La vida no es un juego de opuestos entre el ser y otra cosa. La vida es relación. La vida no es una lucha de opuestos entre lo humano y lo divino, sino una relación entre lo humano y lo divino. La vida no es una lucha entre un ser vivo y otro, sino la relación entre todos los seres vivientes.

(27.8) Si sólo puedes conocer a tu Ser a través de la relación, sólo puedes conocer a Dios a través de la relación. Cristo es la sagrada relación que existe entre todo y Dios, es quien provee el puente que el concepto “entre” supone y provee la conexión para la unidad. Por lo tanto, tu relación con Cristo siempre estuvo y siempre estará. Tu tarea aquí es volver a conocer esa relación.

(27.9) El pensamiento de Dios por el cual fuiste creado es sinónimo del Cristo en ti. Es tu relación con tu Fuente y todo lo que El creó.

(27.10) ¿Puedes comenzar a visualizar o percibir tu verdadera identidad como relación misma? ¿Y Dios? ¿Puedes desaprender todo concepto y liberar tu mente para aceptar, en lugar de aquéllos, toda relación? Si todo sentido y toda verdad residen en la relación, ¿puedes ser algo distinto que relación? ¿Puede serlo Dios? ¿Puedes imaginar, en lugar de objetos y cuerpos particulares, a la relación como todo lo que existe y, por lo tanto, aquello que tú eres y aquello que Dios es? ¿Es tanta la distancia entre decir que sólo existes en relación y decir que sólo existes como relación? Tú crees que sí, que es mucho, y sientes que tu identidad queda aun más reducida o que directamente careces de ella con sólo considerar la idea. Por lo tanto, es necesario que te sientas seguro acerca del Ser que eres.

(27.11) Ese establecimiento de la identidad que buscamos aquí no es sólo para que puedas comprender mejor tu Ser o tu mundo, o para que puedas traer el Cielo a la Tierra. Estas son metas complementarias, pero como hemos dicho antes, no son metas que puedas lograr “por ti mismo” ni con el concepto que ahora tienes de ti mismo. Así como puedes mirar a tu alrededor y ver que no hay dos cuerpos iguales en esta tierra, el Ser que tú eres es un Ser único. Un Ser de relación no implica que ese Ser sea igual a todos los demás. Pero sí implica un Ser que es integral a todos los demás. Tú importas, e importas como parte interactiva de la relación que es la vida. Ya estás completo como quien eres. Todo se completa en unidad. En la separación meramente luchas por todo lo que ya es tuyo en unidad. Relación es unidad, y la relación es tu estado natural. Es quien eres.

(27.12) El hecho de que no comprendas no significa que no estés aprendiendo la verdad. No comprendes porque piensas en términos de singularidad en vez de unidad. Por eso este Curso no se concentra en tu pensamiento. En cambio, te pide una vez más que te vuelvas hacia tu corazón en busca de la verdad que está escondida, pero esperando revelarse. Tu corazón conoce la verdad y no conoce deseo de estar solo y separado. Tu corazón sabe que la relación es la Fuente de su ser. Tú no estás separado de tu Fuente.

(27.13) Vivir en relación es vivir en el amor y vivir como quien eres. Vivir en relación es vivir en el presente. ¿Cómo aprendes a pasar de una vida en la separación a una vida en relación?

(27.14) Vivir en relación es aceptar todo lo que ocurre en el presente como tu realidad presente y como un llamado a estar en relación con ella. Es estar dispuesto a dejar de lado el juicio de manera que no contemplas lo que “debería” ocurrir sino lo que está ocurriendo. Va más allá de la percepción de “otros” para ver la relación y la totalidad. Vivir en relación es vivir en armonía aun en el conflicto. Es comprender que si en tu presente surge un conflicto, algo necesitas aprender de tu relación con el conflicto.

(27.15) Vivir en relación es vivir desde tu centro, el corazón de tu Ser. Es apoyarse en la relación en sí antes que en la mente. De esta manera, tus acciones reflejan la respuesta apropiada a la relación que está ocurriendo en el presente en vez de reflejar tus nociones preconcebidas de los demás, los juicios que tu mente ha hecho con anterioridad y en los que te apoyas por hábito, o tus consideraciones acerca de qué podría significar esa situación para tu futuro. No es tu “yo” individual el que dicta tus respuestas a las situaciones basándose en interpretaciones superficiales de las mismas, sino tu ser en relación el que responde desde el conocimiento obtenido a través de la relación.

(27.16) ¿Cuántas veces, aun con las mejores intenciones, ignorabas cuál sería la mejor respuesta? Incluso cuando oras, dudas acerca de si orar por resultados específicos u orar para que se cumpla la Voluntad de Dios. Temes convertirte en un hacedor de milagros porque no crees que puedas saber de qué se trata.

(27.17) A medida que aprendas a vivir en relación en el presente, esta confusión pasará. La relación te guiará con seguridad a la respuesta apropiada. Utilizo aquí la palabra “apropiada” no como medida de juicio, sino como indicación de que para quienes viven en relación existe una manera de tener certeza y de que su disposición para la acción no se vea estorbada por la incertidumbre. Toda incertidumbre es temor. Todo temor es duda acerca de uno mismo. ¿Cómo podrías no saber la respuesta cuando la duda se ha ido y ha arribado la certeza? ¿Y como podría arribar la certeza sin una comprensión de la relación de todas las cosas?

(27.18) La comprensión de la relación de todas las cosas, ¿significa que tendrás un poder que no es de este mundo? ¿Verás el futuro y el pasado y conocerás el destino? En realidad tienes un poder que no es de este mundo, pero esto no significa poder tal como lo entiendes aquí, el poder de los detalles y la información en la que piensas cuando deseas o temes conocer el destino. El poder del que hablamos es el poder de saber.

(27.19) ¿Cuántas veces has sabido qué era lo “mejor” que podías hacer sin conocer los detalles de lo que vino antes ni de lo que vendría después? A veces has actuado sobre la base de este conocimiento, y otras veces no. Vivir en relación provee un conocimiento constante de esta clase, un simple saber de qué manera las cosas han de ser. Es un saber que se siente dentro del corazón para el que no hay pruebas, pero del que tienes la certeza de la que hasta ahora carecías. Los miedos característicos que experimentaste en el pasado no tienen lugar dentro de este saber.

(27.20) ¿Cómo sabrás que has alcanzado el estado de gracia en el que fuiste creado y que estás viviendo en relación? Lo sabrás por la certeza que sientes. Pero si no sientes esta certeza, ¿qué puedes hacer?

(27.21) Ya estás preparado. Lo único que puede impedirte vivir una vida de amor es la falta de disposición. Esta falta tiene una sola fuente. Tu disposición y entrega dependerán ahora de si confías o no. ¿Confías en estas palabras? ¿Confías en Dios? ¿Puedes confiar en tu Ser?

28. DAR TESTIMONIO.

“Estás exactamente donde se supone que debes estar. El camino a seguir te será mostrado si te mantienes atento. Si sigues el camino que te es mostrado, toda incertidumbre cesará”.

(28.1) Abordaremos el dar testimonio acerca de lo que has aprendido. Así como este Curso da testimonio de la verdad, del mismo modo lo harán sus vidas. Pero para que esto tampoco sea distorsionado, debemos hablar de ello.

(28.2) No se trata de un concurso. Dar testimonio se ha convertido en una suerte de espectáculo y no debiera ser así. ¿Cómo entonces —te preguntarás— puede llevarse la verdad a aquellos que aún viven en la ilusión?

(28.3) Como el conocimiento interior es tanto individual como colectivo, tanto personal como universal, es fuente de toda prueba. Por ello crees que juntarse a compartir un testimonio común convalida la prueba de ese conocimiento interior y colectivo. Crees que las creencias compartidas amalgaman, como una congregación alrededor de un púlpito, e incluso crees en una teoría de masa crítica que dice que cuando la creencia alcanza determinada magnitud se produce un salto evolutivo. Sin embargo, no estamos hablando de salto evolutivo, por lo que un proceso que intenta llevar a la conciencia colectiva a un punto crítico mediante el testimonio común no es nuestro propósito.

(28.4) Confiar y dar testimonio van juntos, así como la validación buscada a través del testimonio es síntoma de desconfianza. Pocos son los elegidos para ser profetas, y la plétora de testimonios que tienen lugar proviene más de la inocencia que de la sabiduría. Esta forma de compartir el testimonio personal ha llegado a su cenit y ya no volverá a ser bien recibida o apreciada. Por lo tanto, aun si el propósito de este Curso fuese acumular testimonios en cantidad suficiente como para dar un salto evolutivo, no tendría resultado. Debemos, en cambio, concentrarnos en la sabiduría, la sabiduría del corazón.

(28.5) Existe una confianza que está más allá de toda prueba y más allá de la necesidad de testimonio. Es la confianza del conocimiento. El conocimiento pertenece al corazón y contiene un grado de solidez y certeza que está ausente en la aurora de la inocencia. La aurora de la inocencia no es más que el reconocimiento del denominador común de la existencia. Como tal, es sólo el comienzo, un alba que, a medida que el sol se eleva, debe dar paso al día y al brillo y la claridad de la sabiduría de la que hablamos.

(28.6) Las horas diurnas de tu viaje se aproximan. Serán las horas en que el sol atraviesa las brumas del amanecer. Es la mitad del viaje, tiempo de enseñar y de aprender. Tiempo de plantar y de cosechar que precede al descanso. Es el tiempo de celebración que precede a la quietud del crepúsculo.

(28.7) Puedes pensar en él como el tiempo en que la tarea ya está cumplida. Lo es, pero sin el peso del tiempo perdido. Es tu hora de brillar, de ser luz para quienes viven en tinieblas.

(28.8) Y sin embargo es un tiempo de gran humildad. De mostrar el rostro de Cristo para que sea visto por todos. Pues en esto la sabiduría se gana y comparte.

(28.9) ¿Acaso no ves que cualquier intento de transformar el testimonio en un argumento convincente para sostener tu punto de vista, cualquiera que sea éste, convierte en inútil lo que has conocido tanto para ti como para aquellos que quieres convencer? Crees que cuando estás lo suficientemente iluminado como para saber, también estás lo suficientemente iluminado como para saber qué hacer con lo que sabes. Mientras continúes pensando en la separación del hacer y el conocer, es obvio que no dará resultado.

(28.10) Así como la aurora no detiene el avance de su fulgor, tampoco lo hace tu tiempo de inocencia. No como el transcurso del día, con su salida y puesta de sol. Es el tiempo de ser al mismo tiempo guiado y contenido. El tiempo de darte cuenta de que puedes saber aun cuando no sepas qué hacer, y que esto no constituye un error. Muchas personas llegan a esta etapa y, al no saber qué hacer con lo que saben, comienzan a dudar de su conocimiento. Es una respuesta humana a un conocimiento que no es de origen humano. Un conocimiento que te resulta extraño y para el que buscas validación. Cada validación, entonces, es vista como una recompensa, un premio, una confirmación que, según crees, incrementa tu convicción. Puesto que lo crees, al principio es cierto. Pero ya ha pasado el momento de buscar respaldo en la convicción que proviene de los testimonios que encuentras por el camino. Su propósito es limitado y por tiempo limitado. Ha llegado el momento de dar un paso más allá de la validación del testimonio. Si no das este paso, abundarás en la acumulación de testimonios que no serán suficientes para mostrarte lo que dicen ver.

(28.11) Los testimonios están dirigidos a la mente y no apelan a la devoción, que es la respuesta natural de quienes saben y no se preocupan por lo que deben hacer. Es una etapa difícil, pues te sentirás inspirado y obligado a actuar, sin embargo tus acciones te parecerán torpes. Ya hemos mencionado el deseo de crear que suele surgir cuando ingresas en esta etapa de tu viaje. También te hallarás preguntándote qué viene después mientras esperas un llamado de alguna clase, seguro de que el desafío de la acción sigue pendiente y que necesitas darle alguna forma a lo que llevas dentro.

(28.12) De manera similar a cuando sientes la necesidad de convencer a otros de tus creencias, la necesidad de dar forma a lo que no tiene forma pierde el meollo de lo que has ganado. Es probable que preguntes: “¿Acaso me estás diciendo que no haga nada?” La sola idea de esto te deja pasmado y, peor aún, amargamente decepcionado. Una vez más, como al principio, buscas una tarea para realizar y te olvidas de que sólo tú puedes ser realizado.

(28.13) Cuando uno piensa: “Hay tanto para decir”, se olvida de escuchar. Déjate guiar cuando te exteriorizas. Sé mesurado en lo que dices. Mantente atento al escuchar. Estás exactamente donde se supone que debes estar. El camino a seguir te será mostrado si te mantienes atento. Si sigues el camino que te es mostrado, toda incertidumbre cesará. La dificultad estriba en la incertidumbre. La certeza y la facilidad caminan juntas. No hay más decisiones que debas tomar. Sólo hay un llamado a una voluntad devota y dedicada, una voluntad dedicada al momento presente, a aquellos que son enviados a ti y a cómo eres guiado a responderles. Uno será maestro, el otro será alumno. La diferencia te resultará clara si escuchas con el corazón.

29. LA ATENCIÓN

“Una mente y un corazón divididos pueden impedir que utilices todo el poder de la elección, pero no pueden impedir que elijas. Elige de nuevo y deja que el poder del cielo descienda para salvar la brecha entre tu mente y tu corazón y te haga completo una vez más”.

(29.1) Estar atento es estar presente y estar al servicio. De esto hablamos cuando te pedimos un compromiso con la vida que requiere tu atención. Es al mismo tiempo un pedido de concentración y preparación, y un pedido de servicio que sólo puede ser proporcionado en el presente por una mente y un corazón abiertos a los requisitos del presente. Es la actitud apropiada durante el tiempo de la sensibilidad, es una actitud de ministerio.

(29.2) No podrás conocer tu función mientras sigas vacilando respecto de la idea de servicio. Aunque no te des cuenta, sigues asociando servicio con subordinación, particularmente la idea de servicio a una Voluntad superior o una Causa superior. Algunos de ustedes la asocian con falta de libre albedrío, falta de elección, un derrotero que los llevará a un estado de servidumbre. Otros la conciben como caridad y continúan viendo una diferencia entre quienes sirven y quienes son servidos. Muy pocos de ustedes han integrado en su vida la definición de servicio de este Curso. Lo harán ahora, pues si no comprenden el verdadero sentido del servicio —y por contraste, del uso— no podrán aplicar lo que han aprendido al compromiso con la vida.

(29.3) Tú que te has preocupado tanto por saber qué hacer, aceptas y al mismo tiempo temes la idea de que se te pida alguna clase de servicio. En esto no hay misterio, ya que en tu sociedad la idea de servicio es la de un deber u obligación, como queda ejemplificado en el servicio militar. No tienes noción, como tampoco la tuvieron quienes te precedieron, de servicio a Dios. Es un síntoma del reinado del ego y su habilidad tanto para agrandar tu noción de ti mismo como para minimizarla. Servir a Dios no es ser esclavo de Dios sino estar atento a Dios. Darle a Dios tu atención y tu solicitud. Tú que estás tan dispuesto a gritar úsame Dios, sólo necesitas darle a Dios tu devoción y disposición a servir en vez de ser usado.

(29.4) Más aún, necesitas dejar que el universo te sirva antes que tratar de usar al universo para que cumpla tus fines. Estos ajustes en tu actitud hacia el servicio completarán el ciclo de dar y recibir y darán comienzo a la plenitud.

(29.5) Esto es verdad tanto para tu meta de integridad como para cualquier otra meta de unidad más amplia, pues son la misma cosa. Integridad es unidad recuperada. Tu regreso a la unidad es regreso a tu pleno poder y a tu capacidad de estar al servicio de Dios y de tus hermanos y hermanas.

(29.6) Si Dios mismo te dirigiese la palabra para explicarte cuál sería tu servicio a Él, te diría: Hijo mío, regresa a mí. Dios no tiene una Voluntad aparte de la tuya. Lo único que Dios busca de ti es tu regreso a la unidad, lo busca de ti, de Él y de todos Sus hijos. El regreso a la unidad fue mi consecución, y constituye el sentido de todo lo que hemos repetido aquí: Sólo tú puedes realizarte. Tu servicio no es más que una dedicación a esta meta.

(29.7) Mi regreso a la unidad alcanzó esta meta por todos, pues todos son uno en mí y uno en la unidad. Por eso no necesitas preocuparte por nada excepto esta meta. Darte cuenta de que la meta ha sido alcanzada es realizar tu divinidad, un estado inalterado pero que necesita de tu reconocimiento y regreso.

(29.8) Aunque al principio esta meta pueda parecer egoísta e individual, no lo es. Un regreso a la unidad es un regreso a la unidad. Desde tu centro, el núcleo de la unidad, tu cumplimiento se extiende al mundo, tal como lo hizo el mío.

(29.9) El tiempo de la sensibilidad es el tiempo de tu aproximación a la unidad. La expiación que allí tiene lugar es el medio para que abras la puerta. Nadie ha cerrado esa puerta, fuiste tú, con tu propia mano, quien la cerró cuando partiste de tu hogar celestial y no recuerdas que tu propia mano puede abrirla de nuevo. Es una puerta de ilusión, de niebla, de nubes que cubren el sol. Tu mano ya se ha extendido y tu luz está disipando la niebla. La puerta hacia la unidad está frente a ti, un arco de luz dorada bajo un arco iris que vibra con los colores de la vida. Es la vida, y no la muerte, la que asegura tu cercanía. Y será Dios mismo quien guíe tu entrada.

(29.10) Muchos de ustedes han notado la consistencia con que glorificaron falsamente aquello que imitaban de la creación. También encontrarán un ejemplo de esto en el trabajo. Todos saben que trabajo y servicio van juntos. En muchas culturas, entonces, el trabajo ha sido glorificado como si fuese el uso apropiado de la vida. Sin embargo, como hijo de tu Padre, tu trabajo es como el suyo. Tu trabajo es la creación. Tu creación es tu servicio al mundo así como el trabajo de tu Padre es su servicio a ti. Y así como no puedes imaginar a Dios envuelto en fatigas, tampoco deberías imaginarte a ti de esa manera.

(29.11) Muchos de ustedes piensan que la vida misma es afán y fatiga. Hay mucho que deben hacer para mantenerse vivos, y cuando se les requiere algo necesario, su tendencia es a rebelarse y a buscar la manera de facilitar la tarea o evitarla. Así es como los platos de cartón y las máquinas para lavar platos han menoscabado el ritual de la comida, y la producción masiva ha reemplazado la satisfacción de lo hecho a mano. Aunque esto no es ni bueno ni malo, la actitud de ver la vida como afán y fatiga forma parte de la rebelión contra la idea de servicio. No tienes tiempo para hacer otra cosa más y piensas en el servicio —si es que alguna vez piensas en él— como algo que debe encajar aquí o allá, donde resulte conveniente dentro de tu cargada agenda.

(29.12) Es de suma importancia que comprendas que la obra de Dios tiene lugar fuera del tiempo, del mismo modo que todas las acciones de verdadero servicio o creación. Este concepto no se presta a la comprensión inmediata, pero es necesario que tengas fe en él. Es esencial para liberarte del concepto de afán y fatiga y para que aceptes tu función.

(29.13) Aunque tus horarios estén muy ocupados, sólo son horarios de acuerdo con tu percepción. Tu horario es sólo otra manera de decir tu día, por lo que te resulta absolutamente necesaria una forma alternativa de ver la vida.

(29.14) No habrá plenitud a tu alcance mientras sigas viendo la vida desde una perspectiva de horarios, agendas, planes y cosas para hacer. No habrá plenitud mientras sigas dividiendo tu vida en compartimentos estancos, con horas para el trabajo y horas para el ocio, sin verlas como lo mismo. La vida es la vida. La vida es. Como el amor es.

(29.15) La vida es servicio a Dios. Dios es servicio a la vida. Eres Dios en la vida. Por tanto eres vida y servicio a la vida, Dios y servicio a Dios. Todo el vasto universo fue creado de manera semejante: para vivir y servir a la vida, para ser Dios y servir a Dios. Para servir y ser servido. Para proveer y ser provisto. Para que sus necesidades sean satisfechas y para satisfacer necesidades. Esta naturaleza circular del universo no deja a nadie sin atención. Sin embargo, no te das cuenta de ello.

(29.16) La separación desvirtuó este funcionamiento y lo convirtió en algo difícil, algo que debía cambiar. La separación desvirtuó este funcionamiento e hizo de él, así como del resto de la creación, algo que no es. La separación desvirtuó este funcionamiento, no lo creó. La vida existe al servicio de sí misma. Lo cual también podría decirse de esta manera: la vida existe en relación. La relación es la interacción dentro de la cual tiene lugar el servicio. El reemplazo de la idea de servicio por la idea de uso condujo a la existencia de relaciones especiales. La idea de uso creó toda idea de esfuerzo y fatiga como único medio de satisfacer las necesidades. La idea de uso creó toda noción de desconfianza, comenzando por tus ideas acerca de usar el mismo cuerpo que llamas hogar, en vez de dejar que esté a tu servicio.

(29.17) El universo existe en relación recíproca o relación sagrada, en vez de relación especial. Es la naturaleza de la existencia, del mismo modo en que la unidad es la naturaleza de la existencia y no ha cambiado ni puede cambiar, aunque tú no lo creas. Es una relación de gozo, pues la naturaleza de la relación es el gozo. Cuando dejes de lado tu creencia en la separación, lo conocerás.

(29.18) La opción de cambiar de creencia está delante de ti. ¿Estás dispuesto a hacerla? Así como una vez elegiste la separación, ahora puedes elegir la unidad. Como no sabías que la unidad era una opción, no la hiciste antes. Ahora te lo digo con toda claridad, la opción es tuya. Puedes volver a elegir.

(29.19) Al hacer tu elección, recuerda que debe ser íntegra, pues el poder de la elección reside en la integridad. Una mente y un corazón divididos pueden impedir que utilices todo el poder de la elección, pero no pueden impedir que elijas. Elige de nuevo y deja que el poder del cielo descienda para salvar la brecha entre tu mente y tu corazón y te haga completo una vez más.

(29.20) La recuperación de tu identidad y tu poder de elegir son acciones que provienen de un lugar enteramente distinto de la toma de decisiones. Recuperar guarda relación con la oración y es como un pedido, un reclamo de tu verdadera herencia. Sientes que necesitas saber qué es lo que pides. Sin embargo, no podrás saber hasta que lo hayas heredado. ¿Puedes tener fe en que tu verdadera herencia es aquello que realmente deseas, incluso sin saber de qué se trata exactamente esa herencia? ¿Puedes seguirme en mi elección y aceptarla como tuya?

(29.21) Tú, que durante tanto tiempo tuviste miedo de reclamar hasta tus más pequeños dones, dale una nueva mirada al reclamo de acuerdo con la definición que acabo de brindarte. Reclamar es también algo contrario a como lo has percibido hasta ahora, es decir como un reclamo de algo para ti mismo. Reclamas no para poseer o separar lo que tienes de lo que tiene otro para luego llamarlo especial. Reclamas a fin de recuperar tu Ser.

(29.22) ¿Cómo puede ser que los talentos de uno hagan que otros sean menos talentosos? ¿Cómo puede ser que el servicio de uno prive a alguien más del derecho a servir? No hay dos personas iguales. Sólo en Dios todos son semejantes.

(29.23) Ésta es la gran línea divisoria entre lo visible y lo invisible, lo divisible y lo indivisible. Sólo aquellos vueltos a unir con Dios alcanzan el estado de unidad. Sólo el estado de unidad existe.

(29.24) Tus dones, tus talentos, tu unicidad son tu servicio. ¿Acaso podrías verlo de otro modo? ¿Acaso no llegas a entender la naturaleza recíproca del dar? ¿Que aquello que Dios ha dado sólo necesita ser recibido? ¿Que lo que tú has recibido sólo necesita ser dado? La indivisibilidad de Dios es ésta: una incesante cadena de dar y recibir. Es también una definición de la unidad.

(29.25) El servicio es otra manera de afirmar esta ley de la creación, la incesante cadena de dar y recibir. Todas tus preocupaciones acerca del futuro y el pasado no son más que preocupaciones acerca del retorno de lo dado. ¿Qué don de la oportunidad dejaste de reconocer en el pasado o puedes dejar de reconocer en el futuro? ¿Qué regalo de la fortuna, qué encuentro fortuito, qué decisión podría haber cambiado tu vida? ¿Qué deberías haber hecho que no hiciste? ¿Qué podrías hacer en el futuro si no tuvieses miedo de la dirección a la que podría llevarte tu elección? ¿Cuánta paz conocerías si comprendieras —comprendieras de verdad— que todos los dones vienen de una vez y son para siempre? Ni el pasado ni el futuro importan. Todo está a tu alcance en el aquí y ahora donde el dar y el recibir ocurren.

(29.26) Ninguna oportunidad de aprender o crecer queda perdida. Cada una de ellas todavía existe, aunque no en el tiempo. Cada una de ellas todavía existe, pero en el presente. ¿Puedes reemplazar tu atención al pasado o al futuro con atención al presente?

30. ESTAR PRESENTE.

“Nosotros, todos juntos, somos el latido del mundo. Sin la unidad no existiríamos. Sin nuestra Fuente, que es Dios, no existiríamos”.

(30.1) ¿Cuál es la diferencia entre estar presente y ser? ¿No son acaso la mismo? ¿No deberían serlo? Y sin embargo, cuán pocas veces estás plenamente presente en tu propia vida, en tu propio Ser. Si estuvieses enteramente consciente de tu propio ser, estarías en unidad con tu Padre.

(30.2) ¿Cómo es posible que uno se distraiga de uno mismo? Pero así es como vives. Muchos van por la vida buscando una definición de sí mismos, buscando realización. ¿Dónde están mientras buscan? ¿Dónde está su ser? Si todo lo que se busca es alcanzar un destino particular, el viaje no es más que el medio para llegar a él. Todo aprendizaje es considerado preparación para el futuro, o para algún eventual resultado, en lugar de aprendizaje para el ser. Es así como intentas aprender para algo distinto que tu Ser, para algún propósito que no es tu Ser. Es así como el servicio recibió otro derrotero, separado de tu Ser y de tu función aquí. Cuando aprendes a fin de contribuir alguna cosa a tu trabajo y tu mundo, evitas tu Ser.

(30.3) Tu aprendizaje debe adquirir un nuevo foco. Ser como un niño, e inhalar el mundo que te rodea para hacerlo parte de tu Ser. Ser como un niño, y aprender para recuperar tu aprendizaje del Ser. Aprender quién eres a través de cada experiencia en vez de aprender para descubrir quién eres o cuál podría llegar a ser tu contribución.

(30.4) Estar en relación es estar presente. Estar presente no tiene nada que ver con el tiempo como tú lo piensas. Crees que esta indicación de estar presente es una indicación que tiene que ver con el tiempo. Piensas en tiempo presente, tiempo pasado, tiempo futuro. Hemos hablado también de estas maneras de medir el tiempo, pero como la palabra medir sugiere, sólo en tu percepción puede el tiempo ser medido.

(30.5) Te encaminas hacia lo que puede llamarse conciencia universal, aunque cuando llegues, al principio no lo sabrás. Pues conciencia universal es conocer el Ser, aunque tú crees que es conocerlo todo. Conocer el Ser es conocer todo, pero esto no lo comprendes aún.

(30.6) Conciencia universal es estar en relación. Es el verdadero Ser, el Ser conocido, en toda su gloriosa relación con la vida. Toda materia nace y muere. Toda vida es para siempre. El Ser conocido comprende esto y comienza a actuar en concordancia con esta comprensión.

(30.7) Este mundo, tal como lo percibes, se erige sobre el fundamento del temor, un temor surgido de la creencia en que la vida es finita, en que naces en un cuerpo y mueres en un cuerpo. La persona que conoce, que realmente conoce la verdad más simple de la identidad del Ser, ya no vive en una posición dualista respecto de Dios, sino en un estado monista con Él. La diferencia reside en realizar la relación con el infinito en vez de lo finito, con la vida en vez de la materia.

(30.8) Esta enorme diferencia suele soslayarse y rara vez es vista como la llave que abre la puerta de la conciencia universal: estar presente. Ni el ser ni el presente son inherentes a la materia. En la materia el ser debe estar atado a la forma. En el sentido del tiempo descrito por la palabra presente no hay infinitud, sino un vago concepto del ahora. Este es el concepto clave que no sólo conocí sino que también demostré. Es el legado, la herencia que te dejé.

(30.9) Este discurso parece estar lejos de las palabras de amor, palabras prometidas y dadas en verdad. Pero ningún amor es finito en su naturaleza. El amor no tiene principio y no tiene fin. El amor es una demostración y una descripción de la conciencia universal, del ser en relación.

(30.10) Toda relación es relación con Dios, Quien es Amor.

(30.11) De lo que este Curso habla ahora, en esencia, es de ganancia sin pérdida. Nunca percibirás que hay ganancia sin pérdida mientras sigas creyendo en lo que es de naturaleza finita. El ciclo de dar y recibir nunca quedará completo, y la certeza que buscas seguirá a la espera de algo que no tienes: información, garantía, alguna prueba o validación. Puedes creer que si estás “bien” tendrás éxito, si tienes “éxito” estarás seguro, si eres “bueno” prosperarás. No consideras que esta forma de pensar esté vinculada a ideas de ganancia y pérdida, pero lo está. Todo pensamiento del tipo “si esto, entonces aquello” es pensamiento de ganancia y pérdida. Por eso hemos trabajado para dejar atrás el pensamiento. La creencia en la ganancia y la pérdida es la piedra angular de tu sistema de percepción. Gobierna tu existencia porque la has dejado gobernar al abandonar las leyes de Dios.

(30.12) Las leyes de Dios son leyes de amor. Dentro de las leyes del amor no hay pérdida, sólo ganancia.

(30.13) La Fuente del amor es tu propio corazón. Allí está ubicada. Piensa ahora en la forma creada, el cuerpo. Cuando el corazón deja de latir, se considera que la vida ha cesado. ¿Eres entonces tu corazón? Acaso no puedes ver que la forma creada fue hecha a imagen de Dios, como toda la creación. Eres una imagen de Dios a la que se le ha dado forma, así como a toda la creación. Nosotros, todos juntos, somos el latido del mundo. Sin la unidad no existiríamos. Sin nuestra Fuente, que es Dios, no existiríamos.

(30.14) Las leyes de la unidad son las leyes de Dios, y en verdad son simples: dar y recibir son la misma cosa. Y por lo tanto dar y recibir como una misma cosa es la única manera de cumplir las leyes de Dios. Puesto que las leyes de Dios gobiernan el universo, no pueden quedar sin cumplimiento. Dar y recibir son en verdad lo mismo. Las leyes de Dios son generalizables y no cambian, por lo que las leyes del hombre no han usurpado el lugar de las leyes de Dios. Sólo en tu percepción las leyes del hombre prevalecen sobre las de Dios. Y puesto que la percepción procede de la mente, necesitamos ahora hablar de ella.

31. LA NATURALEZA DE LA MENTE.

“Lo que retienes, lo pierdes. Éste es el principio del dar y recibir que, cuando por fin comprendes en su totalidad, te libera para que seas íntegro”.

(31.1) Hay una sola Mente, así como hay una sola Voluntad. A esto le tienes miedo, pues crees que semejante afirmación amenaza tu independencia, un estado del ser que tienes en alta estima. Sin embargo, esa afirmación confirma tu interdependencia y plenitud.
(31.2) La idea de compartir un corazón, un latido, un amor, no te resulta tan inaceptable como la idea de compartir una sola mente. Sientes que tus pensamientos son tuyos, privados y sacrosantos. Estos pensamientos que resguardas con tanta consideración son los que Un Curso de Milagros llama “pensamientos del cuerpo”. Muchas religiones y filosofías hacen una distinción entre los pensamientos —los del cuerpo— y el pensamiento de orden superior, o pensamiento espiritual. Los pensamientos relacionados con tu ser personal y las “leyes” del cuerpo, como los que tienen que ver con la supervivencia, no son los pensamientos del verdadero Ser. Es necesaria esta aclaración para que algunos de ustedes se deshagan por completo del miedo al sistema de pensamiento compartido de la unidad.

(31.3) ¿Cuán necio es tener miedo de la verdad? El miedo a la verdad es como un temor de que lo imposible se torne posible. Como el miedo a la muerte, es producto de un pensamiento al revés.

(31.4) Te cuesta aceptar que algo pueda ser inseparable y al mismo tiempo no ser lo mismo. El milagro de la conversión del agua en vino ilustra, como lo hacen todos los milagros, la falacia de este concepto. Si quieres ser un hacedor de milagros debes comprender esto último, así como todos los milagros en forma correcta. Lo que es inseparable no puede ser diferente, pero esta idea no significa que deba ser lo mismo. Inseparable no significa reemplazable. El agua no reemplaza al vino ni el vino reemplaza al agua, pero ambas cosas provienen de la misma Fuente, por lo que no son diferentes aun cuando no sean iguales.

(31.5) Tu miedo a la igualdad es tu miedo a la unidad. Es un miedo infundado aunque comprensible dado tu concepto acerca de qué es igual y qué diferente. Sin embargo, como lo ilustra la forma, mientras todos los cuerpos son semejantes, también son diferentes. La forma imita al contenido.

(31.6) Ésta es la dificultad que se presenta al estudiar la mente. La mente es tu ser y por lo tanto no la puedes estudiar, del mismo modo en que no puedes ver la totalidad de tu cuerpo sin ayuda, ni puedes quitarte el cerebro para verlo bajo un microscopio. Sin embargo, dices que tu cuerpo te pertenece y lo identificas como tu yo. Tu cuerpo se mueve y respira, tu corazón late y tu sangre corre sin ayuda de tu yo consciente. Sabes que si tuvieses que encargarte conscientemente de estas funciones, con seguridad morirías, pues dirigir el funcionamiento del cuerpo es más de lo que tu mente consciente podría manejar. No podrías dar todas las órdenes necesarias. Pero afortunadamente tienes un cerebro que cumple esta función, y este cerebro también eres tú. ¿Trabaja independientemente de ti? ¿Está separado? ¿Es lo mismo?

(31.7) De igual manera ocurre con la mente. La mente es tu ser. No es casualidad que para muchos sea sinónimo de cerebro, como una palabra intercambiable que transmite la misma idea. La mente es el centro de control, la que recuerda y almacena el conocimiento, la que es tu yo y al mismo tiempo está más allá de tu comprensión de ti mismo. La forma imita al contenido. La forma imita a la verdad, pero no la reemplaza.

(31.8) El resto de tu mundo también imita a la verdad. Tú vives en un mundo, un planeta, una Tierra. Puedes vivir en diferentes continentes, diferentes países, distintas ciudades, pero siempre en una única Tierra, y esto es parte de una semejanza e interdependencia que aceptas. Tú eres consciente de que esta Tierra está inmersa en un cosmos que está más allá de tu comprensión, y también de que la Tierra y todo lo que en ella hay son parte de ese cosmos. Crees plenamente que eres inseparable de la Tierra, el cosmos, la gravedad y las leyes que rigen el universo, así como crees que tu cerebro y, erróneamente, tu mente son inseparables de tu cuerpo.

(31.9) Pero tu confusión es también la clave de tu comprensión. Sólo necesitas observar la proyección de la creación para comprender la naturaleza de la perfección y a tu propio Ser como creador y creado. Ser parte de la totalidad que es tu universo conocido no te ha hecho menos necesario a ti ni a ningún otro ser. Alrededor del mundo las personas de buena fe luchan por salvar incluso una vida. Cada vida es irreemplazable y nadie discute este punto, pero tú te resistes a la idea de Dios porque crees que lo que es uno no puede ser muchos.

(31.10) Abandona esta idea de que al entregarte a Dios pierdes tu Ser, y tu resistencia a Dios cesará por siempre. Sólo en Dios puedes encontrar tu Ser. Esto lo sabes, y es la razón por la que los seres humanos han buscado a Dios a lo largo de los siglos. El ser humano puede pensar que acude a Dios en busca de respuestas, de liberación del sufrimiento o de una vida después de la muerte. Pero en realidad siempre ha acudido a Dios en busca de su propio Ser. No buscar a Dios para encontrar tu propio Ser sería semejante a buscar a la humanidad en cualquier parte menos en la Tierra. Si no buscas allí donde puedes encontrar, tu búsqueda es en vano.

(31.11) El propósito de la mente es la extensión. Así, la percepción invertida que te lleva a proteger tus pensamientos privados y verlos como el asiento de tu ser, llama a su opuesto. Es la única fuente de conflicto. Sin embargo, una vez más, esta percepción de tus pensamientos como tu yo es la respuesta más próxima a la verdad de la que fuiste capaz dentro de tu visión limitada del yo. Una parte de ti sabe que tienes pensamientos más elevados, y sabe que estos pensamientos más elevados son tu Ser. Pero en vez de distinguir entre pensamientos inferiores y superiores, has agrandado todos tus pensamientos y les has dado una identidad que llamamos ego. Si no desarmas tu creencia en el ego como tu ser, nunca serás consciente de tu verdadera identidad.

(31.12) Para algunos, este proceso de desarmar llega mediante una mejor comprensión de la mente, para otros llega mediante una mejor comprensión del corazón, o el amor. Cómo resulta desarmado el ego poco importa. Lo que importa es dónde colocas tu devoción.

(31.13) La devoción no puede dividirse. Es total o no es. Por lo tanto, mientras sigas creyendo que tu devoción es hacia los pensamientos de una mente dividida, tu devoción es a nada. Por eso fracasan tantos intentos de comprender. Tratar de comprender con una mente dividida es imposible. Y los objetivos de aprendizaje imposibles conducen a la depresión. Este es el motivo por el que necesitamos aprender de nuevo con la mente y el corazón unidos, en integridad.

(31.14) El ego es esa parte de ti que se aferra a la idea de separación, por lo que no puede captar la verdad básica de tu existencia: que dar y recibir son una misma cosa en verdad. Dicho de otro modo, para ser tu Ser, tienes que compartir tu Ser. Lo que retienes, lo pierdes. Este es el principio del dar y recibir que, cuando por fin comprendes en su totalidad, te libera para que seas íntegro.

(31.15) Todo lo que guardas en privado y sin compartir es, esencialmente, lo que crees ser. Digo “lo que crees ser” porque es importante distinguir entre lo que crees ser y quien realmente eres. Por un lado, tú crees ser tu pasado, tu temor, tu culpa; por el otro, tú crees ser tu futuro, tu gloria, tu potencial. No quieres compartir ni tus pensamientos más negativos ni tus pensamientos más positivos acerca de ti. Son tus grandes secretos, los secretos que ocupan tu mente día tras día con pensamientos que te apartan de tu Ser.

(31.16) En consecuencia, sólo compartes una pequeña porción de ti mismo, la porción que tu ego estima segura, aceptable, presentable. Esta porción estimada por tu ego no te pondrá en riesgo. Es el ego el que pregunta: ¿Estás seguro de que si compartes ese sentimiento seguirás siendo amado? ¿Estás seguro de que si revelas ese secreto estarás aún a salvo? ¿Estás seguro de que si intentas algo nuevo serás aceptado? Es el ego el que considera que la honestidad es un juego y a él le dejas decidir sobre tu verdad. Pues aquello que vives es lo que crees verdadero acerca de ti. Mientras sigas viviendo en forma deshonesta, tu noción acerca de cuál es tu verdadera identidad no podrá mejorar.

(31.17) Mis queridos hermanos y hermanas, aquello que verdaderamente son no puede ser mejorado. Pero debido al estado de no recordación en que viven, deben reaprender quiénes son. Y sólo pueden reaprender quiénes son siendo quiénes son. Sólo pueden ser quiénes son compartiendo quiénes son.

(31.18) La verdad es tu identidad. Honestidad es estar libre de engaño. Tú, que ya te sientes preocupado acerca de si la honestidad y el compartir son algo que necesitas confesar, piensa un momento acerca de por qué estás preocupado. La idea de confesar es idea de compartir. En vez de pensar en ti como alguien lleno de pecados y necesitado de perdón, piensa que se trata simplemente de una necesidad de compartir. Esto puede sonar contradictorio con lo que dije: que aquello que te guardas, lo pierdes, y lo que compartes, lo ganas. Piensas en la confesión como un desahogo y una acción para sacarse de encima aquello que no quieres. Algunos de ustedes creen que esto es posible y otros creen que no. Quienes creen que es posible creen en el pecado y que éste puede ser reemplazado por el perdón. Quienes no creen que es posible no creen que el pecado puede ser perdonado y no buscan perdón, pues creen que el perdón es algo que no merecen. Son pocos los que creen en la expiación o el deshacer. Son pocos los que creen que no hay pecado. Son pocos los que creen que no son la suma de sus conductas. ¿Cómo es, entonces, que la confesión es buena para el alma?

(31.19) No puedes ser honesto mientras no conoces la verdad acerca de ti. Si recordaras tu Ser, nociones como la de que la confesión es buena para el alma dejarán de existir. Pero para recordar tu Ser necesitas un medio para aprender quién eres. Todo aquello que alguna vez te haya sucedido en la vida, sucedió como un instrumento de aprendizaje para ayudarte a recordar quién eres. Todas aquellas cosas de las que te sientes culpable y avergonzado son simplemente restos de lecciones que quedaron sin aprender. Mientras sigas apegándote a ellas manteniéndolas ocultas, no ocurre aprendizaje.

(31.20) ¿Quién eres? Amor. Y todas las cosas llevadas al amor son vistas bajo una nueva luz, una luz que preserva lo que aprendes para ayudarte a recordar quién eres, y con ese recuerdo transforma lo demás, dejándote sin nada de que avergonzarte, nada que ocultar, nada, excepto la verdad acerca de quién eres. De esta manera, lo que das mediante el compartir, lo ganas en la verdad. Ningún otro tipo de ganancia es posible.

(31.21) Lo mismo vale para tu potencial. Cuando lo llevas al amor se realiza y convierte en la verdad acerca de ti que siempre ha existido.

(31.22) El compartir, entonces, no es acerca de quién tú crees que eres, sino de quien realmente eres. Y es también la forma de aprender la diferencia mientras todavía sea necesario el aprendizaje.

(31.23) Compartir es el medio por el cual la relación sagrada que tienes con todo se revela en la verdad. Esta verdad mora en todo lo que existe, así como mora en ti. Cuando aprendes que tú eres amor no queda lugar para el engaño, y sólo puedes ser quien eres en la verdad.

(31.24) Aquello que ganas en la verdad jamás vuelve a perderse o a olvidarse, pues devuelve el recuerdo a tu mente. Y lo que tu mente recuerda no puede sino ser compartido.

(31.25) Los pensamientos de tu ego jamás pueden compartir la verdad contigo ni con nadie. El ego inventó la idea de “decir” la verdad y la usó como opuesta a decir algo que no es la verdad o es mentira. De allí nacieron las ideas de mantener la verdad en secreto, una de las ideas más ridículas del sistema de pensamiento del ego.

(31.26) Tu pasado no tiene nada que ver con la verdad acerca de quién eres, salvo por el grado en que te haya o no te haya ayudado a recordar quién eres. Lo que has aprendido en la verdad reside en tu mente como parte de ti. Lo que todavía no has aprendido espera que lo aprendas o, en otras palabras, espera que tus sentimientos y experiencias se transfieran a la verdad y por lo tanto a tu mente. Sólo la verdad mora en tu mente, pues sólo ella puede ingresar en el altar sagrado que compartes conmigo.

(31.27) Este altar no es una cosa, sino devoción a la única verdad, la entera verdad. Ser de una sola mente es ser de una sola verdad, ¿cómo podrías ser menos? Sólo el ego brotó de una mentira, la mentira de la separación que creó la ilusión de que hay mentes separadas y diversos grados de verdad.

(31.28) Así como acudes a Dios en busca de tu Ser sin saber qué es aquello que buscas, acudes a tus hermanos y hermanas y a todo lo que vive junto contigo. Pero cuando buscas sin saber lo que buscas, lo que encuentras puede variar. Puesto que hay una sola verdad, encontrar variedad de respuestas no significa nada. Pero si cambias aquello que buscas, también cambiará lo que ves y lo que aprendes.

(31.29) Si puedes buscar tu Ser en tus hermanos y hermanas, ellos también pueden buscar su Ser en ti. Si todo el tiempo te dedicas a reflejar lo que crees que tus hermanos y hermanas quieren ver, ellos no podrán aprender nada de ti. Si la verdad acerca de quien crees ser cambia cada día, reflejas la misma variedad de respuestas que ellos esperan encontrar y que han encontrado en otra parte.

(31.30) Tú no crees que estés buscándote a ti mismo en otros, sino que estás buscando a alguien o algo diferente de ti. En ciertos momentos de tu vida expresas esta búsqueda con claridad y es siempre específica. Buscas amistad, buscas pareja, buscas mentor. Crees que buscas algo distinto de ti para que te complete, porque buscas completarte. Buscas plenitud. E incluso aciertas al buscarla en tus hermanos y hermanas… sólo que no es así como la percibes.

(31.31) Cuando encuentras la verdad de cualquier hermano o hermana, encuentras la verdad acerca de tu Ser, pues la verdad no cambia. Y si quien realmente eres es la verdad, ¿cómo podrías ser diferente? Por eso podemos decir que la verdad y la mente son una en verdad. La verdad es lo que es. Lo que no es verdad es ilusión. ¿Acaso esto no tiene perfecto sentido?

(31.32) Es en este perfecto sentido de la perfecta sensatez de la verdad que reside la salvación. La salvación es simplemente tu regreso a tu Ser.

(31.33) Si tu hermana y tu hermano buscan la verdad o la salvación de ti y tú buscas la verdad o la salvación de ellos, ¿qué ocurre en verdad? ¿Cómo puede funcionar? Éste es otro aspecto de que dar y recibir son uno en verdad. Tanto dar como recibir tienen lugar, y ambos al mismo tiempo, así como buscar y encontrar, una vez que eres consciente de qué es lo que buscas.

(31.34) Este aspecto de dar y recibir como lo mismo se llama relación. Te permite experimentar quién eres y, en consecuencia, saber, o recordar, quién eres. Es en el reconocimiento de la verdad acerca de tu hermano y hermana donde reconoces la verdad acerca de tu Ser. Esto ocurre sólo en la relación, porque sólo en la relación experimentas algo.

(31.35) Tú no existes fuera de la relación, así como tu mente no existe fuera de la unidad. Tu experiencia aquí no es sino una extensión de la mente hacia un territorio donde la experiencia puede ocurrir. Tu ego ha hecho de esto algo distinto de lo que es. En vez de una extensión de la mente, tu experiencia se ha convertido en una proyección del ego. Esto puede cambiar.

(31.36) Cuando interactúas con tus hermanos y hermanas buscas llegar a conocerlos. Lo haces a fin de hallar qué tienen en común contigo, para luego pasar a la experiencia compartida. También buscas conocer a tus hermanos y hermanas para saber qué puedes esperar de ellos. Una vez que has determinado la conducta habitual de un hermano o hermana, cualquier desviación de esa conducta habitual te preocupa. Puedes decidir que alguien está de cierto “ánimo” y que los efectos de ese ánimo son buenos o malos, para ti o para ambos. Debido a que vives en un mundo de incertidumbre extrema, uno de tus requisitos respecto de aquellos con quien tienes relación es que se conduzcan de un modo que te permita saber qué esperar. Cuando entonces pasas de una relación somera a una de mayor profundidad, rápidamente determinas la naturaleza de la relación e inviertes en que la otra persona permanezca igual. Puesto que esto es verdad también en ellos, tú también quedas encerrado en sus expectativas de que tú permanezcas igual.

(31.37) Una relación en la que esto no ocurre es la relación entre maestro y alumno. Otra relación que espera cambio y crecimiento es la de padre e hijo. Estas dos relaciones comprenden tus ideas de tu Padre y de mí a medida que tomas conciencia de que estás aquí para aprender. Ahora, con un objetivo de aprendizaje claro en tu mente, estas relaciones idealizadas deben ampliar su alcance para ser vistas en todos en vez de unos pocos, de tal manera que puedas verlos claramente como lo que realmente son.

32. EL AMOR REGRESA AL AMOR.

“Así es como terminamos este Curso, con amor dado y amor recibido en verdad. Tú eres alumno hasta que tomas conciencia de que eres Amor. Entonces te conviertes en maestro de lo que eres. Tu mente y tu corazón se unen en integridad en el abrazo. Estás en casa, y te quedarás para siempre”.

(32.1) Consideremos ante todo los papeles de maestro y alumno. Maestro es, primero y principalmente, aquello que te ayuda a recordar. Por ende, no prestes atención a la forma en que te llega un maestro. Puede decirse que toda la vida es tu maestra. No hay un solo aspecto de ella que no esté diseñado para ayudarte a recordar quién eres. Como hemos dicho una y otra vez, la forma de tu mundo refleja, de diversas maneras, el contenido de quien eres. También refleja el contenido de quien no eres. Es para poder discernir la diferencia entre ambas cosas que necesitas guía. Antes buscabas respuestas en quienes no conocen la diferencia. Ahora puedes ver que necesitas acudir a una Fuente diferente.

(32.2) Esa Fuente es el Amor, y está a tu alcance en cada situación con sólo preguntar: ¿Qué quiere el amor que haga? ¿Qué quiere que vea? ¿Qué quiere que diga? Cuando invocas al Amor invocas a tu Fuente. Cuando buscas la sabiduría de tu corazón me llamas a mí. Cuando buscas la verdad que está en tu mente, invocas al Espíritu Santo. La Santa Trinidad está a tu disposición en cada situación y para cada modo de aprendizaje con el que te sientas cómodo. Todos estos modos, tarde o temprano, te regresarán a la Fuente, que es el Amor. La diferencia entre Padre, Hijo y Espíritu Santo es la misma diferencia de la que hablamos cuando aseguramos que eres de una sola Mente y un Corazón, y que cuando llegues a conocer esto por experiencia, jamás perderás tu Ser. La forma en que vives la relación con cada aspecto de la Trinidad es diferente no obstante la unidad de la Trinidad. Lo mismo es válido para toda relación. La forma en que vives la relación con cada aspecto de la creación es diferente no obstante la unidad de la creación. Es en la diferente relación de un aspecto de la creación con todo el resto que existe esa diferencia que aprecias como tu condición única. Y sólo allí, sólo en la relación eres únicamente tú. La relación es lo único que existe. Pues el Amor es relación.

(32.3) Así es como terminamos este Curso, con amor dado y amor recibido en verdad. Tú eres alumno hasta que tomas conciencia de que eres Amor. Entonces te conviertes en maestro de lo que eres. Tu mente y tu corazón se unen en integridad en el abrazo. Estás en casa, y te quedarás para siempre.

(32.4) Entonces yo te digo: Amén. Has regresado al Amor, y tu relación con el Amor te ha regresado a tu Ser. No lo pienses. Este Curso no requiere pensamiento ni esfuerzo. No hay estudio prolongado y los pocos ejercicios concretos no son un requisito. Este Curso ha tenido éxito en formas que todavía no comprendes y no necesitas comprender. Estas palabras han ingresado en tu corazón y han clausurado la brecha entre tu mente y tu corazón. Sé leal al amor y no podrás dejar de ser leal a tu Ser.

(32.5) Si no crees que ya estás preparado, si piensas que aún no estás listo, deja de pensar. Lee otra vez estas palabras de amor y deja que el sonido del amor se lleve tus preocupaciones. Entrégame a mí los pensamientos que aún te perturban y yo te los devolveré transformados por el Amor. No te lamentes por tus pensamientos ni creas en pérdidas de ningún tipo. De esta manera todo lo que ya has recibido será recordado en esta hora de la segunda venida de Cristo.

(32.6) ¿Y qué pasa con los milagros? El milagro último y final ya ha ocurrido, ¿pues qué milagros son necesarios cuando la mente y el corazón son uno y tú has regresado al abrazo? Éste es el milagro que pone fin a toda necesidad de milagros, el logro único del Hijo único de Dios. Pues lo que tu corazón comparte con tu mente es compartido con todas las mentes y lo que tu corazón tiene para compartir es sólo Amor. Entonces el Amor regresa al Amor.

EL LLAMADO.

La llegada del Curso es el llamado que estuve esperando durante gran parte de mi vida. Cuando fui invitado a unirme a Mari, Dan y Wilma en esta aventura, la invitación era clara y profunda. Pero yo tenía preguntas, interrogantes serios acerca de la autenticidad de esta obra en un mundo lleno de mensajes proféticos conflictivos.

Esas preguntas recibieron respuesta. Me he sentido hondamente tocado y llamado a la acción. Ésta es la naturaleza de mi llamado: seguir el Curso en la acción en el mundo. Este Curso llamará a cada uno de ustedes de manera única, como lo ha hecho con cada uno de los que estamos relacionados con la diseminación de la obra. Nuestros llamados nos han resonado con claridad, aunque sus expresiones son actos de creación que aún continúan.

La hora ha llegado. No hace falta esperar más. Somos uno en la realidad, como todos hemos intuido. El tiempo del anhelo ha pasado. Somos aquellos que deseábamos ser y esperábamos ser. Es hora de ser vistos como los consumados. Todos nosotros.

Este es un movimiento de pares que son los amados. Estamos creando la realidad. 

Que el amor sea.

CRAIG NEAL.

( F i n ).

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Parte 4.- Un Curso de Amor.

UN CURSO DE AMOR.- Por Mari Perron.
17. NO-PLANIFICACIÓN CONSCIENTE.
“Ser quien eres no es un lujo reservado para los ricos ociosos, o para los muy jóvenes o ancianos. Ser quien eres es necesario para que el universo sea completo. Sin el verdadero tú en él, en el universo habría un vacío”.

(17.1) Ser quien eres no es un lujo reservado para los ricos ociosos, o para los muy jóvenes o ancianos. Ser quien eres es necesario para que el universo sea completo. Sin el verdadero tú en él, en el universo habría un vacío… y esto es imposible. Sin embargo, de alguna manera estás ausente.

(17.2) Esto se relaciona con la conciencia y con aquellas cosas de las que eres consciente. Digamos que el espacio que llenarías siendo tú mismo es guardado por otra parte de tu conciencia que nunca lo ha abandonado. La reunión de estas dos porciones hará que el universo sea completo y producirá el regreso al cielo. La expresión “cuando dos están reunidos” puede usarse con tanto acierto aquí como con referencia a la relación. Tu elección de separarte de Dios es en realidad una separación de tu propio Ser, y es ésta la separación que necesita sanar para regresarte a Dios.

(17.3) Rehúyes de todo pensamiento de que exista conciencia más allá de aquello de lo que eres consciente porque tienes miedo. Sin embargo, sabes que no puedes decir que conoces todo lo que existe en el universo, ni siquiera te conoces por entero a ti mismo. Lo que temes de lo desconocido es, simplemente, que te resulta desconocido. Cuando llegas a conocer lo que antes te resultaba desconocido, el miedo desaparece, si es que lo dejas.

(17.4) Aquella parte de la conciencia de la que no te percatas, no tiene que ver con la magia ni con la superstición ni con la demencia. No obstante, te escudas de ella como si conocerla fuese a cambiar la naturaleza del universo. Lo que en realidad cambiará es tu percepción. Esto es algo que al mismo tiempo deseas y temes, del mismo modo en que deseas conocerte a ti mismo y al mismo tiempo temes hacerlo.

(17.5) Te manejas con el supuesto de que conoces todo lo que te es bueno conocer, y que conocer más significa que ciertas cosas que es mejor no saber —y por lo tanto deben ser malas— pueden serte reveladas. Sin embargo, todas las evidencias de tus pensamientos revelan tu disposición a aceptar las cosas malas de ti y de tu mundo. En consecuencia, el supuesto de que lo desconocido debe ser malo no es válido, ni siquiera dentro de tus propias pautas de evidencia. A pesar de ello, estimas que lo desconocido no puede ser totalmente bueno o digno de ser conocido porque tu razón es leal al mundo que ves. Por este motivo el Cielo, al que calificarías de bueno, no es totalmente bueno según tu estimación. ¿Por qué no es totalmente bueno? Porque lo has definido como carente de muchas cosas que has juzgado buenas en el mundo que ahora percibes.

(17.6) Sin embargo, has ingresado por voluntad propia en muchos estados desconocidos. Algunos de ustedes se han casado, han tenido familia, han ingerido drogas que alteran la conciencia o realizado hazañas físicas extremas, incluso aterradoras. Todos ustedes sin excepción han ingresado por voluntad propia en el estado desconocido del sueño y han experimentado la pérdida de conciencia que conlleva. Y todos han tenido la experiencia de soñar mientras dormían. Hay quienes dicen saber todo lo que hay que saber acerca del sueño, de estar casado, ingerir drogas o tener hijos; pero ni siquiera aquellos de ustedes que están dispuestos a escuchar a los expertos creen que aquello sea posible.

(17.7) Cada día es una zona desconocida en la que ingresas, a pesar de todos tus intentos por anticipar lo que traerá. Y aunque parezca que ya estás acostumbrado a este fenómeno, no lo estás. Todavía construyes planes y protestas contra todo lo que se interpone en su camino, aun sabiendo por anticipado que tus mayores esfuerzos de organización muchas veces no tienen resultado. Un Curso de Milagros te pide que en vez de planificar, recibas. No obstante, son pocos los que comprenden el sentido de esta simple instrucción, es decir, lo que te enseña acerca de lo desconocido.

(17.8) Y eso que enseña es que lo desconocido es benevolente. Lo que dice es que lo que no puedes anticipar, puede ser anticipado para ti. Lo que afirma es que podrías recibir ayuda constante si tan sólo la dejaras llegar. Lo que señala es que tú no estás solo.

(17.9) Recibir implica que algo te es dado. Recibir implica buena disposición para aceptar lo que te es dado. Buena disposición es justamente lo que no ofreces. El motivo es que aún no comprendes la naturaleza de la creación, pero esto puede ser corregido.

(17.10) Pecado es simplemente la creencia en que no puede haber corrección. Éste es el error acaecido en la creación. Así es como lo imposible devino posible. Si no estuvieses tan dispuesto a creer que la corrección es imposible, ésta ya habría tenido lugar. El error original que necesita corrección es éste: tu creencia en el pecado, en otras palabras, tu creencia en que la elección que has hecho es irreversible.

(17.11) ¿Acaso no se torna evidente en los juicios en que te apoyas y en tu tratamiento de los criminales, así como de ti mismo y quienes amas? Tú crees que se debe pagar por los errores, no una sino muchas veces, y aunque la paga sea onerosa, sólo “paga por” lo que fue hecho y jamás podrá deshacerse. ¿Qué hace la paga sino comprar algo que entonces pasa a ser tuyo? ¿Qué has comprado con todos tus esfuerzos por enmendar tus equivocaciones? Sólo has conseguido comprar culpa, que ahora es tuya: una compañía constante y un permanente juicio de ti mismo.

(17.12) ¿Ves ahora por qué los que juzgan no pueden entrar en el cielo? El juicio proviene de la creencia en el pecado y la irreversibilidad de todos los errores. Si no crees que puedes revertir o “volver” al estado en que existías antes del error original, nunca lo harás.

(17.13) Y sin embargo, lo único que necesitas es volver. La observación de tu cuerpo te ha preparado para hacerlo. Da un paso hacia el lugar que te ha sido guardado. No has perdido “tu lugar en la fila” porque te hayas ido. Ha sido guardado para ti por el más amoroso de todos los hermanos, un hermano unido con tu propio Ser.

(17.14) Este lugar al que puedes regresar no contiene juicio ni temor, y por lo tanto es la reserva de todo lo que ha procedido del amor. En él se guardan todos los regalos que el amor te ha hecho, regalos que son de la creación o de la extensión, regalos que has dado y recibido. Cada acto de amor se agrega a ese espacio en el universo que es tuyo y se ha convertido en parte del todo junto a ti. Todo lo que ha procedido del temor es nada, por lo tanto no existe fuera de tus pensamientos.

(17.15) De todos modos, tus pensamientos se han endurecido y atrincherado en la creencia en tu derecho a juzgar. Muchos de ustedes han abandonado su creencia en el pecado, pero aún se aferran a su creencia en el juicio, convencidos de que uno es diferente del otro. Y mientras no veas esto, tus pensamientos seguirán basándose en el temor y el temor será tu fundamento. Pues juzgar no es sino creer que lo que Dios creó puede ser cambiado y ha sido cambiado.

(17.16) El perdón que reemplaza al juicio debe venir de tu corazón. Perdonar desde la lógica de la mente en vez de hacerlo desde la compasión del corazón es sólo pensar en el perdón. Muchos de ustedes están dispuestos a conceder este perdón, incluso decididos a concederlo a pesar de sus mejores juicios. ¿Acaso no ven qué poco sentido tiene esto, qué insincero suena?

(17.17) La sinceridad es sinónimo de plenitud de corazón, un concepto que no comprendes porque está más allá de los conceptos. Pero ahora comenzamos a integrar tu aprendizaje y a movernos hacia la plenitud. El primer paso hacia la plenitud es comprender esto: el corazón y la mente no están separados. Mente y corazón unidos forman un corazón pleno, o plenitud de corazón. Te preguntarás, entonces, por qué este Curso los ha tratado como partes separadas de ti. Se debe, simplemente, a que es la forma en que tú los ves, y porque me permite referirme a las distintas funciones que tú les has adjudicado.

(17.18) Pero lo que es semejante no puede tener funciones diferentes. Por lo que ahora tu mente y tu corazón deben trabajar en unidad en la función que hemos establecido: regresarte a tu identidad dentro de la creación de Dios.

18. LA MENTE COMPROMETIDA.

“La plenitud del corazón es la expresión íntegra de tu poder. Y expresión íntegra de tu poder es la creación. Lo que ha sido creado no puede ser des-creado. Sin embargo, lo que ha sido creado puede transformarse. La transformación ocurre en el tiempo. Por lo que la transformación y los milagros necesitan ir de la mano”.

(18.1) Muchos de ustedes creen que la creación de Dios incluyó la caída del paraíso tal como la describe la narración bíblica de Adán y Eva y los relatos de la creación de muchas culturas y religiones. Cuando la aceptas, incluso de manera no literal, como la historia de la separación, aceptas la separación. Más que la historia de un hecho que realmente sucedió, se trata de un relato que describe el problema. Es la historia del nacimiento de la percepción. Y es tu percepción de la caída la que convierte a ésta en una maldición. Tal interpretación no es compatible con un Dios bondadoso y un universo benévolo, pues acepta que la separación puede ocurrir. Pero no puede. Creer en la caída es creer en lo imposible.

(18.2) Imagina que eres parte de una cadena de cuerpos tomados de la mano formando un círculo alrededor del mundo. Yo estoy entre aquellos cuya mano tomas. Todos están vinculados, aun cuando uno no toma la mano de todos los demás. Si quitamos un eslabón de la cadena, ésta ya no formaría un círculo sino que se “caería”, cada extremo quedaría suspendido en el espacio. La cadena sería entonces una línea que iría desde aquí hasta allá, y ya no abarcaría ni englobaría todo. La separación da por sentado que tú puedes romper la cadena. Esto sería tan imposible como lo sería que yo soltara tu mano.

(18.3) Vé un poco más allá e imagina que esta cadena mantiene a la Tierra en su órbita. Es obvio que si la Tierra sale de su órbita las consecuencias serían catastróficas y de naturaleza universal. Lo que resulta menos obvio es que tú eres parte de lo que ha establecido y mantiene un orden del universo, parte de un todo que sería muy distinto sin tu presencia, del mismo modo en que el universo sería completamente diferente sin la presencia de la Tierra.

(18.4) Sin embargo, esto es lo que tú crees haber hecho. Crees que has alterado la naturaleza del universo, haciendo posible que la vida exista separada y sola, sin relación, conexión ni unidad con el todo. No lo has hecho. No te has “caído” de la unidad. No has “caído” de Dios.

(18.5) Esta cadena que describo te ayudará a imaginar el lugar que tengo reservado para ti, así como tú reservaste el mío cuando entré en el mundo bajo forma física. Aunque se trata sólo de una ilustración, enseña que ninguno de nosotros abandona la totalidad ni nos abandonamos el uno al otro.

(18.6) Aunque se te haya enseñado que tú no eres tu cuerpo, mientras estás aquí es imposible negar el cuerpo. Pero puedes cambiar la función que le has adjudicado y, por lo tanto, su funcionamiento. Si no lo ves como resultado de la caída, como una maldición o un castigo de Dios, si no lo ves como tu hogar, o una morada que te mantiene separado, puedes entonces comenzar a verlo como aquello que es: un instrumento de aprendizaje que te ha dado tu amoroso creador. Antes de la idea de separación no había necesidad de aprendizaje. Pero un creador amoroso no deja una necesidad insatisfecha. Tan pronto como surgió la necesidad de aprendizaje, quedó establecido el medio perfecto para satisfacerla. Sólo que tú no has logrado verlo como tal.

(18.7) Este error nació con la percepción. Antes de ella no existía la posibilidad de una mala interpretación porque no había mundo exterior que percibir. Un instrumento de aprendizaje, cuando no es apreciado como tal, no tiene muchas esperanzas de cumplir la función para la cual fue creado. Pero cuando la percepción se modifica y algo es visto tal cual es, entonces no puede dejar de cumplir aquello para lo cual fue creado.

(18.8) Un mundo exterior no es más que una proyección, y como tal no puede apartarte del mundo interior donde existes en la totalidad, como un eslabón en la cadena de la creación. Imagina una vez más esta cadena y a ti entre quienes la integran, e imagina la vida que vives ahora a semejanza de una película proyectada sobre una pantalla. Mientras ves la película y experimentas sus imágenes y sonidos, sus alegrías y tristezas, no abandonas tu lugar. Sin embargo, eres también parte de la proyección, y es en ésta donde tu conciencia se ha detenido ahora, aparentemente atrapada en la pantalla, viendo todo con los ojos del personaje proyectado. Eso es lo que este Curso intenta mostrarte: un mundo que puedes observar y del que puedes aprender estando dentro de él, por tanto tiempo como elijas aprender aquello que puede enseñarte la idea de separación. Realizar una nueva opción, la de aprender desde la unidad, es aquello para lo que este Curso te prepara.

(18.9) Aprender desde la unidad requiere una mente y un corazón integrados, o plenitud del corazón. Un abordaje a medias no alcanza, como tampoco es suficiente una mente dividida. No nos cansaremos de enfatizar que aprendes aquello que eliges aprender. Si quieres pruebas de esto sólo tienes que mirar el mundo que fue creado a partir de tu deseo de aprender lo que podía enseñarte la idea de separación. Cuando morabas en la unidad no podías imaginar cómo sería este mundo, así como ahora no puedes imaginar cómo sería un mundo en unidad. Desde el punto de vista de la unidad, no podías comprender lo que estabas pidiendo ni el grado de compromiso que este aprendizaje te exigiría. Para aprender lo que podía enseñarte la idea de separación, necesitaste creer que existías en un estado de separación. Por lo tanto, el “olvido” de que en realidad moras en la unidad fue un requisito de la condición que deseabas experimentar. Así fue como la condición fue posible.

(18.10) Aunque esta explicación te resulte razonable, la encuentras difícil de creer sobre la base de tu percepción de ti mismo y las limitaciones que crees que tiene tu poder de decisión. La única manera de hacer que lo increíble se vuelva creíble consiste en alterar lo que experimentas. El estado en que ahora existes no sólo resultaba increíble, sino también inconcebible para ti en tu estado natural. Para alterar tu sistema de creencias fue necesaria la experiencia, así como es necesaria ahora.

(18.11) La experiencia de unidad alterará tu sistema de creencias y el de otras personas, pues lo que aprendes en unidad se comparte. Pero debido a que en la actualidad aprendes desde la separación, cada uno debe pasar por la experiencia en forma individual antes de que el sistema de creencias pueda ser modificado, aun cuando aquello que se aprende sea compartido en otro nivel.

(18.12) La percepción de los niveles es una función del tiempo, por lo que parece necesaria una gran cantidad de tiempo antes de que pueda ocurrir un cambio de características duraderas. Es por este motivo que los milagros ahorran tiempo, pues integran todos los niveles y, por un cierto lapso, producen un colapso del tiempo. El tiempo es en realidad una medida de aprendizaje, o el “tiempo” que toma el aprendizaje en pasar de un nivel a otro mediante la experiencia, pues aquí el aprendizaje es vivido en el tiempo.

(18.13) A fin de que tu base de experiencia cambie de aprender en la separación a aprender en la unidad, debe nacer en ti la idea de que es posible aprender de aquello que la unidad puede enseñarte. Este nacimiento no surge de escuchar o aprender de las ideas de otro. Necesitas dar lugar a que el aprendizaje dejado por cada experiencia provenga de tu interior y no abandone su Fuente. Una idea mía sólo puede convertirse en idea tuya a través de tu relación con ella. Para darle vida, necesitas vivirla desde tu propia experiencia, desde ese deseo de conocer del que nacen todas las ideas.

(18.14) Una vez que la idea ha nacido, existe en relación con su creador. Lo que ahora queda es la opción de participar. En unidad, tu mente y tu corazón, combinados en plenitud, participaban de todo lo que deseabas. Sabías que tu Ser era el creador y amabas todo lo que creabas. No deseabas algo y le temías al mismo tiempo, y tus deseos no cambiaban de un momento a otro. Lo que deseabas, lo experimentabas plenamente con todo tu ser, y lo hacías uno contigo. El hecho de que te abstengas de desear algo plenamente aquí es lo que ha tornado errática y caótica esta existencia. El conflicto entre la mente y el corazón impide que desees algo plenamente, por lo tanto, impide la creación.

(18.15) En consecuencia, nuestra meta debe ser la integración de mente y corazón para que puedas crear un estado en el que la experiencia de unidad sea posible. Obviamente, esto depende de ti. Así como elegiste crear un estado de separación, ahora debes elegir crear un estado de unidad.

(18.16) No es ninguna sorpresa que tu mente ha regido tu corazón. Lo que este curso ha intentado hasta ahora es, en breve, cambiar tu orientación de la mente al corazón. Es el primer paso de lo que por ahora parecerá un intento de balancear dos cosas separadas, aunque en realidad la intención es unir lo que has percibido como separado. Si el corazón es el centro de tu Ser, ¿dónde queda la mente? El centro es ni más ni menos que la fuente donde todas las cosas existen como una sola mente. Decirte esto antes de relajar algunas de tus percepciones acerca de la supremacía de la mente hubiese sido en vano. La mente unida no es como tú has percibido tu mente. La mente unida es una mente en la que rige el amor y donde la mente y el corazón son uno. Proseguiremos llamándola plenitud de corazón en lugar de mente o corazón.

(18.17) La norma es ver una mente errabunda, y los pensamientos que van y vienen en forma caótica te resultan tan aceptables y aparentemente inevitables como respirar. Una mente dividida no te resulta mucho menos normal, aunque reconoces que una mente dividida torna más difícil la toma de decisiones. Ya se te ha dicho que el único ejercicio mental que incluye este Curso de Amor consiste en dedicar todo pensamiento a la unión. Debemos considerar esto en dos dimensiones en vez de una. Además de dedicar el pensamiento a la unidad con el todo, debes dedicarte a unificar tus propios pensamientos.

(18.18) No llegas a darte cuenta del efecto de haber elegido, con plenitud de corazón, la experiencia de separación. La plenitud del corazón es la expresión íntegra de tu poder. Y expresión íntegra de tu poder es la creación. Lo que ha sido creado no puede ser descreado. Sin embargo, lo que ha sido creado puede transformarse. La transformación ocurre en el tiempo. Por lo que la transformación y los milagros necesitan ir de la mano.

(18.19) La transformación de un estado de separación en un estado de unidad es en verdad un milagro, pues requiere el reconocimiento de un estado que no puedes reconocer en la separación. Aunque suene como una paradoja, no es imposible, debido a que nunca abandonaste el estado de unidad que no reconoces. Tu falta de reconocimiento puede ser superada recordando la verdad acerca de quién eres.

(18.20) El pensamiento que unifica es más que un asunto de foco o concentración, aunque ambas cosas constituyan pasos en la dirección correcta. El pensamiento que unifica es también integración del pensamiento o lenguaje de tu corazón con aquel que percibes más naturalmente como pensamiento, es decir, las palabras e imágenes que “pasan” por tu mente.

(18.21) Con anterioridad nos hemos referido brevemente a las emociones, y lo hemos hecho sólo para diferenciar tus sentimientos de amor de tus sensaciones de carencia de amor o temor. De lo que no hemos hablado es de aquello que la emoción encubre y de la calma que yace por debajo. Me he referido al verdadero lenguaje del corazón como comunión, o unión en el más alto nivel, y al recuerdo como el medio por el cual la comunión puede regresar a ti. Por lo tanto, de lo que ahora hablamos es de integrar recuerdo y pensamiento.

(18.22) Mientras que hablamos de lo que tú piensas de la emoción como reacción del cuerpo a un estímulo, no hablamos del estímulo en sí. Antes de hacerlo, debemos aclarar aún más la función del cuerpo como instrumento de aprendizaje. Tu cuerpo parece experimentar tanto el placer como el dolor, sin embargo como instrumento de aprendizaje es neutral. No experimenta, sino que transmite aquello que puede ser experimentado por ti. Tú, entonces, le retransmites una reacción. Esta relación circular entre tú y tu cuerpo es la relación perfecta para los propósitos del aprendizaje. En ella es posible aprender tanto de la experiencia como de la reacción ante la experiencia, ya que ambas pueden ser elegidas por el que aprende. No es, en cambio, la relación perfecta cuando percibes erróneamente al cuerpo como tu casa en vez de un instrumento de aprendizaje. Porque has percibido erróneamente al cuerpo como tu casa, en cierto sentido no hay un “tú” al cual el cuerpo pueda enviar sus señales. En consecuencia, el cuerpo parece estar al comando y ser al mismo tiempo el que vive y el que interpreta la experiencia. Más aún, esta percepción errónea ha dejado sin reconocimiento a la función del cuerpo. Por este motivo, no reconoces la verdad acerca de qué cosa causa dolor ni puedes rechazar su experiencia. Lo mismo es válido para el placer.

(18.23) Las decisiones acerca del placer y el dolor son tomadas mediante el juicio del yo separado, que no sólo cree ser el cuerpo, sino que también cree estar a merced del cuerpo. Pero el cuerpo no tiene merced alguna para ofrecerle al yo separado, pues sólo es un instrumento de aprendizaje. Como no has reconocido esto, no has podido aprender que todo lo que experimentas como doloroso es resultado de sentimientos de falta de amor, y todo lo que experimentas como placentero son sentimientos de amor. Esto parecería contradecir lo que antes afirmamos acerca del sufrimiento provocado por el amor y tu deseo de aferrarte a él a pesar del dolor que te produce. Has de saber que el dolor no proviene de tus sentimientos de amor sino de tus sentimientos de amor perdido.

(18.24) La causa de tu malestar es que no hay nadie que reciba y rechace los sentimientos de dolor para reemplazarlos con sentimientos de amor. No pienses que reaccionas al dolor o sufrimiento de cualquier clase con el amor que proviene de tu verdadero Ser, un amor que disiparía el sufrimiento. Pues ese Ser que has dejado fuera del circuito del aprendizaje es precisamente el Ser de amor.

19. UNIDAD Y DUALIDAD.

“Cada uno de tus hermanos y hermanas es tan santo y amado por Dios como yo. ¿Puedes ser testigo de que son los amados de Dios así como, hace mucho, otros fueron testigos de que yo lo era? Hasta ahora no lo has podido hacer porque deseabas ser especial y que otros pocos fuesen especiales, en vez de que todos fuesen amados. Tal vez ahora estés preparado”.

(19.1) No hubo mala intención en la creación del cuerpo como instrumento de aprendizaje, y como instrumento de aprendizaje fue creado a la perfección. El problema radica en lo que tú, al olvidarte, has hecho de tu cuerpo. Al pensar que el cuerpo eres tú, surgieron las ideas de glorificarlo. Y glorificar un instrumento de aprendizaje no tiene sentido. Pero al crear el instrumento perfecto mediante el cual pudieras experimentar la separación, esta clase de problemas fueron anticipados y junto a ellos fueron creados los mecanismos de corrección. No podrías haber experimentado la separación sin un sentido del yo como algo separado, y no podrías experimentar plenamente nada sin libre albedrío. Un yo separado provisto de libre albedrío y operando en el mundo exterior, así como un espíritu que deseaba la experiencia de separación, conducirían naturalmente a una situación en la que puede tener lugar todo el rango de experiencias disponibles para un ser separado.

(19.2) El complejo conjunto de criterios necesarios para crear un mundo de separación fue, en el instante de la creación, anticipado y provisto en coherencia con las leyes de la creación. Así como este mundo fue creado con amor, como lo fue toda la creación, también fue creado para proporcionar la experiencia deseada. Así nació el temor, pues un yo separado es un yo temeroso por naturaleza. ¿Cómo podría no serlo?

(19.3) Tú que te sientes desgastado por esta experiencia, regocíjate, pues puedes elegir una nueva experiencia. El libre albedrío no te ha sido quitado, ni te ha abandonado el poder de la creación. La solución descansa en las mismas leyes de la creación.

(19.4) La solución reside en la transformación, y por eso es que aún eres necesario aquí. Por debajo del mundo de ilusión que tú creaste para glorificar tu yo separado subyace el mundo que fue creado para tu aprendizaje, y que por lo tanto existe en la verdad. No es, de ningún modo, el único mundo, pero, aun así, es el cielo, porque el cielo debe ser donde estás. Una elección —hecha con plenitud de corazón— de abandonar toda idea de glorificar el yo separado y dejar que el mundo sea lo que es dará comienzo a la transformación. Ésta requiere la primera unificación, la de mente y corazón, luego de la cual la unificación con Dios regresa naturalmente a tu conciencia, pues esta unificación te regresa al Cristo en ti y a la mente única, unida con Dios, que nunca abandonaste. El poder de la creación, entonces, regresa a ti para ayudar a que todos los seres separados recuerden la unión.

(19.5) Aunque todo esto puede sonarte a ciencia-ficción, date cuenta de que en todas las áreas de tu vida, desde la religión hasta la ciencia, aceptas muchas cosas que suenan a ficción. De todas maneras, no espero que creas todo lo que te digo sólo por fe. Experiencia es lo que necesitas para cambiar tus creencias y depositar tu fe en ellas con seguridad. El primer paso hacia una experiencia de otra clase es tu disposición a aceptar que estás aquí para aprender y que el cuerpo puede proveerte los medios para hacerlo.

(19.6) La gracia que te salva es que aún tu yo separado anhela la unión y el conocimiento de tu creador. Pues junto con este anhelo te fue provisto un medio para su satisfacción, y esta satisfacción viene acompañada del fin de la separación.

(19.7) Yo fui parte de este medio, pero sólo parte. La satisfacción puede provenir de todos y cada uno de tus hermanos y hermanas, pues en todos ellos se encuentra el Cristo, que puede ser visto y experimentado como lo fue en mí. Es en tus relaciones sagradas donde puedes hallar y vivir esa unión, y desde ellas puedes alimentar tu deseo de unión con todos y de conocimiento de tu creador. Este anhelo debe ser un anhelo puro —limpio de temor y juicio y encarado con plenitud de corazón— para que encuentre satisfacción. No son los medios los que faltan, sino la plenitud del corazón.

(19.8) Déjame referirme brevemente al papel que cumplí para que puedas comprender mejor el papel que te aguarda a ti. Vine para dar cumplimiento a las escrituras. Lo que esto significa es que determinada comunidad esperaba mi llegada. Aguardaban con expectativa, por lo que hallaron en mí lo que esperaban hallar. Aquello que mis hermanos y hermanas vieron en mí me permitió ser quien fui, aun estando en forma humana. En verdad te digo que si tú vieras a cualquiera de tus hermanas y hermanos hoy de la misma manera en que me vieron aquellos que aguardaban mi nacimiento, ellos también recordarían quiénes son. Éste es el papel que te pido que aceptes, para que puedas dar a otros lo que me fue dado a mí.

(19.9) Cada uno de tus hermanos y hermanas es tan santo y amado por Dios como yo. ¿Puedes ser testigo de que son los amados de Dios así como, hace mucho, otros fueron testigos de que yo lo era? Hasta ahora no lo has podido hacer porque deseabas ser especial y que otros pocos fuesen especiales, en vez de que todos fuesen amados. Tal vez ahora estés preparado.

(19.10) El yo separado no puede volver a aprender unidad excepto a través de la unión. Aquí, la unión se alcanza en la relación. Ver a tus hermanos y hermanas como me vieron a mí aquellos otros hace mucho tiempo es la forma de lograr una relación de orden superior y reaprender la comunión, el lenguaje del corazón. Por ello se te pide que experimentes el espíritu de tus hermanos y hermanas en lugar de relacionarte, como lo has hecho siempre, simplemente con sus cuerpos. Yo no fui visto como un cuerpo por aquellos que creyeron en mí, aunque tuve un cuerpo que me ayudó a aprender, del mismo modo que tú.

(19.11) Mi testimonio anunció tu llegada, así como las escrituras anunciaron la mía. Aunque algunas de mis palabras hayan resultado mal interpretadas o distorsionadas, tú aún puedes repasarlas y ver que es así. No me proclamé por encima de los demás ni diferente del resto, sino que a cada uno de ustedes los llamé hermanos y hermanas y les recordé el amor de nuestro Padre y nuestra unión con él.

(19.12) De todas maneras, tu fe en tus hermanos y hermanas no será plena sin la reunión de mente y corazón que produce la integridad. Este estado no fue alcanzado siempre por aquellos que creyeron en mí, y la perfección tampoco se te pide a ti. Como puedes comprobar en los registros que quedaron, los apóstoles no alcanzaron este estado durante mi vida aquí, pues me veían como alguien diferente y buscaban en mí el poder. Sólo después de mi resurrección el Espíritu Santo cayó sobre ellos y les reveló su propio poder al unir la mente y el corazón con la fe. Entonces se reunieron conmigo en la medida en que se reunieron con el Cristo. Por lo tanto, debes aprender a verte como ves a tus hermanos y hermanas, y depositar tu fe no en las diferencias sino en la igualdad.

(19.13) A fin de lograr esto último, aún resta un nivel de unificación del pensamiento, lo cual constituye otra razón para apoyarnos en el corazón. El pensamiento, como sabes, es un aspecto de la dualidad. No puede ser de otra manera en tu estado de separación. Necesitas pensar en términos de “yo” y “ellos”, “vida y muerte”, “bien y mal”. De esto se trata pensar. El pensamiento tiene lugar mediante palabras, y las palabras separan. Sólo mediante la combinación de mente y corazón y concentrándose en que sea el corazón quien gobierne, el amor puede combinarse con el pensamiento a fin de trascender el pensamiento tal como lo conoces. Esta trascendencia es función de la integridad.

(19.14) Éste es, en esencia, el motivo por el cual los grandes pensadores no han sido capaces de descifrar el misterio de lo divino y, por ende, concluyen que no se puede conocer a Dios. Sin embargo, a Dios se lo conoce desde dentro del misterio de la no dualidad. Sería imposible que fueses un ser que anhela conocimiento de su Creador si ese conocimiento no estuviese a tu alcance. En la creación, todas las necesidades son satisfechas en el mismo momento en que se convierten en necesidades, por lo que no hay necesidades. Si todo lo que necesitas ya te ha sido provisto, tener necesidades no tiene sentido.

(19.15) La filosofía aborda el misterio mediante el pensamiento, y por ello se convierte en un enredo de palabras. Te resulta difícil aceptar que aquello que más necesitas conocer no puede ser alcanzado mediante los mismos métodos que utilizas para conocer otras cosas. Entonces estás dispuesto a cambiar experiencia por conocimiento de segunda mano y a creer que puedes conocer a través de las experiencias de los demás. Sin embargo, cuando se trata de conocer lo que está ahora delante de ti, es decir conocer tu propio ser, es obvio que las experiencias de los demás no te aportarán ese conocimiento; tampoco lo hará mi experiencia. Muchos de ustedes han aprendido de manera significativa de otras personas, pero este tipo de aprendizaje es sólo un punto de partida, un portal a la experiencia.

(19.16) Pensar sin pensamientos o conocer sin palabras son ideas que te resultan bastante extrañas, y de hecho, mientras permaneces aquí, inclusive a las experiencias que están más allá de las palabras y los pensamientos les intentas aplicar palabras y pensamientos. Pero el amor muchas veces te ha acercado a un estado del ser “sin pensamientos” y “sin palabras”, y puede volver a hacerlo. Cuando te unes a tu propio Ser, todo lo que has creado y recibido en amor regresa a su hogar en ti, y te deja en un estado de amor donde lo que no tiene forma ni palabras está muy cerca.

(19.17) Tu único concepto de unidad es el de una sola forma, una sola entidad. O hay una silla o hay dos. Una mesa o cuatro. Tu énfasis siempre ha sido puesto en la cantidad, entonces consideras que uno es menos que cualquier otro número. Pero, por otra parte, cuando existe un solo ejemplar de una cosa cualquiera, su precio es alto. Dios es entonces “Dios” debido, en parte, a lo que consideras su singularidad. Consideras primitivos a aquellos que adoran muchos dioses, aunque quienes creen en un dios sinónimo de creación están mucho más cerca del verdadero Dios que quienes ven a Dios como una figura solitaria. No obstante, la unicidad y la unidad vienen juntas, y la unidad de la creación es parte de la unicidad de Dios, y la unicidad de Dios es parte de la unidad de la creación. Una mente entrenada en la separación no puede concebir esto, pues todo concepto nace de los pensamientos separados. A pesar de ello, la mente puede concebir un creador. Y una mente que puede concebir un creador, combinada con un corazón que anhela conocimiento y unión con ese creador, puede superar la necesidad de pensamientos separados provenientes del sistema de pensamiento del yo separado. Pero para esto debes entrenarte. Así comienza tu entrenamiento. Y comienza con una oración.

(19.18) Como dijimos al principio, orar es pedir. Pediste un estado de separación y te fue concedido. Ahora necesitas pedir el regreso de la unidad para que esto se cumpla. La condición o estado del ser desde donde pides necesita ajuste y por lo tanto entrenamiento antes de que puedas ser consciente de la respuesta que recibes. Está claro que puedes pedir aquello que no conoces. Éste no es el problema. El problema radica en quién es el que pide. El yo separado, aunque pueda pedir, difícilmente pueda creer o aceptar la respuesta. Es la falta de fe en la respuesta la que lo hace capaz de pedir. Ahora que estás empezando a dejar de lado el concepto de un yo separado y comienzas a creer en la posibilidad de una respuesta, tendrás más temor de pedir. Lo único que la oración aguarda es tu fe en el amor sin temor que siempre ha respondido.

(19.19) En el más profundo y oscuro caos de tu mente surge la posibilidad de la luz. Se parece a viajar en retroceso, o a la revisión de su vida que algunos experimentan luego de la muerte. Para recordar la unidad debes, en cierto sentido, retroceder hasta ella, deshaciendo en el camino todo lo que has aprendido desde que la conociste. Este deshacer, o expiación, ha comenzado, y una vez que ha comenzado no se detiene y, por consiguiente, inevitablemente ya se ha cumplido.

(19.20) Hermanos y hermanas en Cristo, no se impacienten ahora. Estamos camino a casa y lo único que anhelan es estar más cerca que antes. Hablar de “retroceder” los hará sentir impacientes, pero este “retroceso” no se asemeja en nada al que intentaron antes. Aunque en cierto sentido se les pide que revisen sus vidas, es la última revisión que se les requiere antes de abandonar el pasado por completo. Todos sus intentos previos de retroceder han sido como intentos de pagar una deuda que nunca se acaba. Este retroceso los dejará libres de deudas y, por lo tanto, libres de verdad.

(19.21) Este retroceso es un viaje sin distancia. No necesitas buscar, y de hecho no podrías, porque el pasado no mora en ti. Lo que necesitas hacer, en cambio, es procurarte un lugar de quietud desde donde aquello que necesita revisión pueda surgir como un reflejo surge de un lago. En este lugar, lo que necesita sanar emergerá brevemente a la superficie y abandonará las profundidades ocultas donde la luz no podía alumbrar y la sanación no podía llegar. Todo aquello que emerja para ser curado no necesita más que un gesto de amor de tu corazón, una mirada fugaz de compasión, un simple momento de reflexión antes de que se disipe y muestre un nuevo reflejo.

(19.22) En realidad, el retroceso se parece más a una reflexión que a una revisión, aunque si la piensas como una revisión de tu vida, no estarías errado. Se asemeja al juicio final, en cuanto discierne lo real de lo irreal, la verdad de la ilusión. A pesar de la similitud entre lo que esto produce y la descripción del juicio final, juzgar no es el fin ni el medio de reconocimiento.

(19.23) El propósito más sublime del que eres capaz en este momento es el cambio de percepción. Aunque nuestra meta última es pasar de la percepción al conocimiento, el primer paso para lograrla consiste en cambiar tus medios de percepción por los correctos. Tu disposición a aceptarme como maestro te ayudará a aceptar mi visión como la tuya y, por lo tanto, a ver correctamente. La forma en que te has percibido a ti mismo y al mundo hasta ahora no ha sido la correcta, y has comenzado a darte cuenta de ello. Es entonces un buen momento para tomar conciencia de que tu mente y su percepción pueden cambiar. Esto es necesario antes de que puedas mirar hacia atrás de una manera nueva y no cubrir el mismo terreno que ya has cubierto un millón de veces, hallando causas para la recriminación y la culpa. No se te pide que mires hacia atrás con actitud de juicio. Es precisamente lo opuesto lo que anticipará nuestro propósito de unir el corazón y la mente.

(19.24) El Espíritu Santo existe en la mente correcta y es, precisamente, el puente que te permite cambiar la percepción por el conocimiento. El conocimiento es la luz, y la única luz en la que puedes ver de verdad. No desearás unir plenamente tu mente y tu corazón en integridad hasta que veas con claridad. Uno de los propósitos de la distinción que has hecho entre mente y corazón es su capacidad para mantener una parte de ti sin culpa. Pase lo que pase, tu noción dividida de ti mismo te permite proteger y ocultar. La culpa siempre está en otro lado. La parte sin culpa de ti siempre está lista para redimir al yo lleno de culpa. Esta idea de autorredención es la responsable de mantener a la unión lejos de tus deseos. El concepto de que en la unidad no hay necesidad de culpa y, por lo tanto, tampoco de redención resulta inconcebible para la mente separada. Pero no para el corazón.

20. INTEGRIDAD – EL ABRAZO.

“El amor es la Fuente de tu ser. Fluyes del amor en un fluir infinito. Eres, por tanto, eterno. Eres inocente y puro porque fluyes del amor. Y lo que fluye del amor no cambia ni tiene fronteras. Eres ilimitado”.

(20.1) Tu anhelo ha arribado a un punto febril, a un ardor en tu corazón muy distinto de todo lo que has sentido antes. Hasta es posible que tu corazón sienta que se sale del pecho, que se extiende rumbo al cielo, que está a punto de estallar de deseo de unión, un deseo que no entiendes pero seguramente sientes.

(20.2) Éste es un llamado a entregarte a mi abrazo y recibir consuelo. Deja que tus lágrimas rueden y el peso que has cargado sobre tus hombros recaiga en los míos. Deja que arrulle tu cabeza junto a mi pecho mientras te acaricio los cabellos y te aseguro que todo va a estar bien. Toma conciencia de que éste es todo el mundo, el universo, la totalidad en cuyo abrazo literalmente existes. Siente la amabilidad y el amor. Embébete en la seguridad y el solaz. Cierra los ojos y comienza a ver con una imaginación que va más allá de pensamientos y palabras.

(20.3) Ya no eres un extraño que mira a los súbditos del reino. Tú eres el corazón del reino. La belleza del reino revelada. El hijo amado que se amamanta del seno de la madre tierra, un hijo de una madre innominada y más allá de todo nombre. Ningún “yo” reside aquí. Has abandonado la visión de tus ojos y el “yo” de tu ego. Eres libre de fronteras, no eres más una cosa bella, eres la belleza misma.

(20.4) La “cosificación” ha pasado y tu identidad ya no reside en la forma sino que fluye de la vida misma. Tu belleza es la reunión de átomos, el orden en el caos, el silencio en soledad, la gracia del cosmos. Nuestro corazón es la luz del mundo.

(20.5) Somos un solo corazón.

(20.6) Somos una sola mente. Una fuerza creativa que reúne los átomos, establece el orden, bendice el silencio, confiere gracia al cosmos, manifiesta la luz del corazón. Aquí vivimos como un solo cuerpo, experimentamos la comunión, el deleite del alma, en vez de la diferencia. Es un mundo sin fisuras, un tapiz donde cada hebra es vibrante y fuerte. Un cántico donde cada tono es puro e indivisible.

(20.7) Hemos regresado al abrazo, y ahora tus brazos me estrechan a mí, pues un abrazo, aunque puede comenzar con uno que estrecha a otro, concluye en la mutualidad, en el contacto compartido, la fusión de uno en otro. El abrazo hace uno de dos.

(20.8) Ahora comenzamos a ver con los ojos del corazón. Ya no miramos “fuera” sino miramos “dentro”. Todos los paisajes y horizontes se forman dentro del abrazo. Toda belleza reside en él. Toda luz se infunde y difunde en el abrazo. Dentro de él nuestra vista se aclara y lo que vemos es conocido en vez de entendido.

(20.9) En él, llega el descanso para la fatiga y la hace amablemente a un lado. El tiempo ha terminado y no hay nada que debas hacer. El ser reemplaza a la identidad y tú dices yo soy, yo soy, y no hay nada fuera de mí. Nada fuera del abrazo.

(20.10) Desde aquí tu vida se convierte en un sueño que no requiere que dejes tu hogar, tu lugar de seguridad y solaz. Eres acunado amablemente mientras tu espíritu remonta vuelo en sus sueños felices al fin. Mientras el amor te rodea con brazos que te sostienen, sientes el latido del mundo justo debajo de tu cabeza en reposo. Resuena en tus oídos y se mueve en ti hasta que no hay distinción. Somos el latido del mundo.

(20.11) Esta es la creación. Éste es Dios. Éste es nuestro hogar.

(20.12) Existimos en el abrazo del amor como las bandas de luz que forman el arco iris, indivisibles y curvadas hacia adentro la una sobre la otra. El amor crece desde dentro como un niño crece dentro de la matriz materna. Hacia adentro, hacia adentro, en el abrazo, la fuente de todo comienzo, el núcleo y la totalidad de toda vida. El todo existe sin perturbarse por lo que será. Es.

(20.13) El tiempo de las parábolas ha llegado a su fin. Te aguarda un nuevo tiempo sin tiempo. Nada es semejante a nada. La semejanza, como la cosificación, ha sido superada por la unidad. La unidad prevalece. El reino de Cristo está al alcance.

(20.14) Yo estoy vivo. Tú lo crees, de lo contrario no estarías aquí. Sin embargo no piensas en mí ni me imaginas viviendo. Cristo señorea en el reino donde vivo así como señoreó conmigo en la tierra. En el sepulcro de este mundo donde fue depositado mi cuerpo exánime, el Cristo en mí me regresó al abrazo. El latido singular del hombre Jesús ya no resonó. Mi latido fue el latido del mundo.

(20.15) Imagina un cuerpo en la caverna que fue sepulcro, la caverna en la tierra, la tierra en el planeta, el planeta en el universo. Cada uno acuna al otro. Ninguno es pasivo. Ninguno está muerto. Todos comparten el latido del mundo y reposan el uno en el otro, en el abrazo mutuo y dentro del abrazo del amor de Dios, de la creación de Dios, del latido de Dios. Este latido de Dios es la Fuente del mundo, el Alma del mundo, el Sonido del mundo en armonía, la existencia sin principio ni fin. Un abrazo. Nada menos y nada más, pues todo es todo. El uno es el uno.

(20.16) Ya no hay causa para la alienación ni para el sentimiento de abandono que muchos de ustedes han sentido. Estás ahora dentro del abrazo donde todas las heridas son curadas.

(20.17) El mundo no existe separado de ti, por lo que debes tener conciencia de tu conexión compasiva. El mundo no es una colección de edificios de cemento y calles pavimentadas, ni de personas de corazón frío tan dispuestas a hacerte bien como a hacerte mal. El mundo es tu lugar de interacción con todo lo que vive dentro de ti, compartiendo el latido único. El latido del mundo no existe aparte de Dios. Por lo tanto el latido del mundo está vivo y es parte de ti. Es a esta conexión del corazón que buscamos regresarte. A la conciencia de que el mundo no es una “cosa”, así como tampoco tú eres una “cosa”. Tu identidad es una y compartida con Cristo. Una identidad compartida es atributo de unidad. Una identidad compartida es una sola identidad. Cuando te identificas con Cristo te identificas con la identidad única. Cuando tomes conciencia de la unicidad de tu identidad serás uno con Cristo. Y Cristo es sinónimo de unidad.

(20.18) ¿Quién podría ser dejado fuera del abrazo? ¿Y quién, dentro del abrazo, podría estar separado y solo?

(20.19) ¿Has sentido alguna vez ganas de abrazar el mundo y reconfortarlo si pudieras? Puedes hacerlo. No con los brazos físicos, sino con los brazos del amor. ¿Acaso no has llorado alguna vez por la situación del mundo como llorarías por un niño que necesita amor? En ese momento, ¿no perdió el mundo su condición de “cosa”? ¿No perdió su carácter de “personal”? ¿Acaso no fueron derramadas tus lágrimas por aquello que vive y respira y existe junto contigo? Y tú, que derramaste las lágrimas, ¿eres un ser personal? ¿Una cosa? ¿Una masa de carne y hueso? ¿O, como el mundo por el que lloras, no eres una cosa ni un yo personal? Y cuando has exultado de gozo ante la belleza del mundo, ¿acaso no ha exultado éste junto contigo, devolviéndote gracia por gracia?

(20.20) ¿Es posible albergar un concepto de totalidad, del “todo”, y que éste no exista? ¿Y cómo podría existir sin incluirte? Ser uno con Cristo, hermanos y hermanas, no es más que la realización de este concepto. Tampoco es menos.

(20.21) Esta lección es tan complicada como ustedes quieran que sea. Pero para algunos puede ser simple, tan simple como darse cuenta de la unidad del abrazo. En el abrazo puedes dejar que todo pensamiento se vaya. Dentro del abrazo puedes dejar de pensar incluso en las cosas sagradas, los santos hombres y mujeres, los seres divinos y hasta Dios. El abrazo es sagrado en sí mismo. Como el amanecer y el crepúsculo. Como la menor de las aves es tan sagrada como el águila majestuosa. La brizna de hierba, el grano de arena, el viento y el aire, el océano y sus olas, todos viven por el latido universal y existen dentro del abrazo. Todo lo que imaginas es sagrado cuando lo imaginas con amor. Y lo que no puedes imaginar también es sagrado.

(20.22) La santidad es todo lo que existe dentro del abrazo. ¿Cómo podrías ser tú menos que sagrado? Tú existes en la santidad.

(20.23) El primer paso para recordar esta santidad es olvidar. Olvídate de que no te sientes santo y que el mundo no parece ser sagrado. Deja que tu corazón recuerde que tú eres santo y el mundo es sagrado. Mil cosas pueden apartarte del recuerdo. Pero olvidar las “cosas” te libera para recordar.

(20.24) Olvídate de tu yo y la memoria regresará a ti. Más allá de tu yo personal y de la identidad que le has dado está tu ser. Este es el rostro de Cristo donde mora todo ser. Esta es tu verdadera identidad.

(20.25) La gratitud es la naturaleza de tu ser. No podría ser de otra manera cuando el asombro y la magnificencia te rodean en el abrazo. Tu corazón canta en gratitud por todo lo que eres. Tú eres la belleza del mundo y la paz mora en ti.

(20.26) La paz es el fundamento de tu ser. No una paz que implica ausencia sino una paz que significa plenitud. La integridad es pacífica. Sólo la separación crea conflicto.

(20.27) El amor es la Fuente de tu ser. Fluyes del amor en un fluir infinito. Eres, por tanto, eterno. Eres inocente y puro porque fluyes del amor. Y lo que fluye del amor no cambia ni tiene fronteras. Eres ilimitado.

(20.28) El poder es la expresión de quien eres. Porque eres inalterable e ilimitado, eres todopoderoso. Sólo la falta de expresión conduce a la impotencia. Ninguna expresión auténtica es posible hasta que no sepas quién eres. Saber quién eres y no expresarlo con todo poder es resultado del temor. Conocer la seguridad y el amor del abrazo es no conocer causa de temor alguno, y por lo tanto desarrollar tu verdadero poder. Y el verdadero poder es el poder de los milagros.

(20.29) Los milagros son expresiones de amor. Puedes pensar en ellos como actos de cooperación. La santidad no puede ser contenida y está fuera de tus facultades ponerle límites. Sentir la santidad del abrazo es liberar su poder. Y aunque expresión y acción no son lo mismo, resulta esencial comprender la relación entre ambas.

(20.30) Las expresiones de amor son innumerables como las estrellas del universo, abundantes como la belleza, y con muchas facetas como las piedras preciosas de la tierra. Digo una vez más que igualdad no significa mediocridad ni uniformidad. Tú eres una expresión única del mismo amor que existe en toda la creación. Por lo tanto, tu expresión del amor es tan única como tu Ser. Es mediante la cooperación entre expresiones únicas de amor que la creación continúa y los milagros se convierten en sucesos naturales.

(20.31) La cooperación resulta natural cuando el temor ha sido rechazado. Durante mucho tiempo albergaste temor y rechazaste el amor. Ahora las cosas se han invertido. Esta inversión ha cambiado la naturaleza de tu universo y las leyes por las que opera. Las leyes del temor eran leyes de lucha, límites, peligros y competencia. Las leyes del amor son leyes de paz, abundancia, seguridad y cooperación. Tus acciones y sus resultados en un universo de amor serán naturalmente muy distintas de tus acciones y sus resultados en un universo de temor. Cuando elegiste el miedo, tú estableciste las leyes del universo. Las leyes del universo de amor fueron dadas por Dios.

(20.32) La aceptación de tu verdadero poder es aceptación de la autoridad que te da Dios a través de tu libre albedrío. Cuando rogué a mi Padre diciendo “pues no saben lo que hacen “, expresaba la naturaleza de mis hermanos y hermanas cuando su causa es el miedo. Cuando aceptas tu poder y la autoridad que te da Dios, sabes lo que haces. Permite que el temor sea quitado de esta área de tu pensamiento, para que puedas ver cómo se aplica la acción cooperativa. Mientras sigas teniendo miedo de tu propia capacidad para saber lo que haces, no puedes cooperar de manera plena.

(20.33) El resto del universo, que existe en un estado de libre albedrío compasivo, sabe lo que hace. No hay fuerzas opuestas que no estén de acuerdo respecto de su oposición. Los átomos no batallan. Las moléculas no compiten por el dominio. El universo es una danza de cooperación. Sólo se te pide que vuelvas a unirte a la danza.

(20.34) El abrazo te ha vuelto a poner a tono con el latido del corazón, con la música de la danza. No sabías lo que hacías ni sabías qué hacer sólo porque, debido al miedo, estabas fuera de armonía con el latido único. El mundo, el universo, es tu compañero, y ahora puedes escuchar la música que otorga gracia a todos tus movimientos, a todas tus acciones, a todas tus expresiones de amor. Aunque esto pueda parecer lenguaje metafórico, no lo es. Escucha y oirás. Oye y no podrás evitar regocijarte en la danza.

(20.35) Antes de este momento no eras capaz siquiera de imaginar que podías saber lo que hacías. Esperas tener momentos de claridad respecto de lo que haces en un determinado momento, respecto de lo que has hecho y de lo que esperas hacer en el futuro. Pero inclusive estos momentos de claridad son fragmentos. Rara vez tienen relación con el todo. El saber lo que haces proviene de existir dentro del abrazo. Sabes que cumples la voluntad de Dios porque eres uno con esa voluntad.

(20.36) La incertidumbre y la aflicción son reemplazadas por la esperanza. La esperanza es la condición del que comienza, de quien recién conoce que tiene un hogar dentro del abrazo. Es la respuesta que ante todo lo que acabas de leer dice: “Ah, si tan sólo fuese verdad. Si tan sólo pudiera ser verdad”. Observa la completa diferencia entre este “si tan sólo” y los “si tan sólo” de los que hablamos antes, los que provenían del temor. Si en estos “si tan sólo” depositaras la mitad de la fe que depositas en los “si tan sólo” del temor, toda la certeza de la que hablé sería tuya. 

(20.37) Saber lo que haces es saber en el momento presente. No se trata de hacer planes, sino de saber momento a momento quién eres y actuar a partir de esa identidad amorosa, y es saber que al hacerlo estás en armonía y disfrutas de la cooperación plena del universo entero.

(20.38) La esperanza es una manera de actuar como si el mejor resultado que puedas imaginar realmente ocurriese. La esperanza es estar dispuesto a aceptar el amor y la gracia y cooperación que fluyen del amor. La esperanza es estar dispuesto a pedir ayuda y creer que llegará. La esperanza es la razón por la que oramos y su resultado. La esperanza reconoce la bondad del universo y no tiene uso para las cosas. El servicio se invoca y se apoya tanto en lo animado como en lo inanimado. El servicio reemplaza al uso y el aprecio reemplaza a la insensibilidad con que se ejercía el uso.

(20.39) Todo servicio es cooperativo y se apoya en la creencia en el beneficio mutuo. Todo temor de que lo que es bueno para uno no lo sea para otro es reemplazado por una comprensión de que cada uno merece sus deseos. La noción de “cada uno” reemplaza a la condición de “cosa” pero no reemplaza la unidad. Todo temor de que lo que uno obtiene deja de estar disponible para los demás es reemplazado por la comprensión de la abundancia. Toda noción de tomar o conseguir es reemplazada por la de recibir. Y todo lo que se recibe es para beneficio mutuo de todos y no toma nada de nadie. No hay límites para el amor, por lo tanto no hay límites para lo que fluye desde el amor. Lo que beneficia a uno beneficia a todos.

(20.40) Recibir es un acto de mutualidad. Surge de una ley básica del universo expresada al decir que el sol brilla y la lluvia cae sobre el bueno y el malvado por igual. Todos los dones de Dios son otorgados por igual y se distribuyen en igualdad. Tu creencia en que no es así produce juicio. Todos los que creen tener “más” caen presa de la vanidad. Todos los que creen tener “menos” caen presa de la envidia. Ambos “caen” de la gracia y limitan su capacidad para recibir. No se recibe don alguno cuando todo don es juzgado. Aunque el don sigue siendo dado, el juicio cambia su naturaleza limitando su capacidad de servicio. Cuando uno siente que no puede “usar” un don, lo descarta. De esta manera, muchos de tus tesoros quedaron estériles.

(20.41) Lo que le ha sido dado a cada uno de ustedes es aquello que servirá a su propósito. Sus dones no pueden ser más perfectos, pues son expresiones del amor perfecto de su Padre por ustedes. Observen en lo profundo de su interior y sientan la alegría del corazón. No hubo errores cuando ustedes fueron hechos. Ustedes no tienen defectos. No están insatisfechos. No serían distintos de lo que son, excepto cuando se entregan a los juicios. Observen en lo profundo y verán que aquellas cosas que ustedes llaman imperfecciones son tan selectas y entrañables como todo lo demás.

(20.42) No serías distinto de lo que eres. Puedes saber que esto es verdad o puedes entregarte a fantasías, deseando lo que otro tiene o cierta clase de éxito, fama o riquezas que parecen imposibles de alcanzar. De todos modos, ya sea que sepas que es verdad o ya sea que no lo sepas, es verdad: No serías distinto de lo que eres. En esto residen tu paz y tu perfección. Puesto que no serías distinto de lo que eres, entonces eres perfecto. Esta conclusión es lógica para la mente y creíble para el corazón, y su aceptación es un paso hacia la integridad.

(20.43) Creer en tu perfección y en la ecuanimidad de tus dones trae paz, porque te libera de tratar de adquirir aquellas cosas de las que antes pensabas que carecías. Te libera del juicio porque sabes que tus hermanos y hermanas también son seres perfectos. Cuando comiences a verlos como tales, lo que recibirás de ellos es mucho mejor que cualquier cosa que antes desearas tomar de ellos.

(20.44) Tu pensamiento comenzará a cambiar para reflejar tu reconocimiento de la recepción. Recepción y bienvenida están estrechamente vinculadas. Hallarás que eres bienvenido a todos los dones que reconoces en tus hermanos y hermanas así como ofrecerás libremente los tuyos para servirles. Servir en vez de usar significa un enorme cambio en el pensamiento, el sentimiento y la acción. Convertirá inmediatamente al mundo en un lugar más amable y benigno. Y esto es sólo el comienzo.

(20.45) De todos modos, el servir es distinto de tus ideas de servicio. Estas últimas están vinculadas a tus ideas de caridad. La idea de caridad se basa en que unos tienen más y otros tienen menos. Debes, entonces, ser consciente de esta diferencia entre servir y servicio. Te ayudará si tienes presente que utilizamos la idea de servir para reemplazar la idea de usar, que es lo opuesto. Reemplaza la noción de tomar con la noción de recibir. Implica que eres bienvenido a todos los dones del universo y que éstos pueden derramarse, a través de ti, hacia los demás. Implica aceptación en lugar de resistencia. Que tu pensamiento y sentimiento cambien una expectativa de resistencia por una expectativa de aceptación es otro paso crucial en el camino a la integridad. Cuando tus acciones cambien de la resistencia y el uso a la disposición para servir y ser servido, no sólo te ayudarán a ti y a tu paz, sino también traerán la paz al mundo.

(20.46) Antes de que comiences a presentar resistencias ante la noción de que tú tienes algo que ver con la paz mundial, reconoce que has reaccionado naturalmente mediante la resistencia. Debes reemplazar tu disposición a creer en tu incapacidad y pequeñez por una disposición a creer en tu capacidad y grandeza. No recuerdes las preocupaciones de tu ego sino la calidez del abrazo del amor. No recuerdes tu identidad personal sino tu identidad compartida.

(20.47) Tus preocupaciones personales son preocupaciones que se te ha enseñado a creer que tienes. Son preocupaciones pequeñas que se encuentran entre las razones por las que crees en tu incapacidad para efectuar cambios en tu vida y, por cierto, en la vida más amplia del universo. Necesitas comprender que cuando piensas en tu vida personal, tus preocupaciones personales y tus relaciones personales te estás separando del todo. Son una cuestión de percepción, son cosas que tu mente ha sido entrenada para ver dentro de su alcance. Es como si hubieses acordonado una pequeña sección de la vida y dijeras: “éstas son las cosas que se relacionan con mi existencia y conmigo y son las únicas por las que debo preocuparme”. Aun cuando piensas en expandir tu visión, estimas que esa expansión no es realista. No puedes hacer todo. No puedes suscitar la paz mundial. Apenas puedes mantener en orden tus cuestiones personales. Tu esfuerzo por hacerlo es lo único que se interpone entre tú y el caos.

(20.48) Pero tu corazón tiene otro alcance y una visión diferente. Es visión desde el interior del abrazo, visión desde la perspectiva del amor. Es la visión de los moribundos que se dan cuenta de que nada importa excepto el amor. Esta toma de conciencia no proviene de la pena, el remordimiento ni la fantasía. Es la visión desde el abrazo, el regreso al latido único, el regreso a lo conocido. A este conocer lo puedes llamar sabiduría y puedes creer que es un ideal del pensamiento. Sin embargo, nada tiene que ver con el pensamiento, pues está más allá de él. No es sabiduría sino verdad. La verdad es aquello que existe. Lo falso es ilusión. El amor es lo único que importa, porque el amor es lo único que existe.

21. EL AMOR ES.

“Ahora podemos considerar al abrazo como el punto de partida de un lenguaje compartido por la mente, el corazón y todas las personas. Es un lenguaje de imágenes y conceptos que tocan el corazón único y la mente única”.

(21.1) El amor es.

(21.2) El amor es eterno, y todavía no captas su sentido ni el significado de la eternidad. Esto se debe a que como ser particular estás atado al tiempo. Pero aun en tu forma temporal puedes tener conciencia de lo eterno si abandonas tu particularidad. Esta particularidad tiene que ver con la masa, la sustancia, la forma. Tu ser está mucho más allá de tu confianza imaginaria en lo particular. Lo particular se refiere a partes, y partes es todo lo que ves. Te recuerdo lo que dije antes acerca de las relaciones: éstas existen más allá de los particulares. Y repito que la relación existe entre una cosa y otra y que es en la intersección de las partes donde se encuentra la santidad. Ya hablaremos de esto con más detalle, pero por ahora te regreso, mediante el abrazo, a la relación sagrada pero en forma más amplia.

(21.3) La relación sagrada en su forma amplia es la eternidad, la del abrazo. Si el abrazo es la fuente de todo, el latido único, entonces es la eternidad misma. Es el rostro del amor, su textura, sabor y tacto. Es el amor hecho concepto. Y es un concepto abstracto en vez de particular, aun cuando posee una estructura aparente que tu corazón puede sentir. Los conceptos que no puedes sentir con tu corazón no tienen uso para ti por ahora, pues su intención es la utilidad y no el servicio. Los conceptos que tocan tu corazón te sirven a través de este toque. También te ayudan a dejar atrás la necesidad de comparar, pues no hay necesidad de comparar lo que tu corazón puede sentir. Cuando tu corazón puede sentir, no necesitas que el juicio te señale la diferencia entre una cosa y otra. Por lo que puedes dejar de apoyarte en los ojos del cuerpo para distinguir lo verdadero de lo falso, lo real de lo irreal.

(21.4) El amor te apela por el corazón. Dios te apela por tu corazón. Tu corazón no ha estado abierto a las apelaciones del amor debido en parte a tu uso de los conceptos. A éstos los has utilizado para ordenar tu mundo y para ayudar a tu mente a registrar todo lo que hay en él. Tu mente no necesita esta ayuda. Comenzar a acuñar conceptos que toquen tu corazón liberará tu mente de su dependencia de los conceptos del pensamiento. Por lo tanto, permitirá que tu corazón y tu mente hablen el mismo lenguaje o se comuniquen de la misma manera.

(21.5) Existe una división entre el lenguaje de tu corazón y el de tu mente. Tu mente insiste en pensar y aprender de una determinada manera que es contraria al lenguaje de tu corazón. En consecuencia, como con dos personas de distintos países que hablan lenguas diferentes, hubo poca comunicación y mucho malentendido. Hay ocasiones en que el problema suscitado por la falta de un lenguaje común queda relegado, cuando las acciones necesarias bajo ciertas circunstancias demandan cooperación. Puedes verlo en tiempos de emergencia o crisis de cualquier tipo. Y así como dos personas de diferentes países que no se entienden entre ellas reducen las limitaciones del lenguaje cuando trabajan juntas, una temporaria solidaridad tiene lugar en la acción. En tiempos como éstos, dos extraños pueden reconocer que el corazón del otro es “el lugar correcto”. Este “lugar correcto” entre dos personas —así como entre la mente y el corazón— es el lugar donde no existe la división. La unificación de mente y corazón que arroja como resultado la acción correcta ocurre principalmente en situaciones de crisis debido a la falta de una lenguaje común. Puede considerarse, por lo tanto, que la formación de un lenguaje compartido ayuda a la unificación.

(21.6) Ahora podemos considerar al abrazo como el punto de partida de un lenguaje compartido por la mente, el corazón y todas las personas. Es un lenguaje de imágenes y conceptos que tocan el corazón único y la mente única.

(21.7) Aunque tenga como raíz un problema de lenguaje determinado por la percepción, el conflicto entre la mente y el corazón tiene también una razón adicional. Es un problema de sentido. La mente y el corazón interpretan el sentido de maneras diferentes. Por ahora no puedes comprender la enormidad de este conflicto ni lo que significa para ti, pero te aseguro que mientras tu mente y tu corazón interpreten el sentido de diferentes maneras no hallarás paz. En el pasado has aceptado estas diferencias como naturales. Observas que hay dos modos de ver una situación, incluso si no clasificas a un modo de ver o percibir como proveniente de la mente y a otro proveniente del corazón. Y aceptas el conflicto de este dualismo. Aceptas que tu mente ve una verdad y tu corazón ve otra, ¡y actúas de cualquiera de las dos formas! Actúas sin acuerdo ni resolución. Actúas sin unidad. Y como si fueses dos personas que actúan sobre una misma situación basándose en diferentes verdades, la continuación del conflicto es inevitable. No importa qué camino elijas, si el de la mente o el del corazón, no llegarás donde quieres ir hasta que no haya unidad. Puedes imaginarte tres caminos: uno que representa a la mente, otro que representa al corazón y un tercero que representa la integración. Ni el camino de la mente ni el camino del corazón, por sí solos, te llevarán donde va el camino de la unidad, y el viaje no será el mismo.

(21.8) La causa principal del conflicto entre la mente y el corazón es la percepción de diferencias de sentido interiores y exteriores. En circunstancias extremas se habla de conflicto moral; por ejemplo, un individuo sabe qué es lo “correcto” y sin embargo actúa de acuerdo con lo que es aceptado dentro de su comunidad. En instancias como ésta, se considera que el sentido interior y el sentido exterior de una misma situación son diferentes. Es fácil verlo en circunstancias extremas, pero es una situación que existe de manera constante y existirá en cada instancia hasta lograr la unidad. Hasta entonces, no comprendes que tú les das el sentido a todas las cosas y que no hay nada ni nadie exterior a ti que pueda decidir cuál es ese sentido.

(21.9) Por último, necesitas comprender que el sentido no cambia. Aunque sólo tú puedes decidir el sentido y aunque sólo una aproximación desde la integridad decide el verdadero sentido, la verdad es la verdad y no cambia. Por lo tanto, sólo la unidad te permitirá ver la verdad y proclamarla como tu descubrimiento y tu verdad así como la verdad universal. Ver la verdad te devuelve a la unidad y a la verdadera comunicación y comunión con tus hermanos y hermanas en Cristo. Tus hermanos y hermanas en Cristo es una expresión que simboliza la unidad de aquellos que conocen la verdad única.

(21.10) Conocer la verdad única no consiste en conocer determinado dogma o conjunto de hechos. Quienes conocen la verdad no se ven a sí mismos como acertados y a los demás como equivocados. Quienes conocen la verdad la encuentran por sí mismos mediante la unión de mente y corazón. Quienes conocen la verdad se convierten en seres de amor y luz que ven la misma amorosa verdad en todos.

22. LA INTERSECCIÓN.

“Al acceder a lo universal, ya no desearás lo personal. No obstante ello, descubrirás que aquello que consideras tu individualidad o tu singularidad queda intacta, pero es diferente de lo que imaginabas. Descubrirás que cumples un gran propósito y tienes una parte maravillosa en el gran esquema de las cosas. Al perder tu yo separado no te sentirás defraudado. Te sentirás libre”.

(22.1) Hablaremos ahora mucho más de la imaginación y, al principio, es posible que te resistas a esta instrucción. Muy a menudo se asocia el imaginar con el soñar despierto, la ficción o la sugestión, y todas estas funciones están prescritas para ciertas partes de tu vida y ciertos tiempos que consideras apropiados. Asegúrate, como yo te aseguro, que ahora es el momento apropiado, el tiempo esencial para esta actividad. Tus pensamientos acerca del imaginar y la imaginación cambiarán con tu cambio de perspectiva acerca del uso. Ya no usarás tu imaginación sino que la dejarás estar a tu servicio.

(22.2) Dejaremos que las imágenes nos sirvan como instrumentos de aprendizaje. Realzarán nuestro uso del lenguaje de manera tal que éste se convierta en el mismo para la mente y el corazón. Comenzaremos por referirnos al concepto de intersección como atravesar o traspasar, un entrecruzamiento que establece un compañerismo o relación. Ya hemos dicho que la relación no es una cosa ni la otra sino una tercera, pero todavía no hemos hablado de cómo esta relación aparece en la forma. Lo haremos ahora.

(22.3) Una primera imagen de esta idea es la de un eje. Una línea atraviesa un círculo y el círculo gira alrededor de ella, es decir, del eje. Imagina un globo terráqueo que gira en torno de su eje. Sabes que ese globo representa el planeta Tierra. Pero pocas veces te preguntas por la relación entre el globo terráqueo y el eje, aun cuando sabes que el eje permite que el globo gire.

(22.4) Una segunda imagen, de igual valor, es la de una aguja que atraviesa un material. La aguja es capaz de mantener unidas dos piezas de ese material. Y si hacemos pasar un hilo por el ojo de la aguja, puede unir muchas partes en formas muy distintas.

(22.5) Una aguja también puede atravesar algo como una cebolla, y al hacerlo traspasa varias capas. Este traspasar no tiene valor intrínseco desde el punto de vista de su propósito, pero nos da una imagen de línea recta que atraviesa no una sino muchas capas de otra sustancia.

(22.6) Suele considerarse a la intersección como una división en vez de una relación entre cosas. Las ilustraciones que acabamos de utilizar, en cambio, se concentran sobre la idea de atravesar en lugar de la idea de dividir, y ayudan a mostrar que incluso aquello que está dividido por la intersección permanece uno.

(22.7) La imagen de la intersección tiene simplemente la función de representar el punto en el cual el mundo se entrecruza contigo: allí donde tu camino se cruza con el de otros, donde las situaciones convergen contigo en la vida diaria, donde experimentas aquellas cosas que te hacen sentir o creer de determinada manera. En este punto de intersección no sólo encuentras la relación sino también el compañerismo. El compañerismo entre el eje y el globo terráqueo o entre la aguja y el hilo con el material puede verse con facilidad. En estos dos ejemplos, el compañerismo crea algo que antes no existía, proveyendo una función y propósito a cada uno. En el caso de la aguja y la cebolla, el compañerismo es menos evidente porque la función y el propósito no aparecen con tanta claridad. El compañerismo es entonces interpretado con una intersección productiva antes que una intersección a secas.

(22.8) El sentido también recibe una interpretación similar. Las intersecciones que crean función y propósito son estimadas como significativas. Las intersecciones que no parecen cumplir función ni propósito alguno son desestimadas como carentes de sentido. A la acción de atravesar, traspasar o entrecruzarse, por sí misma, no se le atribuyen consecuencias.

(22.9) Sin embargo, es este entrecruzamiento el que crea la intersección. Todas las cosas que están dentro de tu mundo y de tu día deben pasar a través de ti para adquirir realidad. Aunque puedas pensar que todo esto está fuera de ti, por favor, cuando lo pienses, utiliza las palabras que acabo de proveerte: todas las cosas que están dentro de tu mundo. En el momento en que se produce el entrecruzamiento, tú le asignas sentido a todo lo que existe dentro de tu mundo. El sentido que le asignas se convierte en la realidad del objeto al que le has asignado sentido. Ves tu propósito como el de asignarle sentido a aquello que se cruza contigo de una manera que estimas provista de propósito. Sin embargo, en el entrecruzamiento el sentido tiene lugar por sí mismo.

(22.10) Más aún, es la parte de ti a través de la que pasan todas las cosas que están dentro de tu mundo y tu conciencia de ellas la que determina el sentido que les das. Te pareces más a las capas de la cebolla que al globo, pues todo lo que está dentro de tu mundo necesita atravesar capas con la misma aparente falta de propósito.

(22.11) Durante un momento puedes pensar en el eje como un canal por donde se derrama la eternidad y en el corazón como aquel que permite el libre paso de todo aquello de lo que se te provee.

(22.12) Por contraste, la imagen de la intersección en capas te hace sentir como si hubiese fuerzas exteriores que te bombardean. Las fuerzas deben pasar por uno u otro de tus cinco sentidos, a los que puedes imaginar como capas, y no tienen otra vía de acceso. Deben, entonces, ser dirigidas. Con frecuencia gastas mucho esfuerzo en evitar que esas fuerzas penetren en tu corazón, el centro de tu ser. Las desvías utilizando tu mente, que puede ser considerada otra capa, para enviarlas a diversos compartimentos o, para seguir con el motivo de la cebolla, a una de las diversas capas de ti mismo. Estas capas protegen tu corazón y un alto porcentaje de ellas se dedican a la negación, a crear lugares donde las cosas entran y simplemente se quedan. “Cosas” que no son realmente cosas, sino todo aquello a lo que no le encuentras sentido. Puesto que crees que tu función es asignar sentido en vez de recibirlo, todo lo que consideras carente de sentido queda postergado, y todo lo que consideras más allá de todo sentido, también queda postergado. Puedes imaginarte como el creador de un diccionario inconcluso, y a todo aquello que dejas pendiente esperas algún día asignarle sentido.

(22.13) La categoría “sin sentido” puede incluir elementos de tu rutina diaria, encuentros casuales, enfermedades o accidentes; mientras que en la categoría “más allá del sentido” existe aquella relación que rompió tu corazón, el dolor, la pobreza, la guerra, los hechos que parecen alterar tu destino, la búsqueda de Dios. Cuando uso la expresión quedar postergado me refiero a que estas cosas no se han entrecruzado contigo y por lo tanto no has formado con ellas una relación ni has fundado un compañerismo.

(22.14) Aunque pasar por ti parecería implicar un punto de entrada y uno de salida, la relación establecida durante ese pasaje permanece. Así como el viento y el agua que pasan a través de un punto de entrada y salida tienen impacto y movimiento, también lo que pasa a través de ti le proporciona movimiento a tu viaje. Lo que pasa por ti es transformado por la relación contigo del mismo modo en que tú eres transformado por esa relación.

(22.15) Cuando te remueves de la posición de “dador de sentido”, dejas que las cosas sean lo que son y, por lo tanto, que te revelen naturalmente su sentido. Esto implica también renunciar a la idea de atrapar las cosas para retenerlas allí donde puedan ser examinadas bajo un microscopio, separadas de tu relación contigo o con cualquier otra cosa.

(22.16) Imagina que tú eres inmovilizado de esta manera para ser examinado aparte de todas las cosas que forman tu mundo. Quien desee saber algo de ti actuaría con más sabiduría si te observara tal como eres dentro de tu mundo. ¿Serías la misma persona en un laboratorio? ¿Sigues siendo quien eres cuando otra persona te toma en su mente y te asigna sentido?

(22.17) Has hecho de ti un laboratorio donde traes todas las cosas para examinarlas, someterlas a prueba, asignarles categorías y archivarlas. Este escenario te separa de todo lo que existe dentro de tu mundo. Todo tiene sentido de acuerdo con lo que significa para ti, no con aquello que es.

(22.18) Obviamente estamos hablando de dos clases de sentido. Primero hablamos de un sentido que implica encontrar la verdad. El segundo sentido al que nos referimos implica encontrar una definición, un significado personal. ¿Alcanzas a ver la diferencia?

(22.19) Aquello personal o individual es el “yo” que estamos dispersando. Piensa un momento en cómo cuentas una historia o informas los hechos que han tenido lugar dentro de tu vida. Personalizas. Es muy probable que informes acerca de lo que un determinado conjunto de circunstancias han significado “para ti”. Esta clase de pensamiento es el que se hace con el pequeño “yo”. “Yo vi”. “Yo sentí”. “Yo pensé”. “Yo hice”. El yo separado, personal, individual está en el centro de todas las historias. Más aún, uno no podría concebir la historia sin el “yo”. Sin embargo, es esto último lo que debes aprender y por eso lo proponemos como ejercicio.

(22.20) Comienza a imaginar que tu vida pasa a través de ti en vez de quedarse detenida en la intersección para que la examines. Comienza a imaginar que ves el mundo sin el énfasis en tu yo personal. Comienza a formar oraciones y a contar historias sin usar el pronombre “yo”. Al principio, esto puede parecer una despersonalización del mundo que lo vuelve menos íntimo. Te parecerá que reduces tu responsabilidad primaria de asignarle sentido a todo. En vez de resistirte a esto, trata de dejar de asignar sentidos. Comienza en forma simple. Ve de lo general a lo específico. Por ejemplo, cuando sales de tu casa por la mañana sueles pensar: “¡Qué lindo día!”. Esta oración significa que has tomado lo que te rodea y lo has juzgado. Es un lindo día “para ti”. El día tiene todos o casi todos los requisitos que encuentras placenteros en un día. Reemplaza dicho pensamiento por otros como: “El pasto es verde. Las aves cantan. El sol entibia”. Como un simple informe.

(22.21) Cuando se te pregunte: “¿Cómo estuvo tu día?”, responde hasta donde sea posible sin usar la palabra “yo” o “mi”. Deja de referirte a las cosas o las personas desde el punto de vista de la posesión, como “mi jefe”, “mi esposo”, “mi auto”.

(22.22) Esta remoción del “yo” personal es apenas un paso para regresar a tu conciencia de la unidad, un primer paso para pasar del sentido como definición al sentido como verdad. Aunque al principio te parezca extraño e impersonal, te aseguro que la sensación de impersonalidad será muy pronto reemplazada por una intimidad con el entorno como nunca has sentido antes.

(22.23) Esta intimidad te permitirá ver tu “ser” como una parte integral de todo lo que existe dentro de tu mundo en vez del pequeño e insignificante “yo” personal que sueles aceptar como tu “ser”. Al eliminar lo personal, accederás a lo universal. Y al acceder a lo universal, ya no desearás lo personal. No obstante ello, descubrirás que aquello que consideras tu individualidad o tu singularidad queda intacta, pero es diferente de lo que imaginabas. Descubrirás que cumples un gran propósito y tienes una parte maravillosa en el gran esquema de las cosas. Al perder tu yo separado no te sentirás defraudado. Te sentirás libre.

23. LA LIBERTAD DEL CUERPO.

“¿Y cómo podré graduarme en lo que otro va a enseñar y en lecciones que otro va a seleccionar? Tu vida debe convertirse en tu maestra, y tú en alumno aplicado. Esta es un currículo diseñado especialmente para ti y en el que sólo tú puedes graduarte”.

(23.1) El conocimiento y el amor son inseparables. Cuando te das cuenta de esto, te resulta obvio que el amor es la única sabiduría verdadera, la única comprensión, el único conocimiento auténtico. El amor es el gran maestro. Y tus relaciones de amor, el medio para el aprendizaje del amor.

(23.2) Las lecciones aprendidas del amor calmarán con mucho lo que reste de tus miedos acerca de la pérdida de individualidad que tú crees que acompañará la pérdida del yo separado. Pues, como cada uno de ustedes ha descubierto cuando se han amado, cuanto más amas y anhelas poseer a una persona, más te das cuenta de que la persona amada no puede ser poseída. En una relación de amor hay búsqueda de conocimiento y, si los participantes de la relación están dispuestos, hallazgo de conocimiento. De todas maneras, la otra persona de la relación trasciende el conocimiento completo. Lo que se conoce es la relación en sí. Aunque está en tu naturaleza el buscar más, también está en la naturaleza de la vida el existir en relación y conocer a través de la relación. Así es como el conocimiento se produce. Conocer a través de la relación no es una segunda opción. La vida es así. El amor es así.

(23.3) Del mismo modo, cuando tu compañero o compañera en el amor trasciende todo conocimiento, “es así”. Así es como debe ser. El amor inviolado. Cada uno de ustedes es amor inviolado. Sin embargo, en la relación pueden ser capaces de “leer los pensamientos del otro”, percibir el más leve cambio de ánimo, terminar las oraciones del otro. Sabes que la otra persona daría su vida por ti, estaría dispuesta a brindarte ayuda cuando la necesites, compartiría cada uno de tus temores y alegrías.

(23.4) El amor que no es de pareja también comparte el conocimiento a través de la relación. El ser amado puede estar en otra parte del mundo, separada por la distancia, por elecciones de la vida o por heridas del pasado. Sin embargo, la relación continúa.

(23.5) Tanto en las relaciones de amor que son de pareja como en las que no lo son, al único que conoces, el único que no trasciende el pleno conocimiento, es tu Ser.

(23.6) Lo mismo vale para tu relación con Dios. Como en cualquier relación de amor, el deseo de conocer a Dios puede ser intenso. Aunque Dios trasciende el conocimiento, tu relación con Dios es el medio por el cual conoces tanto a Dios como a tu Ser.

(23.7) Permíteme recordarte una ayuda crucial para el aprendizaje que mencionamos hace unas páginas: No serás otro que quien eres. No importa cuánto crezca tu amor por otra persona, ese amor no te hará desear ser la otra persona, sino a querer una relación con la otra persona. Esto debería decirte mucho acerca de la naturaleza del amor.

(23.8) Cuando estás obsesionado por el amor, puede que desees que la otra persona sea como tú, pero rara vez sucede lo contrario. Esto es lo que te ha llevado a construir a Dios a tu imagen y a tratar de hacer lo mismo con respecto a los demás. Sucede cuando te ves a ti mismo como una imagen en vez de un ser que existe en relación. Proviene del ego y no del verdadero Ser.

(23.9) Lo que anhelas es la reunión. Pero reunión también es relación, porque la unión lo es. Imagina una muchedumbre en una sala pequeña. Eso no es relación. Cuando te sientas tentado a pensar en la relación como proximidad física, piensa en este ejemplo. Imagina ahora comunidades de fe. Alrededor del mundo hay personas unidas por sus creencias, y no sólo por sus creencias religiosas. La ideología, la política y la profesión también unen a las personas, y para fomentar la idea de unidad a través de las creencias compartidas se forman “partidos” y “asociaciones”. No son necesarias, como lo demuestra la realidad de que sólo se forman con posterioridad a los hechos. La creencia suscita la forma y luego la forma suscita la creencia.

(23.10) Esto también es verdad respecto del cuerpo. Resultará claro si piensas en el uso de la palabra cuerpo. El cuerpo político. Un cuerpo de conocimientos. La creencia suscita la forma y luego la forma suscita la creencia. Por ende, creencia y forma mantienen una relación simbiótica. Comprender esta relación de amor te ayudará a vivir la libertad del cuerpo, que es una extensión, en la forma, de tu creencia en un “yo” personal.

(23.11) La creencia suscita la unión. La unión no suscita creencia porque en la unidad ya no es necesario creer. La creencia suscitó la unión de átomos y células en la forma requerida por la creencia en el yo separado. Otra clase de creencia puede suscitar la creación de otra clase de forma.

(23.12) Si la forma es una extensión de la creencia, puedes entonces ver por qué lo que crees resulta crucial en el modo en que vives con la forma. Hablamos de maneras de pensar similares a aquellas que tú llamas inducción y deducción. En el pasado, por lo general los ejercicios comenzaron con una alteración de tus creencias respecto de la forma. Aquí optamos por un abordaje diferente, que comienza con ejercicios para alterar la creencia en tu identidad y concluye con ejercicios para alterar tu creencia en la forma. El abordaje es coherente con nuestro enfoque principal, que es aprender con el corazón. La mente va de lo pequeño a lo grande, el corazón va de lo grande a lo pequeño. Sólo la integridad ve la conexión entre todo.

(23.13) Repito: otra clase de creencia puede suscitar la creación de otra clase de forma. Para hacerlo, el único requisito es una creencia con plenitud de corazón en la verdad de tu Ser. Es lo único necesario ahora. Cambiará el mundo.

(23.14) Otra clase de creencia, de eso se tratan los milagros. De eso se trata que tú seas un hacedor de milagros. Que tú cambies tus creencias es el milagro que buscamos, el resultado que procuramos en este curso.

(23.15) Obviamente, la creencia en quién y qué eres es la base sobre la que te fundamentas, un fundamento previamente construido sobre el temor. Queda claro que la creencia en el cuerpo se tradujo en creencia en la validez del miedo. Cuando te libras de esta percepción errónea, de esta creencia equivocada, tu cuerpo queda liberado. Ya no será un objeto de uso sino un medio de servicio.

(23.16) Liberar a la percepción de tu casi inmutable creencia en la forma permitirá todos los cambios de forma requeridos por el milagro. La forma no es una constante sino un resultado. Si bien tú crees que la creencia es resultado de la forma, no lo es. La forma es resultado de la creencia. Por lo tanto, la creencia no sólo es capaz de cambiar la forma sino también necesaria para poder hacerlo.

(23.17) La historia ha demostrado que aquello que crees posible, es posible. La ciencia ha demostrado el vínculo entre el investigador y los hallazgos de la investigación. Aun así, te cuesta aceptar que lo posible depende de lo que tú imaginas como posible. Necesitas dejar de ver la dificultad para comenzar a ver la facilidad con que lo que puedes imaginar se convierte en realidad.

(23.18) No tienes facultades que no te sirvan, porque fueron creadas para servirte. La capacidad de imaginar es una de esas facultades, dispensada libremente a todos por igual. La imaginación está vinculada con la visión genuina, pues ejercita las facultades combinadas del corazón y la mente. Es afín a la percepción y puede indicar el camino al cambio del modo en que te ves a ti mismo y al mundo que te rodea.

(23.19) Allende la imaginación está la chispa que te permite concebir lo que nunca fue concebido antes. Esta chispa es la inspiración, la infusión del espíritu. Si repasamos la creación, éste sería su recorrido: el Espíritu precede a la inspiración, la inspiración precede a la imaginación, la imaginación precede a la creencia, y la creencia precede a la forma.

(23.20) El espíritu es tu vínculo más directo con la Fuente. El espíritu proviene directamente de la Fuente, mientras que la forma es un resultado del espíritu. Por lo tanto, la forma se halla más alejada de la Fuente. Sin embargo, para desandar el camino, la forma que tú has creado es todavía un paso necesario para el regreso a la Fuente. El paso necesario es el de ir más allá de la forma: reconocer a la forma por lo que es y continuar desandando el camino para cambiar la creencia, para permitir que la imaginación te sirva y el espíritu te llene.

(23.21) Entonces podrás seguir hacia adelante, llevando la forma más allá de sus parámetros establecidos y convirtiéndote en un hacedor de milagros.

(23.22) El cuerpo abarca o contiene la creencia. Es una composición de tus creencias, de la totalidad. Continuará albergando creencias anteriores al mismo tiempo que creencias nuevas, hasta que las viejas creencias sean depuradas. Esta depuración de antiguas creencias deja espacio libre para las nuevas. Permite que tu forma refleje quién y qué eres ahora, para que coincida con el “tú” que siempre has sido.

(23.23) No existe una vía rápida para depurar creencias, pues es el más individual de los logros. Así como aprendiste tus creencias, ahora debes desaprenderlas. Cuando comienzas este proceso te sientes puesto a prueba. No estás siendo probado, sino recibiendo oportunidades para desaprender. La única manera de depurar una creencia es aprender que ya no te sirve.

(23.24) Estas oportunidades de aprendizaje invitan a un período de compromiso con la vida. Muchos de ustedes comenzarán a notar oportunidades de desaprender aun cuando el estudio de este Curso los haya vuelto hacia el interior y llevado a desentenderse de la vida. Sin embargo, no será posible evitar un período de compromiso con la vida, y cualquier intento de evitarlo sólo resultará en una intensificación de los sentimientos generados por experiencias de dualidad. Mientras albergues creencias conflictivas en tu interior, tendrás conflicto y te verás afectado por la polaridad. El desaprender te permite depurar viejas creencias de modo que un solo conjunto de creencias resulte operativo en tu vida. Es el único camino hacia la certeza que buscas, el que te conduce a una convicción genuina. Y no es posible arribar a la convicción genuina sin pasar por la experiencia de desaprender y purgar.

(23.25) Toda oportunidad de desaprender es una oportunidad para el milagro. No existe un método para identificar una oportunidad de desaprender. Te aseguro que de aquí en adelante todas las experiencias lo serán hasta que ya no haya necesidad de desaprender. Si recuerdas que el único ejercicio para tu mente es dedicar todo pensamiento a la unión, tu mente se mantendrá comprometida y se resistirá menos a desaprender. Cuando sientas resistencias —y por supuesto que tu mente se resistirá a desaprender lo que le ha costado aprender— regresa a tu dedicación a la unión. Reconoce la resistencia de tu mente como un signo de que el proceso de desaprender se está llevando a cabo. Reconócela pero no te involucres en ella.

(23.26) ¿Qué sucederá cuando contemples cada situación como un desafío a tus creencias? Si no recuerdas que estás comprometido con un proceso de desaprender que desembocará en la convicción que por tanto tiempo has buscado, te sentirás puesto a prueba e intentarás tener el control de la situación de aprendizaje. Sin embargo, la clave para desaprender es no tomar el control. Lo que tú llamas tener el control es simplemente otra manera de decidir actuar de acuerdo con viejas creencias. Mientras pretendas mantener el control, las viejas creencias no serán depuradas.

(23.27) Tratar de ejercer el control sobre las situaciones de aprendizaje es un reflejo de la creencia en que no tienes nada que aprender. Tanto para desaprender como para aprender algo nuevo se necesita una actitud de apertura. El control es lo opuesto a la apertura. La maestría llega a través del proceso de desaprender y aprender lo nuevo. Es otra forma de decir lo que te fue recomendado en Un Curso de Milagros: renuncia a ser tu propio maestro. El deseo de controlar es deseo de seguir siendo tu propio maestro o de elegir tus maestros y situaciones de aprendizaje. Ninguna de las dos cosas puede suceder si en verdad has de elegir cambiar tus creencias y avanzar hacia lo nuevo o la verdad.

(23.28) Para añadir otro punto de vista, este proceso tiene mucho en común con el perdón. La acción asociada con él lo eleva a un nivel similar al de la expiación. Es un deshacer acompañado de un nuevo hacer. En el proceso de desaprender tienen lugar tanto el perdón como la expiación. Reconoces que tus falsas creencias fueron resultado de un aprendizaje erróneo. A medida que el desaprender es reemplazado por un nuevo aprendizaje, el juicio desaparece y queda establecida tu inocencia. ¿Puede acaso un niño ser culpable cuando aún no ha aprendido lo que necesita para la acción correcta?

(23.29) Puedes preguntarte: ¿cómo voy a aprender lo que antes no aprendí? ¿Cuáles son las lecciones? ¿Cuál es la currículo? ¿Cómo sabré cuando haya alcanzado un objetivo de aprendizaje? ¿Y cómo podré graduarme en lo que otro va a enseñar y en lecciones que otro va a seleccionar? Tu vida debe convertirse en tu maestra, y tú en alumno aplicado. Éste es un currículo diseñado especialmente para ti y en el que sólo tú puedes graduarte. Sólo tus experiencias en la vida han producido el aprendizaje que has acumulado y traducido en creencias. Sólo tus experiencias en la vida revertirán el proceso.

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Parte 3.- Un Curso de Amor.

UN CURSO DE AMOR.- Por Mari Perron.
10. USO Y COMPRENSIÓN.
“Has llegado a una puerta, has cruzado un umbral. Lo que tu mente todavía niega, no lo niega tu corazón. Un pequeño destello de memoria se ha filtrado hasta ti y no te abandonará al caos que prefieres”.

(10.1) En primer lugar, consideremos aquello que el cuerpo habría de usar. Aunque te sientes esclavo de él y bajo el yugo de su control, ¿qué podría controlar? ¿Cómo podría impulsarte a hacer cosas que no eliges hacer? Aprende bien esta lección, pues en ella reside la cura de toda enfermedad y la esperanza de toda salud. ¿Cómo puede ser que el cuerpo parezca decirte lo que sientes y te lleve a actuar en concordancia con sus sentimientos? En sí mismo, el cuerpo es neutral. Pero mientras tú le atribuyas la posibilidad de darte placer, también te traerá dolor. No puedes elegir el uno sin el otro, porque la elección es la misma. El cuerpo es una herramienta que tú usas para mantener la ilusión de la separación. Su aparente poder se debe a que tú crees depositar poder en él. Pero lo que tú has hecho no puede ser investido del poder de la creación sin que tú te unas a él. ¿Acaso puedes estar vinculado a algo en un grado mayor que el vínculo con tu propio cuerpo? Si no estás unido con esta presencia que llamas hogar, ¿cómo puedes estar unido con otros?

(10.2) Necesitamos regresar ahora al concepto de relación, pues el pensamiento de cuerpos unidos de manera más íntima que la unión que sientes con el cuerpo que llamas propio es francamente ridícula. La unión ocurre en la relación, no en la forma física. La unión no es la abolición de una cosa para construir otra; la unión hace que cada una de ellas sea plena, y en esa plenitud sea una con todas las demás. Esta clase de unión nunca dejó de existir, pero mientras tú no te des cuenta de que existe, sus beneficios quedan fuera de tu alcance. Ahora bien, por más que lo desee, que yo te diga acerca de la verdad de tu existencia no es suficiente para que tomes conciencia de lo que por tanto tiempo has escondido de ti. Yo sólo puedo decirte hacia dónde mirar a fin de ahorrarte los incontables años de buscar la verdad donde no está, si tan sólo buscases donde yo te lo pido.

(10.3) Hay aspectos de lo que te digo que estás dispuesto a asumir de manera inmediata y otros que no comprendes o que esperarías un poco antes de llevarlos a la práctica. Sin embargo, lo que en verdad no comprendes es la plenitud. Todas las cosas existen como una totalidad, incluso el sistema de pensamiento que has construido para proteger la ilusión. Tu sistema de pensamiento es coherente como sistema, pero al mismo tiempo está lejos de la verdad. No puedes abandonar algunas partes y retener otras, pues al retener una parte, retienes el todo. Esto sólo lleva al aparente fracaso del aprendizaje. Es imposible que fracases en aprender aquello que Dios quiere enseñarte, pero no puedes aprenderlo por partes. El sistema de pensamiento de la verdad es tan coherente como el sistema de pensamiento de la ilusión, no puedes tomar lo que deseas y dejar el resto. Por lo tanto, continuaremos señalando las diferencias entre ambos sistemas de modo que tus ideas vayan cambiando hasta el momento en que tu corazón tome la delantera y realice las elecciones que necesitas hacer. Tu corazón —que no debes confundir con el órgano que bombea sangre al cuerpo, sino identificar como el centro de tu ser— no posee un sistema de pensamiento aparte del tuyo y debe existir en la realidad donde crees estar.

(10.4) Toda transformación comienza en la fuente, y esto es tan cierto respecto de la verdad como de la ilusión. Ves tu cuerpo como tu ser, y tu ser como la fuente de todo lo que has hecho y sentido a lo largo de tus días sobre la tierra. Sin embargo, tu verdadera fuente se encuentra en el centro de tu Ser, el altar a tu Creador, el Ser que compartes en unión con Cristo. Cristo es la “parte” de Dios que reside en ti, no de forma separada sino en la eterna totalidad en la que tú y Dios existen juntos.

(10.5) Para todos aquellos que han viajado durante mucho tiempo, así como para quienes recién comienzan, el abandono del cuerpo como hogar y fuente constituye el mayor obstáculo para superar. A medida que observas el cuerpo y te atreves a pensar en una vida sin él, te topas una y otra vez con su realidad. Cuando la conciencia de él comienza a abandonarte es cuando comienzan a acosarte los dolores de cabeza, de espalda y otras aparentes afecciones. Éste es el yo separado que has construido y que te llama de regreso al cuerpo para demostrarte que es insuperable. Llegado este punto, muchas personas intentan no prestar atención a estas afecciones como una manera de vencerlas con el pensamiento, pero cuando el éxito tarda, acaban viéndolas como evidencia de su apego al cuerpo. Es necesario cuidarse de las pretensiones de alejarlas con el pensamiento para poner milagros en su lugar. Este deseo sólo demuestra que no conoces la fuente de curación y, por lo tanto, no estás listo para ser sanado.

(10.6) Que todavía no estés preparado no significa que no vayas a estarlo, así como perder una cosa no significa que ésta haya dejado de existir. Sin embargo, tu yo separado buscará todas las pruebas posibles del fracaso y con la mayor prontitud se encargará de indicarte que es inútil tratar de ser algo distinto de lo que eres: un cuerpo. Esto es un “hecho”, susurrará constantemente en tu oído, y la mentira que busca hacerte creer tornará imposible el aprendizaje. Escuchas esa voz porque ha sido tu compañía permanente en la separación, sin darte cuenta de que su enseñanza es precisamente ésa: la separación. Debes saber que mientras le adjudiques méritos a lo que te dice, intentará interferir todo el tiempo.

(10.7) Piensa en otra persona, un maestro o maestra cuya “voz” escuchas a lo largo del día. Ya sea que desees o no desees oír esta voz, ya sea ésta sabia o necia, la mera repetición de esta voz la conserva en tu memoria. Esta voz puede decirte: “Párate firme”, o “Eres especial”, o “Nunca llegarás a nada”. Tal vez muchos de ustedes hayan recurrido a la terapia para tratar de acallar los mensajes negativos que oyen y, tras mucho esfuerzo, lograron reemplazarlos con mensajes de naturaleza más positiva. ¡Y esto sólo con los mensajes de una fuente externa! Tus propios pensamientos son mucho más persistentes e insistentes que éstos. Han estado contigo por mucho más tiempo. Desalojarlos requiere atención.

(10.8) No te digo esto para desmoralizarte, sino para alentarte a que no te rindas. Tu propósito es el más sagrado de todos y el cielo en su totalidad está contigo. Lo único que necesitas es estar continuamente dispuesto. Lo único que puede llevarte al fracaso es rendirte. Te doy estos ejemplos para que sepas que no será fácil, pero también te digo que no será difícil si recuerdas que lo único que se necesita es tu buena disposición. Cuando tu yo separado te susurre: “Tu cuerpo es un hecho”, sólo necesitas decirte: “Todavía estoy dispuesto a creer de otra manera”.

(10.9) Necesitas también ser consciente de tu deseo de recompensa. A medida que te sientes más cerca de Dios y de tu verdadero Ser, mientras crece tu conciencia de ti mismo como una persona “buena” y que aún trata de mejorar, comenzarás a buscar tus recompensas. Más adelante podrás recordar esos momentos con una sonrisa debida a la inocencia de esos deseos que sólo revelan que estás en el comienzo del aprendizaje. Querer una recompensa por la bondad, por tus esfuerzos, por estar más cerca de Dios que tu hermano o hermana, es un deseo del yo separado, que quiere algo para sí mismo y por su esfuerzo. Ésta es una etapa por la que todos atraviesan, aunque algunos se quedan en ella por más tiempo. Tú permanecerás allí hasta darte cuenta de que la bondad está en todos y que no puedes obtener más gracias de Dios que tu hermano. Permanecerás allí hasta que te des cuenta de que Dios ya les ha dado todo a todos.

(10.10) Una vez más, afirma tu buena disposición, tu voluntad de creer que tienes todo lo que necesitas a pesar del “hecho” de que no lo parece. Esta buena disposición es todo lo que necesitas para atravesar esta etapa y pasar a la siguiente. El hecho de que Dios no te conceda cualquier deseo que se te ocurra debería alentarte, pues éstos no son todavía tus deseos auténticos, y las recompensas que recibirías aquí son como polvo comparadas con aquellas de las que serás consciente al avanzar.

(10.11) Hablemos entonces de los milagros. En términos simples, los milagros son la consecuencia natural de la unión. La magia es el intento de realizar milagros “por tu propia cuenta”. En las primeras etapas de tu aprendizaje, te sentirás tentado a jugar a creer. No creerás que tú no eres tu cuerpo, pero pretenderás que no lo eres. Luego te sentirás tentado a creer que debido a que tú no eres un cuerpo, puedes hacer de cuenta que no sientes ese dolor de cabeza ni frío en un día de invierno, y esto hasta puede llevarte a sentir menos dolor o menos frío. Este engaño es bienvenido por tu yo separado, pues él sabe que pretender una cosa no la convierte en realidad.

(10.12) Estos intentos de engañarte a ti mismo se basan en tu falta de entendimiento antes que en tu falta de fe. No estarías leyendo si creyeses que tú eres tu cuerpo y nada más. Sabes hace mucho que eres más que carne y hueso. Creer no es tu problema. Tu problema es comprender. Crees en Dios, pero no comprendes a Dios. Crees en mí, pero no entiendes cómo es que estas palabras surgen de mí. Crees en el cielo y en una vida después de la muerte, pero no comprendes qué son ni donde están. Y creer en algo que no comprendes te hace sentir como si te estuvieses engañando. Quieres creer, y crees. Pero también te gustaría tener “certeza” acerca de lo que crees. Lo conveniente de creer en Dios, en mí, en el cielo y en una vida después de la muerte es que no piensas que algo aquí pueda desengañarte. Si estás equivocado, simplemente te pudrirás después de la muerte y nadie se dará cuenta de tu equivocación. Si estás equivocado, por lo menos creíste en algo que te dio consuelo y que, a fin de cuentas, no le hizo daño a nadie.

(10.13) Sin embargo, esto no es tan fácil cuando se trata del concepto de que no estás separado. La única cosa que te cuesta creer es que estás unido, aquí y ahora, a tus hermanos y hermanas. Una cosa es creer en Dios sin comprenderlo, y otra muy distinta es creer en la unión con tu prójimo sin comprender ni a la unión ni a tu prójimo. Dicha creencia no te traerá necesariamente consuelo. ¿Qué pasaría si crees en la bondad de tu prójimo y esa creencia acaba en un desengaño? ¿Qué pasaría si confías y acabas defraudado? ¿Qué pasaría si resulta que no eres más que un ingenuo y te toman por un tonto? ¿Y si estás equivocado?

(10.14) Sientes un temor similar cuando consideras abandonar tu creencia en el cuerpo. Creer que tú no eres tu cuerpo mientras caminas en él es bastante distinto de creer en Dios. Todas las pruebas parecen estar en contra. Todas las pruebas que te proveen tus ojos y oídos, y también la ciencia, parecen decirte que tú eres tu cuerpo. Inclusive la historia parecería apoyar esta afirmación cuando te dice que Jesús murió antes de resucitar como espíritu.

(10.15) Vengo a enseñarte una vez más por qué fui la vida ejemplar. ¿Crees que cuando caminé la tierra fui un cuerpo? ¿O crees que yo era el Hijo de Dios antes de nacer con forma humana, mientras existí con forma humana, y después de resucitar? Con razón a esto se le llama el misterio de la fe: Cristo ha muerto, Cristo ha resucitado, Cristo volverá. ¿Qué falta en este credo? Cristo nació. En ningún lugar del misterio de la fe se dice que Cristo se convirtió en un cuerpo.

(10.16) De ninguna manera se te ha dicho que el cuerpo no existe, sino simplemente que tú no eres él. Como todas las herramientas que has construido, es también una ilusión, porque no tienes necesidad de herramientas. Pero mientras creas que las necesitas, será muy real. Dejar de lado el cuerpo no es una elección que debas realizar. A medida que tu proceso de aprendizaje avance, verás que es posible, pero existen muchas razones para no hacerla. En este momento, todo lo que se te pide es que veas a tu cuerpo tal como es, tanto desde la perspectiva del fin para el cual lo has hecho, como desde la perspectiva de cómo puedes utilizarlo ahora para el bien de todos.

(10.17) Para muchos la opción parece haber sido: “¿Prefieres ser correcto o ser feliz?” Solamente al ego se le puede ocurrir optar por la corrección antes que la felicidad. Cuando observas tu cuerpo, observa también sus acciones desde la perspectiva de las elecciones que has hecho. Pregúntate: “¿Qué elección puede haberme llevado a esta situación?” Pues antes de los hechos, siempre habrá una elección. Nada le sucede al Hijo de Dios por accidente. Esta observación te ayudará a tomar la responsabilidad de tu vida nuevamente en tus manos, el lugar que le pertenece. No estás desamparado ni sometido al capricho de fuerzas que están más allá de tu control. La única fuerza que está más allá de tu control es tu mente, y esto no tiene por qué ser así. Cuando comiences a preguntarte qué elección puede conducirte a la felicidad en lugar de esto, comenzarás a notar una diferencia en la respuesta de tu cuerpo a las que parecen ser circunstancias exteriores, y luego un cambio en estas circunstancias exteriores también.

(10.18) Es posible que tu mente aún prefiera la corrección a la felicidad. De allí la importancia de que permitas que tu corazón dirija esta opción. Cuando te encuentres en una situación que no te gusta, ofrece una vez más tu buena disposición para encontrar algo de felicidad en ella. Estas instrucciones dadas a tu corazón comenzarán a marcar una diferencia en tu estado mental.

(10.19) Lo que tú llamas estado mental se parece más a una atmósfera general, un clima, un estado de ánimo, que se decide con el corazón. A los pensamientos de tu yo separado le importan poco estas cosas y las considera irrelevantes para su bienestar. Sólo le interesa sobrevivir tal como está. Y por esto no entiende la necesidad de techo y comida, sino la supervivencia del sistema de pensamiento del yo separado. La felicidad no es su prioridad, sino lo correcto. Prefiere lucir serio y preocupado en vez de alegre y desenvuelto. Tomar la vida con seriedad es una de las estrategias más importantes del yo separado, pues cree que la seriedad es necesaria para mantener la separación. El gozo constituye la mayor amenaza para él, pues proviene de la unión y refuerza el atractivo de la unión a expensas del atractivo de la separación.

(10.20) No te das cuenta de cuán rápido el yo separado corre a sabotear todo movimiento que te aleja de la separación y te acerca a la unión. Muchos ya han reconocido que minimizan sus chances de felicidad y maximizan sus chances de infelicidad mediante las elecciones que hacen. Recuerdan con nostalgia tiempos de felicidad y se preguntan qué salió mal, por qué no pudieron mantener ese estado. Pueden haber existido muchas razones prácticas para desechar la felicidad, pero en la soledad que sigue a su pérdida te preguntarás, al menos por un instante, por qué fue necesario elegir la practicidad. Sin embargo, cuando el yo separado mira hacia atrás y ve que eligió lo correcto en lugar de la felicidad, se congratula diciendo: “Hice lo que debía hacer”. Lo verá como un triunfo sobre los necios sueños de felicidad y se sentirá satisfecho de haber entrado en razón antes de que fuese demasiado tarde.

(10.21) Cada uno es consciente de un umbral que, una vez cruzado, no permite el regreso. Ese umbral suele ser una felicidad tan plena que cuando la experimentamos nos decimos: “Nunca volveré a lo de antes”. En otras ocasiones suele ser una experiencia de sufrimiento tan grande que preferirían morir antes de continuar así. Los adictos también eligen un umbral, pero con una actitud diferente. Luego de experimentar el olvido del yo separado por medio de las drogas, el alcohol, el trabajo constante o las compras compulsivas, se rehúsan a regresar a la realidad del yo separado. Si no pueden abandonarla, la bloquean. Ante este umbral, muchos eligen retroceder. Se niegan a sí mismos el gozo, el sufrimiento o el olvido que tornaría imposible el regreso y se consideran afortunados por no haber llegado al lugar desde donde el cambio se volvería inevitable.

(10.22) El yo separado se encuentra tan vinculado al miedo, que prefiere los temores conocidos de su existencia antes que los temores desconocidos de otra clase de existencia. No se le ocurre que pueda existir una opción donde no haya lugar para el miedo, pues la ausencia de miedo es algo que nunca ha conocido.

(10.23) Si el cuerpo es el aspecto superficial de tu existencia y bajo esa superficie yace el temor, observa las ventajas de este ejercicio: ubica tu cuerpo delante de ti, donde puedas actuar como su observador silencioso. A medida que observas cómo trabajan tus manos o la sombra que se forma sobre el suelo mientras caminas, aprenderás la única separación que te resultará útil.

(10.24) De lo primero que te darás cuenta es que no todo lo que oyes llega por tus oídos. Descubrirás que estás lleno de pensamientos: pensamientos acerca de tu cuerpo, de la misma clase de pensamientos que tienes sobre el cuerpo de otra persona. La diferencia reside en que estos pensamientos no parecen originados en tu cabeza. Te darás cuenta, por primera vez o de un modo diferente, que siempre has oído tus pensamientos sin el beneficio de los oídos. “Por supuesto”, dirás, “así es como oímos los pensamientos, es su naturaleza”. Pero ¿has considerado alguna vez la naturaleza de tus pensamientos o meramente los has dado por sentados?

(10.25) Los pensamientos no se ven ni oyen pero están contigo todo el tiempo, y nunca más que cuando realizas tu experimento de desapego del cuerpo. Por eso lo llevamos a cabo, y ya sea que te definas como un éxito o un fracaso en la realización del experimento, comprenderás de manera nueva que, más que tu cuerpo, son tus pensamientos los que definen quién eres. Ya sea que deriven sin rumbo o se mantengan enfocados, tus pensamientos son la fuente de todo lo que eres y haces, mucho más que tu cuerpo.

(10.26) Puedes reírte de ti mismo por tomar parte de este experimento sencillo, pero al mismo tiempo te darás cuenta de que el deseo de reírte es genuino y no proviene de la mezquindad. Notarás que un yo feliz toma el experimento como un juego divertido y no se preocupa por el éxito. También esta risa, así como la sensación de que se trata de algo divertido, llegan sin la participación del cuerpo.

(10.27) Pronto desarrollarás la capacidad de ver prescindiendo de los ojos del cuerpo. Esto también parecerá un juego inocente al principio, un truco de la imaginación. Al principio observarás sólo aquello que puedes “ver”: tus brazos y piernas, tu sombra mientras caminas. Sin embargo, poco a poco verás el cuerpo como un todo. Lo verás desde atrás mientras lo sigues a lo largo del día, al principio sin siquiera date cuenta de lo que está pasando. Y descubrirás que a medida que observas, te vuelves más consciente de lo que te rodea y más consciente de que tu cuerpo es parte de todo lo que sucede. Allí está tu cuerpo junto a otros seis cruzando la calle. Allí está tu cuerpo sentado frente a un escritorio dentro de un edificio junto con muchos otros. Descubrirás cuán pocas veces fuiste consciente de la calle por la que caminabas, de los edificios que la flanqueaban, del cielo allá arriba, de los “otros” que viajaban contigo. Te sentirás más parte de todo —en vez de menos— y esto te sorprenderá.

(10.28) Sigue adelante, pues esto es sólo el comienzo. Experimenta sólo por el gusto de hacerlo, sin dejar lugar al desaliento. No se trata de una prueba, por lo tanto no puedes fracasar. Sólo estás jugando: jugando a observarte desde arriba. ¿Puedes verte allá “abajo”? ¿Y puedes adelantarte para ver cómo tu cuerpo viene hacia ti?

(10.29) Este cuerpo que dices que es tu “yo” no es más que una forma, ¿cómo puede ser que no lo veas?

(10.30) A medida que procedas sentirás que la visión acotada del yo separado va dando lugar a la visión expandida del Yo unificado. Y al “sentir” esto, tomarás también conciencia de sensaciones que no están atadas al cuerpo. Así como no ves ni oyes los pensamientos con los ojos y oídos del cuerpo, estas sensaciones tampoco dependerán de los sentidos del cuerpo.

(10.31) Te toparás con bastantes resistencias al experimento. Dirás que eres demasiado serio para jugar este juego y que tienes mejores cosas que hacer. Sin embargo, por más que te resistas, la idea ya ha sido plantada y notarás momentos en que, aun en lo que parecería ser “en contra de tu voluntad”, participas en él a pesar de tu decisión de no hacerlo. Cuando comiences a sentir los efectos del experimento también te enfrentarás con el temor, sobre todo si te tomas el juego demasiado en serio. Habrá momentos en que no querrás reírte aunque tengas ganas, y otros momentos en que luego de un instante de visión expandida, recibirás con gratitud tu regreso a la visión reducida. Te provocará alivio tener los pies todavía en el piso y que tu cuerpo tenga los límites acostumbrados. Pero recordarás las ganas de reírte de ti mismo y también la visión expandida. Recordarás que por un instante tu cuerpo no parecía un límite que te sujetaba. Y luego recordarás que éste es un curso para recordar y que la memoria es el lenguaje del corazón.

(10.32) Muchos de ustedes se rebelarán diciendo que esto no es aquello para lo cual se inscribieron. Tal vez sólo quieres leer sobre este curso y no tomar parte en él. Tal vez quieras mantenerlo sólo en el plano teórico y no aplicarlo. Tal vez sólo busques la información y obvies la experiencia. Querías una guía de viaje, y no el viaje en sí. Esto es lo que muchos buscan, y muchos aún se resisten a darse cuenta de que obtuvieron más de lo que pensaban. Has llegado a una puerta, has cruzado un umbral. Lo que tu mente todavía niega, no lo niega tu corazón. Un pequeño destello de memoria se ha filtrado hasta ti y no te abandonará al caos que prefieres. Seguirá llamándote a que lo reconozcas y lo dejes crecer. Golpeará tu corazón de la manera más amable. Escucharás su susurro en tus pensamientos. Su melodía sonará en tu mente. “Vuelve, regresa”, te dirá. “Ven a casa”, te cantará. Sabrás que hay un lugar dentro de ti donde se te echa de menos y eres esperado, donde eres amado y cuidado. En el hogar de tu demencia se ha abierto un lugar para un poco de paz.

11. LIBRE ALBEDRÍO Y DISPOSICIÓN.

“¿Qué es este consentimiento que se te pide dar? Puede presentarse de muchas maneras. Puede llamarse una disposición a cambiar tu mente o a abrirte a nuevas posibilidades. Puede llamarse un cambio de corazón o dejar de lado, por un momento, tus temores. Pero lo que realmente hace es probar tu llamado a amar y ser amado. Es estar dispuesto a recibir amor de tu Fuente y ser amado por lo que eres. ¿Es demasiado pedir?”.

(11.1) Los ejercicios de este curso de amor son pocos y no están separados del curso sino contenidos dentro de él. Este método tiene sus razones. La primera es tu actitud hacia la instrucción y el hecho de que en realidad no la deseas. Lo que deseas es algo que nadie puede darte excepto tu propia fuente. Ves este aspecto de la creación, pero te ayuda a afirmar tu postura en contra de la unión y tu falta de deseo de instrucción. Esto se debe a la confusión respecto de tu fuente. Toda tu firme decisión de mantener la individualidad emana de esta confusión. Si tu fuente fuese el cuerpo, junto con el cerebro que lo hace funcionar, entonces se te pediría que aprendas “por ti mismo”, ya que toda enseñanza verdadera debe provenir de tu fuente.

(11.2) Tú piensas que tu fuente y tu creador son dos cosas separadas, y rara vez recuerdas que ni siquiera eres tu propio creador. Has fundamentado esta separación en la idea de que aquello que te ha creado no puede ser uno contigo. Una vez más, esto sólo señala tu desconocimiento acerca de qué es en realidad la creación. Sin embargo, cada vez que practicas la creatividad celebras al creador, y cuando elogias a los artistas de cualquier clase, es esto lo que elogias. Cada poema lleva la marca de su creador, igual que toda obra de arte que contemplas y llamas obra maestra, o aquellas obras de manos infantiles que cuelgas en la puerta de la heladera o en la pared de la oficina. Tú no te has creado a ti mismo, pero haces de la vida una recreación de ti mismo y, al hacerlo, tratas de probar que eres tu propia fuente.

(11.3) Ésta es una de las razones por las que no te gusta la idea de que quienes habrían de instruirte saben más que tú, y por eso empiezas cada nuevo curso de aprendizaje con la sensación de que tienes menos. Tratas, entonces, de obtener aquello que te falta, a fin de no tener menos que nadie. Algunos confían en su capacidad de aprendizaje y apuran el paso para conquistar este nuevo territorio. Leen cada libro lo más rápido que pueden y cuando dan vuelta la última página sienten que ya han aprendido todo lo que ese libro tenía para ofrecer y saltan al siguiente. Quienes se tienen menos confianza pueden abandonar antes de comenzar a fin de evitar un nuevo fracaso. Incluso aquellas personas que sienten la fuerza de estas palabras en su corazón y se proponen ir despacio y con dedicación para digerir cada página y sección de este texto, corren el riesgo de esmerarse demasiado en vez de simplemente desear aprender.

(11.4) He buscado acotar estos riesgos limitando los ejercicios a unos pocos que permanecerán contigo cuando toda la prisa, el temor al fracaso y los intentos esforzados hayan quedado atrás. Cada ejercicio es una idea, y las ideas no abandonan su fuente. Todas las ideas aquí expresadas son ideas de unión que vienen a reemplazar a las de separación. Esto sucederá sin que te des cuenta, en tanto y en cuanto estés dispuesto a que las ideas permanezcan en ti y no las eches fuera. El éxito o el fracaso son superficiales, pues sentir que has tenido éxito en aprender qué es el amor es tan ridículo como sentir que has fracasado en el intento. Ninguna de las dos cosas puede suceder, y tu percepción de que son posibles cierra las puertas a toda idea de unión.

(11.5) No se puede enseñar qué es el amor. Recuerda que tu tarea es hacer a un lado las barreras que impiden que te des cuenta de él. Ése es el objetivo de este curso —la conciencia del amor— y no hay curso terreno que pueda llevarte más allá de esa meta. Sólo requiere tu buena disposición.

(11.6) Necesitamos, entonces, hablar de tu disposición y separarla de lo que piensas que es. La fe y una buena predisposición van de la mano. Aquello en lo que depositas tu fe, eso ves. Este curso te pide que estés dispuesto a tener fe en algo nuevo. Has depositado tu fe en lo que tú mismo has hecho, y mientras permanezca allí, no estarás dispuesto a desprenderte de la ilusión. Puedes tener fe en un solo sistema de pensamiento. Uno de ellos es el sistema de pensamiento del yo separado, basado en la separación. El otro es el sistema de la creación, basado en la unión. Tu fe en lo que has hecho se ha sacudido y ahora sientes que te gustaría depositar tu fe en otra cosa. Te gustaría, pero tienes dudas, y aquí es donde entra la confusión respecto de la disposición.

(11.7) Esta buena disposición no surge de la convicción sino que la produce. No es necesariamente una declaración de fe inamovible, sino de apertura. Ves el libre albedrío y la buena disposición como un conjunto, y si bien ambas cosas son la misma, su aplicación es diferente.

(11.8) Estás más atento y eres más celoso de tu libre albedrío, pues sabes que ha hecho posible la separación. Lo ves como tu protección contra Dios, aquello que te permite ser algo distinto de lo que Dios quiere que seas. Es tu derecho “divino” a la independencia el que te permite apartarte de Dios, así como un niño que llega a la edad adulta tiene derecho a dejar la casa paterna.

(11.9) Pensar que debes proteger algo de Dios es una locura, y tú lo sabes. Pero como consideras que el libre albedrío es lo único que tienes que Dios no puede quitarte, no te importa que sea una locura pensar que Aquel que te ha dado todo pretenda despojarte de algo. Mientras sigas viéndote como un cuerpo, no podrás evitar creer en un Dios vengativo cuya venganza final es tu propia muerte. Mientras te sigas viendo como un cuerpo es más fácil creer que tu exclusión del paraíso es una decisión de Dios y no tuya. Crees que puedes estarle agradecido por algunas cosas y echarle la culpa por otras. Sí, tal vez este Dios que crees conocer te ha dado todo, pero también puede llevarse todo, y al final seguramente lo hará. Entonces te juzgará y decidirá si debes ser recompensado por una vida de bondad o castigado por una vida de maldad. Quizá te acepte, quizá no. Semejante Dios parecería tener poca fe en ti y, por lo tanto, merecer muy poco de tu fe a cambio.

(11.10) Así es como le das a Dios un poco de fe y cuidas tu libre albedrío, el verdadero dios del yo separado. Por momentos crees que éste fue el error de Dios, la única debilidad de Su plan, la que tú puedes aprovechar. Otras veces crees que ésta fue la maldición de Dios, la que te conduce a esta vida de aflicción. Pero tu percepción más fuerte del libre albedrío es el poder. No importa qué quiere Dios de ti, tú puedes usar tu libre albedrío para rebelarte y hacer tus propias elecciones, diferentes de las que haría el Creador. Este derecho a tomar tus propias decisiones y desplegarlas delante de Dios es lo que hace que tu pequeño yo separado se sienta todopoderoso.

(11.11) No ves que a Dios no le importa aquello que eliges hacer con tu libre albedrío, pues el uso que has elegido darle es precisamente aquello que no es capaz de proveer: tu separación del Creador. Él permanece tal como es, así como tú permaneces tal como eres.

(11.12) Es verdad que el libre albedrío es poderoso, pues es parte —sólo parte— de lo que te ha permitido creer en un estado de separación. Aunque podrías haber usado el libre albedrío para crear como tu Padre, mediante la elección de separarte de él —algo que jamás podría ocurrir— optaste por no hacer nada con el libre albedrío, salvo aquella elección demente. Tu disposición a realizar una nueva elección volverá a alinear tu libre albedrío con la voluntad de tu Padre, que es una con la verdad.

(11.13) Tu afán de proteger el libre albedrío es lo que nos lleva a diferenciarlo de la disposición. El libre albedrío es el último bastión de tu ejército separatista, la última línea de defensa, el sitio donde se librará la última batalla. Pero antes de llegar a ella, lo que este Curso y tu Padre desean es que estés dispuesto a cambiar tu idea acerca de la necesidad de pelearla.

(11.14) Dios nunca te arrebatará el libre albedrío ni librará batallas para conquistarlo. Esta batalla final sólo existe en tu mente como parte de las ilusiones que has construido. Deja a un lado esta profecía que inventaste y verás que dar tu consentimiento no niega el libre albedrío. Y aunque no puedas bajar la guardia por completo, una elección temporaria es suficiente. De todos modos, necesitarás una elección más duradera para dejar de preocuparte por los efectos. Por ahora, lo que deseas son efectos, pero no te das cuenta de que para obtener los efectos que deseas deben cambiar las causas. Por ahora no importa. Se te ofrece la oportunidad de tomar una decisión temporaria que puede ser revocada en cualquier momento. Este consentimiento temporario será suficiente para comenzar a modificar las causas y, por consiguiente, para traer algo de cordura a tu mente y corazón.

(11.15) ¿Qué es este consentimiento que se te pide dar? Puede presentarse de muchas maneras. Puede llamarse una disposición a cambiar tu mente o a abrirte a nuevas posibilidades. Puede llamarse un cambio de corazón o dejar de lado, por un momento, tus temores. Pero lo que realmente hace es probar tu llamado a amar y ser amado. Es estar dispuesto a recibir amor de tu Fuente y ser amado por lo que eres. ¿Es demasiado pedir?

(11.16) Es un llamado que no proviene de la debilidad sino de la fortaleza y que no responde a la ilusión sino a la verdad. Es un llamado cuya respuesta vendrá a ti pronto sobre alas de ángeles, pues éstos también son uno contigo. Puede sentirse como soledad pero sólo durante el breve instante en que esperas su llegada y sientes el vacío que has abierto para que venga.

(11.17) Este llamado no requiere que hagas nada excepto permanecer fiel a él. No necesitas pensar en él, sino simplemente dejarlo ser. No necesitas darle palabras, pues éstas no pueden expresarlo, así como no pueden enseñarte qué es el amor… o que el amor es. No necesitas concentrarte en encontrar amor, pues el amor te encontrará a ti. No necesitas concentrarte en dar amor, pues no puedes dar lo que aún no conoces; y cuando lo conozcas no lo darás, sino que se extenderá naturalmente desde ti a través de milagros de amor. El amor es lo único que llenará tu vacío, y lo único que no volverá a dejarte vacío a medida que se extiende desde ti a tus hermanos y hermanas. El amor es lo único que satisfará tus deseos. El amor es lo único que reemplazará el uso por la unidad.

(11.18) Existes, simplemente, por tu relación con el amor. El amor es la unidad que buscas. Al elegir la separación por sobre la unidad, elegiste el temor por sobre el amor. Cuando abandonas el temor e invitas a la unidad, envías una invitación al amor diciéndole “eres bienvenido”. ¿Qué es una cena sin amor? Nada más que una obligación social. Pero una cena donde el amor es bienvenido se convierte en una celebración. Tu mesa se transforma en un altar al Señor, se llena de gracia y el Señor está contigo.

12. EL ORIGEN DE LA SEPARACIÓN.

“Lo que llamamos Padre no es más que el rostro celestial de la creación, una personificación de lo que no puede ser personificado. Te resulta difícil creer que la creación en sí misma pueda ser bondadosa u otro nombre del amor, pero así es. Dios es el punto de inicio de la creación, el creador de la creación y también la creación misma”.

(12.1) Parte de tu problema con este curso es la palabra amor. Si yo tomase la palabra amor y la cambiara por algún sofisticado término técnico y te dijera que ésa es la cosa que mantiene al mundo en unidad, lo aceptarías con mayor facilidad. Si yo te dijera que no sabes nada de esa sofisticada palabra y por eso has creído en la separación, tú estarías mucho más dispuesto a asentir y decir “fui un ignorante, como lo fueron todos”. Si un científico te dijera que se acaba de descubrir una energía benigna que prueba tu conexión con todo el universo, y le diera a esta energía un nombre novedoso, tú dirías: “Se ha realizado un nuevo descubrimiento y yo estoy dispuesto a creer que es verdad, en especial si los demás también lo creen”.

(12.2) Te sientes tomado por ingenuo cuando se te dice que el amor es la respuesta. Te sientes abochornado cuando se te dice que no conoces el amor. Te sientes desengañado cuando piensas que quizás el amor no se limite a lo que creíste que era. Piensas que es normal que un texto espiritual te diga que el amor es la respuesta, como si nadie lo hubiese dicho antes. Ese mensaje fue predicado hace mucho tiempo y el mundo sigue igual. ¿Cómo, entonces, puede ser la respuesta correcta? La vida es demasiado complicada para ser resuelta por el amor.

(12.3) Muy pronto recurres al cinismo creyendo que ya lo has intentado y fallaste. Todos creen que ya han probado esta idea llamada amor y todos creen tener pruebas de que no es la respuesta para todo. ¿Cuáles son tus pruebas? Tu propia dificultad para ser feliz y la infelicidad del mundo que ves.

(12.4) Ya hemos dicho que la única posibilidad significativa para tu libre albedrío consiste en elegir a qué unirte y qué dejar fuera de ti. Pero debes comprender que ninguna cosa que no sea parte de Dios merece que te unas a ella, pues tampoco puede unirse a ti. Aquello con lo que has buscado unirte es el motivo de tu infelicidad, pues buscas unirte a lo que no puedes unirte y buscas separarte de todo aquello con lo que podrías unirte para llenar tus rincones sombríos y solitarios con la felicidad que añoras.

(12.5) Este Curso parece haberse desviado de aquello que pensabas que iba a ser, pues estás buscando algo específico, aunque no sabes qué es. Estás buscando la paz y el gozo calmo que sólo provienen del amor. Buscas la seguridad y calidez de un hogar con amor, aunque se trate sólo de filosofía. Buscas la certeza, no la de la mente sino la del corazón. Una parte de ti piensa: “Si sólo pudiera estar seguro…” y allí se detiene, pues ni siquiera estás seguro acerca de qué quieres estar seguro. Y sin embargo sabes que lo que más te fatiga es tu incapacidad para estar seguro de algo. Y en verdad estás cansado.

(12.6) La voluntad de Dios para ti es la felicidad, y de esto puedes estar seguro. Alinear tu voluntad con la de Dios es hacer de este estado de seguridad tu hogar permanente. Es como un deseo que se torna realidad, y cuando sea lo único que desees se convertirá en realidad. Y cuando se te conceda este deseo tendrás descanso y te librarás de todas las cargas que soportas.

(12.7) Admite tu deseo de paz, un deseo que puede hacerte gemir y anhelar un sueño eterno. Si tan sólo comprendieras cuánta energía necesitas para mantener tu mundo de ilusiones en su lugar, comprenderías el descanso que tendrías con el solo hecho de abandonar tu necesidad de hacerlo. Tu deseo de certeza es parte de la resistencia a cualquier idea de cambio. Luchas por mantener lo poco que crees saber, y sin embargo en lo profundo te das cuenta de que no sabes nada con la certeza que deseas.

(12.8) La falta de certidumbre, de cualquier clase, equivale a dudar acerca de ti. Por eso este Curso busca establecer tu identidad, pues de ella provendrá el solaz. En este sentido el Curso busca provocar cambios en todos los niveles, aunque un solo cambio traerá todos los demás, y sin esfuerzo de tu parte. Y aun así este cambio no es ningún cambio, pues solamente busca quitar de en medio todos los cambios que tú crees haberle hecho a la creación de Dios. Este cambio sólo busca restaurarte a tu Ser.

(12.9) Tu Ser yace inalterado dentro del Cristo en ti. Reestablecer tu relación con tu hermano es lo que te mostrará tu Ser. Tienes un solo hermano que lleva muchos rostros en tu percepción, y mientras no lo conozcas no puedes conocer a tu Ser. Este solo hermano puede unirte con todos aquellos que percibes como otros, pues todos esos otros son uno con él y también contigo. Esta es la única unión necesaria para producir todas las demás.

(12.10) Ésta es la desunión que produjo tu opción por la separación, que no es más que una separación de tu Ser. He aquí el punto más difícil de asimilar, pues en él reside una contradicción, la que ha creado el mundo que ves y la vida que vives. Aunque resulta imposible que algo haya ido mal en la creación de Dios, de hecho sucedió. Sólo necesitas mirar a tu alrededor para darte cuenta. Pero lejos de sentirte desalentado, te sientes aliviado porque sabías que esto era cierto, y sin embargo sientes como si éste fuera el secreto que te estaba vedado. Es como si todo el tiempo te dijeran “está todo bien” cuando sabes que no es así. Y si “todo” está bien, debes ser tú el que está mal.

(12.11) Toda la creación parece fluir en perfecta armonía. Las estrellas aparecen en el cielo, el sol y la luna cumplen con su derrotero, los animales de tierra, agua y aire son como su creador quiso que fueran, las montañas se elevan en toda su majestuosidad, los ríos corren y las arenas del desierto viajan con el viento. Todo parece ser lo que es y lo que siempre ha sido, excepto por las marcas que deja el ser humano. Sin embargo, la luna sigue siendo luna más allá de que el ser humano haya descendido sobre ella. La tierra sigue siendo tierra a pesar de autopistas, caminos y puentes. Y en algún lugar que no conoces, la paz sigue siendo paz a pesar de tus guerras y la felicidad sigue siendo felicidad más allá de tu desazón.

(12.12) ¿Y qué hay de ti? Tú también pareces haber permanecido el mismo a lo largo del tiempo. Tal vez crees que hace mucho evolucionaste de una forma distinta de la que ahora habitas, pero dentro de las leyes de la evolución has cambiado tan poco como las aves del cielo o los peces del mar. De alguna manera sabes que de toda la creación, sólo la humanidad no es aquello para lo cual fue creada. En un día hermoso y un lugar bello puedes ver que el paraíso de la creación todavía existe, pero en ningún lugar puedes encontrar el ser que Dios creó a Su imagen.

(12.13) ¿Tiene sentido que esto haya sido así? ¿O que alguna vez hayan caminado sobre la tierra aquellos que revelaban la imagen de Dios y cuando dejaron de ser vistos esa imagen quedó para siempre perdida? ¿Puede ser que haya venido uno y que al marcharse haya dejado un vacío, un hueco en el mismo universo?

(12.14) Uno solo fue necesario para poner fin a la separación, y en éste se unen todos los demás. Pues, ¿qué puede ser afectado por tu libre albedrío excepto tu propio ser? Fue necesario uno que, haciendo uso de su libre albedrío, uniera su voluntad a la del Padre, para que esto fuera válido para todos. Esto es lo que significa la corrección o expiación, y lo único que hace falta es que lo aceptes. Únete al hermano que hizo esta elección por todos y te reunirás con el Cristo en ti.

(12.15) Las mentes que están unidas no pueden pensar por separado ni tienen pensamientos ocultos. De hecho no son mentes en plural, sino una sola mente. Lo que este Curso dice es que en una instancia que no existe en el tiempo, el hijo de Dios optó por la separación. Si el hijo de Dios tenía una forma o muchas no importa, pues sea una o muchas, la mente era una sola, la mente del hijo de Dios unida con la del Padre. A muchos de ustedes les han enseñado este misterio de la fe. Padre, Hijo y Espíritu Santo son Uno. Pero si realmente hubiesen aprendido lo que les enseñaron, ya no habría separación.

(12.16) Estas palabras, Padre, Hijo y Espíritu Santo, al igual que la palabra amor, no son más que símbolos que representan ideas que, a su vez, representan lo que son. Que hayas hecho del Padre una figura singular, de algún modo mayor que la del Hijo, y hayas aceptado al Espíritu Santo como algo que escapa a tu comprensión sólo ejemplifica la naturaleza del error que es necesario corregir. Las palabras, en tanto símbolos, no pueden explicar lo que no puede ser simbolizado, pero dan comienzo a un proceso que debe ser completado mediante los recuerdos de tu corazón. Continuamos, entonces, conscientes de que las palabras sólo expresan la verdad dentro de sus limitaciones como símbolos, y que más allá de los símbolos, la verdad reside dentro de ti.

(12.17) Todos conocen de qué manera un pensamiento que parece surgir de la nada los afecta. Un día nace una idea que no parecía existir el día anterior. Quizás es la idea de hacer un viaje, o concebir un bebé, o emprender un estudio o abandonar un trabajo. Esta idea recién nacida puede llegar para irse, o puede convertirse en una obsesión; pero cualquiera que sea el caso, no abandona su fuente. Y sin el nacimiento de la idea, sus resultados nunca llegarían. Puedes tener mil ideas un día y diez mil al día siguiente, tantas que no podrías seguirlas. Sin embargo, siguen existiendo dentro de ti y jamás se desprenderían para formar algo distinto aparte de ti. Imagina que algo así ocurre y te darás cuenta de lo absurdo de la situación. ¿Acaso puede un viaje suceder por sí solo? ¿Quién lo haría?

(12.18) Puedes decir, sin embargo, que alguna idea adquirió vida propia y te llevó a hacer cosas que jamás soñaste. Muchas veces las personas hacen un recuento de su vida y se preguntan cómo llegaron de una cosa a la otra. En algunos casos pueden decir que una idea cobró fuerza y cambió lo que parecía ser un destino ya escrito.

(12.19) Aun con los límites que presentan las palabras para describir la separación, esto es lo que ocurrió: una idea de separación se hizo presente en la mente del hijo de Dios. Como cualquier otra idea, no abandonó su fuente ni cambió su esencia en modo alguno. Aunque la idea de tomarse una vacaciones inusuales, cuando es realizada, puede modificar la vida de una persona, no cambia aquello que la persona era, ni quién era su padre, ni las características de la familia en que nació. Todo lo que puede cambiar es la forma de su vida, ciertos hechos de ella, tal vez el lugar donde ocurren esos hechos o las personas que serían parte de la experiencia; en breve, los aspectos exteriores de la vida.

(12.20) De la idea de separación surgió la idea de un aspecto exterior de la vida. Antes de la idea de separación no existía tal cosa, y sigue sin existir salvo como extensión de la idea original. Así como hemos dicho que tu deseo de proteger o controlar surge del concepto de temor y que sin este miedo ese deseo no existiría, lo mismo ocurre con el aspecto exterior de la vida. Sin la idea original de separación, el aspecto externo de la vida no existiría. Así como el temor no es real aunque lo parece, la separación no es real aunque parezca serlo.

(12.21) El Padre no evitó que apareciera la idea de separación, como tampoco tú evitas que se te ocurran ideas. Así como una idea tuya, una vez nacida, sigue existiendo, así ocurrió con la idea de separación. Y así como una idea tuya no toma vida propia aunque a veces pareciera tenerla, la idea de separación no tenía capacidad para ser más de lo que era, excepto que el hijo eligió participar en ella.

(12.22) En consecuencia, la participación del hijo en la idea de separación pareció producir una vida con otra forma, un destino diferente del que estaba escrito. Esta participación no pudo proceder sino de la idea original y no pudo tener lugar en la realidad sino en el aspecto externo de la vida. En la realidad, la idea de separación no cambió nada, sino que se convirtió en un drama actuado sobre un escenario tan realista que parecía ser la realidad.

(12.23) La separación es dolorosa sólo para aquellos que creen que en verdad puede ocurrir. ¿Qué significaría el rechazo de un niño o la muerte de un progenitor para quienes nunca creyeron en la separación? ¿Piensas que Dios cree en la separación? No la conoce, y porque no la conoce, no existe. Porque no la conoce, no ha sido tocado por ella. No conoce ni el rechazo ni la muerte. No conoce dolor ni sufrimiento. Su hijo permanece con El en su hogar eterno, unido a Él en eterna plenitud.

(12.24) Aunque la extensión del hijo hacia un mundo exterior es bastante real, sólo lo es dentro de él. El hijo no podía sino crear a semejanza del Padre que creó todo por extensión de sí mismo. Pero ni la extensión del Padre ni la del Hijo menoscabaron al Padre o al Hijo en modo alguno. Reemplaza la palabra Padre por la palabra Creación y observa si el concepto te resulta más claro. ¿Acaso la extensión continua de la creación la vuelve menos de lo que originalmente era? Lo que llamamos Padre no es más que el rostro celestial de la creación, una personificación de lo que no puede ser personificado. Te resulta difícil creer que la creación en sí misma pueda ser bondadosa u otro nombre del amor, pero así es. Dios es el punto de inicio de la creación, el creador de la creación y también la creación misma. El Hijo y el Espíritu Santo proceden de ese punto de inicio divino. Dios es el punto de inicio del Hijo y del Espíritu Santo también, el creador del Hijo y del Espíritu Santo y, al mismo tiempo, Él es el Hijo y el Espíritu.

(12.25) Sigue adelante con este modelo, pues el modelo de la extensión de Dios es el modelo de la creación y, por lo tanto, el modelo del universo. El Hijo se extendió a sí mismo en la creación, y tú eres esa extensión, tan sagrada como Él lo es. La idea de separación sólo parece haber hecho al hijo de Dios susceptible de división, y estos símbolos bajo la forma de palabras son lo único que parecen separar al Padre, Hijo y Espíritu Santo entre sí y de la creación.

13. OBSERVACIÓN Y EXPERIENCIA.

“Aunque no te des cuenta al principio porque no tienes experiencia sino sólo un recuerdo de sentirte de esa manera, pronto descubrirás que los recuerdos que evocas del espíritu de los demás incluyen recuerdos que son tuyos, recuerdos de tu propio Ser. Pues no existe espíritu que no sea parte de ti o tú de él”.

(13.1) Nunca “entenderás” plenamente qué significa la unidad, pero llegarás a sentir aquello que significa. Es una promesa. Hacia allí vamos en este Curso, puesto que una vez que hayas sentido la unidad, no necesitarás entenderla. Para esto son los ejercicios que te invitan a observar tu cuerpo. Son la preparación para lo que vendrá: sentir aquello que no es de tu cuerpo. Nuestro próximo ejercicio lleva esto un paso más allá y es simplemente una extensión del primero. En él comenzarás a tomar conciencia de que tus hermanos y hermanas no son sus cuerpos, así como tú no eres el tuyo. Es una consecuencia natural de la observación de tu cuerpo en acción, pues mientras tu cuerpo parece interactuar con otros y tú observas esa interacción, te “verás” a ti mismo y a los demás bajo una nueva luz. Tu cuerpo parecerá más conectado con el de aquellos con que interactúas. No observarás sólo a los demás, sino a ti y a “ellos” ubicados allí donde pertenecen. Este aparente estar juntos de los cuerpos no es más que un primer paso que te conducirá más allá de la ilusión de los cuerpos al estar juntos con el espíritu.

(13.2) A medida que observas, no con tu mente sino siempre con tu corazón, y comienzas a incluir a los demás en tu observación, te pido que te concentres en una única cosa. El ejercicio es simple y a la vez placentero. Sólo requiere que te preguntes una sola cosa: qué conoces ya del espíritu de la persona que observas. Te sorprenderás del conocimiento que ya tienes y el gozo que te trae recordarlo.

(13.3) Éstos son ejercicios de recuperación de la memoria, y cuanto más los practiques, más recuperarás los verdaderos recuerdos. No apliques esfuerzo para hacerlos, en especial cuando se trata de recordar el espíritu. Sólo deja que las impresiones vengan a ti, y cuando te provoquen una sensación como de sonrisa, sabrás que los recuerdos están llegando. En cambio, si al tratar de recordar te descubres con el ceño fruncido, sabrás que te estás esforzando y, por lo tanto, necesitas dejar el ejercicio por un rato. De todos modos, si le dedicas a este ejercicio un poco de práctica, pronto se convertirá en una rutina, pues desearás experimentar continuamente el placer que te otorga.

(13.4) Aunque desees expresar lo que sientes con palabras, este ejercicio no contempla ponerles palabras a los sentimientos o usarlas para describir el espíritu. Es mejor dejar las palabras a un lado, de lo contrario pronto estarás adjudicándole ciertos atributos a un espíritu y no a otro con el único fin de diferenciarlos. El propósito de la experiencia es demostrarte que los espíritus no pueden ser diferenciados ni comparados ni definidos de la misma manera en que en el pasado definiste sus cuerpos.

(13.5) Pronto descubrirás que lo que recuerdas del espíritu es amor. Al principio querrás darle muchos nombres y hasta es posible que no lo reconozcas como amor, pues llegará sin toda la tristeza que sueles asociar con él. Y aunque la sensación de amor que te embarga puede sentirse como coraje en uno o como amabilidad en otro, lo único que se te pide es que dejes que los sentimientos vengan a ti y junto con ellos la conciencia de que aunque no hay dos espíritus iguales, tampoco son “diferentes”. El amor de cada uno te llenará de felicidad pues ya está completo y no tiene necesidades ni anhelos ni tristezas de ningún tipo. Porque está completo, no te pide nada, sino que parecerá ofrecerte una cálida bienvenida, como si tú fueses un amigo perdido que regresa al hogar.

(13.6) Y eso eres. Ésta es la nueva “prueba” que, aunque no sea científica ni verificable, te proporcionará la evidencia que buscas para confirmar la verdad de lo que aquí se te dice. Lo único que necesitas para recoger esta evidencia es confiar en tu corazón. ¿Estás dispuesto a creer en lo que te dice tu corazón?

(13.7) Este ejercicio no debería tomarte tiempo ni interrumpir tu camino ni el fluir de la conversación. Sólo requiere que tomes conciencia del espíritu y permitas que esta conciencia more en ti. Si sientes resistencias para realizar el ejercicio, recuerda que ya sabes que eres más que tu cuerpo y pregúntate si acaso no vale la pena hacer todo lo que puedes para ser consciente de ese “más” que sabes que eres.

(13.8) Aunque no te des cuenta al principio porque no tienes experiencia sino sólo un recuerdo de sentirte de esa manera, pronto descubrirás que los recuerdos que evocas del espíritu de los demás incluyen recuerdos que son tuyos, recuerdos de tu propio Ser. Pues no existe espíritu que no sea parte de ti o tú de él. Si estos recuerdos te distraen, no los dejes a un lado como interrupciones. Recuerda que todo aquello que te distraiga del pequeño yo que crees ser vale los minutos que dediques a contemplarlo.

(13.9) ¿Qué otras objeciones puedes tener? No te pedimos que sigas ninguna instrucción salvo la que proviene de tu propio Ser. Invitamos al regreso de lo que ya sabes y a dejar que tu verdadero Ser te guíe de regreso a donde quieres estar y ya estás en realidad.

(13.10) Tu ego resistirá con fuerza tus intentos de escuchar a tu corazón y los llamará tonterías y pérdida de un tiempo que podría emplearse en cosas mejores. Pero no se necesita tiempo ni dinero ni ninguna de las otras cosas que valoras. Y no existe la menor posibilidad de que lo que buscas te haga parecer ridículo.

(13.11) ¿Pueden sacudirse algunas de tus nociones preconcebidas sobre ti y los demás? Sin duda alguna. Con alegría las dejarás ir y, si confías en ti, todas las pruebas en contra de tu hermano que acumulaste a lo largo de los años también se irán.

(13.12) Al principio resultará difícil aceptar la inocencia e impecabilidad de ti y de los demás, pues tu memoria no contendrá rastros de errores o malas acciones pasadas. Nadie te habrá herido ni habrá lastimado a los demás. No habrá motivos para la culpa en estos recuerdos. Ni vergüenza ni temor ni aflicción. Pues el perdón ya ha tenido lugar, y cuando el recuerdo del perdón regrese a ti, ¿puede acaso el recuerdo de tu Padre o de tu propio Ser estar muy lejos?

14. RELACIONES ESPECIALES TERRENAS Y HUMANAS.

“Es tu respuesta al amor la que ahora nos concierne, pues el amor regresa y tú no quieres responder de la misma manera”.

(14.1) El propósito de la vida que compartes aquí con tus hermanos y hermanas ha sido desafiar la creación de Dios. Ahora ese propósito debe transformarse en el de recordar quién eres dentro de la creación de Dios y no en el mundo que tú has inventado. Dedícate a pensar en esto unos minutos y comprenderás la enorme diferencia que existe entre ambos propósitos.

(14.2) ¿Acaso no es verdad que has convertido a la creación en tu enemiga? ¿Te sientes parte de ella y en unidad con todo lo que contiene? Si no es así, te has convertido en enemigo de la creación. Buscas ser diferente del resto, y al hacerlo proclamas que una parte de la creación es mejor que la otra. Buscas, entonces, fragmentar a la creación así como te has fragmentado a ti mismo. Y desde ese lugar de privilegio que tú has establecido, en el que te ves como el epítome de la creación divina, consideras que el resto de la creación está para servir a tus fines. Puesto que tu fin o meta es la separación y ser diferente del resto, quieres que la creación se someta a este fin, una meta imposible de alcanzar, del mismo modo que tu separación de lo que crees distinto.

(14.3) No puedes tener sentimientos de superioridad sin crearte enemigos. Lo mismo ocurre cuando te sientes inferior. Siempre te ubicas en uno de los dos extremos, y todos los conflictos surgen a partir de tu insistencia y esfuerzo por separarte. Si tienes enemigos, no puedes evitar la guerra, y donde hay guerra no hay paz. La guerra no es solamente actividad exterior. Ésta es solamente el efecto de una causa interior. Toda guerra no es más que una guerra contigo mismo.

(14.4) ¿Acaso no ves de qué manera tu noción del cielo como un logro que se alcanza después de la muerte se adecúa a los fines de la separación? Si lo que crees del cielo fuese verdad, tu desafío a la creación sería real y sólo la muerte probaría quien se alza con la victoria. Pues si después de la muerte tu creador te proporcionara un paraíso ultraterreno, un lugar especial para honrarte como alguien especial y separado de todo lo demás que El creó, el propósito de tu guerra sería sagrado. Tú tendrías la razón y la creación estaría equivocada.

(14.5) ¿Tendría esto sentido? ¿Qué creador haría un mundo en el cual el logro más elevado sería abandonarlo para tener vida? ¿Qué creador haría un mundo donde no existiese la armonía? La armonía es vida. ¿Qué creador crearía una vida temporaria y se guardaría la vida eterna como recompensa de la muerte?

(14.6) Si puedes ver el carácter absurdo de un creador y una creación como ésta y, aun así, sigues creyendo en ella, crees en un dios insano. Tú, que te enorgulleces en la razón y el sentido práctico, piensa si tal creación podría contener razón alguna. ¿Por qué crees en ella?

(14.7) Tú, que has hecho un dios de la razón y el intelecto, piensa en qué hicieron por ti la razón y el intelecto. ¿Acaso no es terrible darse cuenta de que a pesar de tus denodados esfuerzos una creación como ésta no tiene sentido? Aquellos que le han vuelto la espalda a Dios y se niegan a creer en semejante absurdo, simplemente se niegan a ubicar la razón allí donde no encaja sin ver que existe una alternativa.

(14.8) No se te pide que creas en lo increíble ni que dejes de lado todo lo que la razón te dice. Por el contrario, se te pide que abandones las leyes del caos y adoptes las de la razón, que abandones las leyes de la ilusión y asumas las de la verdad.

(14.9) No pienses que la razón se opone al amor; el amor da fundamento a la razón. El fundamento de tu mundo de locura es el temor. El fundamento del Cielo, tu verdadero hogar, es el amor. El mismo mundo, con fundamentos distintos, se ve muy diferente.

(14.10) Tus ideas sobre el amor, sin embargo, se adaptan a tus fines de separación con tanta nitidez como tu idea del cielo, pues lo que requieres del amor es que te distinga y vuelva especial. Mucho más les demandas a quienes amas que a tus otros hermanos y hermanas. Les demandas que alimenten tu idea de ser especial. Buscas pruebas de que la persona que amas te ama a su vez, y si no las encuentras tal como pretendes, sientes que tienes razones para quejarte por heridas que no pueden sanar y reparaciones que no pueden llevarse a cabo. Así es como encadenas a la persona que más amas, y a eso lo llamas relación.

(14.11) Esto puede verse con claridad en las relaciones que alguna vez lo fueron “todo” para ti y luego te fallaron. Todo el mundo tiene un recuerdo por el estilo. Puede ser una relación de padre o madre e hijo, o de amistad, o de pareja, incluso una relación de maestro y alumno. Cualquiera que haya sido la relación, alguna vez te produjo gozo. Dentro de ella eras feliz y sentías que no necesitabas nada más. Era tan intensa que en su momento cumbre veías su continuidad sin cambios como la meta más importante de tu vida. Sin ella, la vida no valdría la pena, por lo tanto era necesario retenerla a toda costa.

(14.12) Este ejemplo clásico puede revelarte mucho acerca de ti y del mundo que has construido si estás dispuesto a verlo con ojos que ven. Es la lente que te permitirá ver tu mundo y toda su confusión. Pues aquello que te trajo tanto gozo lo hizo a precio de dolor y te dejó más solo e insatisfecho que antes. ¿Cómo podría decirse esto del amor? ¿Cómo podría haberte fallado? ¿Y cómo, si fue real, podría probar otra cosa salvo que el amor no es la respuesta, por lo menos no para ti?

(14.13) Debemos comenzar por lo obvio, un elemento simple que algunos han negado y otros no han podido. Lo que hace que esta relación se destaque y provoque dolor es que fue real en una forma diferente de tus relaciones anteriores y posteriores. Ninguna otra relación te afectó tanto. Nunca estuviste más seguro del valor de una relación. Algo que te hacía sentir tanto gozo, seguridad y calidez tenía un valor más allá de toda comparación. En esto estabas en lo cierto. No fue ilusión. No era el amor que se hace pasar como el amor de este mundo, sino algo completamente diferente. Por un momento, aunque breve, fue auténtico amor, pues ninguna otra cosa puede ser motivo de tal gozo ni ofrecerte un abrigo seguro en un mundo tan insano.

(14.14) Es tu respuesta al amor la que ahora nos concierne, pues el amor regresa y tú no quieres responder de la misma manera.

(14.15) Quieres conservar todo aquello que consideras valioso. Esto tiene sentido para ti porque el fundamento de tu mundo es el miedo. Si el fundamento de tu mundo fuese el amor, querrías compartir de inmediato todo lo valioso. Quizá crees que el deseo de conservar las cosas para ti mismo proviene de algo que no es el temor. Puedes llamarlo orgullo o seguridad, incluso eres capaz de decir que es vanidad antes que llamarlo temor. Pero no es otra cosa que miedo.

(14.16) Sólo el miedo produce los sentimientos de carencia que lo acompañan; es la piedra fundamental de tu mundo de separación. No te das cuenta de que has creado tu propio universo, el cual necesitas mantener y que sin tu esfuerzo se disolvería. Este universo eres tú, y tú eres todo en él. ¿Acaso no crees que si pereces el mundo perdería algo muy valioso? Estás solo y eres irreemplazable. En ti mora todo lo que esperas contribuir y crear. En las acciones e interacciones de tu vida residen todos los efectos que esperas tener en lo que queda aquí. Sin ti, las personas y acontecimientos sobre los que influyes serían diferentes y producirían resultados diferentes de los que supones. Aunque no conoces tu propósito, parte de ti cree que esto es verdad, pues tu existencia debe tener una razón, aunque no imaginas cuál. Pero eres, y no puedes imaginar que no haya una razón para que existas.

(14.17) ¿No es ésta una descripción de un universo? ¿Qué es un universo sino él mismo y todo lo que contiene? Nada parece existir fuera de él, por lo que debe ser único. Todo lo que ocurre dentro del universo depende de él.

(14.18) Crees que tienes conciencia de tu pequeño lugar en el universo y que resulta insensato afirmar que piensas de otra manera. Sin embargo, si sólo lo que conoces es parte de tu universo, ¿acaso no ves que depende de ti, y que si depende de ti ese universo eres tú? Sólo aquello de lo que eres consciente existe en ese universo que eres tú. Sólo lo que te ocurre a ti afecta tu universo. Tu universo es totalmente distinto del de los demás y es autosuficiente. Las leyes de tu universo están hechas para el mantenimiento de tu cuerpo, pues sin él no existirías. Y cuando dejas de existir, también lo hace tu universo; sus luces se apagarán y ya no será.

(14.19) ¡Qué trabajo te has asignado! No es sorpresa que vivas con miedo cuando de ti depende tanto. Y tampoco es sorpresa que cuando encuentras un alivio, un lugar de solaz, belleza y amor, quieres apropiarte de él antes de que se vaya. Esto también debe mantenerse dentro de tu universo o te perderías sus beneficios. Deseas unirte a él y hacerlo uno contigo, pero como no sabes cómo hacerlo, tratas de hacer “lo mejor que puedes”, es decir mantenerlo cerca, como un universo gemelo que existe por separado pero lo bastante cerca como para que puedas verlo y sentir los beneficios de su calidez. Más que esto no puedes hacer, pero lo intentas. Encadenas este universo al tuyo, pues mientras mantenga su autonomía, su proximidad no es suficiente. Lo que intentas después es un intercambio. Como dos países, uno rico en petróleo y otro en cereales, estableces dependencias mutuas que los mantendrán vinculados. Hay quienes lo hacen de manera obvia y durante años crean una intrincada red, una trampa que parece imposible de desmantelar debido a sus interconexiones. Otros experimentan esta trampa sólo en sus mentes en la medida en que traman y planean lo que nunca tendrán oportunidad de llevar a cabo. Y otros, más timoratos, la disfrazan para que parezca sacrificio o generosidad. Sin embargo, todos tienen el mismo propósito. Ninguno se da cuenta de que el temor ha reemplazado al amor.

(14.20) Hay quienes tienen conciencia del miedo a perder el amor, y hablan de ello y tratan de aliviar el temor con compromisos y promesas oficiales. Otros niegan el temor y dicen que confían en lo que tienen y en la fidelidad de la persona que aman. Aun menos son los que no necesitan proclamar su fe y confianza, pues sus sentimientos permanecen fuertes a pesar del temor. Pero aun quienes no temen al desengaño, temen al gran desengaño final, a la posibilidad que no puede ser prevista pero siempre está: la muerte puede llevarse prematuramente a quien aman, y si no es prematuramente, lo será tarde o temprano.

(14.21) Pero tanto quienes admiten el temor como quienes no, creen que el amor existe a pesar del miedo, y se creen afortunados por haber encontrado un amor que por un tiempo los proteja de todo lo que temen. Sin embargo, a lo que más temen es a la pérdida del amor. Tú, que has dado todo por estar solo y separado, a lo que más le temes es a la pérdida de aquello por lo que más has dado para lograrlo. ¿Y qué es la pérdida del amor sino una confirmación del estado de separación? ¿Qué es la pérdida del amor sino quedar solo?

(14.22) La pérdida del amor procede de una única fuente. Puedes llamarla temor o separación, pero es la misma, pues en tu estado de separación pides que el amor te haga especial para alguien y que ese alguien sea especial para ti. Crees que ésta es la finalidad del amor, por lo tanto lo conviertes en algo que no es y sólo lo llamas amor.

(14.23) El cielo parece estar hecho para adecuarse a tu meta de separación, igual que el amor. No puedes cambiar el amor ni el cielo. Lo único que parece cambiar es el propósito que le asignas. Eres tú quien le ha dado al cielo el propósito de que te dé algo que esperar, la recompensa por una vida vivida según tus propias reglas, un premio para unos y no para otros, un logro que probará tu éxito cuando te hayas ido. Al amor le das el mismo propósito, pero le asignas la tarea de recompensarte aquí y ahora. Como el cielo, es tu prueba de que eres bueno y valioso, tan especial que eres recompensado.

(14.24) Así es como has creado una parodia de lo que realmente significan el amor y el cielo. Van juntos, lo sabes, pero su propósito no es el que les has dado. El propósito que le das a cada cosa dentro de tu mundo la convierte en aquello que es para ti. Pero como todo propósito que le asignas a algo procede de ese fundamento de temor sobre el que has construido tu mundo, cada propósito es tan absurdo y alejado de la verdad como el siguiente.

(14.25) Por este motivo este Curso no puede simplemente hablar de amor y acercarte a él más de lo que ya estás. Mientras no tomes conciencia del verdadero propósito de cada cosa, no podrás conocer el amor ni tu Ser.

(14.26) Mientras tu propósito sea hacer de ti mismo y de los demás algo especial, no pondrás fin a la separación. Y no puedes abandonar tu carácter especial, pues mientras te aferres al carácter especial de otros, continúas aferrándote al tuyo. No hay razón para aferrarse al carácter especial de los demás salvo aferrarte al tuyo. Lo que das a otros, a ti te lo das; por lo tanto, cuando les asignas a otros un carácter especial, también te lo asignas a ti y no los ves en toda su gloria. El ser especial los mantiene separados y, por ende, susceptibles de pérdida. ¿Cómo puedes perder lo que es uno contigo? No puedes. Sólo puedes perder lo que está separado, y la especialidad construye separación. Ése es el problema contenido en tus relaciones de amor “especiales”. 

(14.27) No hay nada especial sino gloria. Tu unidad la provocó, pues toda unión te pone en contacto con tu hermano. Cada unión te regresa a tu relación sagrada con tu hermano, que es el único que en verdad existe. Sólo esta relación es real y en ella están incluidas todas las demás. Una no descarta ni reemplaza a la otra. Lo real incluye todo. Lo irreal es nada.

(14.28) Tú que no sabes cómo cambiar tu estado de separación por la unión, ya lo has hecho cuando has amado libremente y sin temores. En este estado recuerdas quién eres, tienes gozo y eres inocente y uno con el amor. El hecho de que este recuerdo no perdure y que los sentimientos parezcan insostenibles es resultado de aquello que reemplazan. Como hemos dicho antes, hay sólo dos emociones: el amor y el temor. Por tu elección, el temor reemplaza al amor. El temor siempre es más fuerte cuando valoras algo que sientes amenazado. El amor amenaza tu carácter especial. Antes de que tu mente consciente se dé cuenta de lo que ocurre, tu recuerdo del amor, la inocencia y el gozo amenazan tu ego, tu yo separado, que corre presuroso a reemplazar ese amor. Sólo el miedo puede quitarte la memoria del amor o reemplazar tan rápidamente la gloria, que es tu naturaleza, con la especialidad, que no lo es.

(14.29) Crees que el amor es lo que más valoras y, en consecuencia, resistes toda noción acerca de que aquello que percibes como amor no es amor. Pero en tanto identifiques al amor con las personas de carácter especial a quienes se lo adjudicas, no lo conocerás. Lo que conocerás, en cambio, es la especialidad elevada al nivel del Todopoderoso, sentada en Su trono y coronada con joyas.

(14.30) En tu mundo el amor no tiene sentido salvo que esté vinculado a alguna cosa en particular. Y tan pronto como el amor queda vinculado con algo particular, aparece su opuesto. Mientras te rehúses a aceptar este hecho tan simple, no hay esperanzas de que cambies ni de que cambie tu mundo. Tú que piensas: “¿Qué mal puede haber en amar a éste por encima de los demás?”, piénsalo de nuevo. No eliges amar sino convertir a alguien en especial. Y al hacerlo eliges que lo opuesto del amor se vuelva real para ti y para quienes dices amar, así como para quienes dices no amar.

(14.31) Preguntémonos en cambio: ¿Qué mal puede haber en amar a todos como uno? Si amas a todos por igual, ¿qué pérdida puede haber, incluso para aquella persona que eliges como especial? Lo único que se pierde es el carácter especial de alguien. Es una visión de la vida que no puedes imaginar, así como no imaginas el gozo que trae. Pero eso es lo que necesitas imaginar si deseas aceptar al amor en vez de rechazarlo de nuevo. Pues rehusarte a abandonar la creencia en tu carácter especial equivale a rehusarte al Cristo en ti y a rehusarte al mismo amor.

15. EL YO ESPECIAL.

“¿Qué tiene de malo querer ser especial?… Todos los daños que ves en el mundo”.

(15.1) Ya hemos hablado bastante de tu amor especial por otras personas, pero ¿qué hay de ese carácter especial que deseas para ti? ¿No ves cómo estos dos deseos están vinculados? El deseo de otorgar y recibir un trato especial es la fuerza motriz de tu vida, y el mundo que ves no hace más que reflejarla. El opuesto del amor no existiría si no fuese por tu invitación. Todo odio, culpa, vergüenza y envidia resultan de tu creación de un opuesto al amor mediante la especialidad. Todos los males de este tiempo y de la historia dejarían lugar al amor si no fuera por la interferencia de lo que crees que te hace especial. Piensas que el mundo está regido por la supervivencia. En cierto modo es así, pero no lo sería si no fuese por tu necesidad de sentirte especial. Un vehículo sería nada más que un vehículo en lugar de un símbolo de posición social. Sin el deseo de ser especial, una persona no tendría necesidad de status social. La belleza sería simplemente belleza y no una producción. Sin el deseo de ser especial, una persona no tendría necesidad de productos para la belleza. El bienestar sería la condición de todos, pues sin algo especial que alimentar, no habría codicia ni hambre. Sin ese deseo de ser especial tampoco habría guerra, pues no existirían razones para perturbar la paz. No habría tierra más sagrada para unos que para otros, no se acapararían recursos, no se someterían pueblos.

(15.2) ¿Qué tiene de malo querer ser especial?… Todos los daños que ves en el mundo.

(15.3) Mientras sigas deseando ser alguien especial, tu verdadero Ser permanecerá oculto y desconocido. Y puesto que éste es un Curso que busca revelar tu verdadera identidad, ese deseo de ser especial debe ser considerado tal como es, para que no lo tengas más. O eres especial o eres tu verdadero Ser, nunca ambas cosas juntas. Este deseo de ser especial es el que da existencia a tu pequeño yo, ese que se lastima con facilidad, ese que guarda rencores y se resiste a abandonarlos, el que tiende a la mezquindad, el resentimiento y la decepción. Si eres sincero cuando te examinas a ti mismo verás que es así.

(15.4) Resulta más difícil ver que este deseo de ser especial no se detiene ante aquello que trae sufrimiento a tu mente y corazón. Tal vez te parezca que los dirigentes de algún país empobrecido producen miseria para su pueblo debido a su deseo de ser especiales, pero eso no te ocurre a ti. En una escala amplia puedes ver, positivamente, cómo este deseo produce daños, pero no crees que tu propio deseo de ser especial o de que otros lo sean para ti tenga alguna consecuencia. Sólo quieres amar a tu pareja e hijos, a tus padres y amigos, y te conformas con que ellos piensen que eres especial y que sean especiales para ti. En el mundo más amplio, crees que tanto tú como ellos son anónimos. Si dentro del pequeño ámbito de los seres queridos no es posible hacer que se sientan especiales, ¿cuál es el sentido de estar aquí? Pues éste es el sentido que le has dado a tu vida.

(15.5) En consecuencia, dentro de este ámbito menor haces todo lo necesario para mantener tu sentimiento de ser especial y el de los demás también. Según tu cultura, lo necesario puede significar unas pocas cosas o muchas y diferentes para cada uno. De aquí provienen tus nociones de éxito, tus ideas de qué es necesario para ser bueno, tus nociones de qué significa ser bueno con los demás. No serías especial para éste si no tuvieras tal aspecto, y no serías especial para aquél si no ganaras cierta cantidad de dinero. No serías especial si no le dieras a este otro ciertos regalos y oportunidades, ni cumplirías con tu responsabilidad de hacer que aquél se sienta especial. Producir un pequeño cambio en esta cultura es difícil y hasta imposible, porque si fueses a seguir tu propio camino y a elegir tu propio aspecto, estilo de vida o actitud, corres el riesgo de ser visto como especial dentro de este grupo, lo cual puede afectar tu capacidad para hacer sentir especiales a otros de la manera en que los tenías acostumbrados.

(15.6) ¿Cuántas personas integran esta esfera de influencia? ¿Veinte, cincuenta, cien? ¿Y por cuánto multiplica esto cada una de ellas? Aun así, es sólo una fracción de tu influencia, pues tu deseo de ser especial afecta a todos.

(15.7) Tu deseo de ser especial te hace esclavo de los demás y a los demás esclavos de ti. Disminuye tu libertad, y sin propósito alguno, pues lo que otros piensan de ti no te convierte en especial, así como lo que tú piensas de los demás tampoco los vuelve a ellos especiales. Todas las nociones de popularidad, éxito y competencia comienzan en este punto de ser especial. Todas las nociones de lealtad también.

(15.8) Llegamos ahora a un obstáculo que es necesario superar si queremos alcanzar las metas de este Curso. La lealtad surge de la fe, y en qué depositas tu fe determina tu percepción tanto como tu concepto de separación. Todo cambio parece cuestionar tu lealtad a los demás y toda elección se lleva a cabo teniendo en mente esta lealtad. En este sentido, la lealtad surge de tu fe en el miedo y en todo aquello de lo cual necesitas protegerte. Consideras que pertenecer a un grupo, familia o comunidad leal que te brinde apoyo es necesario para tu seguridad. Quien no posee esto, lucha por conseguirlo, lo cual es causa de mucho sufrimiento en el mundo. Este agruparse en busca de apoyo contra el miedo simplemente convierte al miedo en algo real y al mismo tiempo torna esencial el motivo aparente de la lealtad.

(15.9) Tu concepto de lealtad dificulta que dejes a un lado tu esfuerzo por sentirte especial y hacer sentir especiales a los demás. “Convertir en especial” parece ser una responsabilidad que has tomado sobre tus hombros, y si no la cumples pareces desleal. Más aún, sobre todas las cosas, no sólo eres leal a tu grupo sino a la humanidad. A pesar de tus sufrimientos y del de los que amas, poner en cuestión el derecho de la humanidad a ser especial parece un acto de deslealtad suprema. Pensar que puedes cambiar y ser diferente de los de tu especie parecería un acto de traición. Ser fiel a tu Padre y al aprendizaje que este Curso propone es, efectivamente, una traición al mundo tal como lo conoces.

(15.10) Así lo es. Por lo que tu fe y lealtad deben recaer sobre algo nuevo, algo digno de tu esfuerzo y que no abandonará a tus hermanos y hermanas a una vida de sufrimiento.

(15.11) Todo sufrimiento proviene del deseo de ser especial, por lo que es éste a quien debes abandonar. Hay una manera de hacerlo, una manera que no lastimará a tus seres queridos aun cuando parezca traicionar todo aquello que aprecias. Pero, ¿a quién habrías de traicionar? ¿A la verdad o la ilusión? No puedes ser leal a ambas, y aquí reside el problema. Cuando te detienes en la encrucijada ves una que no puedes traicionar y una sin cuyo tratamiento especial no podrías vivir ni podrías abandonar la esperanza de recibirlo. Entonces eliges la ilusión en desmedro de la verdad y traicionas todo lo que eres y la esperanza que tu hermano ha depositado en ti como salvador del mundo.

(15.12) Tú, que aún albergas la fantasía de poder hacer ambas cosas, abandónala y toma conciencia de que tienes delante de ti una opción verdadera. No es una opción sencilla, o habría sido hecha hace mucho con gran ahorro de sufrimiento. Pero tampoco es una opción difícil ni una que debas hacer por ti solo. Esta opción no puede hacerse sin tu hermano y es, en verdad, la opción sagrada de tu hermano así como su derecho y el tuyo. Sólo necesitas abrirte al lugar donde no hay sitio para ser especial y pedirle a tu hermano que elija por ti. En esa elección te unes a él y a tu Padre. En esa elección existen la gloria y la unidad que no conocen separación. En esa elección está la vida eterna.

16. QUÉ ELIGES A CAMBIO.

“El poder pertenece a aquellos que lo recuperan. Aquellos que proclaman yo soy. El poder nace del rechazo de la impotencia. Y el rechazo de la impotencia es nada más y nada menos que un paso en el logro de tu identidad mediante el despertar del amor de tu Ser”.

(16.1) La gloria que sentiste del amor pareció provenir sólo de una persona y no de otra. El amor, según como lo piensas, no proviene de nadie. ¡El amor tiene una sola Fuente! El hecho de que esta Fuente resida en el interior de cada uno no la convierte en muchas fuentes, pues los muchos tienen también una sola Fuente. Esta Fuente común no convierte a nadie en especial, sino a todos iguales.

(16.2) Puedes preguntarte por qué no parece ser así, y la única respuesta es porque tú no lo quieres. Percibes aquello que deseas, y tu deseo de ser especial te lleva a no ver la igualdad, pues lo que es igual no puede ser especial.

(16.3) A todos les resulta familiar la imagen del “niño problema” que busca amor y atención en formas consideradas inapropiadas. Sabes que este niño no es menos que cualquier otro niño y que busca lo mismo que los demás. Sin embargo, cuando este niño crece y su conducta permanece inalterada, lo llamas inadaptado o criminal, dices que no es amor lo que busca y que ahora es menos que aquellos que alguna vez fueron iguales a él. Lo que es igual no cambia para convertirse en diferente. La inocencia no es reemplazada por el pecado.

(16.4) Aquello que haces con los criminales te lo haces a ti mismo y a aquellos que dices amar con un amor especial. Pues no los ves en la inocencia inalterable en la que fueron creados y en la que permanecen, sino con los ojos del juicio. Que tú hayas juzgado y hallado que aquellos que amas son buenos y dignos de tu amor no justifica tu juicio, así como tampoco justifica el juicio que condena un cuerpo a la muerte o a una “vida” en prisión.

(16.5) Una vida en prisión y un cuerpo condenado a muerte es lo que el juicio les hace a todos ustedes que creen que aquello que es igual puede convertirse en diferente. Esto es tan cierto acerca del amor que reservas para tus seres especiales como de la condenación que reservas para aquellos que has señalado. Pues se requiere juicio para convertir a uno en especial y a otro no.

(16.6) Sin juicio no existiría separación, pues no verías diferencia entre tú y tus hermanos y hermanas. Tu juicio comenzó por ti mismo, y desde allí emanó el conflicto. Sin diferencias no habría causa de conflicto. El juicio crea diferencias. Mira por encima de lo igual y no lo ve, en cambio ve lo que quiere ver. Y aquello que quieres ver es lo que encontrarás, pero encontrarlo no lo convierte en verdad, salvo en cuanto a que es la verdad acerca de lo que quieres ver. Tu opción es por Dios o por el yo que crees haber separado con éxito de El, y es esta opción la que determina cómo ves.

(16.7) El juicio es la función que la mente separada se ha adjudicado a sí misma. En ella gasta toda su energía, pues para mantener el mundo que ves se requiere juzgar. El Espíritu Santo puede reemplazar tu ser especial por una función especial; pero esta función no puede ser tuya mientras sigas sosteniendo que tu función es juzgar.

(16.8) Sólo tu corazón puede conducirte al perdón que supera el juicio. Un mundo perdonado es un mundo cuyo fundamento ha cambiado del miedo al amor. Sólo en este mundo puedes cumplir tu función especial y llevar la luz a quienes aún viven en la oscuridad.

(16.9) Hijo de Dios, ¡observa cuán importante es que escuches a tu corazón! Tu corazón no quiere ver con los ojos del juicio ni con los del temor. Te llama a aceptar el perdón para que puedas darlo y, por lo tanto, mirar el mundo perdonado con amor.

(16.10) Una vez más, repito que la razón no se opone al amor, como tu mente dividida quiere que creas. Pues tu mente dividida juzga incluso al amor y se opone a él sobre la base de que no juzga. En esto puedes ver cuánto valor depositas en el juicio, hasta en la noción ridícula de que puedes juzgar al mismo juicio. Te consideras capaz de hacer buenos juicios y malos juicios, y consideras que el amor es incapaz de ambos. El amor parece operar por sí mismo, aparte de lo que la mente le pide que haga, y es por esto que le temes aun cuando lo anhelas. He aquí lo que la mente dividida llama razón: un mundo en el cual todas las cosas tienen dos caras, y dos caras que se oponen. ¿Cómo podría esto ser razón? La verdad no se opone a nada, tampoco el amor.

(16.11) Una vez más tu recuerdo de la creación se pone a tu servicio, aun si no te ha servido bien. La memoria te dice que el amor no juzga, sino sólo tu mente dividida que ha distorsionado este recuerdo para servir a sus propósitos. Aquello que esta mente llama deficiencia es tu gracia salvadora. Desprenderte de lo que tu mente te dice para dar lugar a lo que tu corazón ya sabe es el propósito de este Curso.

(16.12) Sólo el perdón reemplaza al juicio, pero el verdadero perdón te resulta tan extraño como el verdadero amor. Crees que el perdón juzga a otro y disculpa los males que tú enumeras. Pero el verdadero perdón simplemente ve más allá de la ilusión, hacia la verdad donde no hay pecados que perdonar ni males que disculpar. El perdón mira la inocencia y la ve allí donde el juicio no la ve.

(16.13) Esta forma de perdón te parece imposible porque miras un mundo no perdonado donde campea la maldad, el peligro acecha y no hay seguridad. Cada ser separado se ocupa de su propio yo, y si tú no velas por tu propia seguridad, seguramente perecerás. Sin embargo, al mismo tiempo que vigilas sabes que no puedes protegerte y que no estás seguro. Tú eres uno solo y “ellos” son tantos, que nunca puedes sostener la guardia el tiempo suficiente o asegurarte una garantía definitiva contra el desastre. Pero te aferras a cualquier posibilidad de lograrlo aun sabiendo que no será efectiva.

(16.14) Piensas que no puedes dejar de lado tu vigilancia porque sabes que no hay otra forma de garantizar tu seguridad, y aun si no puedes garantizar tu seguridad contra todas las cosas todo el tiempo, crees que puedes garantizar tu seguridad contra algunas cosas parte del tiempo. ¡Y por esta protección ocasional que no tiene validez ni pruebas renuncias al amor!

(16.15) Mientras dices que necesitas pruebas antes de creer o aceptar algo como un hecho o como verdad, y por cierto antes de que puedas actuar acorde con ello, vives como si creyeras que lo que nunca dio resultado algún día, milagrosamente, lo hará en el futuro. No tienes más evidencias que una vida de infelicidad y desaliento, donde algunos ocasionales momentos de alegría o las pocas personas que amas entre las muchas que no amas hacen que valga la pena vivirla. Crees que cuando se te pide que abandones el cuidado, el resguardo y la vigilancia que protegen esos momentos de alegría y a las personas que amas y a ti, se te pide que vivas una vida aun más riesgosa que la que vives ahora.

(16.16) Tus juicios no han hecho del mundo un lugar mejor. Si la historia prueba algo, es precisamente lo opuesto de lo que te preocupas por creer. Cuanto más se entregan el individuo, la sociedad y la cultura al deseo de juzgar, más se creen como dioses. Pues todos saben que el juicio no es tu lugar, sino que corresponde a Dios y sólo a Dios. Este dato está firmemente vinculado a tu memoria de la creación. Luchar por el derecho a juzgar apartado de Dios es una acción en contra de Dios, y como un niño que se atreve a desafiar a sus padres, el desafío cubre de audacia al desafiante. Se ha intentado algo peligroso y aparentemente se ha tenido éxito. El orden del universo se ha invertido. El niño cree que les ha “robado” a los padres su función sin convertirse en padre. Para aquellos que juzgan, Dios se ha convertido en el enemigo así como en la percepción de un niño desafiante sus padres se convierten en enemigos.

(16.17) Pero el niño se equivoca. El niño ha cometido un error. Y con este error cree que la relación con sus padres se ha cercenado. Esta creencia en una relación cercenada con Dios parece reemplazar a la sagrada relación que no puede ser reemplazada. El juicio, entonces, refuerza la idea de separación, tornándola aun más terrible de lo que era al principio. Deja de parecer la opción hecha por un niño y se asemeja a una fisura irreparable que ninguna nueva elección podría reparar.

(16.18) Hijo de Dios, esto no es así y jamás podría serlo, pues el derecho de juzgar no es sino el derecho del creador que juzga a toda la creación tal como fue creada y permanece. Tú sólo crees que has cambiado lo que no puede cambiar.

(16.19) Juzgar no te brinda seguridad, ni definir la maldad logra abolirla, por el contrario, sólo la vuelve real para ti. Sin embargo, tú crees que el juicio se basa en la justicia y que ésta incluye el castigo de todos aquellos que has definido como malvados. Has hecho que la justicia y la venganza sean una, y al hacerlo le has robado a la justicia su sentido.

(16.20) Quienes se respaldan en el juicio le piden a su poder que haga lo que no puede hacer. Todo poder proviene del amor, al igual que toda justicia. Cualquier otro fundamento del poder o la justicia que no sea el amor es una burla de ambas cosas. Todos ustedes conocen la expresión “el derecho de la fuerza”, y aun quienes no conocen la expresión creen en el principio que representa. Tú afirmas poseer evidencias de su valor. Están a tu alrededor. Los fuertes sobreviven y los débiles perecen. Los poderosos se imponen y, por lo tanto, definen lo que está bien para todos aquellos sobre quienes se imponen. Quienes tienen el poder hacen las leyes, y quienes no tienen poder las obedecen.

(16.21) Sin embargo, a ti te asustan tanto quienes tienen poder como quienes no lo tienen. Los criminales son temidos, empero no tienen poder salvo el que construyen a partir de sí mismos. Quieres que el poder proceda sólo por canales legítimos y no quieres que aquellos que no lo tienen lo posean a través de las mismas armas o medios que, según tú, confieren poder a la autoridad. Mientras quieres que aquellos a quienes has conferido poder te protejan, al mismo tiempo les temes, y ellos, a su vez, temen a los débiles que puedan quitarles su poder o alzarse en su contra. ¿Qué clase de poder es éste que necesita ser constantemente defendido? ¿Qué tienen los débiles que les temes, salvo el hecho de que podrían no aceptar su estado de debilidad? Y qué dice esto sino lo que la historia te enseña: quien tiene poder y quien no lo tiene no es algo que esté determinado por la fuerza ni por autoridad que pueda ser dada o quitada. El poder pertenece a aquellos que lo recuperan. Aquellos que proclaman yo soy. El poder nace del rechazo a la debilidad. Y el rechazo de la debilidad es nada más y nada menos que un paso en el logro de tu identidad mediante el despertar del amor de tu Ser.

(16.22) Cuánta miseria ha sufrido el mundo en el nombre del juicio, el poder y la justicia. Cuánta miseria puede evitarse encontrando el verdadero poder, el que es inherente a tu identidad. Pues tú no eres débil. Aquellos de ustedes que tienen medios de poder tradicionales de su lado no recurren a su propio poder, y luego se preguntan por qué quienes son más espirituales, en la actualidad y a lo largo de la historia, parecen sufrir dificultades. Sin embargo, son aquellos que sufren dificultades los que se levantan para recuperar el poder que les es propio en vez de buscarlo en otra cosa. Tu percepción mira al poder al revés y se pregunta por qué Dios ha desamparado a personas que parecen tan endiosadas.

(16.23) Dios no desampara a las personas, son las personas las que abandonan a Dios cuando ceden su poder y no reclaman su derecho de nacimiento. Tu derecho es ser simplemente quien eres, y nada en el mundo tiene poder para quitarte este derecho. La única forma de perderlo es cediéndolo. Y esto es lo que tú haces.

(16.24) Dios no quiere sacrificios de ti, pero cuando tú renuncias a tu poder te conviertes en cordero para el sacrificio, una ofrenda a Dios que Dios no quiere. Repasas historias de sacrificios contenidas en la Biblia y piensas que aquellos eran tiempos de barbarie, y sin embargo tú repites la misma historia aunque en forma diferente. Si un médico talentoso renunciara a su poder de curar, dirías que es un desperdicio. Sin embargo, tú renuncias a tu poder de ser quien eres y crees que así es la vida. Cedes tu poder y luego te inclinas ante aquellos a quienes se lo has cedido, pues no tienes miedo de nada excepto de tu propio poder.

(16.25) Este miedo surge de aquello para lo cual has usado tu poder. Sabes que tu poder ha creado el mundo de ilusiones en el que vives, por lo tanto piensas que algún otro sabrá hacerlo mejor. Ya no confías en tu propio poder, entonces lo has olvidado y no te das cuenta lo importante que es recuperarlo. Aunque quieras ser bueno, seguirías moviéndote mansamente por la vida tratando de cumplir con reglas divinas y humanas, teniendo en mente un bien aun mejor. Si todo el mundo hiciese lo que quiere hacer, tu razón, tu sociedad sufriría un colapso y reinaría la anarquía. Crees que eres justo cuando decides que si nadie puede hacer lo que quiere, tú también debes renunciar a tus deseos a favor del bien común. Así es como te comportas en formas “nobles” que no sirven a ningún propósito.

(16.26) Si no puedes recuperar al menos una pequeña cantidad de amor por tu propio Ser, tampoco puedes recuperar tu poder, pues ambos —amor y poder— van de la mano. No hay “bien común” como tú lo percibes, y tú no estás aquí para asegurar la continuidad de la sociedad. Puedes abandonar las preocupaciones que te aquejan si en cambio trabajas por el regreso al cielo y el regreso de tu propio Ser.

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Parte 2.- Un Curso de Amor.

UN CURSO DE AMOR.Por Mari Perron.
5. LA RELACIÓN.

“En cada unión, en cada entrega existe el amor: Cada unión, cada entrega es precedida por una suspensión del juicio. Por lo tanto, no es posible unirse a lo que se juzga. Lo juzgado permanece fuera de ti, y es lo que permanece fuera lo que te invita a hacer aquello que el amor no haría. Lo que permanece fuera es todo lo que no se ha unido a ti. Lo que se ha unido a ti deviene real en la unión, y sólo el amor es real”.

(5.1) La presencia de Cristo en ti es plenamente humana y plenamente divina. Como plenamente divina, nada le es desconocido. Como plenamente humana, ha olvidado todo. Por lo tanto, volveremos a aprender lo que, como el Uno, ya sabemos. Esta unión de lo humano y lo divino se gesta en la presencia del amor, a medida que su reconocimiento derrumba todo aquello que te provoca temor y sufrimiento. Esta unión de lo humano y lo divino es tu propósito aquí, el único propósito digno de tus pensamientos.

(5.2) Tú que has llenado tu mente de divagaciones sin sentido y pensamientos que no piensan en nada que sea real, alégrate de que existe un camino para poner fin a este caos. El mundo que ves es un caos y en él no hay nada digno de confianza, tampoco tus pensamientos. Por ello necesitan ser consagrados de nuevo, dedicados al único propósito digno de pensar: el propósito de unirte a tu verdadero Ser, el Cristo en ti.

(5.3) Lo dije antes: es sólo a través de la unión conmigo que aprendes, porque es sólo en unión conmigo que eres tu Ser. Ahora debemos expandir tu comprensión de la unión y la relación, así como tu comprensión de mí.

(5.4) La unión es imposible sin Dios. Dios es unión. ¿Acaso no es semejante a decir Dios es Amor? El amor es imposible sin unión. Lo mismo vale para la relación. Dios crea toda relación. Cuando tú piensas en la relación, piensas primero en una relación y luego en otra, la que compartes con tal o cual persona amiga, con tu esposo o esposa, con un hijo, empleado o empleador, o un pariente. Al pensar en estos términos tan específicos no percibes el sentido de la relación: ésta, en sí misma, es sagrada.

(5.5) La relación existe aparte de los particulares. Esto es lo que no puedes concebir y lo que tu corazón necesita aprender de nuevo. Toda verdad es generalizable porque la verdad no se ocupa de los detalles específicos ni de las formas de tu mundo. Tú piensas que la relación existe entre un cuerpo y otro, y mientras sigas pensando así, no entenderás la relación o la unión ni llegarás a reconocer el amor tal como es.

(5.6) Relación es lo que existe entre una cosa y otra. No es ni una cosa ni la otra. Tampoco es una tercera cosa, en el sentido de un tercer objeto, sino algo distinto. Cuando vas a escribir algo, eres consciente de que existe una relación entre tu mano y un lápiz, pero es una relación que das tan por sentada que has olvidado que existe. Toda verdad anida en la relación, inclusive en una tan simple como ésta. El lápiz no es real, ni la mano que lo toma. Pero la relación entre ellos sí lo es. “Cuando dos o más se reúnen” no es una apelación a los cuerpos para que se unan. Es una declaración que describe lo auténticamente real, la única realidad que existe. Esa reunión es lo real y es la causa de que toda la creación entone un cántico de júbilo. Ninguna cosa existe sin la otra. Causa y efecto son una misma cosa. Por lo tanto, ninguna cosa puede causar otra sin que sean una o estén unidas en la verdad.

(5.7) Empezamos a trazarte un nuevo cuadro, un cuadro de cosas que antes eran invisibles a tus ojos pero que tu corazón veía. Tu corazón conoce el amor sin verlo. Tú le das forma y dices: “Amo a esta persona” o “Amo aquello”, sin embargo tú sabes que el amor existe independientemente del objeto de tu afecto. El amor está más allá del marco de este mundo. Tú te aferras a objetos para atraparlo y ponerle un marco a su alrededor, exhibirlo en la pared como un cuadro y decir: “El amor es esto”. Pero cuando lo has atrapado y colgado para que todos lo vean y contemplen, te das cuenta de que eso no es el amor. Comienzas entonces a erigir tus defensas, las evidencias que citas para decir: “En verdad, esto es el amor y lo tengo aquí. Cuelga de mi pared y lo veo. Es mío, lo poseo, conservo y cuido. Mientras permanezca donde puedo verlo, es real y yo estoy a salvo”.

(5.8) “Ah”, piensas cuando encuentras amor, “ahora mi corazón canta; ahora sé qué es el amor”. Y asocias el amor que has encontrado a la persona en quien lo has encontrado e inmediatamente buscas preservarlo. Hay millones de museos del amor, muchos más que altares. Sin embargo, tus museos no pueden preservar el amor. Te has convertido en coleccionista antes que recolector. Tu temor ha crecido tanto que por seguridad coleccionas todo lo que podría combatirlo. De manera semejante al marco del amor que cuelga en tu pared, las colecciones que llenan tus estantes, ya sean de ideas, dinero o cosas para contemplar, son intentos desesperados de guardar para ti algo apartado de lo demás. Al separar el amor, reconoces que no tiene lugar aquí, pero también te separas tú y todo aquello que defines como valioso. Construyes tus bancos, así como tus museos y palacios al amor y dejas de ver los becerros de oro que se esconden en sus paredes.

(5.9) Esta compulsión a preservar las cosas no es sino afán por dejar una marca en el mundo, una marca que diga: “He conseguido mucho durante mi permanencia en este mundo. Estas cosas que amo son las que dejo, mi legado, las que declaran que yo estuve aquí”. Una vez más la idea es correcta, pero tan fuera de lugar que se convierten en una burla de lo que eres. El amor marca tu lugar, pero en la eternidad, no aquí. Lo que dejas atrás nunca es real.

(5.10) El amor reunido es una celebración. El amor coleccionado no es más que una imitación. Es necesario reconocer y comprender esta diferencia, así como el impulso de separar el amor de todo lo demás, pues la comprensión de estos impulsos puede ser tan esclarecedora que puede comenzar a traer salud a un mundo insano.

(5.11) Todavía no crees ni comprendes que los impulsos que sientes son reales y que no son ni buenos ni malos. Tus sentimientos auténticos provienen del amor, pero tu respuesta a ellos está orientada por el temor. Incluso los sentimientos de destrucción y violencia provienen del amor. Tú no eres malo y no tienes sentimientos que puedan ser calificados de malos. Pero estás desorientado respecto del significado de tus sentimientos y cómo estos pueden traer amor a tu vida y llevar tu vida al amor.

(5.12) Las lecciones del amor se aprenden comprendiendo la relación entre lo que sientes y lo que haces. Cada sentimiento pide que te entregues a una relación con él, pues en él encontrarás amor. En cada unión, en cada entrega existe el amor. Cada unión, cada entrega es precedida por una suspensión del juicio. Por lo tanto, no es posible unirse a lo que se juzga. Lo juzgado permanece fuera de ti, y es lo que permanece fuera lo que te invita a hacer aquello que el amor no haría. Lo que permanece fuera es todo lo que no se ha unido a ti. Lo que se ha unido a ti deviene real en la unión, y sólo el amor es real.

(5.13) ¿Puedes ver el lado práctico de esta lección? ¿Qué terror puede causar un impulso violento que, cuando se une al amor, se convierte en otra cosa? Un impulso violento puede significar muchas cosas, pero siempre detrás de él existe un fuerte deseo de paz. Esta paz puede significar la destrucción de lo viejo, y el amor puede facilitar el ascenso y caída de muchos ejércitos. ¿Qué huestes de destrucción pueden sacudir al mundo cuando se acercan al amor?

(5.14) Dentro de ti el mundo está seguro y a salvo. No reina el terror ni acechan en la noche las pesadillas. Una vez más describiré la diferencia entre lo que está dentro y lo que está fuera. Adentro está todo lo que se ha unido a ti, afuera está todo lo que mantienes separado. Toda relación que hayas tenido alguna vez permanece dentro de ti. Mientras que todo aquello que has apartado, rotulado, juzgado y apilado en los estantes permanece fuera de ti.

(5.15) En esto consisten los dos mundos. Aquel que ves como real es el que mantienes fuera de ti y puedes ver con los ojos del cuerpo. Aquel que no ves y en el que no crees es el que no puedes ver en el exterior. Sin embargo, este último es el real. Ver ese mundo real en el interior requiere otro tipo de visión: la visión del corazón, la visión del amor, la visión de Cristo en ti.

(5.16) Te asomas a la puerta de tu casa y ya sea que veas iluminadas calles urbanas, o calles atestadas de desperdicios y delincuencia, o campos sembrados, afirmas que ése es el mundo real. Es el mundo al que sales para ganarte la vida, recibir educación, encontrar pareja. La casa en la que moras, en cambio, como tu mundo interior, es donde vives la vida que tiene mayor sentido. Es donde se forman tus valores, donde tomas decisiones, donde hallas seguridad. La comparación no es ociosa. Tu hogar está dentro de ti y es real, tan real como parece serlo la casa que has hecho dentro del mundo. Puedes decir que el mundo real está fuera de ti del mismo modo en que imaginas que el mundo real está más allá de las puertas de tu casa, pero decirlo no lo convierte en verdad.

(5.17) Tu deseo continuo de mantener una relación con el mundo que está fuera de ti es la única causa de que ese mundo permanezca. Esto se debe a que no defines la relación como una unión. Aquello con lo que te unes deviene real. Cuando lo integras en tu interior lo conviertes en real porque lo conviertes en uno con tu Ser real. Esto es lo real. Todo aquello con lo que no te unes permanece fuera de ti y es una ilusión, pues lo que no es uno contigo no existe.

(5.18) De esta manera te conviertes en un cuerpo que se mueve en un mundo ilusorio donde nada es real y nada sucede en verdad. Este mundo ilusorio está lleno de cosas que te han dicho y te has dicho que debes hacer pero no quieres. Cuantas más cosas de estas haya en tu vida, más se empequeñece tu realidad. Todo lo que podría unirse a ti y convertirse en parte del mundo real de tu creación queda fuera de tu alcance.

(5.19) Nada hay en tu mundo que no pueda convertirse en sagrado mediante la relación contigo, pues tú eres esa santidad. No lo sabes porque llenas tu mente y dejas vacío el corazón. Tu corazón sólo se llena mediante la relación o la unión. Un corazón lleno supera a una mente llena, pues no deja lugar para los pensamientos insensatos sino sólo para aquello que es real.

(5.20) Queda entonces propuesto el primer ejercicio —y el único— de este curso para tu mente: consagra tu pensamiento a la unión. Cuando tu mente se llena de pensamientos sin sentido, cuando aparecen resentimientos, cuando te invaden las preocupaciones, repite el pensamiento que abre el corazón y despeja la mente: “Consagro todo pensamiento a la unión”. Toda vez que necesites reemplazar pensamientos sin sentido, piensa en esto y repítelo una y cien veces si es necesario. No necesitas imaginar con qué reemplazarás tus pensamientos sin sentido, pues tu corazón intercederá satisfaciendo su anhelo de unión tan pronto como hayas expresado tu voluntad de dejar que lo haga.

(5.21) Todavía no comprendes la tenacidad de tu resistencia a la unión que transformaría el infierno en cielo y la locura en paz. Todavía no comprendes tu habilidad para elegir aquello a lo que das realidad al crear tu mundo. El único significado del libre albedrío es éste: Qué eliges unir contigo y qué eliges dejar fuera.

(5.22) Tu deseo de separación es el más insano de todos cuantos hayas concebido. Por encima de tu anhelo de unión colocas este deseo de estar solo y separado. En él fundamentas tu resistencia a Dios. Crees que has elegido distanciarte de Dios para poder seguir tu propio camino, pero al mismo tiempo que anhelas regresar a Dios y al cielo que es tu hogar, no quieres admitir que no puedes hacerlo solo. Has convertido a la vida en una prueba y crees que puedes pasarla o fracasar por tus propios méritos. Sin embargo, cuanto más te esfuerzas para lograrlo, más te das cuenta de la futilidad de tus esfuerzos, aunque no quieras admitirlo. Te aferras al esfuerzo como si fuese el camino a Dios y no quieres creer que todo esfuerzo es en vano y que existe una solución más simple. Pero en tu mundo, la solución simple que no exige lucha carece de valor. El individuo, te dices, se hace mediante el esfuerzo, y sin éste no existiría. En esto tienes razón, pues mientras pretendes ser un individuo, niegas la unión con los demás.

(5.23) Todos tus esfuerzos por ser un individuo se concentran en la vida del cuerpo. Tu concentración en la vida del cuerpo pretende mantenerlo separado. “Ganar” es tu expresión preferida mientras luchas por superar todos los obstáculos y adversidades que te impiden tener todo lo que crees que quieres tener. Ésta es tu definición de la vida, y mientras rige, define lo que ves como real. Te presenta miles de opciones, no una vez sino muchas, hasta que crees que tu poder de elección es una fantasía y en realidad eres impotente. En consecuencia, reduces aquello que quieres y sales en su busca con toda determinación, convencido de que la única opción que está bajo tu control te exige esfuerzo y trabajo. Crees que si dejas de lado todo lo demás y te concentras sólo en esta opción, tarde o temprano alcanzarás el éxito. Así se expresa la fe en tu capacidad de maniobra en el mundo que has creado; y si finalmente logras el éxito, sientes que esa fe está justificada. No te detienes a examinar el costo. Sin embargo, éste pronto se torna evidente. En vez de sentir que has ganado, te encuentras intentando superar una sensación de pérdida. ¿En qué te equivocaste?, te preguntas. ¿Por qué no estás satisfecho con todo lo que has logrado?

(5.24) Una vez que lo has logrado, este conseguir lo que quieres que arrastra tu vida demuestra que no es, precisamente, lo que querías. Cuando esto ocurre, simplemente crees que elegiste mal, por lo tanto eliges otra cosa y luego otra más, sin detenerte a considerar que estás eligiendo entre ilusiones. ¡Y te sorprendes de no haber encontrado la felicidad! Mientras tanto, sigues viviendo la vida como una prueba, obligándote a un logro tras otro, seguro de que el próximo será el que vale.

(5.25) Pero es un engaño, pues lo que fracasó una vez seguramente fracasará de nuevo. Necesitas detenerte ahora mismo y abandonar lo que crees que quieres.

(5.26) Detente ahora y observa ahora tu reacción a estas palabras y la tenacidad de tu resistencia. ¿Abandonar lo que quieres? Sin duda esto es lo que esperabas que Dios te pidiera y aquello de lo cual te has cuidado toda la vida. ¿Por qué tendrías que hacer este sacrificio? ¿Para qué vivirías? Quieres tan poco, ¿cómo se te puede pedir que lo abandones?

(5.27) En verdad quieres poco, y sólo cuando tomas conciencia de esto puedes recuperar todo lo que es tuyo.

(5.28) Con cada unión a la que te entregas, tu mundo real se agranda, al mismo tiempo que decrece aquello que te aterroriza. Ésta es la única pérdida provocada por la unión, y no es más que la pérdida de una ilusión. A medida que la unión te resulta más atractiva, comienzas a preguntarte cómo se produce. Debe haber algún secreto que no conoces. ¿Cuál es la diferencia entre proponerte una meta y alcanzarla, y unirte con algo?

(5.29) No es necesario que sean dos cosas aparte, pero lo son por tu propia elección: la elección de lograr por ti mismo lo que quieres. Ésta es la diferencia entre unión y separación. Separación es todo lo que percibes solo. Unión es todo aquello que me invitas a compartir y compartes con Dios. No estás solo ni estás sin tu Padre, pero la invitación es necesaria para que tomes conciencia de esa presencia. Así como yo lo fui, tú eres simultáneamente humano y divino. Aquello que tu yo humano ha olvidado, tu verdadero Ser lo resguarda a la espera de que le des la bienvenida para dártelo a conocer una vez más.

(5.30) A Dios lo conoces en las relaciones, pues éstas son lo único real. Dios no puede ser visto en las ilusiones ni puede ser conocido por quienes le temen. Todo temor es temor a las relaciones y, por consiguiente, miedo a Dios. Puedes aceptar el terror que reina en otra parte del mundo porque no te sientes relacionado con él. Sólo en la relación las cosas se vuelven reales. Eres consciente de esto y por lo tanto te esmeras por mantener lejos de ti todo aquello que se sumaría a tu desasosiego y sufrimiento. Pero pensar que una relación puede provocar terror, desasosiego o sufrimiento es un error.

(5.31) Crees que estar en contacto con la violencia es tener una relación con ella. No es así. Si lo fuera, estarías unido a todo aquello con lo que entras en contacto, el mundo sería el cielo y todo lo que ves sería bendecido por tu santidad. El hecho de que andes por el mundo sin relacionarte con él es lo que provoca tu alienación del cielo que podría ser.

(5.32) Recuerda ahora un día maravilloso. Todo el mundo ha tenido por lo menos un día brillante en un mundo de oscuridad. Un día en que el sol brillaba en tu mundo y tú te sentías parte de todo. Cada árbol y cada flor te daban la bienvenida. Cada gota de agua parecía refrescar tu alma y cada soplo de brisa te transportaba al cielo. Cada sonrisa parecía dirigida a ti y tus pies parecían apenas tocar el suave cielo que pisabas. Esto es lo que te espera cuando te unes con lo que ves. Esto es lo que te espera cuando dejas de juzgar al mundo, con lo cual te unes a todo y extiendes tu santidad sobre un mundo de pesares para que se convierta en un mundo de alegría.

6. PERDÓN / UNIÓN.

“El desafío ahora reside en crear antes que adquirir. Con la paz, los logros se trasladan al ámbito donde realmente vale la pena desearlos y donde realmente pueden tener lugar. Y con esos logros llegan la libertad y el desafío de crear. Aquellos que no pudieron cambiar ni un ápice del mundo mediante su esfuerzo, en paz crean el mundo de nuevo”.

(6.1) La unión descansa sobre el perdón. Ya has oído esto antes pero no comprendes qué cosa deberías perdonar. Debes perdonar la realidad por ser como es. La realidad, lo auténticamente real, es la relación. Debes perdonar a Dios por crear un mundo en el que no puedes estar solo. Debes perdonar a Dios por crear una realidad que se comparte, antes de estar en condiciones de comprender que ésta es la única realidad que quieres. Debes perdonar esta realidad por ser diferente de lo que imaginaste. Debes perdonarte a ti mismo por no poder hacer las cosas por tu cuenta. Debes perdonarte a ti mismo por ser lo que eres, un ser que sólo existe en relación. Debes perdonar a todos por ser como tú. Ellos tampoco pueden estar separados por más empeño que pongan. Perdónalos. Perdónate. Perdona a Dios. Entonces estarás preparado para entender cuán diferente es vivir en la realidad de la relación.

(6.2) Tu hermano no existe aparte de ti, ni tú de tu hermano. Esta es la realidad. Tu mente no está contenida dentro de tu cuerpo sino que es una con Dios y la compartes con todos tus semejantes. Ésta es la realidad. El corazón, que es centro de tu ser, es centro de todo lo que existe. Ésta es la realidad. Ninguna de estas cosas te hace menos de lo que habías percibido ser, pero hace imposible que estés separado. Puedes desear lo imposible hasta el fin de tus días, pero no puedes tornarlo posible. ¿Por qué no perdonas al mundo por ser distinto de lo que creías y comienzas a aprender cómo es en realidad? Para eso existe el mundo, y cuando hayas aprendido lo que tiene para enseñarte, ya no lo necesitarás, lo dejarás ir con alegría y en su lugar hallarás el cielo.

(6.3) Esto es lo que te enseñan todas las palabras, símbolos, formas y estructuras de tu mundo de la manera más simple y directa posible. No estás solo ni separado, nunca lo estuviste y nunca lo estarás. Todas las ilusiones pretenden ocultar este hecho porque preferirías otra cosa. Sólo cuando dejes de desear lo que no puede ser podrás ver aquello que es.

(6.4) Quienes menos me aceptaron como profeta y salvador fueron aquellos que más se parecían a mí, los que me vieron crecer, trabajaron junto a mis padres y vivieron en el mismo pueblo. Fue porque sabían que yo no era diferente de ellos y no podían aceptar que eran iguales a mí. Tanto ellos en su tiempo como tú ahora no son diferentes de mí. Somos semejantes porque no estamos separados. Dios creó el universo como un todo interrelacionado. El hecho de que el universo es un todo interrelacionado ni siquiera es discutido por la ciencia. Aquello que has construido para ocultar tu realidad se ha convertido, con la ayuda del Espíritu Santo, en lo que te enseñará a entenderla. Pero aun así te rehúsas a escuchar y aprender. Todavía prefieres que las cosas sean distintas y, por el solo hecho de preferirlas, eliges que sean así.

(6.5) ¡Haz una nueva elección! La elección que tu corazón anhela hacer y que tu mente encuentra cada vez más difícil negar. Cuando eliges la unión antes que la separación eliges la realidad antes que la ilusión. Acabas con la oposición eligiendo la armonía. Acabas con el conflicto eligiendo la paz.

(6.6) Todo esto es obra del perdón. El perdón del error original: la elección de creer que eres un ser separado a pesar de que no es así ni podrá serlo jamás. ¿Qué creador amoroso crearía un universo donde fuese posible la separación? Un ser aparte sería un ser creado sin amor, pues el amor crea a su semejanza y es uno con aquello que ha creado. Darte cuenta de esta simple verdad te iniciará en el camino del aprendizaje de lo que tu corazón quiere que aprendas.

(6.7) El hecho de que no estés solo en el mundo demuestra que no estás hecho para la soledad. Todo lo que hay a tu alrededor te ayuda a percibir de manera correcta, y luego a ir más allá de la percepción, hacia la verdad.

(6.8) ¿Qué es lo opuesto de la separación sino estar unido en una relación? Todo lo que se une en relación contigo es sagrado porque tú lo eres. Cualquiera de los contrastes que ves lo ejemplifica. Sólo ves el mal en relación con el bien. Ves el caos en relación con la paz. Cuando ves cada una de estas cosas como una entidad aparte no ves lo que la relación te muestra. El contraste pone en evidencia, por eso es una de las herramientas favoritas del Espíritu Santo. El contraste revela la relación que existe entre la realidad y la ilusión. Cuando eliges negar esta relación, optas por un sistema de pensamiento basado en lo contrario de tu realidad. Por lo tanto, cada negación de la unión revela su opuesto. Lo que está separado de la paz es caos. Lo que está separado del bien es maldad. Lo que está separado de la verdad es locura. Puesto que no puedes estar separado, todos estos factores que se oponen a tu realidad sólo existen por contraste con ella. Esto es lo que eliges crear cuando pretendes ser lo que no puedes ser. Eliges vivir en oposición a la verdad, y la oposición es algo que tú construyes.

(6.9) ¡Vuelve a elegir! Y abandona el temor a lo que la realidad puede traerte. ¿Qué podría ser más insano que aquello que ahora llamas cordura? ¿Qué pérdida puede haber cuando te unes a aquello que es semejante a ti? Está a sólo un paso de donde te encuentras ahora, tan indefenso y solo.

(6.10) Sin embargo, temes. Y mantener el temor te tiene muy ocupado. Avivas su fuego para que no se apague y te deje inmerso en una tibieza que no es de este mundo. Ésta es la tibieza en que vivirías, una tibieza tan abarcadora que el frío del invierno no le haría mella. Pero aun así eliges el fuego. Eliges el fuego del infierno antes que la luz del cielo. Sólo tú puedes atizar el fuego y por eso te resulta deseable. Una tibieza que no es de este mundo, que se ofrece libremente sin que tengas que trabajar por ella, te provoca desconfianza. ¿Cómo puede ser para ti si no tienes que invertir ningún esfuerzo para ganártela? Y aun si fuese verdad, ¿qué tiene? Algunos —te dices— se van a vivir cerca del ecuador donde el sol brilla todos los días y no hay necesidad de encender un fuego. Pero tú no. Tú —te dices— prefieres las cuatro estaciones, el frío y el calor, la nieve y la lluvia, la oscuridad de la noche y las nubes que ocultan el sol. ¿Qué sería la vida sin ellas? El sol perpetuo sería demasiado fácil, carente de imaginación, estéril. Tener todos los días lo mismo no sería interesante por ahora. Tal vez más adelante, cuando seas viejo y te hayas cansado del mundo. Tal vez entonces te sientes al sol.

(6.11) Éste es el cielo según tu mente, el significado de la unión, el rostro que le das a la paz eterna. Con semejante visión en tu mente no es ninguna sorpresa que la rechaces o que la postergues hasta el final de tus días. Un cielo como éste es para los ancianos y desvalidos, para aquellos prontos a abandonar el mundo, para quienes ya se han cansado de él. ¿Qué tendría de divertido un cielo así para los que todavía son jóvenes y están llenos de vigor? ¿Para los que están dispuestos a enfrentar otra batalla o aún no han probado todos los desafíos? Si todavía queda una montaña para escalar, ¿por qué elegir el cielo? Puedes elegirlo más tarde, cuando la enfermedad haya tomado el control de tus miembros y tu mente ya no corra en busca de lo que viene después.

(6.12) El entusiasmo por la vida y el entusiasmo por el cielo aparecen como cosas opuestas. El cielo y su ambiente de paz eterna pueden quedar — piensas— para el fin de los días, y gritas que es injusto cuando un joven abandona la vida. El cielo no es para los jóvenes, dices. Es injusto que aquellos que mueren jóvenes no hayan tenido la oportunidad de vivir, la oportunidad de enfrentar las luchas y los desafíos, la llegada del nuevo día y el ocaso de lo viejo. Qué pena que no hayan tenido la oportunidad de marchar solos por la vida y ser lo que podrían haber sido. Les adjudicas tus valores, pues tú vives para lo que está por venir, con la esperanza de que no sea como lo anterior. Pues cada desafío que enfrentas es un llamado a enfrentar el próximo. Y cada uno llega para reemplazar el anterior con la esperanza de que, ahora sí, éste sea el que vale, y al mismo tiempo la esperanza de que no lo sea.

(6.13) Tener éxito es como una pequeña muerte, un duelo del que debes salir rápido hacia donde te espera un nuevo desafío y una nueva razón para existir. Devoras inmediatamente la zanahoria que sostienes delante de ti para realimentar el círculo. Así como comes para saciar tu hambre y poco después sientes hambre de nuevo, tu vida necesita un círculo similar perpetuo para mantener la realidad que le has construido. “Luchar por el éxito y tener éxito para luchar un día más” es la vida que te has hecho y la que temes que sea reemplazada por el cielo. Dejar de lado la idea de que en esa vida reside el sentido, se logra satisfacción y se construye la felicidad es considerado una rendición. Es entonces en estos momentos que invocas la ayuda del cielo, cuando pareces estar próximo a rendirte, pues nunca sientes tanta necesidad de ayuda como cuando tus proyectos fracasan y la resignación se transforma en una alternativa más tentadora que la perseverancia.

(6.14) Muy pocos piden la gracia de abandonar lo que ha sido por lo que podría ser. Consideras que rendirte es un fracaso, y esto es a lo que más temes. No tener éxito en la vida sería en verdad un fracaso, siempre y cuando fuese posible. Sin embargo te aferras a esta posibilidad, pues crees que sin posibilidad de fracaso no existe posibilidad de éxito. Los contrastes que ves en tu estado de separación crean situaciones en las que sientes que sólo hay lugar para una cosa “o” la otra y que debes optar por una “u” otra. Pero si bien optar por el cielo es en verdad una opción por abandonar el infierno y la verdad es la opción de renunciar a las ilusiones, la alternativa no es real, pues en la verdad las ilusiones se desvanecen y en el cielo queda abolido todo pensamiento sobre el infierno.

(6.15) ¿Cómo puedo convencerte de que deseas la paz si no la conoces? Quienes alguna vez adoraron becerros de oro lo hicieron porque no conocían otra opción. Para ellos, la idea de un dios de amor era tan extraña como lo es para ti la idea de una vida de paz. Ha cambiado lo que es extraño para el mundo, pero no ha cambiado el mundo. Los que conviven con la guerra buscan la paz. Los que viven un fracaso buscan el éxito. Dicho de otro modo, buscas sentido en un mundo insano, buscas sentido en lo que no tiene sentido, buscas un propósito en lo que no tiene propósito.

(6.16) ¿Cómo puedo hacer que la paz sea atractiva para ti que no la conoces? La Biblia dice: “El sol brilla y la lluvia cae sobre malos y buenos por igual”. ¿Por qué crees, entonces, que la paz es un sol perpetuo? La paz es simplemente disfrutar tanto del sol como de la lluvia, de la noche como del día. Cuando no juzgas, la paz brilla sobre todo lo que miras, así como sobre toda situación que enfrentas.

(6.17) Las situaciones también son relaciones. Cuando la paz está presente en tus relaciones, las situaciones también se revelan tal como son y puedes verlas bajo la luz del cielo. Las situaciones ya no chocan unas contra otras tornando imposible que cumplas con lo que te propones. El desafío ahora reside en crear antes que adquirir. Con la paz, los logros se trasladan al ámbito donde realmente vale la pena desearlos y donde realmente pueden tener lugar. Y con esos logros llegan la libertad y el desafío de crear. La creación se convierte en la nueva frontera, la ocupación de quienes son demasiado jóvenes como para descansar, demasiado interesados en vivir como para darle la bienvenida a la paz de la muerte. Aquellos que no pudieron cambiar ni un ápice del mundo mediante su esfuerzo, en paz crean el mundo de nuevo.

(6.18) Aquí encuentran la más amable de las respuestas a sus preguntas. No requiere tiempo ni dinero ni el sudor de la frente cambiar el mundo: requiere sólo amor. Un mundo perdonado es un todo completo, y en su plenitud es uno contigo. Es aquí, en la plenitud, donde mora la paz y está el cielo. Es en la plenitud donde el cielo espera por ti.

(6.19) Piensa ahora en esto: ¿Cómo podría el cielo ser un lugar diferente? ¿Un pedazo de geografía distinto del resto? ¿Cómo podría no abarcarlo todo y aun así ser lo que es: hogar del hijo amado de Dios y morada de Dios mismo? Es porque Dios no está separado de nada que tú tampoco lo estás. Es porque Dios no está separado de nada que el cielo está donde tú estás. Es porque Dios es amor que todas tus relaciones son santas, y a partir de ellas puedes encontrar el camino a Él y a tu santo Yo.

(6.20) ¿Tus relaciones con tus seres queridos quedan truncas cuando abandonan este mundo? ¿Acaso no piensas todavía en ellos? ¿Y no piensas en ellos como los que eran en vida? ¿Cuál es la diferencia, en tu mente, entre lo que fueron y lo que son después de la muerte? Si eres honesto admitirás una noción de que ellos todavía existen, pero sin el peso del cuerpo, sin los límites que imperan sobre los que quedan. Tal vez todavía los imaginas con forma corporal, pero los imaginas felices y en paz. Aun aquellos que proclaman no creer en Dios o en una vida después de la muerte admiten que ésta es una imagen que ilumina sus mentes con paz y esperanza. Esta imagen es tan antigua como el cielo y la tierra y todo lo que está más allá. No surgió de la fantasía ni pasó de una mente a otra como suelen hacerlo los cuentos. Es parte de tu conciencia de quien eres, una conciencia que niegas para dar paso a pensamientos de muerte tan sombríos que hacen de la vida una pesadilla.

(6.21) Tu negación de los pensamientos felices te ha llevado a una vida de infelicidad. Adoptas pensamientos de terror y pecado, pero a los pensamientos de resurrección y vida nueva los acallas antes de que tengan oportunidad de nacer y los llamas ingenuos. ¿Qué daño crees que te pueden hacer los pensamientos felices? A lo sumo puedes creer que son engañosos. Y a lo que temes es al desengaño. Todo aquello que alguna vez has deseado en la vida y no has podido cumplir lo usas como prueba para negarte las esperanzas de cualquier clase. No puedes entender la diferencia entre desear lo que nunca puede ser y aceptar lo que es.

(6.22) Así las cosas, el mundo te decepcionará sin remedio, pues tu concepto de él se basa en el engaño. Te has engañado sólo a ti mismo, y tu engaño no ha cambiado aquello que es ni logrará hacerlo jamás. Sólo Dios y Sus colaboradores pueden llevarte del engaño a la verdad. Has tenido tanto éxito en engañarte que ya no puedes ver la luz sin ayuda. Pero únete a tu hermano y la luz comenzará a brillar, pues todos están aquí para ayudarte. Este es el propósito del mundo y del amor: poner fin al autoengaño y regresarte a la luz.

7. LA RETENCIÓN.

“Lo que apartas del mundo lo apartas de ti, pues no estás separado del mundo. En toda situación, lo que escatimas no lo tienes, porque sólo lo escatimas de ti mismo”.

(7.1) Antes de continuar, es necesario producir una reversión mayor del pensamiento. Se ha dicho y subrayado muchas veces y lo diremos aquí también: aquello que das, en verdad lo recibes. Lo que no recibes es medida de lo que retienes. Tu corazón está acostumbrado a dar de una manera en que tu mente no lo está. Tu mente se apega a cualquier idea pensando en lo que puede traerte, y se resiente cuando ve que esa misma idea fructifica y tiene éxito en el mundo. “Yo tuve esa idea”, sueles lamentar cuando otro tiene éxito donde tú has fallado. “Yo podría estar donde está esa persona si no fuese por la injusticia de la vida”, te quejas. Tu mente habita en un mundo propio hecho mayormente de “si tan sólo”. Tu corazón, por otra parte, sabe dar y recibir sin los límites del mundo de tu mente o de las circunstancias físicas. A pesar de las decepciones más severas, tu corazón sabe que aquello que das en verdad lo recibes.

(7.2) Aun así, hay partes de ti que le escatimas incluso al amor, y esto es lo que debemos corregir. Pues aquello que retienes, no lo recibes, y en consecuencia no recibes una parte del cielo o de Dios o de tu propio Ser. Para recibir de verdad, necesitas darte de manera completa. Por ahora nos concentraremos en la retención, pues aún no comprendes lo que puedes dar ni reconoces lo que tienes para dar. Pero puedes reconocer aquello que te guardas para ti y observarlo en cada situación. A medida que tomes conciencia de lo que retienes, podrás darte cuenta de lo que no das y, en consecuencia, de lo que tienes para dar.

(7.3) En tu mundo, todo aprendizaje se fundamenta en la comparación entre las cosas. Mediante la comparación buscas diferencias y las magnificas, nombras las cosas y las clasificas, estableces contrastes y oposiciones para separarlas en grupos y especies. No sólo distingues y separas a cada individuo, sino también a grupos de individuos, porciones de tierra, sistemas, organizaciones, el mundo natural, el mundo mecánico, el cielo, la tierra, lo divino y lo humano.

(7.4) Para identificarte a ti mismo en este mundo, has debido asirte a una parte de ti y decir: “Esto es lo que me hace único”. Sin esta parte de ti que señalas como única, tu existencia parecería tener menos propósito del que parece tener. En consecuencia, aquello que has decidido que te distingue más, que más te separa del resto, es lo que más valoras.

(7.5) Este pensamiento constituye todo un sistema en sí mismo, pues es el principal pensamiento por el que vives tu vida. Todos tus esfuerzos se concentran en sostener la ilusión de que debes proteger lo que eres, y que la protección consiste en mantener a resguardo esta parte de ti. Así como el amor que has apartado de este mundo puede ser usado, también el pensamiento puede serlo, pues reconoce que estás tan apartado de este mundo como lo está el amor. Las duras realidades del mundo pueden reclamar tu cuerpo y tu tiempo, pero no permites que reclamen esta parte de ti que has resguardado y retienes en tu corazón. Sobre ella trabajaremos ahora.

(7.6) Esta es la parte que grita nunca a aquello que quiere vencerte. La vida siempre quita cosas —dices— pero nunca te quitará esto. Voluntad de vivir lo llaman quienes sienten su vida amenazada. Grito del individuo lo llaman quienes sienten que su identidad está amenazada. Para algunos es vocación creadora y para otros, el llamado del amor. Hay quienes no cambiarán esperanza por cinismo. Otros lo llaman ética, moral, valores y declaran que nunca cruzarán ese límite. Es una declaración que proclama: “No venderé mi alma”.

(7.7) Regocíjate de que haya algo en este mundo que no negociarás, algo que consideras sacrosanto. Este es tu Ser. Sin embargo, este Ser que guardas con tanta estima es lo que tienes que aprender a dar gratuitamente. Es el Ser que sostiene la luz de quien eres en verdad, el Ser que está unido al Cristo en ti.

(7.8) A este Ser apelamos ahora. Escúchalo y guárdalo en tu corazón con alegría, junto con aquello que ya está en él: el amor que apartas y esa parte de ti que no cedes. Cuando aprendes que en verdad recibes aquello que das, verás que vale la pena dar lo que habita en tu corazón, pues eso será lo que recibirás.

(7.9) Regresemos ahora a lo que retienes y veamos qué efecto tiene la retención sobre ti y sobre el mundo. La primera lección que necesitas aprender dice que el mundo no te separa. Eres tú quien se separa del mundo. Esto es lo que ha hecho el mundo así como es. Lo que retienes permite que gobierne la ilusión y que la verdad haya quedado encerrada en un sótano tan impenetrable y durante tanto tiempo, que la creíste olvidada. No te das cuenta de que ese sótano es tu propio corazón, ni que aquello que has elegido separar y guardar en él es la verdad. Cuando creas en esto, y cuando creas que lo que das es lo que recibes, abrirás las puertas de par en par y todo el gozo que has separado de ti mismo regresará. Un fuerte viento barrerá tu corazón y todo el amor que le has negado al mundo será liberado en un gran intercambio. Fluirá en todas direcciones y no dejará rincón del universo sin tocar. En un instante la eternidad vendrá a ti. La muerte será un sueño a medida que el viento de la vida sople de direcciones que están más allá de toda dirección e insufle hálito vital a lo que estuvo encerrado durante tanto tiempo. Después de esto soplará sobre ti una suave brisa que nunca te abandonará y la vida respirará en unidad.

(7.10) La retención que practicas adquiere muchas formas. Sin embargo, éstas no son más que meros efectos de la misma causa que mantiene a la verdad separada de la ilusión. Donde llega la verdad, la ilusión se disipa. La verdad no necesita que la protejas, pues cuando se acerca a la ilusión, brilla con su luz en las tinieblas y éstas dejan de existir.

(7.11) Hay dos formas de apartar y retener: aquello de ti que guardas del mundo, y aquello del mundo que guardas para ti. Una ofensa, por ejemplo, es algo que eliges para ti, una parte de una relación que guardas con desprecio y amargura. No tienes conciencia de que eliges esta forma de retención decenas de veces por día. Una llamada telefónica sin contestar, un atascamiento de tráfico, una palabra grosera… todas estas cosas pueden convertirse en resentimientos que guardas y te rehúsas a abandonar. Es probable que empieces el día con varias de estas cosas en tu mente, donde las conviertes en razones para seguir reteniendo y escatimando. Ya tienes una excusa, o varias, para tener un mal día. ¿Por qué habrías de darle algo a alguien cuando el día te trata tan mal? Incluso reprimes la sonrisa, porque eliges la ofensa por encima del amor.

(7.12) Puedes optar por hablar sobre tu mal día con aquellos que encuentres, y si te muestran apoyo y comprensión, puede que decidas que has conseguido algo a cambio de tus resentimientos, y si eso que has conseguido en el intercambio te resulta de igual valor, tal vez decidas abandonar los resentimientos. Pero si la respuesta no te satisface, la añades a tu lista de ofensas hasta que el peso de las cosas a las que te apegas es mayor de lo que puedes soportar. Buscas entonces a alguien en quien descargar el peso, con la esperanza de poder pasarle masivamente tus ofensas. Si tienes éxito mediante el enojo, el despecho o la mezquindad, te sientes culpable y te refugias aún más en tu propia miseria.

(7.13) No te das cuenta de que toda situación es una relación, inclusive aquellas tan simples como una llamada telefónica sin respuesta o un atascamiento de tráfico. En cada situación te relacionas con alguien o algo, y lo que sostienes en contra de ese alguien o algo, se lo escatimas y retienes. Le quitas una parte de ellos y la retienes para ti, no para unir sino para separar. Tampoco tienes conciencia de que tú también eres objeto de esta clase de caprichos de tus hermanos y hermanas, por lo que hay partes de ti que quedan dispersas aquí y allá. Sabes que están perdidas, pero no sabes cómo las perdiste ni cómo las puedes recuperar. Lo que no sabes es que puedes prevenir toda pérdida siendo uno. Lo que está unido no puede ser partido y desperdigado, pues permanece en unidad. Lo que está unido vive en paz y no conoce la ofensa. Lo que está unido mora intacto en el amor.

(7.14) Existe otra manera de mezquinarte partes de una relación. No adquiere la forma de las ofensas sino la de sentirte especial. Retienes para sentirte especial, siempre a expensas de otro. Todos tus esfuerzos por ser mejor que tus hermanos y hermanas se traducen en competencia, envidia, codicia. Se relacionan con la imagen que tienes de ti mismo y tus desvelos por reforzarla. Tu deseo no es ser inteligente, sino más inteligente que tus colegas. Tu deseo no es ser generoso, sino más generoso que tus pares. Es tu deseo de ser más rico que tu prójimo, más atractivo que tus amigos, más exitoso que los demás hombres y mujeres. Cavas entonces una trinchera contra individuos y grupos; equipos, organizaciones y naciones; religiones, vecinos y familiares. Es tu deseo de tener el control, o de tener más o ser más. Y así desarrollas una vida basada en la comparación de la ilusión con la ilusión.

(7.15) Tú no crees que esto sea retener o escatimar, pero lo que reclamas como tuyo en desmedro de los demás es en verdad una retención. Y en tu mundo no sabes cómo obtener algo para ti sin quitárselo a otro. Inclusive adoptas la posición de escatimar tu inteligencia de los demás, no sea que lucren con ella. Quieres que tu inteligencia reciba reconocimiento, pero quieres que sea reconocida como tuya. Si alguien quiere la inteligencia que tienes para ofrecer, debe dar algo a cambio. Puede ser admiración o dinero, es lo mismo. La demanda persiste, ya sea de la recompensa que se te debe pagar o del homenaje que crees debido. Si no es así, escatimas lo que tienes. Y agradeces estas cosas por las que puedes reclamar una recompensa del mundo, pues sin ellas tú serías el que debería pagar.

(7.16) Éstos son sólo ejemplos de lo que escatimas del mundo y lo guardas para ti. ¿Cuáles son las cosas de ti que escatimas del mundo? En realidad, ambas categorías son similares, pues aquellas cosas que escatimas del resto, aquello por lo que exiges recompensa y no das libremente, tampoco las tienes para ti. Las ideas que guardas, la creatividad que sólo te beneficia a ti, la riqueza que acumulas, todas estas cosas carecen de utilidad cuando las retienes sólo para ti. Es como si no existieran. No te acercan a la verdad ni te brindan felicidad, ni pueden comprarte amor ni el éxito que buscas. Lo que apartas del mundo lo apartas de ti, pues no estás separado del mundo. En toda situación, lo que escatimas no lo tienes, porque sólo lo escatimas de ti mismo.

(7.17) Necesitamos regresar a la relación y corregir rápidamente cualquier idea errónea, en especial las que convierten esto en un asunto trivial o un tema específico que no es generalizable. Toda relación existe en la totalidad. Los ejemplos que utilizamos antes tenían la función de ayudarte a reconocer la relación en sí misma, como algo distinto de los objetos, personas o situaciones con las que te relacionas. Ahora vamos a ampliar la idea.

7.18 Ampliar tu visión para que vaya de lo específico a lo general es una de las tareas más difíciles del proceso de aprendizaje. Te darás cuenta de ello cuando comprendas de qué manera tu pensamiento está atado a lo específico. Una vez más, entonces, apelamos al amor y a la sabiduría íntima del corazón. Tu corazón ya ve de manera más completa que tu mente dividida. Incluso tu lenguaje y tus imágenes reflejan esta verdad, esta diferencia entre la sabiduría del corazón y la mente. Se puede hablar de un corazón roto, pero la imagen que esta frase suscita es la de un corazón rasgado y abierto, no la de un corazón escindido. Tu cerebro, en cambio, está separado en hemisferios derecho e izquierdo, cada uno con su función. Y aunque tu cerebro y tu mente no son lo mismo, tu imagen de la mente y de lo que hace o deja de hacer está vinculada a tu imagen del cerebro. Abandona esta imagen y concéntrate en la totalidad de tu corazón, más allá de cómo lo percibas en la actualidad. Aunque esté herido, roto o entero, es una totalidad dentro de ti, en el centro de quien eres.

(7.19) Es desde este centro que la verdad alumbrará tu camino.

(7.20) Desde este centro comprenderás que la relación existe en la totalidad. Hemos comenzado a desarmar la idea de que estás solo y separado, como un ser escindido del resto. Pero tu perdón de todo aquello que generó este malentendido aún no está completo ni lo estará hasta que tu comprensión sea mayor. Pues no puedes abandonar la única realidad que conoces sin tener una comprensión aunque sea mínima de cuál es la verdad de tu realidad.

(7.21) Si no puedes estar solo debes estar continuamente en relación. En consecuencia, la relación no depende de la interacción tal como la entiendes ahora. Resulta fácil ver la relación entre un lápiz y tu mano, entre tu cuerpo y otro, entre tus acciones y los efectos que parecen tener. Todas estas relaciones se basan en lo que te dicen tus sentidos, que son la evidencia en la que te has apoyado para comprender el mundo. Quienes han desarrollado cierta confianza en formas de conocimiento que no están gobernadas por los sentidos aceptados son considerados sospechosos. Sin embargo, aceptas muchas causas para explicar cómo te sientes, desde variaciones en el clima hasta enfermedades invisibles. Les has dado a otros, a quienes consideras que tienen más autoridad, permiso para proporcionarte su versión de la verdad, y a fin de guardar coherencia eliges creer en la versión de la verdad que predomina en tu sociedad. Por este motivo la verdad difiere de un lugar a otro y hasta parece estar en conflicto. Te aferras a las verdades conocidas, aun cuando eres consciente de su inestabilidad en el tiempo y en el espacio. Por lo que finalmente te aferras a la única cosa segura que se infiltra en tu existencia: el conocimiento de que la muerte te llevará a ti y se llevará a todos tus seres queridos.

(7.22) Date cuenta de que cuando se te pide que abandones esto, se te pide que abandones una existencia tan mórbida que cualquiera en su sano juicio la arrojaría por la ventana con alegría y buscaría una alternativa. Esa alternativa existe. No en sueños ni fantasías, sino en la realidad. No en las formas y circunstancias cambiantes sino en eterna consistencia.

(7.23) Acepta una nueva autoridad, aunque sea por el corto tiempo que te lleva leer esto. Comienza con esta idea: te abrirás a la posibilidad de que una nueva verdad se revele ante tu corazón esperanzado. Mantén en tu corazón la idea de que mientras lees estas palabras, y cuando termines de leerlas, su verdad quedará revelada. Deja que tu corazón se abra a una nueva clase de evidencia de lo que constituye la verdad. No pienses en otro resultado que no sea tu felicidad. Y cuando ésta llegue, no la niegues, ni niegues su fuente. Recuérdate que cuando el amor venga a llenar tu corazón, no lo negarás ni negarás su fuente. No necesitas creer que va ocurrir. Sólo necesitas abrirte a la posibilidad de que ocurra. No le des la espalda a la esperanza que se te ofrece, y cuando la nueva vida fluya llevándose lo viejo, no olvides de dónde provino.

8. LA SEPARACIÓN DEL CUERPO.

“Dentro de tu corazón reside segura la realidad del amor; una realidad tan lejana que crees no recordarla. A esta realidad nos dirigimos cuando nos internamos en lo profundo de ti, hacia el centro de tu Ser”.

(8.1) A los pensamientos de tu corazón los has definido como emociones. Son diferentes de la sabiduría del corazón de la que ya hemos hablado: la sabiduría que sabe distinguir el amor, así como también tu ser. Trabajaremos ahora sobre las emociones, los pensamientos del corazón, y discerniremos la verdad de tu percepción de ella.

(8.2) El propósito de esta lección es ayudarte a ver que las emociones no son el verdadero pensamiento de tu corazón. ¿En qué otro lenguaje puede hablar tu corazón? En un lenguaje susurrado, tan apacible que quienes no cultivan la quietud no lo conocen. El lenguaje del corazón es el lenguaje de la comunión.

(8.3) Nos referiremos a la comunión como la unión de nivel superior, aunque en realidad no hay niveles de unión. En el aprendizaje, la idea de que existen niveles resulta útil, pues ayuda a ver el progreso de una etapa, o nivel de aprendizaje, a otra. Aunque más que aprender se trata de recordar, cosa que entenderás a medida que recuperes la memoria. Tu corazón te ayudará durante el proceso de reemplazar el pensar por recordar. Y en este sentido, recordar habrá de experimentarse como el lenguaje del corazón.

(8.4) No se trata de recordar los días pasados en esta tierra, sino de recordar quién eres tú en verdad. El recuerdo proviene de lo más profundo de ti, del centro en el cual estás unido a Cristo. No se refiere a tus experiencias, no refleja rostros ni símbolos. Es la memoria de la totalidad, del todo indiviso.

(8.5) Multitud de pensamientos y emociones parecen bloquear tu camino a la quietud donde puedes hallar el recuerdo. No obstante, como ya has visto una y otra vez, el Espíritu Santo puede usar lo que tú has hecho para un propósito superior, cuando ese propósito está unido al del espíritu. Debemos explorar, entonces, una nueva forma de considerar las emociones, una forma que te permita usarlas para facilitar tu aprendizaje en vez de bloquearlo.

(8.6) Piensas en el corazón como el lugar de los sentimientos y en consecuencia asocias las emociones con el corazón. Sin embargo, las emociones son reacciones del cuerpo a estímulos que te llegan a través de los sentidos. Así, la contemplación de una puesta de sol puede llenar tus ojos de lágrimas, el contacto de tu mano con la piel de un bebé puede hacerte sentir que tu corazón desborda de amor, las palabras duras que entran por tus oídos pueden hacer que tu rostro se ruborice y tu corazón se cargue de un sentimiento que llamas enojo o vergüenza, según las circunstancias. Cuando los problemas se acumulan y parecen demasiados pueden provocar una turbación emocional o un trastorno

nervioso. En estas situaciones circulan en ti demasiados sentimientos al mismo tiempo o te cierras y no das lugar a ninguno. Como con todas las demás cosas, anhelas un equilibrio que haga latir tu corazón sin sobresaltos, que surja una emoción por vez, que tus sentimientos sean controlables. Pero, por el contrario, te sientes controlado por los sentimientos, por emociones que parecen tener vida propia y un cuerpo que reacciona ante todo en formas que te hacen sentir incómodo, ansioso, eufórico o aterrorizado.

(8.7) Ninguna de estas cosas refleja lo que tu corazón te diría, sino que esconde el lenguaje del corazón y sepulta la quietud bajo las siempre cambiantes facetas de una vida vivida en la superficie, como si tu piel fuese el campo de juego de todos tus ángeles y demonios. Aquello que podrías recordar es reemplazado por la memoria de estas emociones, tantas que no podrías contar las de un solo día, ni siquiera podrían hacerlo quienes dicen no tener emociones. No es a tus pensamientos que recurres en busca de motivos para el resentimiento, municiones para tu venganza o tristeza para tus recuerdos. Es a tus emociones, esos sentimientos que dices que provienen de tu corazón.

(8.8) Qué tontería creer que el amor podría morar con semejantes compañías. Si éstas están en el corazón, ¿dónde está el amor? Si estas ilusiones fuesen reales no quedaría lugar para el amor, pero el amor habita donde no penetra la ilusión. Las ilusiones son como una costra que se adhiere a la superficie del corazón, pero que sin embargo no le impiden cumplir con la función de llevar dentro de sí aquello que te mantiene a salvo.

(8.9) Dentro de tu corazón reside segura la realidad del amor, una realidad tan lejana que crees no recordarla. A esta realidad nos dirigimos cuando nos internamos en lo profundo de ti, hacia el centro de tu Ser.

(8.10) Incluso aquellos de ustedes que mantienen una percepción errónea saben que hay una diferencia entre lo superficial y lo profundo. A menudo sólo se ve la superficie de una situación, la superficie de un problema, la superficie de una relación, y esto es reconocido en el habla cuando decimos: “En la superficie parecería que…”, seguido de intentos por ver debajo de esa superficie para descubrir las causas, motivaciones o razones de una situación, problema o relación. A esto se lo suele llamar búsqueda de la verdad. Aunque la forma en que buscas la verdad allí donde no está hace que permanezca oculta, el reconocimiento de que hay una verdad más allá de la superficie nos resultará de mucha utilidad en esta etapa, así como tu reconocimiento de que existe algo diferente de lo que aparece en la superficie.

(8.11) ¿Qué pretendes hacer cuando intentas ver debajo de la superficie? ¿Pretendes ver debajo de la piel o en los rincones ocultos de la mente y el corazón? Sin unión ninguna búsqueda revela la verdad. Y aunque hay una parte de ti que sabe esto, en vez de la unión prefieres entregarte al juego de la especulación, la conjetura y las causas probables. Buscas explicaciones e información en lugar de la verdad que dices tratar de encontrar. Buscas en el juicio antes que en el perdón. Buscas desde la perspectiva de la separación en vez de buscar desde la unión. Tal vez pienses que si supieras cómo es la unión la usarías ahora mismo para buscar la verdad u otros objetivos. Te gustaría resolver problemas, ser una persona que, como en una corte, separa el bien del mal, la verdad de la mentira, los hechos de la ficción. Pero no ves que lo que deseas es aún más separación, y que ésta no puede traerte la verdad.

(8.12) Hasta tus más elevados deseos están cargados de este sentido de rectitud que te lleva a juzgar a los demás, más allá de la nobleza de la causa que dices seguir. Quisieras ver en la mente y el corazón de los demás con el fin de ayudarlos, pero también para adquirir poder sobre ellos. Consideras que todo lo que ves es tu propiedad y lo que hagas con ello es tu privilegio. Si la unión fuese así, te resultaría peligrosa. Lucharías contra ella para proteger tus secretos. Esta percepción errónea de la unión te alejaría de la meta que buscas, que no es meta sino tu propia realidad, el estado natural en el que existirías si no fuera porque, por decisión propia, has rechazado tu auténtica naturaleza.

(8.13) ¿Ves ahora por qué la unidad y la totalidad van de la mano? ¿Por qué no puedes retener una parte de ti mismo y al mismo tiempo darte cuenta de que la unidad es tu hogar? Si fuese posible existir en unidad y al mismo tiempo escatimar, la unidad sería una burla. ¿A quién le escatimarías? ¿Y de quién escatimarías? La unidad es totalidad. De todo para todo.

(8.14) Hemos hablado de lo que está en la superficie. Hagamos ahora un experimento. Piensa que tu cuerpo es la superficie de tu existencia y contémplalo. Toma un poco de distancia de él, pues no es tu hogar. El corazón del que hablamos no mora en él, y tú tampoco. Los cuerpos separados no pueden unirse en una totalidad. Fueron hechos para alejarte de la totalidad y para convencerte de la ilusión de la separación. Toma distancia. Contempla tu cuerpo sólo como la superficie de tu existencia. Es lo que aparenta y nada más. No dejes que te impida ver la verdad, así como no dejas que otros aspectos superficiales te la escondan. Aunque no hayas encontrado la verdad, puedes reconocer qué cosas no lo son. Tu cuerpo no es la verdad de lo que eres, por más que lo parezca. Por ahora, lo consideraremos el aspecto superficial de tu existencia.

(8.15) Daremos un paso más, pues muchos aún creen que aquello que está dentro del cuerpo es real: el cerebro y el corazón, los pensamientos y las emociones. Si tu cuerpo contuviera lo real, él también sería real, del mismo modo en que si una situación superficial contuviera la verdad, sería la verdad. Ahora bien, si tu cuerpo y lo que hay dentro de él no son la realidad, te sientes desamparado, como si te hubieses quedado sin casa. Esta sensación es necesaria para que regreses al verdadero hogar, pues si estuvieses encerrado en tu cuerpo y lo aceptaras como tu hogar, no aceptarías ningún otro.

(8.16) Tu “otro” hogar es el que sientes que has abandonado y al que anhelas regresar. Sin embargo, ya estás en él, y no podrías estar en ninguna otra parte. Tu hogar está aquí. Piensas que esto es incongruente con la verdad tal como la estoy revelando, la verdad de que el cielo es tu hogar. Pero no lo es. No hay aquí en los términos en que tú lo piensas, desde la perspectiva de una localidad, un planeta, un cuerpo. Dios está aquí y tú tienes tu sitio en Dios. Éste es el único sentido en que deberías aceptar la noción de que perteneces a tal o cual sitio. Sólo cuando tomas conciencia de que Dios está aquí puedes decir que éste es tu sitio.

(8.17) Ahora que has tomado distancia de tu cuerpo para participar de este experimento que te permite reconocer el elemento superficial de tu existencia, tomas mayor conciencia de que estás en un lugar y tiempo particular. Cuando tomas distancia para contemplar tu cuerpo, esto es lo que ves: una forma que se mueve en el tiempo y el espacio. Eres entonces más consciente de sus acciones y achaques, su fortaleza y su debilidad. Puedes darte cuenta de cómo gobierna tu existencia y preguntarte cómo podrías tener siquiera un momento sin conciencia de él.

(8.18) Este momento sin conciencia del cuerpo fue descrito maravillosamente en Un Curso de Milagros como el Instante Sagrado. Tal vez creas que la observación de tu cuerpo no es una buena manera de lograrlo, pero a medida que observas, aprendes a tomar distancia de lo que ves. Pero es necesario recordarte que no debes observar con la mente sino con el corazón. Y esta observación contendrá una santidad, un don de la visión que está más allá de tu vista normal.

(8.19) Comenzarás sintiendo compasión por este cuerpo que durante tanto tiempo has considerado tu hogar. Ahí va una vez más, durmiendo y despertándose. Llenándose una vez más de energía y malgastándola hasta sentir fatiga. Y llega un nuevo día que saludas con tu corazón. Un nuevo día que te dice que todo pasa. A veces esto trae regocijo y, a veces, tristeza. Pero nunca puedes evadir el hecho de que cada día es a la vez un comienzo y un fin, y que la noche es tan cierta como el día.

(8.20) En estos días que pasan se mueven muchos otros cuerpos semejantes al tuyo. Cada uno es diferente, ¡y hay tantos! Cuando observas, es posible que aquello que observas te resulte abrumador, es decir, la magnitud de todo lo que ocupa el mundo junto a ti. Algunos días te sentirás como uno de tantos, un pequeño e insignificante peón. Otros días te sentirás superior, la culminación del mundo y todos sus años de evolución. Habrá días en que te sentirás muy terrenal, como si éste fuese tu hogar natural. Habrá otros días en que sentirás lo contrario y te preguntarás dónde estás. Ahí está tu cuerpo, pero ¿dónde estás tú?

(8.21) Aunque no puedas observarlo, tomarás conciencia de cómo el pasado camina junto contigo, y el futuro también. Ambos son como compañeros que por un instante vienen a distraerte pero se niegan a abandonarte cuando quieres que se vayan.

(8.22) ¿Dónde viven el pasado y el futuro? ¿Adónde va el día cuando llega la noche? ¿Qué harás con todas estas formas que deambulan a lo largo de los días junto a ti? ¿Qué es lo que observas en realidad?

(8.23) Esta es tu representación de la creación, la que comienzas cada mañana y terminas cada noche. Cada día es tu creación, sostenida por el sistema de pensamiento que le dio origen. Observar esto es ver su realidad. Y ver esta realidad equivale a ver la imagen de Dios que tú has creado a semejanza de Dios. Una imagen que se basa en tu recuerdo de la verdad de la creación de Dios y tu deseo de crear como tu Padre. No es mucho más lo que puedes hacer en tu condición de olvido. Aun así, tiene bastante para decirte.

(8.24) Todo se sostiene gracias al sistema de pensamiento que le dio origen. Pero hay dos sistemas de pensamiento: el sistema de pensamiento de Dios y el sistema de pensamiento del ego o yo separado. El sistema de pensamiento del yo separado ve separación en todo. El sistema de pensamiento de Dios ve unidad en todo. El sistema de pensamiento de Dios es un sistema de permanente creación, renacimiento y renovación. El sistema de pensamiento del ego es un sistema de continua decadencia, destrucción y muerte. ¡Y sin embargo en cuánto se parecen!

(8.25) ¡Cómo se parece a la memoria el recordar una cosa hasta en sus más nimios detalles y sin embargo no tener idea de qué se trataba en realidad! Los recuerdos acaban deformados y distorsionados por lo que tú quisieras que fuesen. Todos podemos evocar el recuerdo de por lo menos un incidente que cuando fue expuesto a la luz de la verdad resultó ser una gran mentira. Ocurre al recordar ocasiones en que creías que un ser querido te quería perjudicar cuando en realidad estaba tratando de ayudarte. O cuando recuerdas situaciones que te resultaban vergonzosas o destructivas pero en realidad buscaban enseñarte algo que necesitabas aprender para alcanzar el éxito del que ahora gozas.

(8.26) Tu recuerdo de la creación de Dios es una memoria que conservas hasta en sus más mínimos detalles. Sin embargo, los detalles enmascaran la verdad con tanto celo que acaban sometiéndola a la ilusión.

(8.27) ¿Cómo puede ser que andes por el mismo mundo día tras día en el mismo cuerpo, que observes tantas situaciones semejantes, que te despiertes bajo el mismo sol y lo veas ocultarse cada noche, y aun así cada día resulte tan diferente que a veces te sientes feliz y a veces triste, un día tienes esperanza y al siguiente te hundes en la desesperación? ¿Cómo es posible que lo creado en forma semejante a la creación de Dios se oponga tanto a ella? ¿Cómo es posible que la memoria engañe los ojos y sin embargo no engañe al corazón?

(8.28) Ésta es la verdad de tu existencia: una existencia en la que tus ojos te engañan pero tu corazón no cree en el engaño. Tus días prueban esta verdad. Lo que tus ojos ven puede engañarte un día, pero al día siguiente tu corazón ve más allá del engaño. Y así es como en tu mundo un día es la desdicha personificada y el siguiente es gozo puro.

(8.29) Regocíjate de que tu corazón no se deja engañar, pues en ello reside tu camino al verdadero recuerdo.

9. EL REGRESO DEL PRÓDIGO.

“Los lirios del campo no siembran ni cosechan, y sin embargo nada les falta. Las aves del cielo viven para cantar de alegría. Tú también”.

(9.1) Te preguntas cómo podemos decir que tu corazón no se deja engañar cuando tantas veces parece engañarte. Parece tan inconstante como tu mente, un día te dice una cosa y al siguiente, otra. Incluso parece más errático que tu mente cuando te lleva por caminos llenos de trampas y peligros que desembocan en la oscuridad en lugar de la luz. Son tus emociones las que hacen esto, no tu corazón.

(9.2) Las emociones hablan el idioma del yo separado, no el lenguaje del corazón. Son la primera línea de tu sistema de defensa, siempre vigilantes de lo que pueda lastimar al pequeño yo que creen bajo su protección, o a los otros pequeños yoes que tú crees bajo tu protección. Pero recuerda ahora cuánto se asemeja lo que tú has hecho a la creación, no en la sustancia sino en la forma. La creación no necesita protección, y es sólo tu creencia en tal necesidad la causa de que tus sentimientos hayan quedado oscurecidos por la ilusión. Si no sintieras necesidad de proteger tu corazón, o los cuerpos que amas, tus sentimientos conservarían su inocencia y no podrían lastimarte.

(9.3) El deseo de proteger tiene su origen en la desconfianza y su base en el temor. Si no existiese el temor, ¿qué habría que proteger? De esta manera, todo tu amor —el amor que imaginas albergar en ti y el que imaginas dar y recibir— está contaminado de temor y, por lo tanto, no puede ser amor real. Pero porque recuerdas el amor como aquello que te dio seguridad, te hizo feliz y te unió a los demás, intentas usarlo aquí. Es un recuerdo real de la creación que aparece distorsionado. Tu memoria defectuosa te ha llevado a creer que puedes usar el amor para sentirte seguro, feliz y unido a quienes eliges amar. Este no es el caso, pues el amor no puede ser usado.

(9.4) De la misma manera has distorsionado toda relación, tornándola en algo real en la medida en que tiene un uso para ti. En tu memoria de la creación recuerdas que todas las cosas existen en relación y todas las cosas suceden en relación. Por lo tanto, eliges usar la relación para probar tu existencia y lograr que sucedan cosas. Este uso de la relación nunca te proporcionará la prueba o la acción que buscas, porque la relación no puede ser usada.

(9.5) Mira a tu alrededor la habitación en que estás sentado y quítales su utilidad a todas las cosas que ves en ella. ¿Cuántas conservarías? Tu cuerpo también fue creado por su utilidad. Te separa, así como cada cosa de tu habitación está separada por su utilidad. Pregúntate ahora: ¿para quién es útil tu cuerpo? La pregunta no se refiere a aquellos para quienes cocinas o limpias ni a aquellos cuyos cuerpos o mentes mejoras. La pregunta, en realidad, es ¿quién habrá visto un uso para un cuerpo como el tuyo antes de que fuese creado? ¿Qué clase de creador lo haría y con qué propósito?

(9.6) Tú no creaste tu Ser, pero creaste tu cuerpo. Fue creado por su utilidad, al igual que todos los demás objetos que comparten el espacio que ocupas. Piensa por un instante en cuál puede haber sido la intención del creador de tu cuerpo. El cuerpo es una entidad finita, creada para sostenerse a sí misma pero también para destruirse a sí misma. Necesita mantenimiento constante, y esto requiere trabajo y esfuerzo. Cada centímetro de su superficie recibe y transmite información, pero también posee herramientas adicionales como los ojos y oídos para incrementar la comunicación y controlar lo que entra y lo que sale. Es tan susceptible al dolor como al placer. Contiene los medios para la unión, pero para una unión de naturaleza temporaria. Es capaz de ser violento y también amable. Nace y muere en estado de desamparo.

(9.7) El cuerpo no puede evitar ser así, pues fue hecho con un doble propósito: constituir un yo separado para luego glorificarlo, y castigar a ese yo separado por la separación. Su creador tuvo en mente lo que el cuerpo refleja: engrandecimiento de sí mismo y exclusión, placer y dolor, violencia y amabilidad. Un deseo de saberlo todo pero sólo a través del propio esfuerzo, un deseo de verlo todo pero sólo a través de sus propios ojos, un deseo de ser conocido pero sólo mediante lo que elige compartir. Junto con estos deseos resulta sencillo ver cómo se desarrolló el mundo del cuerpo. Junto con el deseo de saber coexiste el deseo de no saber. Junto con el deseo de ver coexiste el deseo de no ver. Junto con el deseo de compartir coexiste el deseo de ocultar. Junto con el deseo de vivir coexiste el deseo de no vivir más.

(9.8) Siempre has sido tal como fuiste creado, pero esto es lo que elegiste hacer de aquello con lo que comenzaste. En otras palabras, tomaste aquello que siempre fuiste e hiciste esto de ti. No creaste de la nada ni usurpaste el poder de Dios. Tomaste lo que Dios creó y lo convertiste en una ilusión tan potente que crees en ella en vez de creer en la verdad. Pero así como pudiste hacerlo, puedes deshacerlo. Ésta es la elección que tienes delante de ti: seguir creyendo en la ilusión que construiste o comenzar a ver la verdad.

(9.9) Ahora buscas aprender la manera de escapar de lo que has construido. Para hacerlo debes retirarle tu fe. Todavía no estás preparado, pero tu corazón te pondrá en camino. Y al prepararte, caminas junto a aquel que te ha esperado con un solo propósito en vez de dejarte llevar por los deseos conflictivos que te trajeron a este mundo extraño. Caminas con ligereza donde antes caminabas encadenado. Caminas con un compañero que te conoce tal como eres y te mostrará tu Ser.

(9.10) Mira ahora tu cuerpo como antes miraste el espacio que ocupas. Si le quitaras al cuerpo su utilidad, ¿lo conservarías? Mientras tomas distancia y observas tu cuerpo, siempre con la visión de tu corazón, piensa para qué lo usarías. Lo que Dios creó no puede ser usado, pero lo que tú creaste sí, pues su único propósito es el uso. Elige usarlo para regresar a tu verdadero Ser, y este nuevo propósito cambiará tanto su utilidad como su estado.

(9.11) Todo uso se basa en la simple idea de que no tienes lo que necesitas. Mientras tus lealtades permanezcan divididas seguirás creyendo en ella. Mientras no retires toda tu fe de lo que tú has hecho, seguirás creyendo que permanece útil. Ya que éste es el caso, y ya que no puede ser cambiado sin que tú estés dispuesto a cambiarlo, en vez de ignorar lo que has hecho, lo usaremos de otra manera. Debes tener en cuenta, sin embargo, que sólo lo hacemos para ganar tiempo, pues tu verdadero Ser no tiene necesidad de usar nada.

(9.12) Como ya hemos aclarado, lo más útil para ti ahora es la percepción de tu corazón. Tan pronto como deshagas tus ilusiones respecto de él se te revelará la verdad, pues tus percepciones equívocas acerca del corazón están, de todos modos, más cerca de la verdad que cualquier otra. La memoria de tu corazón es la más fuerte y pura que existe, y sus recuerdos te ayudarán a aquietar la mente y revelar el resto.

(9.13) Regresamos entonces a la percepción de tus emociones y todo lo que te hacen sentir. En tus sentimientos, especialmente aquellos que no puedes nombrar, reside tu conexión con todo lo que existe. Esto es muy útil, pues lo que ya has nombrado y clasificado resulta mucho más difícil de desalojar e iluminar. Inclusive esos sentimientos que intentas nombrar y guardar en un casillero que has clasificado de tal o cual manera no siempre se conforman con permanecer donde tú los colocaste. Parecen traicionarte cuando en realidad eres tú quien los ha traicionado al no dejarlos ser lo que en verdad son. Esto puede servir como una muestra de todo el problema: no permites que nada de lo que existe en tu mundo, incluyéndote a ti, sea tal como es.

(9.14) Los sentimientos que parecen rebelarse con voluntad propia contra esta situación insana lo hacen guiados por recuerdos que tratan de revelarte la verdad. Te llaman desde un lugar que no conoces. El único problema es que el único que los escucha es tu yo separado, y en sus intentos por interpretar lo que dicen los distorsiona como a todo lo demás. Este yo separado siente la compulsión de calificar a los sentimientos como buenos o malos, apreciables o despreciables. Tu lenguaje ubica a la emoción un paso por detrás del temor en tu batalla por controlar o proteger lo que has construido.

9.15 El temor siempre subyace a muy corta distancia bajo la superficie de una situación porque subyace apenas bajo la superficie de tu yo. Si remueves el primer nivel de lo que tus ojos te permiten ver descubrirás que el miedo está al acecho. El siguiente nivel es el deseo de controlar o el deseo de proteger, según tu predisposición. En realidad ambos son lo mismo, sólo que presentan rostros diferentes al mundo. Si, para los fines de nuestra exposición, el cuerpo es el nivel más superficial de tu yo y, por debajo de esa superficie, lo primero que encontramos es el temor, de ese miedo procederá todo lo demás. Debería resultar fácil comprender que los deseos de controlar o proteger no existirían sin el sustrato de temor que los precede.

(9.16) El miedo, como todas las demás emociones, adopta muchos disfraces y recibe muchos nombres. Pero en realidad existen sólo dos emociones: una es el miedo, la otra es el amor. El miedo es la fuente de toda ilusión, el amor es la fuente de la verdad.

(9.17) ¿Cómo podría carecer de temor alguien que está separado de todos los demás? No tiene importancia que los demás también parezcan estar separados. Nadie cree que los demás estén tan separados como él. Siempre parece que otros tienen aquello de lo que uno carece y, por lo tanto, busca. Parecerías estar solo en tu fragilidad y falta de amor. Los demás no te entienden ni conocen, ni tú puedes entenderlos.

(9.18) Nada de esto es necesario, pues tú no estás separado. Las relaciones con las que pretendes poner fin a tu soledad pueden hacerlo si aprendes a verlas de otra manera. Como con todos los demás problemas de percepción, el temor bloquea la visión de tu corazón, la luz que el Cristo en ti haría brillar en las tinieblas. ¿Acaso no puedes ver que cuando elegiste la separación también elegiste el temor? El miedo es sólo una opción que puede ser reemplazado por otro tipo de elección.

(9.19) Hemos dicho a menudo que causa y efecto son en verdad lo mismo. El mundo que ves es un efecto del temor. Todos sentimos compasión de un niño atormentado por pesadillas. El deseo más ferviente de todo padre sería poder decirle de manera fehaciente al niño que no hay nada que temer. Sin embargo, la edad no te ha quitado el miedo ni ha logrado que tu sueño de vida deje de ser una pesadilla. Aun así son pocos los momentos de compasión que te concedes, y cuando estas escasas ocasiones se presentan, rápidamente las reemplazas con afanes prácticos. Mientras no tienes reparos para disipar la pesadilla de un niño, no encuentras la manera de disipar la tuya. Escondes el miedo bajo la superficie y detrás de cada uno de los nombres que le das en un intento desesperado por no verlo más. Vivir con miedo es en verdad una maldición, y una que intentas decirte que no existe. Entonces vuelcas tu mirada hacia otros, hacia quienes viven en países arrasados por la guerra o en vecindarios asolados por la violencia. Hay razones para tener miedo, te dices; pero no aquí.

(9.20) Ésta es la única manera en que has sido capaz de aliviar la pesadilla de una vida con temor. Proyectas el miedo hacia afuera de ti, lejos, sin ver que conservas aquello que proyectas, sin ver que los signos exteriores del temor son sólo reflejos de lo que llevas dentro.

(9.21) Piensa ahora en alguien que hayas identificado con la vida de temor que tú niegas vivir. Imagina que puedes sacar a esa persona de ese lugar oscuro y peligroso. Tiene frío, por lo que enciendes un fuego y le das una manta abrigada para sus piernas. Tiene hambre, por lo que le preparas una comida abundante. La existencia de esa persona se desarrolla en la violencia que tú mantienes fuera de tu casa, y desde tu santuario interior le das un momento de respiro de la guerra que arrecia allá afuera. Todo tu comportamiento e incluso tus fantasías dan testimonio de que crees que la ausencia de frío implica calor, que la ausencia de hambre es satisfacción, que la ausencia de violencia es paz. Crees que si puedes proporcionar aquellas cosas que son lo opuesto de lo que no quieres para ti, logras mucho. Pero el fuego sólo provee calor mientras se aviva, una comida sólo proporciona satisfacción hasta que existe necesidad de otra, tu puerta cerrada sólo te ofrece seguridad mientras la frontera que marca es respetada. Reemplazar lo transitorio con lo transitorio no es una respuesta.

(9.22) Tal vez pienses que esto que acabo de decir es lo opuesto de la instrucción que te provee la Biblia. Allí se te instruye a dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento y recibir al extraño. Más aún, dice que cuando haces esto con otra persona, a mí me lo haces. ¿Acaso piensas que yo necesito una comida, un vaso de agua o alojamiento? Cuando estás atrapado en la ilusión de la necesidad, no hay duda de que estos actos de caridad tienen valor, pero este valor es pasajero. Mis palabras te llaman a lo eterno, al alimento y el descanso del espíritu. Que dirijas tu vista sólo al cuidado del cuerpo es un ejemplo más de un reemplazo por lo opuesto.

(9.23) ¿Acaso no es ésa tu manera de resolver todos los problemas que enfrentas? Ves aquello que no quieres e intentas reemplazarlo con lo opuesto. Tu vida, entonces, se va en una lucha contra lo que tienes, por lo que no tienes. Para aclarar esto basta un ejemplo. Sientes una carencia, entonces deseas. Quieres, quieres y quieres. Estás convencido de que no tienes lo que necesitas, por lo tanto te colocas continuamente en el lugar de la necesidad. En consecuencia, gastas tu vida tratando de satisfacer tus necesidades. Para la mayoría, esto adopta la forma del trabajo. Así es como te pasas la vida trabajando para satisfacer tus necesidades y las de tus seres queridos. ¿Qué harías con tu vida si no tuvieses necesidades que satisfacer? ¿Qué harías con tu vida si no tuvieses temor? Estas dos preguntas son en realidad la misma.

(9.24) El único reemplazo que habrá de satisfacer tu búsqueda es el reemplazo de la ilusión con la verdad, el reemplazo del temor con el amor, el reemplazo de tu yo separado por tu Ser real, el Ser que mora en la unidad. Es tu conocimiento de que esto debe ocurrir lo que te lleva a intentar toda clase de reemplazos. Puedes continuar de la misma manera, esperando siempre que el próximo reemplazo sea el que te proporcione lo que deseas, o puedes decidirte por el único reemplazo que sirve.

(9.25) La única renuncia que se te pide es a tu insana noción de que estás solo. Hablamos aquí del cuerpo sólo porque es lo que tú eriges como prueba de la validez de esta noción demente. También es la prueba que garantiza una vida de temor. ¿Cómo no podrías temer por la seguridad de un hogar tan frágil como el cuerpo? ¿Cómo podrías negarte a proveer la próxima comida para ti y para tus seres queridos? No ves de qué te puede privar la distracción de satisfacer necesidades.

(9.26) Sin embargo, la misma realidad que has construido —la realidad de que no puedes tener éxito a pesar de tus esfuerzos— es una situación que te permite la relación. Así como son las demás cosas que recuerdas de la creación y haces a su imagen, así también es esto. Al hacer de ti un ser separado y solo, también has hecho necesario que para sobrevivir necesites estar en relación. Sin relación, tu misma especie dejaría de existir; más aún, toda la vida se extinguiría. Es obvio entonces que debes ayudar a tu hermana y a tu hermano, pues ellos son como tú y son tu posibilidad de aprehender la eternidad aun dentro de la falsa realidad que has construido.

(9.27) Volvamos al ejemplo de saciar el hambre de tu hermana y la sed de tu hermano. No es sólo una lección sobre la satisfacción del hambre y la sed del espíritu, sino también una lección sobre la relación. En la satisfacción de la necesidad de otra persona se produce una relación que le confiere al gesto un valor perdurable. Tu voluntad de decir: “Hermano, no estás solo” constituye el mayor beneficio de la situación, no sólo para tu hermano sino también para ti. Cuando dices: “Hermana, no estás sola”, el hambre y la sed del espíritu se satisfacen en la plenitud de la unidad. Al darte cuenta de que no estás solo tomas conciencia de tu unidad conmigo y comienzas a desplazarte del temor al amor.

(9.28) No eres tu propio creador. Ésta es tu salvación. Tú no has creado alguna cosa de la nada. Empezaste con algo, y ese algo es lo que Dios creó, y permanece tal como Dios lo creó. No es necesario que fuerces tus creencias más allá de estas simples afirmaciones. ¿Son acaso tan imposibles que no puedes aceptarlas? ¿Es tan imposible imaginar que aquello que Dios creó resultó distorsionado por el deseo de que tu realidad fuese distinta de como es? ¿Acaso no has sido testigo de la manera en que esta distorsión sucede en la realidad que ves? ¿No es ésta la historia del hijo o hija que derrocha todos los bienes que le fueron dados por no verlos o por distorsionar su utilidad?

(9.29) Ustedes son las hijas e hijos pródigos constantemente invitados a regresar al hogar, al abrazo de bienvenida del Padre.

(9.30) Piensa en tu computadora, tu automóvil o cualquier otra cosa que usas. Sin usuario, ¿tendría alguna función? ¿Sería algo? Un automóvil abandonado y sin alguien que lo use podría convertirse en un hogar para una familia de ratones. Una computadora podría cubrirse con una tela y depositarle arriba un florero. Alguien que no sabe para qué sirve podría usarla para lo que se le ocurra, pero jamás intercambiaría funciones con ella. En un accidente, no se le puede echar la culpa al automóvil por los errores cometidos por el usuario. Sin embargo, este cambio de funciones se asemeja a lo que has querido hacer y es como echarle la culpa del accidente al auto. Tú has intentado intercambiar funciones con el cuerpo diciendo que éste te usa a ti, y no lo contrario. Lo haces a partir de la culpa, para tratar de depositarla en algo exterior a ti. “Mi cuerpo me llevó a hacerlo” es como la excusa de un niño con un amigo imaginario. De esta manera, el niño anuncia que su cuerpo está fuera de su control. ¿Qué es tu ego sino un amigo imaginario para ti?

(9.31) Hijo de Dios, no necesitas un amigo imaginario cuando tienes a tu lado a aquel que es tu amigo por siempre y te mostrará que no tienes necesidades. Aquello que realmente eres no puede ser usado, ni siquiera por Dios. ¿Acaso no ves que sólo en la ilusión puedes usar a tus semejantes?

(9.32) Aprendes el concepto de usar a los demás de la realidad que has construido, en la cual usas el cuerpo que tú llamas hogar e identificas como tu ser. ¿Cómo pueden ser uno y lo mismo aquel que usa y el objeto usado? Esta locura hace que el propósito de tu vida parezca útil. Cuanto más útil sea tu cuerpo para ti y para otros, más valor le adjudicas. Han pasado edades desde el comienzo de la creación y aún no has aprendido la lección de las aves del cielo y las flores del campo. Han pasado dos mil años desde que se te dijo que observaras esta lección. Los lirios del campo no siembran ni cosechan, y sin embargo nada les falta. Las aves del cielo viven para cantar de alegría. Tú también.

(9.33) La voluntad de Dios para ti es la felicidad y nunca ha sido de otro modo. La creación de Dios es eterna y en ella el tiempo no tiene utilidad. El tiempo también es construcción tuya, y como tal es otra idea que se salió de quicio, pues una vez más permitiste que una cosa hecha para tu uso se convierta en el usuario. Con tus propias manos entregas toda tu felicidad y poder a aquello que tú mismo hiciste. Importa poco si al hacerlo imitaste aquello que tu frágil memoria recuerda de la creación de Dios. Sólo Dios puede conceder el libre albedrío. Y al entregarle tu poder a cosas como tu cuerpo e ideas como el tiempo, tu imitación del don del libre albedrío queda tan falsamente depositada en la ilusión que no puedes ver su locura. El cuerpo no tiene uso para tu poder y el tiempo no fue hecho para tu felicidad.

(9.34) El libre albedrío que Dios te dio es el que te ha permitido construirte a ti mismo y a tu mundo de acuerdo con tu voluntad. Ahora miras ese mundo con culpa y lo ves como evidencia de tu naturaleza maligna. Refuerza tu idea de que has cambiado demasiado como para volver a ser digno de tu verdadera herencia. Y a ésta temes arruinarla. La única cosa que te probaría como el heredero sería enmendarte y enmendar el mundo, restaurarlo a una condición previa que imaginas conocer. En este escenario Dios se parece más a tu banquero que a tu Padre. Estás más dispuesto a demostrarle a Dios que “tú puedes” antes que a pedirle su ayuda.

(9.35) Mientras no quieras ser perdonado no sentirás la caricia amable del perdón sobre ti y tu mundo. Y aunque en realidad este perdón no es necesario, así como tampoco es real ese gran cambio que crees haber atravesado, el deseo de ser perdonado es el primer paso para dejar atrás la creencia de que puedes arreglar las cosas por ti mismo y, al hacerlo, ganarte el regreso a la casa del Padre. El deseo de ser perdonado precede a la expiación, el estado en el cual permites que tus errores sean corregidos. Estos errores no son los pecados de que te acusas, sino simplemente tus errores de percepción. La corrección, o expiación, te regresa a tu estado natural, donde mora la verdadera visión y el pecado desaparece.

(9.36) Tu estado natural es la unión, y cada vez que te unes en una relación sagrada, parte del recuerdo de esa unión regresa a ti. En cada relación especial que empiezas buscas este recuerdo de tu divinidad, pero tu verdadera búsqueda queda oculta debido a la interferencia del concepto de uso. Mientras tu corazón busca la unión, tu yo separado busca lo que puede servirle para llenar el vacío y aliviar el terror de la separación. Lo que tu corazón busca en el amor, lo encuentra; pero tu yo separado trata de impedirlo convirtiendo cada situación en un medio para servir a sus fines. En la medida en que veas la unión como un medio para evitar la soledad, no la ves como aquello que es en realidad.

(9.37) Has puesto límites a todas las cosas de tu mundo. Y estos límites demarcados por la utilidad bloquean el regreso de tu memoria. Una relación de amor, aunque sea un gran logro debido a la intimidad que alcanzas con un hermano o hermana, aún está limitada por lo que tú pretendes. Su propósito es compensar una carencia. Ésta es tu definición de plenitud. Encuentras en otra persona lo que a ti te falta y juntos comparten la sensación de completarse.

(9.38) Una vez más, ésta es una distorsión de la creación. Recuerdas que la plenitud se logra mediante la unión, pero no recuerdas cómo. Has olvidado que sólo tú puedes realizarte. Crees que si juntas varias partes puedes armar el todo. Hablas de equilibrio y tratas de buscar algo para una parte de ti en un lugar y otra cosa para otra parte de ti en un lugar distinto. Ésta cubre tu necesidad de amistad y la otra tu necesidad de estímulo intelectual. En una actividad expresas tu creatividad y en otra tu espiritualidad. Como una cartera de inversiones, crees que diversificar los distintos aspectos de ti mismo protege tus bienes. Tienes miedo de “poner todo los huevos en una canasta”. Crees buscar un balance entre las cosas que calificas de trabajo aburrido y lo que calificas de diversión. Al hacerlo, crees usar tu tiempo con inteligencia y te calificas como “un individuo sensato”. Si no buscas más que esto, no realizarás más que esto.

(9.39) Buscar lo que has perdido en otras personas, lugares y cosas no es más que un signo de que no entiendes que lo perdido aún te pertenece. Extrañas lo que has perdido, pero no se ha ido. Lo que has perdido está oculto para tus ojos pero no ha desaparecido ni se ha extinguido. Lo que has perdido es valioso, y tú lo sabes, pero no sabes qué es. Una sola cosa es segura: cuando lo encuentres sabrás que lo has hallado. Te brindará felicidad, paz, contento y un sentido de pertenencia. Te hará sentir que tu tiempo aquí no ha sido en vano. Sabes que cualquiera que sea el derrotero de tu vida, si en tu lecho de muerte no has encontrado lo que buscaste, no te irás en paz. No tendrás esperanzas en lo que hay más allá de la vida, pues no encontraste esperanza en la vida.

(9.40) Tu búsqueda de lo ausente se convierte entonces en tu carrera contra la muerte. Lo buscas aquí y allá y te apresuras de una cosa a la siguiente. Corres esta carrera en soledad, a la espera de una victoria individual. No te das cuenta de que si te detienes y tomas la mano de tu hermano, tu marcha se convertirá en un valle de lirios y hallarás tu Ser del otro lado de la línea de llegada, donde por fin podrás descansar.

(9.41) La idea de descansar en paz es para los vivos, no para los muertos. Pero mientras sigas corriendo, no lo sabrás. La competencia por el logro individual se ha convertido en el ídolo que glorificas, y no necesitas ir demasiado lejos para comprobarlo. Esta idolatría te enseña que la gloria es para unos pocos, por lo que te preparas en la largada y te propones obtenerla. Corres la carrera tanto como puedes y, ganes o pierdas, tu participación es la ofrenda que le haces al ídolo. Y cuando llegas al punto en que no puedes correr más, te inclinas ante los que han alcanzado la gloria; ellos se convierten en el ídolo y tú en el súbdito que miras con envidia y asombro lo que hacen. Les rindes homenaje. Les dices: “Me gustaría ser como tú”, y delegas en ellos la plenitud al mismo tiempo que abandonas toda esperanza de plenitud real en tu vida. Te entretienes, conmueves o excitas. Te diviertes viendo cómo los gladiadores se matan entre sí. En esto tu noción de uso se despliega hasta en sus más horribles detalles.

(9.42) ¿Qué es esto sino una demostración, en una escala más amplia, de lo que vives cada día? Toda sociedad, grupo, equipo u organización es un retrato colectivo del deseo individual. Los esclavos y los amos se usan unos a otros y la misma ley sujeta a ambos. ¿Quién es amo y quién esclavo en este cuerpo que llamas hogar? ¿Qué libertad tendrías sin las demandas que el cuerpo te impone? Lo mismo podría preguntarse acerca de este mundo que ves como hogar de tu cuerpo. ¿Quién es amo y quién esclavo cuando ambos están sujetos por la misma atadura? La gloria que confieres a los ídolos es también una atadura. Sin tu idolatría su gloria dejaría de existir, por lo que ellos también viven en el temor, igual que el de quienes los idolatran.

(9.43) El uso, cualquiera que sea su forma, conduce a la atadura. En consecuencia, percibir un mundo basado en el uso es ver un mundo donde la libertad resulta imposible. Aquello para lo cual necesitas a tu hermano o hermana se fundamenta en la premisa insana de que la libertad puede ser comprada y que el amo es más libre que el esclavo. Aunque ésta sea una ilusión, es la ilusión buscada. El precio es la utilidad, por lo que cada relación se convierte en un regateo donde entregas tu utilidad a cambio de la de otro. Un empleador tiene un uso para tus capacidades y tú tienes un uso para el salario y los beneficios que el empleador ofrece. Un cónyuge es útil de diversas maneras que complementan las áreas en las que tú eres útil. Una tienda te proporciona bienes que tú utilizas y tú le provees capital que su propietario utilizará. Si posees belleza o talento artístico o deportivo utilizable, te sientes afortunado. Un rostro bonito y un cuerpo en forma pueden intercambiarse por mucho. No es ningún secreto que vives en un mundo de oferta y demanda, donde a partir del concepto simple de individuos que necesitan de la relación para sobrevivir se desarrolló una compleja red de uso y abuso.

(9.44) El abuso es un uso impropio, en una escala que torna obvia la locura del uso tanto para quien usa como para quien es usado. Observa los patrones de abuso en todo, tanto de las drogas y el alcohol como del maltrato físico y emocional. Como los ejemplos de tu vida diaria, éstos también son demostraciones de deseos internos llevados al extremo, sólo que en vez de reflejarse en el grupo se reflejan en el individuo. Si se comprendiera qué refleja el abuso, los individuos que están presos de él le harían un servicio al mundo. Como todo extremo, simplemente señala lo que en instancias menos extremas es lo mismo: el uso es impropio.

(9.45) Lo que hace impropio al uso es su propósito. El Espíritu Santo puede guiarte para que uses las cosas que has hecho en forma tal que beneficien a todos. Ésta es la distinción entre uso propio e impropio, o uso y abuso. Tú usas para beneficio del yo separado. Cuando esto se magnifica, la fuerza destructiva del abuso se torna evidente. Nuevamente depositas la culpa fuera de ti y acusas a las drogas, el alcohol, el tabaco, el juego e incluso los alimentos de ser fuerzas destructivas. Es como culpar al automóvil por el accidente, es confundir usuario y usado. Toda la confusión surge de tu renuncia a tu propio poder y la entrega de éste a las cosas que tú mismo has construido.

(9.46) Voy a insistir en que éste es un intento erróneo de seguir el camino de la creación. Dios dio poder a sus creaciones y tú quieres hacer lo mismo. Tu intención no es mala, pero está orientada por la culpa y el falso recuerdo del yo separado. Tanto como deseas autonomía de Dios, sigues culpando a Dios por crear una situación en la que crees que puedes lastimarte. ¿Cómo puede permitir Dios todo este sufrimiento?, preguntas. ¿Por qué te tienta con fuerzas tan destructivas? ¿Con fuerzas que escapan a tu control? ¿Por qué no creó Dios un mundo benigno que no pueda lastimarte?

(9.47) Sin embargo, así es el mundo que Dios creó: un mundo tan amoroso y pacífico que cuando vuelvas a verlo llorarás de alegría y olvidarás de inmediato la tristeza. No habrá recuerdos que te produzcan remordimiento ni lamentarás los años en que no lo viste. Habrá simplemente un alegre ” ¡Ah!”, como si algo olvidado hace mucho regresara a ti. Te reirás de los juegos infantiles a los que jugabas. Tu inocencia aparecerá con toda claridad y nunca volverás a olvidar que el mundo que Dios creó te pertenece a ti y tú a él.

(9.48) Todos tus desvaríos serán vistos como lo que son. Todos tus deseos quedarán revelados como solamente dos: el deseo de amar y el deseo de ser amado. ¿Por qué esperar para ver que sólo estos dos deseos son los que te inducen a todas las extrañas conductas que adoptas? Aquellos que se entregan al abuso no hacen más que llamar con voz más alta al amor que buscan todos. No les cabe juicio, pues aquí todos son abusadores, comenzando por sí mismos.

(9.49) En un mundo regido por el uso, los intentos por modificar las conductas abusivas no tienen sentido. Los fundamentos del mundo deben cambiar, y el estímulo para el cambio está dentro de ti. El uso ha reemplazado a la unión. En vez de reconocer tu unión, un estado en el que te sientes completo porque estás unido a todo, has decidido vivir apartado y usar al resto como sustento de tu separación. ¿Puedes ver la diferencia entre estas dos posiciones? ¿De qué manera tu camino es mejor que el camino que Dios creó para ti totalmente libre de conflictos? A pesar de tus bravos intentos por permanecer separado, necesitas usar a tus hermanos y hermanas a fin de mantener la ilusión de separación. ¿No sería mejor terminar con esta farsa y admitir que no fuiste creado para la separación sino para la unión? ¿No sería mejor desprenderte de tu temor a la unión, y al mismo tiempo desprenderte de tu compulsión al uso?

(9.50) ¡Qué diferente sería el mundo si al menos por un día reemplazaras el uso por la unión! Pero antes de que puedas empezar, necesitamos ampliar estas lecciones que aprendes observándote a ti mismo. Pondremos al descubierto la ilusión de que puedes ser usado por tu cuerpo, pues ésta conduce a todas las demás ilusiones de uso.

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Un Curso de Amor.- Parte 1.

Presento en este blog, a partir de hoy, la maravillosa obra “Un Curso de Amor”, cuyo mensaje nos ha sido enviado para facilitarnos el regreso a nuestra verdadero ser.Iniciamos.

UN CURSO DE AMOR.- Por Mari Perron.
CONTRAPORTADA.
Un CURSO DE AMOR es un raro y precioso don que emana directamente del corazón, del espíritu puro, y apela directamente a nuestro corazón, a nuestro espíritu. Las palabras que contiene fueron recibidas por Mari Perron, ayudada en su presentación por Dan Odegard, y ofrecidas a un número creciente de individuos y grupos en todo el mundo. Ahora este libro pone el curso completo a disposición de un público más amplio.

La lectura de estas páginas nos lleva a reconocer el poder interno que recibe las enseñanzas ofrecidas y responde. Con toda la información que gira a nuestro alrededor, muchos han olvidado una verdad muy simple: es mucho mejor buscar guía en nuestros corazones antes que en nuestras mentes. Este curso nos ayuda a acceder a la sabiduría que existe dentro del corazón y nos conduce a una experiencia completamente diferente de la vida, inclusive a una forma de crear un cielo en la tierra.

Un Curso de Amor nos muestra cómo llevar adelante una vida profundamente satisfactoria y cómo hallar amor y gozo de manera inmediata. Al disipar la ilusión de que somos individuos separados y aislados, lo cual nos permite sintonizar con la unidad que somos en realidad, descubrimos las respuestas que necesitamos y las soluciones que queremos.

Una y otra vez, Un Curso de Amor regresa a este tema: estamos conectados de manera integral los unos con los otros y con todo el universo. Por lo tanto las respuestas, el camino para todos, consiste en unir antes que en separar. Si escuchamos y nos mantenemos atentos a la sabiduría y al poder tras las enseñanzas, podemos transformarnos a nosotros mismos y al mundo… y esta obra guía en el camino.

“Un Curso de Amor llega a nosotros en este momento histórico particular para que podamos cambiar nuestra vida, nuestra cultura, nuestro espíritu y nuestra misma existencia física y ser más plenamente aquellos que en verdad ya somos. Es un curso de aprendizaje, de pensamiento, pero es también un curso de acción… En cierto sentido, no hay nada nuevo en el Curso. Sin embargo todo es nuevo, tanto en el presente como en el futuro…”

“La lectura de este texto te invitará a convertirte en lo que siempre has sido, y ese anhelo que has sentido toda tu vida hallará satisfacción.

BIENVENIDOS.

Muchos nos preguntamos: “¿Cómo debería vivir la vida?” Con ansias inquirimos: “¿Qué debería hacer?” “¿Cómo debería ser?” “¿Quién soy?” Las respuestas llegan por destellos, un día una percepción, otro día un incidente que aporta un rayo de luz, un fragmento de comprensión. Pero ni con todo nuestro esmero y apertura sentimos que alcanzamos un saber concreto y cierto. Entonces nos esforzamos más, hasta que ya no queremos seguir debatiéndonos. Queremos cambiar nuestro enojo, frustración, impaciencia e inclusive nuestra desesperación por paz, energía y un sentido de propósito.

Ha llegado el momento de dejar de esforzarnos. De dejar de indagar aquí y allá con la esperanza de encontrar aquello que buscamos en nuestro trabajo, compañeros, hijos, niños, objetos y en nuestras herramientas de crecimiento personal preferidas.

Estamos invitados a participar en el milagro del regreso a quienes somos en verdad. Se nos ofrece un camino que, si estamos dispuestos a seguirlo, nos llevará de regreso a casa con seguridad, al Amor y al Ser que cada uno es. Nuestras preguntas recibirán respuesta, la lucha cesará. No se nos piden sacrificios ni capitulaciones. En cambio, recuperaremos nuestro poder y nuestro derecho de nacimiento: el derecho de cada uno a “ser quien soy”.
A este camino —compartido con muchos—y a este regreso al Ser —único para cada uno— eres bienvenido. En palabras de Un Curso de Amor, déjate abrazar por el amor, permite que el gozo te alcance.

WILMA VENCHI.

INTRODUCCIÓN.

“Éste es un llamado a entregarte a mi abrazo y recibir consuelo. Toma conciencia de que éste es todo el mundo, el universo, la totalidaden cuyo abrazo literalmente existes. Siente la amabilidad y el amor. Embébete en la seguridad y el solaz. Cierra los ojos y comienza a ver con una imaginación que va más allá de pensamientos y palabras… Nuestro corazón es la luz del mundo”.

El tiempo ha llegado. Un Curso de Amor llega a nosotros en este momento histórico particular para que podamos cambiar nuestra vida, nuestra cultura, nuestro espíritu y nuestra misma existencia física y ser más plenamente aquello que en verdad ya somos. 
Es un curso de aprendizaje, de pensamiento, pero es también un curso de acción, el curso de un manantial que ya fluye y donde se nos invita a poner juntos nuestra mente y nuestro corazón, a unirnos al fluir eterno de la verdad.

En cierto sentido, no hay nada nuevo en el Curso. Sin embargo todo es nuevo, tanto en el presente como en el futuro. Mientras el Curso observa principios comunes a las corrientes más ricas de las religiones contemporáneas, especialmente el budismo y el cristianismo, al mismo tiempo desafía a la ortodoxia y a los dogmas de nuestra época declarando una alternativa con belleza y autoridad.

Estamos preparados en este tiempo a través de la publicación y diseminación de ideas de un vasto conjunto de precursores, profetas, maestros y guías. Llegamos a este momento por la evolución de la filosofía, la religión y la ciencia, inclusive por el movimiento de los planetas en el universo así como por el movimiento de las más pequeñas partículas de materia y energía. Cada descubrimiento científico parece reforzar la enseñanza del Curso, ya sea proveniente de la biología molecular, la física subatómica o la astronomía. Los grandes maestros espirituales de nuestro tiempo, de todas las creencias, refuerzan lo que vas a leer en estas palabras, y son confirmados por ellas.

La lectura de este texto te invitará a convertirte en lo que siempre has sido, y ese anhelo que has sentido toda tu vida hallará satisfacción.

La fuente y autoridad de lo que aquí leerás proviene de Jesús, pero también proviene, como muy pronto descubrirás, de las profundidades de tu corazón. En estas palabras, y luego en tu corazón, hallarás la verdad que aceptarás de buen grado, con tu mente y tu corazón finalmente juntos, en unidad. La verdad es absoluta, como debe ser la verdad. Pero también será tu verdad, la que siempre has sabido en tu corazón.

Aunque uno de los preceptos de este Curso dice que el tiempo no existe, el aprendizaje del Curso es progresivo. Recibirás herramientas —que siempre has llevado contigo— y ejercicios simples que consolidarán la verdad que te será presentada. Se te enseñará a desaprender, tanto como a aprender, y tu visión del mundo cambiará profundamente, así como tu relación con él. Recibirás orientación exactamente cuando la necesites y, al final, tú mismo te convertirás en guía del Curso, por tu ejemplo y a través de tu relación con los demás.

Nada de esto será difícil. Es un aprendizaje sin esfuerzo, una nueva manera de aprender. Los ejercicios son pocos y simples. Lo único que se te pide, lo único, es “un poco de voluntad”. No se te pedirán sacrificios ni sufrimientos. Todo lo que se te pedirá abandonar es artificial, creación de tu propio ego mediante actos de separación. Y ya lo has cumplido. Sólo tienes que aceptar la verdad.

Aunque el aprendizaje no es difícil, pueden producirse dificultades en el proceso de desaprender, cuando se te pide que elijas la unión antes que la separación, la relación antes que el ego, y lo universal antes que lo particular. Estás a las puertas de una era de potencial ilimitado para ti y tu especie. Es nada menos que revolucionario.

En la práctica, como resultado de aceptar este Curso, muchos aspectos de tu vida exterior han de cambiar. Ya no estarás atado a dogma alguno. Ninguna relación será “especial”, al mismo tiempo que todo lo que hagas existirá en relación con los demás. Te será restaurada una justicia libre de juicio. El modelo de tu vida tendrá como base la abundancia en vez de la escasez. Aceptarás el milagro de lo que es en lugar de añorar lo que podría ser o lo que ya fue. Procederás desde el amor antes que desde el temor. Te convertirás en la persona que siempre supiste que eres pero que, sin embargo, por algún motivo siempre sentiste distante. Al fin te recordarás genuinamente a ti mismo.

Todas las palabras que aquí leerás fueron recibidas por Mari Perron, salvo algún ocasional cambio gramatical. En relación al Curso, éste fue primero compartido con un grupo de individuos, luego otro, y otro, y otro más. Quienes escribimos la introducción y las palabras de bienvenida provenimos del primero de estos grupos, y la persona que escribió “El llamado” leyó el Curso sola, como lo harán muchos de ustedes. Aunque las palabras del Curso proceden de Jesús, todos nosotros, de Jesús a ti, somos de la misma manera poderosos, completos y profundamente iguales. El Jesús que compuso esta obra representa, como ejemplo, el poder —el poder igualitario— que existe en mí y en ti. Este poder existe en la relación, y a esa relación eres llamado, ya sea si lees Un Curso de Amor en soledad o en comunión con un grupo. No estás solo, nunca lo estuviste.

El milagro literal que recibes junto con estas palabras es el colapso del tiempo. Cada uno de nosotros, tanto como individuos como en relación con nuestra especie y con otras, sabe que somos llamados a recordar nuestra propia realidad. Un Curso de Amor, junto con otros materiales, aclaraciones y recursos canalizados y aprendidos en relación con los demás, hará colapsar el tiempo para que surja nuestro propio poder y verdad. La verdad no es relativa ni contingente ni arbitraria. Es absoluta… y es tuya. La liberación nace de que el tiempo de búsqueda ha concluido.

Ese momento es ahora.

DAN ODEGARD, Septiembre de 2000.

EL PRELUDIO.

“Has recorrido tu camino y el final del viaje está a la vista. Estás de pie junto a una sima y ante ti, a corta distancia, se extiende el paisaje del nuevo mundo, fulgurando con toda la belleza del cielo en una luz dorada”.

(P.1) Éste es un curso de amor. El momento para tomarlo es ahora. Ya estás listo, y los milagros de amor son necesarios.

(P.2) Ora por quienes tienen necesidad de milagros. Orar es pedir. Pero ¿qué pedirás? Ésta es la primera instrucción de este curso de amor. Todos necesitamos milagros. Y éste es el primer paso en la preparación de los milagros: pedir que todos sean incluidos en lo que hacemos. Cuando oras por todos aquellos que tienen necesidad de milagros, oras para que todos aprendan a medida que tú aprendes, pides unir tu mente a todas las mentes. Pides poner fin a tu estado de separación y aprender en un estado de unidad. Es el reconocimiento de que ésta es la única forma de aprender.

(P.3) El yo separado o ego no aprende. Aunque el ego haya tomado muchos cursos y recibido muchas enseñanzas, no ha aprendido sino que se ha sentido, meramente, amenazado. El espíritu no necesita tomar un curso de amor. Si el ego no puede aprender y el espíritu no necesita hacerlo, ¿para quién es entonces este curso de amor y todo otro curso semejante? Aprender nuestra verdadera identidad es algo que toda persona debe hacer. ¿Puede acaso el ego aprenderlo? Nunca. ¿Acaso el espíritu lo necesita? No. ¿Para quién es, entonces, este curso?

(P.4) Esta pregunta es esencial. Puesto que un curso de amor carece de sentido para el ego y es innecesario para el espíritu, no tendría público si éstos fuesen los únicos dos estados que existiesen. Además, es imposible ser en parte espíritu y en parte ego, por lo que no tendría sentido presumir un estado semejante para que tenga lugar el aprendizaje.

(P.5) El mundo como un estado del ser, como un todo, ha ingresado en un tiempo maduro para la conciencia de los milagros. Cursos y autores anteriores han abierto puertas que desafían al ego. Todos aquellos que, con su ego debilitado, caminaron por este mundo con la mente abierta a los milagros y la esperanza de dejar el ego atrás han despertado a los seres humanos a una nueva identidad. Anuncian el tiempo final de nuestra crisis de identidad. Desde que Jesús caminó sobre la tierra no hubo momento igual para la humanidad.

(P.6) ¿Qué hay en ti que sea capaz de aprender? ¿Qué hay en ti que reconoce que tú no eres el ego? ¿Qué hay en ti que reconoce el espíritu? ¿Qué hay en ti que oscila entre dos mundos, el mundo dominado por el ego y el mundo del espíritu? ¿Qué reconoce la diferencia? El Cristo en ti.

(P.7) Resulta fácil imaginar de qué manera el Cristo en ti difiere de tu ego pero no es fácil reconocer la forma en que el Cristo en ti se diferencia de tu espíritu. El Cristo en ti es aquella parte capaz de aprender en forma humana qué significa ser un hijo de Dios. El Cristo en ti es aquella parte capaz de tender un puente entre los dos mundos. Esto es lo que significa la segunda venida de Cristo.

(P.8) El ego es lo que tú has hecho. Cristo es lo que Dios ha hecho. El ego es la extensión de lo que piensas que eres. Cristo es la extensión de lo que Dios es. Para poner fin a la necesidad de aprender debes saber quién eres y qué significa esto. Mientras que otros cursos y enseñanzas han tenido éxito al señalar la locura de la crisis de identidad y aflojar los grilletes del ego, éste es un curso para establecer tu identidad y poner fin al reinado del ego.

(P.9) Todavía son pocos los que se atreven a creer en la gloria de quienes son y no creen que sea arrogancia pensar en sí mismos a la luz de los pensamientos de Dios en vez de los propios. Esto se debe a que el ego aún no se ha retirado por completo. Tienes razón cuando deseas no glorificar al ego en forma alguna. Sabes que el ego no puede ser glorificado y no querrías que así fuese. Es por este motivo que, mientras quede algo de ego, no puedes saber quién eres. La única gloria es de Dios y Sus criaturas. Que tú estás entre las criaturas de Dios no puede discutirse. Por eso la gloria te pertenece. Toda la gloria te pertenece y todos tus esfuerzos por protegerla del alcance del ego son valientes pero innecesarios. El ego no puede pretender la gloria que es tuya.

(P.10) Muchos de ustedes desean ser “soldados rasos” para vivir una buena vida sin reclamar la gloria ni albergar grandes ideales sobre sí mismos. Puedes hacer mucho bien sin reconocer quién eres, pero no serás quien eres. Tú eres aquello para lo cual el mundo es. El mundo está para que reconozcas tu Ser y a tus hermanos y hermanas. Detenerte antes de lograrlo justo cuando está a tu alcance resulta tan insano como creer en el ego. Pregúntate qué te detiene. Aunque parezca que tu elección es humilde, estás dejando que el ego elija por ti. Esto no es humildad sino temor.

(P.11) Cuando piensas que has llegado a un límite y no puedes ir más lejos en tu aceptación de la verdad acerca de ti tal como Dios te creó, renuncias al amor en favor del temor. Quizás hagas de este mundo un lugar mejor, pero no lo abolirás. Cuando aceptas hacer buenas obras y ser una buena persona, aceptas ser consejero de aquellos que están en el infierno, pero no escoges el cielo. Aceptas lo que ves como posible y rechazas lo que percibes como imposible. De esta manera te aferras a las leyes del hombre y rechazas las leyes de Dios. Reivindicas tu naturaleza humana, pero rechazas tu naturaleza divina.

(P.12) ¿Qué es este rechazo sino rechazo de ti mismo? ¿Qué es este rechazo sino temor disfrazado de humildad? ¿Qué es este rechazo sino rechazo de Dios? ¿Qué es sino rechazo de los milagros?

(P.13) Cuando te rechazas a ti mismo sientes sobre ti un peso cada vez mayor. Aunque un estallido inicial de energía haya sucedido a tus descubrimientos de otras formas de la verdad, aunque hayas experimentado los que parecían ser milagros en “tu” vida, cuando persistes en rechazarte a ti mismo esa energía y esas experiencias que deleitaron tu corazón comienzan a ceder y a parecer distantes e irreales como un espejismo. No te queda otra cosa más que creer en el esfuerzo y en la lucha por ser una buena persona y hacer el bien, creencia que demuestra claramente que rechazaste ser quien eres.

(P.14) Hijo de Dios, no necesitas esforzarte, no necesitas cargar con ese peso ni fatigarte. Tú que quieres realizar el bien en el mundo, date cuenta de que sólo tú puedes realizarte. Estás aquí para despertar de tu sueño. No estás aquí para despertarte en el mismo mundo, un mundo que parece un poco más sano que antes pero que aún sigue gobernado por la locura, un mundo en el cual parece posible ayudar a unos pocos pero ciertamente no a todos. Estás aquí para despertar a un nuevo mundo. Si todo lo que ha cambiado en tu mundo es que ahora ves menos locura que antes, entonces aún no has despertado, por el contrario, sigues atrapado en la pesadilla que tu ego ha construido. Al elegir rechazarte a ti mismo has elegido encontrarle sentido a la pesadilla en vez de despertarte de ella. Eso nunca funcionará.

(P.15) Cuando rechazas quien eres, demuestras que te presumes capaz de creer en parte de la verdad pero no en toda. Por ejemplo, muchos de ustedes han aceptado que son más que su cuerpo pero retienen la creencia en el cuerpo. En consecuencia sólo han logrado confundirse más aceptando que son dos personas: un ego representado por el cuerpo y un espíritu que representa un mundo invisible en el que pueden creer pero no tener parte. Han puesto al ego y al espíritu al mismo nivel y le han dado al ego un enemigo interno e invisible contra el cual luchar. Éste no fue el propósito de las enseñanzas de la verdad, cuya meta era exactamente opuesta a la inducción de conflictos. La verdad une. No divide. La verdad invita a la paz, no al conflicto. La verdad parcial no sólo es imposible, sino perjudicial. Pues tarde o temprano, en esta batalla dispareja gana el ego. El espíritu, así como tú lo has definido, es demasiado amorfo, irresoluto y poco confiable como para ganar esta batalla contra lo que tú percibes como tu realidad.

(P.16) Tú, que te has acercado a la verdad sólo para darle la espalda y negarte a verla, vuélvete una vez más y mírala. Has recorrido tu camino y el final del viaje está a la vista. Estás de pie junto a una sima y ante ti, a corta distancia, se extiende el paisaje del nuevo mundo, fulgurando con toda la belleza del cielo en una luz dorada. Atisbas este panorama pero le vuelves la espalda, suspiras y regresas la mirada hacia el mundo que te es familiar y lo escoges. No ves que esta elección, aun cuando la hagas con la buena intención de volver para hacer una diferencia, no deja de ser una opción por el infierno cuando en su lugar podrías haber elegido el cielo. Sin embargo, sabes que la única forma de cambiar el mundo es elegir el cielo. Es el cambio de un mundo por otro. Esto es lo que te da miedo. Te asusta tanto desprenderte del mundo conocido que, aunque sea un mundo de conflictos, enfermedad y muerte, no lo cambias, no renuncias a él.

(P.17) Mientras Dios permanece desconocido para ti y tú permaneces desconocido para ti mismo, el cielo permanece oculto. En consecuencia, al darle la espalda al cielo te das la espalda a ti mismo y a Dios. Tus buenas intenciones no vencerán al mundo ni producirán el fin del infierno. En toda la historia del mundo, muchas personas han realizado obras buenas, heroicas y a veces milagrosas sin que el mundo dejase de ser un lugar de miseria y desesperanza. ¿Qué es más arrogante? ¿Creer que tú solo puedes hacer lo que millones no han podido hacer? ¿O creer que tú, en unión con Dios, puedes hacerlo? ¿Qué tiene más sentido? ¿Intentar una vez más lo que otros han intentado pero no lograron? ¿O dejar atrás lo viejo y escoger un nuevo camino, un camino en el cual tú te conviertes en el logro, y al hacerlo traes lo nuevo a la existencia?

(P.18) ¿Cuál es la diferencia entre tener buenas intenciones y entregarse a la voluntad de Dios? Lo primero se apoya en quién tú crees ser, y lo segundo, en aquello que Dios sabe que eres. Mientras permanezca esta diferencia no puedes compartir tu voluntad con la de Dios ni hacer lo que Dios ha designado que hagas. Aquello que crees ser revela la elección que has hecho. Es una opción entre estar separado de Dios o ser uno con Dios. Es la opción entre conocerte a ti mismo como siempre lo has hecho o conocerte a ti mismo tal como Dios te creó. Es la diferencia entre el deseo de conocer a Dios ahora y el deseo de esperar para conocer a Dios hasta que tú hayas decidido que eres digno, o hasta otro momento, como la muerte.

(P.19) ¿Qué son las buenas intenciones sino la elección de hacer lo que puedes, solo, por ti mismo, contra todas las dificultades? Este es el motivo por el cual las buenas intenciones fracasan tan a menudo y por el que, cuando todos los esfuerzos han sido hechos, el resultado pocas veces parece valer la pena. No puedes ganarte el camino al cielo o a Dios a través del esfuerzo o las buenas intenciones. No puedes obtener y jamás sentirás que obtienes la sensación de ser una persona digna de merecer todo lo que Dios da gratuitamente. Renuncia a esta noción.

(P.20) Has decidido que sabes cómo hacer buenas obras, pero no sabes cómo hacer lo que Dios te pide. Piensas que si Dios te pidiese construir un puente, lo construirías, y es probable que esto sea verdad. Pero no te convertirías tú en el puente. Te niegas a reconocer que el Cristo en ti te provee el puente por el cual no necesitas más que caminar para salvar la distancia entre el infierno y el cielo, entre tu yo separado y la unión con Dios y todos tus hermanos y hermanas. Prefieres creer que una buena obra por aquí y alguna caridad por allá son más importantes. Prefieres renunciar a ti mismo y ayudar a los demás, sin darte cuenta de que no puedes ayudar a nadie si no te ayudas a ti mismo. Prefieres la abnegación porque crees que es la forma de abolir el ego y complacer a Dios. Esto no es diferente de la actitud de una buena madre que decide sacrificarse a sí misma por sus hijos, sin darse cuenta de que su sacrificio no sólo es innecesario sino también indeseable.

(P.21) Tus buenas intenciones no complacen ni desagradan a Dios. Él simplemente espera tu regreso al cielo, tu aceptación de tu derecho de nacimiento, que seas quien eres.

(P.22) El otro fracaso reside en el extremo opuesto del espectro, cuando el interés y la concentración en el yo no parecen tener fin ni límite. Mientras que el perdón y la liberación de la culpa son necesarios, del mismo modo en que es insustituible el reconocimiento de los dones y de lo que conduce al gozo, el centro de estas enseñanzas es sólo prepararte para una nueva elección. El interés prolongado en el yo puede ser tan perjudicial como la abnegación de quienes sólo intentan hacer buenas obras. En vez de conducir al conocimiento de Dios, el interés prolongado en el yo puede fortalecer aun más al ego.

(P.23) Los buscadores son otra categoría de aquellos que ante el precipicio actúan como si se hubiesen topado contra una pared en lugar de encontrar un puente. Es precisamente el lugar donde te detuviste a donde debes regresar. Quienes continúan buscando suelen dejar las enseñanzas de una tradición espiritual o religiosa sólo para encontrar otra y otra más. Aquellos cuya intención es buscar siempre tendrán más para buscar, pero aquellos que encuentran necesitan detenerse para tomar conciencia de lo que han encontrado y darse cuenta de que no buscan más.

(P.24) La paciencia dura por siempre, pero el mundo no. La paciencia de Dios es infinita, pero el mundo no. Dios es paciente porque te ve tal como eres. El Cristo en ti también es perdurable y está siempre presente. El debilitamiento de tu ego por cualquier aprendizaje que hayas hecho ha dejado lugar para que una fuerza se filtre como por una pequeña hendija abierta en la armadura del ego, una fuerza que crece y se impacienta con la postergación. No es tu ego el que se impacienta ante el cambio, pues tu ego quiere que las cosas permanezcan iguales. Es, en cambio, el espíritu de compasión que se activa ante la falta de sentido de la miseria y el sufrimiento. Un espíritu que busca saber qué hacer, un espíritu que no cree en las respuestas que ha recibido.

(P.25) El dualismo que amenaza hasta al más astuto de los buscadores se supera mediante el Cristo en ti, mediante el Uno que sabe qué significa ser hijo de Dios y también caminar la tierra como hijo de hombre. Ésta no es tu ayuda, como lo es el Espíritu Santo, sino tu identidad. Mientras que el Espíritu Santo fue llamado para cambiar tu percepción y ayudarte a distinguir lo verdadero de lo falso, lo apropiado a la hora de identificar tu yo indiviso es el reconocimiento del Cristo en ti.

(P.26) Por el momento hablaremos de la familia de Dios utilizando imágenes de la familia humana para que tú puedas reconocerlas. La familia humana comprende muchas familias, pero es llamada una familia, la familia humana. Es llamada una especie, la especie humana. Dentro de la familia humana hay familias particulares y, entre ellas, la que llamas “tu” familia. Una familia comprende varios miembros pero es llamada una familia. Todos sus miembros descienden de los mismos ancestros, de la misma herencia. Dentro de esa herencia hay genes que transmiten rasgos y predisposiciones particulares. El hijo de una familia puede asemejarse al hijo de un pariente distante o a un pariente que vivió y murió muchos años antes. No ves nada raro ni extraño en ello. Así es la naturaleza de la familia, tal como tú la entiendes. Pero más allá de la naturaleza física de las familias y de la herencia de los ancestros, lo que une a la familia es el amor. La familia es el único lugar donde el amor incondicional se considera aceptable. Por tanto, no importa cuán bueno se perciba un niño o cuán malo se perciba otro, el amor de los padres por el niño es el mismo. Un hijo o hija no necesita ganarse el amor que se le brinda, y esto también se considera aceptable e incluso “correcto”.

(P.27) Obviamente la naturaleza de Dios es diferente de la naturaleza humana. Dios no tiene forma física y no produce descendencia física. Sin embargo, tiene un hijo, un retoño, que debe existir bajo alguna forma ante el Padre. En la historia de la humanidad encontramos el relato de la venida del hijo de Dios, Jesucristo, que nació, creció como hombre, murió y resucitó para continuar viviendo en alguna forma distinta que la humana. Quienes creen en el relato aceptan que Jesús era el hijo de Dios antes de nacer, mientras caminó sobre la tierra y luego de que murió y resucitó. Ya sea que creas o no creas en esto, el relato te acerca la verdad en una forma que tú puedes entender. Jesús es simplemente el ejemplo viviente que demuestra qué significa ser hijo de Dios.

n(P.28) Así como hay una parte de ti que piensa que eres indigno y estás hecho para el sufrimiento y la lucha, hay otra parte de ti que sabe que esto no es verdad. Si recurres a la memoria recordarás que desde la más temprana edad sabes que la vida no es como aparece, ni siquiera como se supone que es, y que tú no eres como pareces, ni siquiera como se supone que debes ser. La parte de ti que se indigna ante la injusticia, el sufrimiento y el horror lo hace desde un lugar que no acepta y nunca aceptará que éstas son las cosas que existen para ti y para quienes caminan el mundo junto contigo. Sin embargo, la historia en la que crees te dirá que el mundo siempre ha sido así y que no hay forma de escapar de él. En semejante mundo, la pregunta no es por qué tantos se quitan la vida, sino por qué tan pocos lo hacen.

(P.29) Hay muchas formas de sufrimiento y horror, desde la enfermedad física hasta la tortura y la pérdida del amor, y entre todos estos hechos temibles está la igualmente perturbadora vida de quien no tiene un propósito y cuyas horas pasan en ese interminable afán que es el costo de la supervivencia. Inclusive aquellos que han estudiado y aprendido muchas lecciones dejan a un lado su aprendizaje mientras se ganan la vida, hasta que el polvo acumulado sobre él lo esconde de la vista. Este es el costo de dar la espalda cuando se podría haber alcanzado el cielo, el costo de seguir creyendo en las leyes del mundo que gobiernan la supervivencia del cuerpo. Este es el camino de los que saben que no lo es, pero dudan de su conocimiento. Siempre ha sido así, gimen. Lamentan ver un solo mundo real mientras el cielo los espera a un paso de su voluntad de seguir.

(P.30) En tanto creación, eres a tu Padre como la familia del hombre es a la familia de Dios. Así como en tu mundo real los niños crecen y se apartan de su familia para empezar su “propia” vida, así has hecho tú como parte de la familia de Dios. En la familia humana, la separación y la independencia que llegan con el crecimiento se consideran la forma en que deberían ser las cosas, el regreso a la “familia de origen” también se considera natural. Los hijos se van por un tiempo, ansiosos por afirmar su independencia, para regresar más adelante. El regreso es un símbolo de madurez, aceptación y a menudo de perdón.

(P.31) ¿Qué significa creer en Dios? Reconoces que no puedes conocer a Dios de la misma manera en que conoces a otro ser humano y, sin embargo, sigues buscando esta clase de conocimiento. De todos modos, inclusive tratándose de otro ser humano, la esencia de conocerlo reside en saber cuáles son sus convicciones, cuál es su verdad, qué reglas obedece, cómo piensa y cómo eso que piensa concuerda con lo que hace. Dios te dio la Palabra para que tú lo conozcas a El. Dios te dio la Palabra hecha carne como un ejemplo por el cual vivir, un ejemplo del Dios viviente. ¿Es necesario algo más? Buscas la forma cuando ya tienes el contenido. ¿Acaso esta búsqueda tiene sentido?

(P.32) Lees lo que escriben los autores y piensas que no sólo conoces a los personajes sino también al autor. Pero cuando te encuentras cara a cara con un autor pocas veces ves en él lo que viste en sus escritos. Cuando te encuentras cara a cara con un autor ves su forma. Cuando lees sus palabras ves su contenido. Cuando dejas de ver con los ojos del ego, dejas de ver la forma y dejas de buscar la forma. Comienzas a ver el contenido.

(P.33) De Dios todo lo que tienes es contenido. No hay forma que ver, sin embargo en el contenido se revela la forma. Esto es ver de verdad, pues el contenido es todo y la forma es nada.

(P-34) El contenido de Dios es amor. Jesús encarnó a Dios encarnando al amor. Vino a revertir aquello que se pensaba de Dios, a poner fin a la visión de Dios desde la perspectiva humana de la venganza, el juicio y el castigo.

(P-35) Jesús llevó a cabo esto no sólo encarnando a Dios en forma humana, sino también dando una imagen verdadera del poder. Antes de la venida de la palabra hecha carne, es decir de la encarnación, la única idea que la humanidad podía tener de un ser todopoderoso era la de alguien cuyo poder se asemejaba al de los poderosos de entonces. Jesús se manifestó en forma tan contraria a esta clase de poder que fue llevado a la muerte. Pero Jesús no se resignó a la impotencia, sino que enseñó el verdadero poder, el poder del amor, un poder probado por la resurrección.

(P-36) Jesús, unido al Cristo en ti, puede enseñarte quién eres y cómo vivir como aquel que tú eres en un nuevo mundo. Puede abrirte el cielo y llevarte a través de sus puertas para cambiar por fin este mundo por tu auténtico hogar. Pero no es tu cuerpo el que pasará por las puertas del cielo, ni serán los ojos de tu cuerpo los que vean el nuevo mundo que contemplarás y llevarás contigo. Pretender ver un mundo físico de dimensiones y formas como el antiguo y querer transportarlo de un lugar a otro es un engaño. El nuevo mundo no tiene que ver con la forma, sino con el contenido. Un contenido que es tan transmisible como las palabras de un autor sobre una página.

(P-37) ¿Cuántas personas viajarían al cielo si pudiesen subirse a un autobús y ser transportadas hasta él? Sin embargo, cada uno de ustedes alberga dentro de sí el poder para llegar al cielo. Conocerte tal cual eres es lo único que te permitirá abandonar el miedo a tu poder. Jesús aceptó su poder y de esa manera trajo el poder del cielo a la tierra.

Lo mismo puede enseñarte el Cristo en ti. Esto es apertura de la mente a los milagros. Esto es amor.

(P.38) Esto es unidad. El Cristo en ti enseña sólo impartiendo un conocimiento que tú ya tienes y al que vuelves a acceder cuando te unes con tu verdadero Ser. Cuando realizas esto, tú te realizas. Porque estás completo. Pero si tu unión con Cristo es la realización y plenitud de todas las enseñanzas, ¿quién provee las lecciones? Jesús.

(P.39) El Cristo en ti es tu identidad compartida. Esta identidad compartida hizo que Jesús y el Cristo fueran uno. Los dos nombres significan lo mismo, pues la unidad es lo que siempre compartieron y compartirán. Tú eres eternamente uno con Cristo. La única forma en que puedes identificar a Jesús como algo diferente es si consideras al Jesús que fue hombre, el Jesús que existió en la historia. Es la misma forma en que te ves a ti como hombre o mujer, como un ser que existe en un momento determinado de la historia. Esta condición tridimensional de tu visión es la naturaleza del problema. Si no puedes verte más que como un hombre o una mujer que vive en un lugar particular y en un determinado momento de la historia, no puedes ver tu Ser. Por lo tanto, Jesús viene a ti una vez más en una forma que puedes aceptar, y lo hace para llevarte más allá de lo que puedes aceptar, para llevarte a la verdad.

(P.40) Decirle a alguien, en especial a un niño, que una oruga se transforma en mariposa puede sonar inverosímil, pero no por ello deja de ser verdad. Aunque a muchos les resulte más placentero contemplar la mariposa, ésta continúa siendo el mismo ser que la oruga. La oruga no dejó de existir; simplemente se transformó en lo que siempre fue. De esta manera, pareciera que la mariposa es al mismo tiempo mariposa y oruga, dos cosas separadas que se vuelven una. Tú eres consciente de que si no pudieras ver la transformación con “tus propios ojos”, no creerías que dos criaturas en apariencia tan disímiles fuesen la misma. Si alguien te contara esta transformación sin proporcionarte pruebas visibles, lo acusarías de inventar un cuento de hadas para divertirse.

(P.41) ¿Cuántos de ustedes consideran la historia de su propio ser con este mismo marco de pensamiento? Es un lindo cuento de hadas, un mito aceptable, pero mientras los ojos del cuerpo no puedan ver pruebas, no será más que eso. Ésta es la locura de la pesadilla de la cual eliges no despertar. Es como si te hubieses propuesto no abrir los ojos hasta que alguien te ofrezca pruebas de lo que verán cuando los abras. Te quedas sentado esperando pruebas en la oscuridad, una oscuridad que sólo tu propia luz disipará.

d(P.42) Tu disposición para aprender es evidente, o no estarías aquí. Pero aprendes y luego dejas que el ego entre a llevarse todo lo que has aprendido, una y otra vez. El ego es muy astuto para hallar formas de hacerte volver la espalda vez tras vez, hasta que te sientes como si estuvieses entrando y saliendo por una puerta giratoria.

(P.43) Fuiste tu Ser antes de comenzar tu aprendizaje, por lo que tu ego no puede quitarte el Ser, sólo puede oscurecerlo. Por ende, las enseñanzas que ahora necesitas son las que conducen a separar el ego de tu Ser, para que puedas oír sólo una voz.

(P.44) Esta vez nuestra aproximación será directa. Una aproximación que, como primera medida, dejará atrás el aprendizaje abstracto y los complejos mecanismos de la mente que te traicionan. Nos distanciaremos un paso del intelecto, del orgullo del ego, y abordaremos este aprendizaje final en el ámbito del corazón. Aquí es donde termina la confusión. Por eso lo llamamos Un Curso de Amor.

1.- UN CURSO DE AMOR.
“La opción por el amor crea amor. La opción por el temor crea temor. ¿Qué opción crees haber hecho para crear el mundo que tú llamas hogar? Este mundo fue creado por tu elección, y una nueva elección puede crear un nuevo mundo. Pero debes saber que no hay más que estos dos: Amor o falta de amor. Y que el amor es lo único real”.

(1.1) Todo ser viviente tiene un corazón. Definiremos el corazón como el centro del ser, ese lugar de donde todo sentimiento emana. Todo sentimiento verdadero es amor. Todo amor alaba a Dios. Todo amor es un reconocimiento de la gloria de Dios y de todo lo que Dios creó. El amor es la única respuesta pura de lo creado al creador, la única respuesta del creador a lo creado. Reconocer qué es el amor te llevará de regreso a Dios y a tu Ser.

(1.2) Todo sentimiento resulta del amor o de la falta de amor. No hay más motivos que estos dos. Todos los sentimientos son generados por el corazón y no tienen nada que ver con el cuerpo. El corazón del cuerpo es el altar donde presentas todas tus ofrendas a Dios. Las ofrendas son amor o falta de amor. La falta de amor es igual a nada. Por lo tanto, todas las ofrendas hechas desde un lugar que no sea el amor son nada. Todas las ofrendas hechas desde un lugar de temor o culpa son nada.

(1.3) El amor es la condición de tu realidad. Es tu forma humana; el corazón debe latir para que tu vida tenga lugar. Ésa es la naturaleza de tu realidad. El amor es tan esencial para tu ser como el corazón lo es para el cuerpo. Por lo tanto, sin amor no existirías. El amor está presente aun si no eres consciente de él, como no eres consciente de los latidos de tu corazón. Un bebé no está menos vivo porque no sepa que su corazón late. Tú no eres menos Ser aun cuando no te des cuenta de que sin amor no existirías.

(1.4) El único pensamiento de Dios es el amor. Es un pensamiento ilimitado, infinitamente creador. Por la extensión del pensamiento de amor de Dios, tú existes. Y yo existo contigo en ese mismo pensamiento. No comprendes esto simplemente porque no comprendes la naturaleza de tus propios pensamientos. Los has situado dentro de tu cuerpo, y concebido en forma que no tienen sentido.

(1.5) Pero cuando aplicas tu pensamiento al aprendizaje, aprendes. Que esto te sirva de aliento. Ésta es una capacidad que podemos utilizar juntos para aprender de nuevo.

(1.6) Deberías darte prisa sólo por oír la verdad. Es sabido que cuando quieres darte prisa actúas de manera contraria a lo que desearías conseguir. Deja que tus preocupaciones lleguen y se vayan. Recuerda siempre que simplemente no importan salvo desde la perspectiva del tiempo, y que ahorrarás tiempo cuando las dejes ir. Recuerda que tus preocupaciones no alteran nada. Tú crees que tus preocupaciones pueden tener un efecto sobre el tiempo, pero el tiempo es una ilusión, por lo que tampoco importa. Recuérdalo también, pues forma parte de la acción de dejar que el mundo viejo se vaya para hacer lugar al nuevo. Recuerda que estas cosas no importan y que no las llevarás contigo al mundo nuevo. Por lo que puedes desprenderte de ellas ahora.

(1.7) Es como si hubieses llevado tu pesado equipaje contigo a todas partes por si acaso necesitaras algo. Pero ahora comienzas a confiar en que no necesitarás de las cosas que llevas. Ya no te hace falta ese grueso y pesado abrigo, pues confías en que el sol brillará y te rodeará con su tibieza. Eres un inmigrante que llega al Nuevo Mundo con todas sus posesiones a mano. A medida que te acercas a lo que alguna vez fue una playa distante y ya no lo es, te das cuenta de que todo lo que antes poseías y llamabas tus tesoros no son necesarios. Te sientes insensato por haberlos cargado de un lugar a otro. Qué pérdida de tiempo y de energía resultó haberte dejado frenar por semejante peso. Qué alivio es saber que ya no necesitas cargarlo. Cómo deseas haber sabido desde un principio que no era necesario. Te sientes feliz de desprenderte de él.

(1.8) Todavía no percibes qué pesada era tu carga. Si literalmente hubieses cargado un tronco pesado e inútil de un mundo a otro cuando alguien más sabio te dijo que no iba a hacer falta, al darte cuenta de la verdad te preguntarías qué otras cosas te fueron advertidas sin que les hicieras caso. Puedes intentar una cosa y luego otra de aquellas que no intentaste cuando estabas convencido de que tenías razón y la otra parte estaba equivocada. Y cada vez que intentes un nuevo paso y compruebes que funciona, tu confianza en la sabiduría de ese maestro crecerá. Puedes considerar que aún eres capaz de aprender de tus errores y descubrir que al final la lección es la misma. Es probable que esto te suceda cada tanto. Pero tarde o temprano te darás cuenta de que es más fácil aprender sin cometer errores, y la sabiduría de tu maestro será la tuya.

(1.9) El impulso de poner a prueba la sabiduría de otra persona es equivalente al impulso de encontrar tu propio camino y que éste sea mejor. Es el impulso de no confiar en el maestro en todas las cosas sino sólo en algunas. Es el deseo de encontrar tu camino por tus propios medios para poder enorgullecerte de tus logros, como si por seguir el mapa de otro tus logros fuesen a sufrir menoscabo. Este deseo de hacer las cosas por tus propios medios es una artimaña del ego, y tu orgullo es el regalo que el ego pide a cambio. No son más que pensamientos mágicos que se oponen a la mente abierta a los milagros. Son los pensamientos que dicen “yo soy todo por mí mismo” antes que por mí mismo no soy nada. Los verdaderos líderes son seguidores hasta que están preparados para liderar. No deambulan por sí mismos antes de conocer el camino. No les da vergüenza aprender, no les da vergüenza seguir el curso que otros han señalado. Cada curso auténtico cambia cuando se aplica. Cincuenta estudiantes pueden recibir la misma lección sin que ninguno de ellos la aprenda de igual manera que el otro. Esto se comprueba en la enseñanza y aprendizaje de información, y se comprueba también en la enseñanza y aprendizaje de la verdad. La única manera en que no puedes aprender la verdad es si insistes en aprenderla por ti mismo, pues por ti mismo es imposible aprender.

(1.10) Renuncia a ser tu propio maestro. Acéptame a mí como tu maestro y acepta que yo te voy a enseñar la verdad. No te avergüences de ello. No puedes aprender lo que voy a enseñarte sin mí. Ya has probado innumerables caminos, y puedes seguir probando, pero no tendrás éxito, no porque carezcas de inteligencia ni porque te falte empeño, sino porque es imposible. Es imposible que aprendas algo por ti mismo. Por el contrario, tu empeño por hacerlo sólo obstaculiza el aprendizaje. Aprendes sólo cuando estás en unión conmigo, porque sólo unido a mí eres tu verdadero Ser. Todos tus esfuerzos se basan en que no crees en esta verdad y porque intentas probar que la verdad no es verdad. Pero el esfuerzo sólo te produce frustración. Los aparentes éxitos obtenidos por ti sólo te producen orgullo, que tú entonces ofreces al ego. Este regalo que demanda el ego no vale el precio que pagas por él, pues su precio es todo.

(1.11) Un maestro siempre cumple un papel en el aprendizaje del discípulo. Esto no merma los logros del discípulo. Necesitas tomar conciencia de que tu deseo de hacer de ti mismo tu propio creador es el que ha causado todos los problemas. Es un problema de autoridad. Impregna toda la vida de tu forma física y la vida de tu mente. Solamente tu corazón no le da tanta importancia. Por este motivo apelamos al corazón.

(1.12) Al corazón no le importa de dónde proviene el amor, sino que llegue. Esto nos sirve de diversas maneras. No quiero decir que no tengas tus objetos de afecto particulares. No es éste el amor del cual hablamos. El corazón anhela aquello que se le asemeja. El amor anhela amor. Pensar en obtener amor “por uno mismo” es absurdo. Por este motivo el amor es el mejor maestro. Anhelar aquello semejante a ti es anhelar a tu creador y, cuando la percepción haya sanado, crear como tu creador. Este anhelo existe dentro de ti de manera natural y no puede ser ahogado ni saciado.

(1.13) Cuando ves personas solas y carentes de amor en el mundo las conviertes en objetos de tu compasión. Sin embargo, no te das cuenta de que tu ego te hace luchar todo el tiempo por lograr ese estado. Tu ego quiere hacerte creer que sólo cuando no necesitas a nadie para lograr lo que deseas, sólo cuando estás satisfecho con lo que eres y lo que puedes hacer por ti mismo, tu autonomía y tu aprendizaje habrán llegado a su plenitud, pues ésta ha sido su finalidad. La meta que este mundo te propone es que te pares por ti mismo y te autosatisfagas. Tal meta es inalcanzable y sólo cuando dejes de pretenderla podrás aprender algo de valor. Estás completo sólo en Dios, donde habitas por siempre. Esforzarte por ser aquello que nunca podrás ser es el infierno que tú has creado.

(1.14) Se considera que no poner empeño es conformarse con menos. Sería verdad si aquello por lo que te empeñas tuviese valor. Esforzarte denodadamente por nada sigue siendo no tener nada y acabar con nada. Pero el empeño, sin embargo, debe distinguirse de la lucha. En este curso tratamos de empeñarnos por aquello que tiene valor. No tiene nada que ver con la lucha. Tú crees que abandonar la lucha, desentenderse del conflicto causado por este mundo, es volverle la espalda al mundo real y a todo lo que en él tiene valor. En esto tienes razón. Entonces no eliges esta opción porque crees que al hacerlo les das la espalda a la responsabilidad y al deber, y consideras que tu elección es noble. Pero este deseo de involucrarte en la lucha nada tiene que ver con tu sentido de la responsabilidad y el deber. Es meramente un intento del ego por enredarte en distracciones que te mantienen apartado de tu responsabilidad real. Vuelve a pensar en tu atracción por la lucha. ¿No es acaso atracción por el juego, un juego que esperas ganar, otra oportunidad de demostrar tu fuerza y tu temple, tu ingenio y tu agudeza mental? ¿No es acaso otra oportunidad de prevalecer contra todas las dificultades que te salen al encuentro a fin de poder convencerte una vez más de que has podido tú solo contra tan poderosos adversarios? Es la única manera que encuentras de probar tu poder y control sobre un mundo caótico. No involucrarse en el caos no es visto como algo deseable, sino como una especie de renuncia, una derrota por abandono. Aunque sabes muy bien que no ganarás el partido que aquí juegas, consideras que el esfuerzo por ganar, no importa cuán inútil resulte, es el que da valor a tu vida. No involucrarte equivale a no probar tu propia existencia.

(1.15) Para esto has hecho el mundo: para probar tu existencia separada en un mundo apartado de tu creador. Ese mundo no existe. Y tú no existes separado de tu creador. Tu anhelo de amor te lo dice. Es la prueba que no reconoces.

(1.16) ¿Qué te lleva a anhelar amor en un mundo sin amor? ¿Por qué motivo sigues reconociendo que el amor es el núcleo de todas las cosas aunque no se lo valore? Es un claro ejemplo de que los medios y los fines son iguales. Pues amor es lo que tú eres y al mismo tiempo lo que buscas. El amor es medio y fin.

(1.17) Todos los símbolos de tu vida física reflejan un significado profundo que, aunque esté oculto a tus ojos, sabes que existe. La unión de dos cuerpos en amor crea un niño, la unión de un hombre y una mujer en el matrimonio crea unidad.

(1.18) El amor está en el corazón de todas las cosas. La forma en que te sientes refleja tu decisión de aceptar el amor, o rechazarlo y elegir el temor. No puedes elegir ambas cosas. Todos los sentimientos que calificas de gozosos y compasivos provienen del amor. Todos los sentimientos que calificas de dolorosos o coléricos provienen del temor. No hay más que esto. Éste es el mundo que tú haces. El amor o el temor son tu realidad por elección. La opción por el amor crea amor. La opción por el temor crea temor. ¿Qué opción crees haber hecho para crear el mundo que tú llamas hogar? Este mundo fue creado por tu elección, y una nueva elección puede crear un nuevo mundo. Pero debes saber que no hay más que estos dos. Amor o falta de amor. Y que el amor es lo único real. Elegir el amor es elegir el cielo. Elegir el temor es el infierno. Ninguno de los dos es un lugar, sino un reflejo claro de que medios y fines son lo mismo. Son un reflejo de tu poder.

2. QUÉ ES EL AMOR.

“Has marchado al campo de batalla con valor. La guerra arrecia día y noche y tú te vas desgastando. Tu corazón clama solaz, y su clamor no pasa inadvertido.  Aquí está la ayuda”.

(2.1) Qué es el amor no puede enseñarse. Qué es el amor no puede aprenderse. Pero puede ser reconocido. ¿Puedes acaso pasar junto al amor y no darte cuenta? Por supuesto, lo haces todo el tiempo al elegir ver la ilusión en lugar de la verdad. No se te puede enseñar el amor, pero se te puede enseñar a ver el amor donde éste ya existe. No es mediante los ojos del cuerpo que reconoces al amor. Es mediante la visión de Cristo. Pues sólo la visión de Cristo contempla el rostro de Dios.

(2.2) Mientras busques un Dios con forma física no podrás reconocer a Dios. Todo lo real proviene de Dios. Nada irreal existe. Cada persona que pasa de esta vida a la siguiente no aprende un gran secreto, sino simplemente toma conciencia de que el amor es todo lo que existe. Nada irreal existe. Piénsalo tú mismo: si fueses a morir mañana, ¿qué sería significativo para ti hoy? Sólo el amor. Esta es la clave de la salvación.

(2.3) Porque el amor no tiene forma física no puedes creer que aquello que tú eres, aquello por lo que te empeñas, aquello a lo que buscas regresar es el amor. Crees que eres algo distinto y separado del amor. Consideras que el amor es un sentimiento, uno entre muchos. Sin embargo, se te ha dicho que solamente hay dos cosas para elegir: el amor y el temor. Tantas veces has escogido el temor y lo has llamado de distintas maneras, que ya no lo reconoces como temor. Lo mismo vale para el amor.

(2.4) A muchas cosas que temes les das el nombre de amor. Crees que es posible elegirlo como un medio para comprar tu seguridad. En consecuencia, defines al amor como reacción ante el miedo, y es por este motivo que puedes entender que el amor sea lo opuesto al temor. Es verdad. Pero como aún no has reconocido al temor como nada, aún no has reconocido al amor como todo. Es por los atributos dados al temor que le has dado atributos al amor. Sólo las cosas separadas poseen atributos y cualidades que parecen complementarse u oponerse. El amor no tiene atributos, por eso no se puede enseñar.

(2.5) Si el amor no puede ser enseñado sino sólo reconocido, ¿cómo es posible reconocerlo? A través de los efectos del amor. Pues causa y efecto son uno. La creación es efecto del amor, igual que tú.

(2.6) Creer que eres capaz de actuar con amor en una circunstancia y con enojo en otra, y que ambas acciones se originan en el mismo lugar, es un error de proporciones enormes. Nuevamente calificas al amor como un componente “circunstancial” y crees que actuar con amor más a menudo es un progreso. Actuar con amor recibe la calificación de “bueno” y actuar con enojo recibe la calificación de “malo”. Te sientes capaz de actos de amor de proporciones heroicas y de actos temibles de consecuencias horrorosas, actos de valentía y actos de cobardía, acciones apasionadas que llamas amor y acciones apasionadas que llamas violencia. Te sientes incapaz de controlar los actos más extremos surgidos de estos sentimientos extremos. Consideras peligrosos ambos “extremos” y buscas un término medio. Se dice que uno puede amar demasiado o demasiado poco pero nunca lo suficiente. El amor no es algo que haces. Es lo que tú eres. Mientras sigas identificando al amor de manera incorrecta, continuarás siendo incapaz de identificar tu Ser.

(2.7) Seguir identificando incorrectamente al amor es seguir viviendo en el infierno. Aunque muchos buscan evitar los altibajos de las emociones intensas, es en ese punto medio de una vida sin pasión donde el infierno se solidifica y adquiere realidad. Calificas al gozo de cielo y al sufrimiento de infierno y, creyendo que hay más opciones que estas dos, buscas un término medio para tu realidad. Una vida con pocos goces y pocos sufrimientos es considerada exitosa, mientras que una vida de gozo es considerada sueño y una vida de sufrimiento, pesadilla.

(2.8) A esta confusión sobre la realidad del amor agregas los contenidos de tu historia personal, los hechos aprendidos y las teorías construidas durante tu existencia. Aunque tu propósito permanece oscuro, identificas algunas cosas a las que llamas progreso y otras a las que llamas evolución y esperas poder cumplir aunque sea un papel minúsculo en el avance de la humanidad. Ésta es tu mayor esperanza, y son pocos los que creen que tendrán algún éxito. Otros rehúsan pensar que la vida tenga un propósito y, por lo tanto, se condenan a sí mismos a vivir una vida sin propósito, convencidos de que una persona entre miles de millones no hace diferencia y no tiene incidencia alguna. Hay otros que cierran sus ventanas al mundo y sólo buscan que su rincón sea más seguro. Algunos cambian de una opción a otra con la esperanza de que la siguiente les traerá un poco de paz. Creer que éstas son las únicas opciones que tienen las criaturas de un Dios de amor es insano. Pero tú crees que pensar lo contrario es locura. Dada tu limitada comprensión de quién eres, ¿puede todo esto ser verdad?

(2.9) Las locuras de tus procesos de pensamiento y del mundo que percibes deben serte dadas a conocer antes de que estés dispuesto a desprenderte de ellas. Tú lo sabes, pero constantemente lo olvidas. Este olvido es obra del ego. Tu verdadero Ser no quiere olvidar, y no puede hacerlo ni por una fracción de segundo. Es precisamente la incapacidad de tu verdadero Ser de olvidar la que te da la esperanza de aprender a reconocer el amor y, junto con ese reconocimiento, poner fin a la locura que ahora percibes.

(2.10) Tu verdadero Ser es el Cristo en ti. ¿Cómo podría ser cualquier otra cosa salvo amor, o ver con ojos que no sean los del amor? ¿Esperarías que un ser humano decente que ve un mundo sin amor, de miseria y desesperación, no se sienta conmovido? No creas que aquellos que añaden a la miseria del mundo son la excepción. No hay un alma que camine este mundo que no se lamente por lo que ve. Sin embargo el Cristo en ti no se lamenta, pues el Cristo en ti ve con los ojos del amor. La diferencia reside en que los ojos del amor no ven la miseria y la desesperanza. ¡No las hay! Éste es el milagro. El milagro es la visión auténtica. No pienses que el amor puede mirar la miseria y ver en ella amor. El amor simplemente no ve miseria.

(2.11) La compasión no es lo que tú has hecho de ella. La Biblia te instruye para ser compasivo como Dios lo es. Pero tú has definido a la compasión como distinta de la de Dios. Creer que Dios contempla la miseria y responde con compasión y preocupación pero no le pone fin, es creer en un Dios que es compasivo de la manera en que tú lo eres. Piensas que tú acabarías con la miseria si pudieses, comenzando por la tuya. Pero no puedes acabar con la miseria volviéndola real. No existe la magia de transformar la miseria en satisfacción o el sufrimiento en gozo. Estos actos serían ciertamente mágicos, una ilusión encima de otra ilusión. Pero como has aceptado la ilusión como verdad, buscas otras ilusiones para cambiar lo que nunca fue en algo que nunca será.

(2-12) Ser compasivo como Dios es compasivo consiste en ver como Dios ve. Insisto una vez más, no se trata de ver la miseria y decirte a ti mismo que no la ves. No abogo por la dureza de corazón sino por la plenitud de corazón. Si creyeras en la más mínima fracción de la verdad, si sólo creyeras que eres una pequeña parte de Dios, no mayor que un pequeño destello de luz en medio de un sol en todo su esplendor, no podrías creer en la realidad de la miseria y la aflicción. Si lo hicieras, también creerías que éste es el estado de Dios. Y si esto fuese verdad, ¿qué esperanza habría de acabar con la miseria? ¿Qué luz habría en el universo para poner fin a las tinieblas?

(2.13) Invierte este pensamiento y observa si ahora tiene más sentido. En este escenario, un Dios benevolente y amoroso que ha extendido Su ser a la creación del universo, de alguna manera se las ha arreglado para extender también lo que no es Él, es decir, para crear lo que en nada es semejante a Su ser. ¿Acaso tú intentarías tamaña insensatez? ¿Acaso concebirías lo inconcebible?

(2.14) ¿Qué otra respuesta nos queda salvo que no ves la realidad tal como es? ¿Qué beneficio te produce ver incorrectamente? ¿Cuál es el riesgo de ver lo nuevo? ¿Qué sería un mundo sin miseria sino el cielo?

(2.15) No busques que figuras del pasado te muestren el camino al presente más allá de las ilusiones. Busca en tu interior a aquel que conoce el camino. Cristo está en ti y tú estás en Dios. Prometí nunca abandonarte ni dejarte sin consuelo. El Espíritu Santo trajo el sosiego que tu mente atribulada aceptaría. Ahora vuélvete a mí en busca de sosiego para las tribulaciones de tu corazón.

(2.16) Todavía no has revertido tu pensamiento de manera suficiente, o tu corazón no estaría atribulado. La reversión no tuvo lugar porque separas la mente y el corazón y crees que puedes involucrar a uno de los dos sin involucrar al otro. Crees que conocer con la mente es un proceso de aprendizaje que se erige aparte de todo lo que eres. En consecuencia, crees que puedes conocer sin ese ser sabio que ya eres. Crees que puedes amar sin ese ser amoroso que eres. Nada se construye apartado de tu ser. Nada se construye solo. Todos tus intentos por mantener las cosas separadas no son más que una reproducción de la separación original cuyo fin es convencerte de que la separación en verdad ocurrió.

(2.17) No estás separado ni solo. Al oír estas palabras tu corazón se regocija pero tu mente se rebela. Y se rebela porque es el bastión del ego. Tu sistema de pensamientos es lo que ha hecho el mundo que ves, y el ego es su compañía constante en esa construcción.

(2.18) Sin embargo, tu mente también se ha regocijado con el aprendizaje de todas las enseñanzas que te trajeron hasta aquí, y se ha felicitado por esta hazaña que le dio solaz. En este solaz, entonces, el corazón empieza a ser oído.

(2.19) Así como el Espíritu Santo puede usar lo que el ego ha construido, el ego puede usar lo que la mente ha aprendido pero todavía no ha integrado. Mientras no seas lo que has aprendido, dejas lugar para las maquinaciones del ego. Cuando eres lo que has aprendido, no queda lugar para que el ego exista, y desalojado del hogar que le habías construido, muere lentamente. Pero hasta que esto ocurra, el ego se enorgullece de lo que la mente ha obtenido, aun de la mayor paz y satisfacción brindadas por el aprendizaje. Se ve a sí mismo como mejor, más fuerte y más apto para el éxito mundano. Es capaz de utilizar todo lo que has aprendido para seguir sus propias motivaciones y palmearte la espalda por tus nuevas capacidades. Sin tu vigilancia, puede efectivamente parecer más fuerte que antes y más duro en sus críticas. Simula llevarte a adoptar nuevas normas, sólo para usar lo que has aprendido para incrementar tu sensación de culpa. De esta manera va ganando pequeñas batallas cotidianas que conducen a tu capitulación final, al día en que finalmente te rindes y admites la derrota. El ego desafía tu derecho a la felicidad, el amor y los milagros, y sólo busca llevarte a proclamar que vivir con esas fantasías no sirve para nada pues jamás serán posibles.

(2.20) Has marchado al campo de batalla con valor. La guerra arrecia día y noche y tú te vas desgastando. Tu corazón clama solaz, y su clamor no pasa inadvertido. Aquí está la ayuda.

(2.21) No creas que todo lo que aprendiste será inútil a la hora de hacer lo que te fue dado hacer. No creas en tu fracaso ni en el éxito del ego. Todo lo que has aprendido permanece contigo, más allá de tu percepción del resultado de tu aprendizaje. Lo único que necesitas cambiar es tu percepción de que el resultado estará bajo tu control. Recuerda que causa y efecto son una sola cosa. No puedes fracasar en aprender lo que quieres aprender.

(2.22) Comenzaremos trabajando en un estado de neutralidad en el cual ya no hay guerra que pelear y han cesado las batallas cotidianas. Quien gana y quien pierde no nos preocupa. La paz aún no ha llegado, pero la bandera blanca de la rendición se agita sobre un terreno santificado donde por un breve tiempo reinará la neutralidad hasta que la paz irrumpa con gran regocijo.

(2.23) En esta guerra no hay victoriosos ni botín para repartir. Has aprendido una y otra vez que esto no es lo que quieres. Todo lo que ahora buscas es la libertad para volver a casa, lejos de los gritos de agonía, la derrota y la vanagloria. El estado de neutralidad es donde comienza el regreso. Los ejércitos aún no se han retirado, pero ya han empezado los preparativos.

3. LA PRIMERA LECCIÓN.

“Tonterías como los deseos de tu corazón son las que ahora te salvarán. Recuerda que es tu corazón el que anhela regresar al hogar;  el que anhela recordar el amor;  el que guía el camino que, si lo sigues, te pondrá con seguridad en la senda que conduce a casa”.

(3.1) El amor es. Enseña siendo simplemente lo que es. No hace nada. No se esfuerza. No tiene éxito ni fracasa. No está ni vivo ni muerto. Así ha sido y siempre lo será. No es exclusivo de ustedes como seres humanos. Existe en la relación de todas las cosas. De todo con todo.

(3.2) Así como no puede aprenderse la verdadera sabiduría, el amor no puede ser aprendido y tú no puedes ser aprendido. Eso único que deseas y no puedes aprender ya se ha realizado. Se ha logrado en ti. Está en ti. Imagina cómo sería si el océano, el guepardo, el sol, la luna o Dios mismo intentasen aprender qué son. Lo mismo es contigo. Todo existe dentro de ti. Tú eres el universo.

(3.3) Es un universo compartido, sin divisiones. No hay secciones, ni partes, ni dentro ni fuera, ni sueños ni ilusiones que puedan escapar o esconderse, desaparecer o cesar. No hay condición humana que no exista en todos los seres humanos. Es completamente imposible que uno tenga lo que el otro no tiene. Todo es compartido. Esto siempre ha sido verdad y lo será por siempre. La verdad es la verdad. No hay grados de verdad.

(3.4) Tú no eres forma, tampoco lo es tu mundo real. Buscas el rostro de Dios en la forma, así como buscas el amor en la forma. Tanto Dios como el amor están presentes, pero no en la forma que los ojos de tu cuerpo pueden ver. Así como las palabras que ves sobre esta página son sólo símbolos de un sentido que está más allá de lo que los símbolos pueden expresar, así también ocurre con todas las cosas y personas que te rodean, las que ves y las que sólo puedes imaginar. Buscar el “rostro” de Dios, aun en la forma de Cristo, es buscar lo que eternamente no tiene forma. Ver de verdad es comenzar a ver lo que no tiene forma. Y comenzar a ver lo que no tiene forma es comenzar a comprender aquello que tú eres.

(3.5) Lo que ahora ves son sólo símbolos de lo que en realidad está delante de ti, en una gloria que trasciende tus imágenes más profundas. Sin embargo, persistes en querer sólo lo que tus ojos pueden ver y tus manos pueden aferrar. A estas cosas llamas reales y a todo lo demás irreal. Puedes cerrar los ojos y creer que estás a oscuras, pero no creerás que ya no eres real. Cierra los ojos a todo aquello que te has acostumbrado a ver. Y verás la luz.

(3.6) En la luz que viene sólo a los ojos que ya no ven, encontrarás al Cristo que mora en ti. En Jesucristo, el Hijo de Dios se hizo hijo de hombre. Caminó por el mundo con un rostro muy parecido al tuyo, un cuerpo con dos brazos y dos piernas, diez dedos en las manos y diez en los pies. Pero tú sabes que Jesús no era sólo eso, ni es eso imagen de Cristo. Jesús le dio un rostro al amor, del mismo modo que tú. Pero el amor no se apega a la forma y dice: “Esto es lo que soy”. ¿Cómo puede algo tener forma salvo en símbolos? Un blasón familiar o una alianza matrimonial son semejantes: representan lo que simbolizan mediante la forma.

(3.7) No hay forma que no sea así. Una forma no es más que una representación. Ves miles de formas por día con diferentes nombres y diferentes funciones y no piensas que todas son lo mismo. Le otorgas valores a cada una según su utilidad, apariencia, preferencia o reputación. Ubicas a cada una en relación contigo, por lo que ni siquiera ves la forma tal como es sino como te resulta bien a ti. Aprisionas la forma dentro de lo que ella significa para ti, y aun así ese sentido es más auténtico que su forma. Tú les das significado a todas las cosas, y al hacerlo pueblas tu mundo de ángeles y demonios cuya categoría está determinada por quién te ayudará y quién te perjudicará. De esta manera decides quiénes son tus amigos y quiénes tus enemigos, y qué amigos se convierten en enemigos y qué enemigos se convierten en amigos. Mientras que, en tu juicio, un lápiz seguirá siendo un lápiz, por lo menos mientras siga teniendo todas las cualidades que tú has decidido que un lápiz debe tener, pocas personas pueden exhibir en todo tiempo y lugar aquellas cualidades que tú has predeterminado que deben poseer. Y así es como algunos te decepcionan y otros te entusiasman, uno es un paladín de tu causa y otro te denigra. En todos los escenarios tú eres el hacedor de tu mundo, al que le atribuyes sus causas y efectos. Si esto puede ser así, el mundo no puede ser sino simbólico, y el significado de cada símbolo es elegido por ti y para ti. Nada es lo que es sino sólo lo que es para ti.

(3.8) A esta confusión traemos un solo enunciado: el amor es. Nunca cambia, se simboliza sólo a sí mismo, ¿cómo puede dejar de significar todo o de comprender todo significado? Ninguna forma puede abarcarlo, pues él abarca todas las formas. El amor es la luz en la que la forma desaparece y todo lo que existe es visto tal como es.

(3.9) Tú que buscas ayuda te preguntas ahora de qué manera puede esto ayudarte. ¿Qué queda por decir que no haya sido dicho? ¿Qué son estas palabras —lo admito— sino símbolos? La ayuda llega en aquello que simbolizan. No necesitas creer en las palabras ni en el potencial de los ejercicios para cambiar tu vida, pues estas palabras llegarán a ti como lo que son, no como los símbolos que representan. Ha sido sembrada una idea del amor en un huerto fértil que la hará crecer.

(3.10) Todas las cosas nacen de una idea, un pensamiento, una concepción. Todo lo que se manifiesta en el mundo fue concebido primero en la mente. Sin embargo, aunque sabes que es verdad, continúas creyendo que tú eres el efecto y no la causa. Esto se debe en parte a tu concepto de la mente. Aquello que creas que existe, existirá para ti. Muchas enseñanzas han intentado desalojar este concepto al que te aferras con tanto apego, pero como tú usas la mente para manejar conceptos, no has podido dejar que las nuevas enseñanzas surtan su efecto. Esto sucede porque crees que tu mente controla lo que piensa. Crees en un proceso de ingreso y egreso de datos, todos completamente humanos y científicamente comprobables. El nacimiento de una idea, entonces, es resultado de lo que ha llegado antes, de ver algo viejo como nuevo, de mejorar una idea anterior, de adoptar información diversa y darle una nueva configuración.

(3.11) ¿Qué significa esto para el aprendizaje que no es de este mundo? Significa que lo filtras con los mismos lentes. Piensas en él de la misma manera. Buscas acumularlo a la espera de que produzca una mejora respecto de lo que ha sido antes. Buscas pruebas de que comportarse de determinada manera producirá determinados resultados. Como un niño que aprende a no tocar una estufa porque está caliente y tocarla le traerá como resultado una quemadura, o que aprende que una manta tibia es agradable, sometes el aprendizaje a mil pruebas que dependen de tus sentidos y tu juicio. Pero mientras crees saber qué habrá de quemarte y qué te resultará placentero, sometes lo incomparable a lo comparable.

(3.12) No pienses que tu mente, tal como la concibes, aprende sin comparar. Todo es verdadero o falso, correcto o incorrecto, blanco o negro, caliente o frío basándose solamente en sus contrastes. Una sustancia química reacciona de una manera y otra reacciona de otra, y crees que sólo mediante el estudio de las dos tiene lugar el aprendizaje.

(3.13) No has renunciado a la idea de que tienes el control de lo que aprendes, ni has aceptado que puedes aprender por un camino que antes no usabas. En consecuencia, nos desplazamos de la cabeza al corazón sólo para aprovechar tus conceptos del corazón. Conceptos mucho más acordes con un aprendizaje que no es de este mundo.

(3.14) Las palabras de amor no entran en tu cuerpo por los ojos para asentarse en el cerebro, para ser allí destiladas en un lenguaje que puedas entender. Mientras lees, presta atención a tu corazón, pues este aprendizaje entra por él y en él se queda. Tu corazón es ahora tus ojos y oídos. Tu mente puede permanecer dentro de tu concepto del cerebro, pues ahora la soslayaremos y no le enviaremos información para procesar ni datos para que calcule. El único cambio de pensamiento que se te pide es darte cuenta de que no la necesitas.

(3.15) Lo que puede llegar a significar esto para ti está más allá del aprendizaje de este curso. Este único concepto, si te entregas a él y no lo reemplazas, te liberará más allá de todo lo que puedas imaginar y liberará también a tus hermanos y hermanas. Una vez que el concepto de tu mente es derribado, otros lo siguen rápidamente. Pero ninguno está más amurallado que el primero, el que hoy empezamos a dejar que caiga.

(3.16) Tú que no has podido separar la mente del cuerpo, el cerebro de la cabeza, la inteligencia del conocimiento, anímate. Renunciamos a seguir esforzándonos. Simplemente aprendemos de una manera nueva y en nuestro aprendizaje tomamos conciencia de que nuestra luz brilla desde el interior de nuestro corazón, nuestro altar al Señor. Aquí mora el Cristo en nosotros y aquí concentramos nuestras energías y nuestro aprendizaje. Pronto comprenderemos que aquello que habríamos de saber no puede ser computado en los bancos de datos de un cerebro sobrecargado en el que hemos confiado por demás, ni en una mente que no podemos separar de donde creemos que está.

(3.17) En contraste, nuestros corazones salen al mundo, al que sufre, al débil de cuerpo y mente. Nuestros corazones no son fácilmente confinados dentro de nuestras paredes de carne y hueso. Nuestros corazones adquieren alas con la alegría y se quiebran con la tristeza. No así el cerebro, que sigue registrándolo todo como un observador silencioso, para decirte finalmente que los sentimientos de tu corazón son una tontería. A nuestro corazón apelamos en busca de guía, pues en él reside el único que verdaderamente guía.

(3.18) A ti que piensas que esta idea está viciada de sentimentalismo y estás seguro de que te llevará a abandonar la lógica y, en consecuencia, te conducirá a la ruina, te digo una vez más: anímate. Tonterías como los deseos de tu corazón son las que ahora te salvarán. Recuerda que es tu corazón el que anhela regresar al hogar, el que anhela recordar el amor, el que guía el camino que, si lo sigues, te pondrá con seguridad en la senda que conduce a casa.

(3.19) ¿Qué dolor ha soportado tu corazón que su fuente no haya sobrellevado? Su fuente es el amor, ¿qué otra prueba necesitas de su fortaleza? Un dolor como el que ha soportado tu corazón es como un cuchillo que atraviesa los tejidos, un embate que detendría las funciones cerebrales, o un ataque a las células mucho mayor que cualquier cáncer. El dolor del amor, tan atesorado que no lo puedes dejar ir, puede atacar los tejidos, el cerebro y las células. De hecho, lo hace. Y luego lo llamas enfermedad y permites que el cuerpo se derrumbe. Pero aun así retienes el amor dentro de ti.

(3.20) ¿Acaso el dolor debe acompañar al amor y la pérdida? ¿Es éste el precio que debes pagar por abrir tu corazón? Y sin embargo, si se te preguntara si prefieres otra cosa distinta del amor, tu respuesta no sería un “sí”. ¿Qué otra cosa podría valer semejante costo, tanto sufrimiento, tantas lágrimas? ¿Qué otra cosa te negarías a abandonar cuando llega el dolor, como la mano deja caer un ascua ardiente? ¿Qué otro dolor te resultaría tan íntimo que no renunciarías a él? ¿Qué otro dolor no estarías dispuesto a sacrificar?

(3.21) Piensa que éstas no son preguntas sin sentido, hechas para vincular el amor y el dolor y, en consecuencia, dejarte desamparado. Esta manera de relacionar amor y dolor no tiene sentido, y sin embargo te permite entender. Estas preguntas simplemente prueban el valor del amor. ¿Qué otra cosa valoras más?

(3.22) Tus pensamientos pueden conducirte a una docena de respuestas ahora mismo, para algunos serían más, para otros menos, según la tenacidad de los pensamientos que, conducidos por el ego, interpondrían la lógica en el camino del amor. Algunos otros pueden usar sus pensamientos de manera distinta y proclamar que eligen el amor y no el dolor cuando en realidad lo que eligen es la seguridad a expensas del amor. Nadie cree que puede tener el uno sin el otro, y entonces vivimos temiéndole al amor al mismo tiempo que lo deseamos por sobre todas las cosas.

(3.23) No pienses que existe una manera en que el amor puede ser mantenido lejos de la vida. Por el contrario, ahora comenzamos a observar cómo él juzga la vida, los juicios con que te ha provisto la experiencia, los que se basan en cuánto amor has recibido y cuánto te ha sido negado. Comenzamos por aceptar simplemente las pruebas que tenemos de la fortaleza del amor. A esto regresaremos una y otra vez mientras aprendemos a reconocer qué es el amor.

4. LA EQUIDAD DEL AMOR.

“Toda tu larga búsqueda de pruebas de la existencia de Dios termina cuando reconoces qué es el amor. Y esta prueba también establece la prueba de tu existencia. Pues en tu anhelo de amor también reconoces anhelo por tu Ser”.

(4.1) ¿Tienes que amar a Dios para saber qué es el amor? Cuando amas con pureza, conoces a Dios, ya seas consciente de ello o no. ¿Qué significa amar con pureza? Significa amar por amar. Simplemente amar. No tener falsos ídolos.

(4.2) Antes de que puedas amar por amar, los falsos ídolos deben ser expuestos a la luz y en ella ser vistos como la nada que son. ¿Qué es un falso ídolo? Aquello que crees que el amor te traerá. Tienes derecho a todo lo que el amor da, pero no a lo que crees que la adquisición del amor te proveerá. Este es un ejemplo clásico de la falta de reconocimiento de que “el amor es”.

(4.3) El amor y el anhelo están tan íntimamente ligados porque quedaron vinculados en el momento de la separación, cuando nacieron simultáneamente la opción de apartarse del amor y la opción de regresar. El amor nunca se perdió, sino que quedó oscurecido por un anhelo que, interpuesto entre tú y tu Fuente, al mismo tiempo ocultaba Su luz y te advertía de Su presencia eterna. El anhelo es la prueba de la existencia del amor, pues aun aquí no anhelarías lo que no recuerdas.

(4.4) Toda tu larga búsqueda de pruebas de la existencia de Dios termina cuando reconoces qué es el amor. Y esta prueba también establece la prueba de tu existencia. Pues en tu anhelo de amor también reconoces anhelo por tu Ser. ¿Por qué habrías de preguntarte quién eres tú y cuál es tu propósito aquí si no fuese porque reconoces, con el anhelo como testigo, aquello que temes no ser, pero seguramente eres?

(4.5) Todo temor termina cuando queda establecida la prueba de tu existencia. Todo temor tiene su fundamento en la incapacidad para reconocer el amor y, por lo tanto, quién eres y quién es Dios. ¿Cómo podrías evitar el temor con una duda tan potente como ésta? ¿Cómo no habrías de regocijarte cuando la duda se desvanece y todo el espacio que antes ocupaba es llenado por el amor? Cuando la duda se disipa no quedan sombras. Nada se interpone entre el hijo de Dios y su Fuente. No hay nubes que oculten el sol y la noche se hace día.

(4.6) Hijo de Dios, aquí eres extranjero, pero no necesitas ser un extraño para tu Ser. En el conocimiento de tu Ser, toda amenaza de tiempo, espacio y lugar se disuelve. Todavía puedes caminar como extranjero, pero sin estar inmerso en una niebla de amnesia que oscurece lo que sería una breve aventura y la reemplaza con sueños de terror y confusión tan desenfrenados que sentirse seguro es imposible mientras el día se hace noche sin fin en larga marcha hacia la muerte.

Reconoce quién eres y la luz de Dios irá delante de ti, iluminando cada sendero y disipando la niebla de los sueños, de la que despiertas sin desasosiegos.

(4.7) Sólo el amor tiene el poder de transformar este sueño de muerte en una conciencia lúcida de la vida eterna.

(4.8) Ansiar, aprender, buscar, adquirir, la necesidad de poseer, la necesidad de guardar, la ambición, el apetito, la pasión… todas estas cosas que has fabricado para reemplazar lo que ya tienes te conducirán de regreso tanto como pueden alejarte más. A dónde te llevará lo que has fabricado es tu decisión. Una decisión que, disfrazada de muchas maneras, se reduce sencillamente a ésta: ir hacia el amor o retirarte de él, creer que te es dado o quitado.

(4.9) Amor es todo lo que cumple la ley de Dios en tu mundo. Lo demás supone que lo que uno tiene le es negado a otro. Y aunque el amor no puede ser aprendido ni practicado, hay una práctica que necesitamos realizar para reconocer la presencia del amor. Consiste en la práctica de vivir bajo la ley del amor, una ley de ganancias y nunca de pérdidas, una ley que dice que cuanto más das, más recibes.

(4.10) No hay perdedores y ganadores bajo la ley de Dios. A ninguno se le da más que a otro. Dios no puede amarte a ti más que a tu prójimo, ni puedes tú recibir más amor de Dios que el que ya tienes, ni un lugar mejor en el Cielo. La mente, bajo la dirección del ego, se preocupa por ganar y perder, por luchar por un lugar mejor. El corazón no conoce estas distinciones, y quienes piensan que las ha aprendido a través de los golpes y abusos de la experiencia pueden alegrarse de que no es verdad. Crees en esta ilusión porque tu mente la ha fabricado. Tus pensamientos han repasado una y otra vez todo el sufrimiento que el amor te provocó y se aferra a esas ocasiones en que el amor falló porque no reconoce que el amor no puede fallar.

(4.11) Tus falsas percepciones y expectativas acerca de tus hermanos y hermanas son la causa de que creas que el amor puede fallar, perderse, quitarse o convertirse en odio. La falsa percepción de tu Padre ha derivado en que toda otra percepción sea falsa, incluyendo la que tienes de tu propio Ser.

(4.12) Cuando piensas en actuar con amor, piensas que el amor se basa en sentimientos, por lo que debes desafiarlos. Amor no es ser amable cuando te sientes de mal humor. Amor no es hacer buenas obras de caridad y servicio. Amor no es tirar la lógica por la borda y actuar de un modo alocado que puede pasar como alegre, pero no puede disfrazarse de gozo. En tu mente tienes la imagen de alguien que crees que sabe qué es el amor. Quizá sea una persona mayor siempre amable y bondadosa, que no tiene palabras duras con nadie y no se obsesiona por su propio yo. Tal vez sea una madre cuyo amor es ciego y sacrificado. Otros pueden imaginar un matrimonio de muchos años en el que cada miembro se brinda por la felicidad del otro, o un padre de amor incondicional, o un sacerdote o pastor que orienta a los demás. A cada una de estas personas que admiras le adjudicas atributos que tú no tienes y que algún día podrás tener cuando llegue la hora, pues crees que esa actitud amable no es algo que te sirva ahora, que el amor ciego y sacrificado requiere un precio muy alto, que esa devoción está bien para alguien cuya pareja es mejor que la tuya, que el amor incondicional es bueno pero debe ser atemperado por el sano juicio, y que la capacidad para orientar a los demás debe ser lograda mediante la adquisición de una sabiduría que no está a tu alcance.

(4.13) Vemos, en consecuencia, que tu imagen del amor se basa en la comparación. Eliges a alguien que señala aquello de lo que más careces y utilizas esa imagen para castigarte mientras afirmas que eso es lo que quieres.

(4.14) Tus ideas sobre estar enamorado pertenecen a otra categoría muy distinta. En este contexto, el amor no sólo rebosa sentimientos sino también romance. Pocas veces este estado del amor es considerado duradero o como algo que pueda mantenerse. Es la búsqueda de los jóvenes y el sueño de los ancianos. Es sinónimo de pasión y de un desborde de sentimientos que desafían al sentido común. Estar enamorado es ser vulnerable, pues por una vez el sentido común no ha podido hacerte actuar como se espera de ti, puedes olvidarte de cuidar tu corazón y esconder tu verdadero Ser. En verdad es peligrosa esta actitud en un mundo donde la confianza puede convertirse en desengaño.

(4.15) Cada uno ha albergado un ideal de cómo sería la pareja perfecta, y ese ideal ha cambiado con el tiempo. Quienes están más atados al ego piensan en estatura y riqueza, en la belleza física y los condicionamientos de una buena crianza. Quienes son más inseguros piensan en una pareja que los colme de halagos, regalos y una atención incansable. Quienes valoran la independencia buscan una pareja sana, que no demande demasiado, compañera y amante que resulte conveniente dentro del marco de una vida ocupada.

(4.16) Crees que puedes enamorarte de la persona inadecuada y haces una mejor elección basada en criterios más importantes que el amor. Crees, por lo tanto, que el amor es una elección, algo que se le da a algunos y no a otros. Y esperas ganar el juego que juegas, un elegido a quien le será devuelto cada gramo de amor que da. Juegas a hacer un balance con el don más sagrado de Dios y te rehúsas a dar amor cuando la ganancia es poca. Aun así, en esta reticencia reconoces la verdad de lo que el amor es.

(4.17) En ninguna otra área de la vida esperas tanta justicia, o un intercambio tan equitativo. Entregas tu mente a una idea, tu cuerpo a un trabajo, tu día a actividades que no te interesan ni te satisfacen. Aceptas la paga dentro de los límites que has dispuesto, esperas que cierto grado de prestigio acompañe a determinados logros, aceptas que debes realizar determinadas tareas a fin de sobrevivir. En estos terrenos esperas que haya cierta equivalencia entre lo que das y lo que recibes. Esperas que tu esfuerzo produzca resultados, que la cena que preparas sea apreciada, que tus ideas sean recibidas como inspiradas. Pero no te haces ilusiones. De hecho, a menudo supones lo contrario y te sientes agradecido ante cada reconocimiento que el mundo te brinda por la forma en que pasas tus días. Pues si hay algo que haces es pasar los días, hasta que el número de días reservados para ti se agota y mueres. La vida no es justa, dices, ni se supone que deba serlo. Pero el amor es distinto.

(4.18) En esto tienes razón, pues el amor nada tiene que ver con tu imagen de la vida ni se parece a la forma en que pasas los días ni a la manera en que éstos han de terminar. En tu percepción de lo que haces aquí, el amor aparece como algo aparte. Crees que esta separación otorga poca relevancia al amor dentro de otras áreas de tu vida. Ves al amor como una cosa personal, algo que otra persona te da sólo a ti y que tú le das sólo a él o ella. Tu vida amorosa nada tiene que ver con tu vida laboral, con los asuntos que atañen a la supervivencia, con tu capacidad para el éxito o tu estado de salud y bienestar.

(4.19) Incluso tú que no reconoces qué es el amor proteges lo que llamas amor de las ilusiones que has fabricado.

(4.20) Una cosa apartada de la locura del mundo resulta útil ahora. Quizá no sea aquello que el amor es, pero aquello que el amor es te ha guiado en la elección de apartar el amor de lo que tú llamas el mundo real, de lo que en realidad es la suma total de lo que tú has fabricado. El mundo que tanto te empeñas por navegar es aquello que tú has hecho de él, un lugar donde el amor no entra y, en verdad, no cabe. Pero el amor ha ingresado en ti para no abandonarte, por lo tanto tampoco tú debes tener lugar en ese mundo que has fabricado, debes tener otro donde te sientes en casa y puedes morar en la presencia del amor.

(4.21) Entre ustedes hay afortunados que han construido dentro de su mundo un lugar que recuerda al hogar. Es el lugar donde protegen el amor tras puertas cerradas. Es donde regresan luego de sus incursiones en el mundo que han fabricado y donde, una vez dentro, creen que dejan la locura puertas afuera. En él se sienten seguros, rodeados de sus seres queridos. En él comparten las aventuras diarias, tratan de comprender las que pueden y dejan fuera las que no pueden, y en él recuperan las fuerzas necesarias para salir de nuevo por esas puertas al otro día. Pasas la vida con la intención de retirarte a ese lugar de amor seguro que has construido en un mundo de locura, con la esperanza de vivir hasta ver el día en que puedas dejar la locura atrás y seguir encontrando amor tras de las puertas que has atravesado tantas veces en un viaje donde el tiempo se te ha ido, ganándote el derecho a no tener que dejarlo más.

(4.22) Hay quienes llaman egoísta a esta vida y se preguntan de qué manera los ocupantes de este sueño a medias feliz han obtenido el derecho de darle la espalda al mundo aun por las pocas horas en que hacen creer que pueden. Hay quienes están sólo dispuestos a aceptar, en sí mismos y en los demás, una interacción permanente con el mundo de locura. Son los enfadados que exigen de los demás que vuelquen su amor en la locura y asuman la responsabilidad de los desatinos que se hicieron, que intenten restablecer orden en el caos, o cualquier otra cosa con tal de sentirse menos solos ante aquello que su enojo les muestra. El amor, dicen los enfadados, no puede apartarse, por lo que no sienten amor ni pueden verlo. Sin embargo, ellos también reconocen el amor tal como es cuando gritan: “No puedes tenerlo mientras estos otros no lo tienen. No puedes reservarlo para ti cuando tantos lo necesitan”.

(4.23) Donde miras hallas pruebas de la diferencia del amor. Esta diferencia es tu salvación. El amor no es como las demás cosas que ocurren aquí. Por eso se le han construido lugares de culto, sacramentos que protegen su santidad, y tu hogar alberga a quienes amas con mayor afecto.

(4.24) Así es como tu percepción del amor te ha preparado para lo que es el amor. Pues dentro de ti está el altar para que adores, dentro de ti la santidad del amor ha sido resguardada, dentro de ti habita el Anfitrión que ama a todos con el mayor afecto. Dentro de ti está la luz que te mostrará aquello que el amor es y ya no lo apartará de la vida. El amor no puede ser llevado al mundo de la locura ni el mundo de la locura puede ser traído al amor. En cambio, el amor permite que veas un nuevo mundo, un mundo que te permitirá habitar en la presencia del amor.

(4.25) Toma todas las imágenes que te has hecho del amor como algo apartado y extiéndelas más allá de las puertas del amor. ¿Acaso un mundo de amor significaría diferencia alguna para quienes han cerrado sus puertas al mundo? Los alcances de su mundo de amor serían vastos si el amor se uniera al mundo. No habría necesidad de que los enfadados conserven su enojo si el amor se uniera al mundo. Pero el amor en verdad se une al mundo, y en la unión habita, mostrando su carácter sagrado.

(4.26) El mundo no es sino un reflejo de tu vida interior, la realidad que todas tus estrategias y defensas no te mostraron y para la cual no te prepararon. Te preparas para todo lo que ocurre fuera de ti y no para lo que ocurre dentro de ti. Sin embargo, es la unión que tiene lugar en tu interior la que produce la unión de todo el mundo, para que todo el mundo vea. La unión del mundo en el interior es el reconocimiento de aquello que el amor es, a salvo dentro de ti y de tu hermano cuando se unen en la verdad. No pienses que esta unión es una metáfora, una sucesión de palabras bellas que te darán consuelo si las tienes en cuenta, un sentimiento más en un mundo donde las palabras bonitas reemplazan aquello que significan. Esta unión es la meta que buscas, la única meta digna de la llamada del amor.

(4.27) Esta meta se distingue de todas las demás metas del amor. Es una meta que no está en contacto con lo que percibes como un mundo desamorado. No tiene relación con el mundo que está fuera de ti, sino con el mundo interior, donde en presencia del amor el mundo exterior y el mundo interior se hacen uno para dejar atrás la visión del mundo que tú has llamado tu casa. Este mundo extraño donde te has sentido tan solo y asustado persistirá un poco más pero ya no te aterrorizará, hasta que finalmente se disolverá en la nada de donde vino mientras un nuevo mundo emerge para ocupar su lugar.

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